Centro Robert Capa: Recuperar la memoria histórica de Vallecas.

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Fotografía de Robert Capa de una casa en Entrevías en Noviembre de 1936. INTERNATIONAL CENTER OF PHOTOGRAPHY / MAGNUM PHOTOS

Centro Robert Capa: Recuperar la memoria histórica de Vallecas.

Días después de festejar las fiestas populares vallecanas, llegó una buena noticia desde la barriada de Entrevías. La vivienda situada en la calle Peironcely 10 se va a transformar en un centro de memoria de la guerra civil. Inmortalizada por el húngaro Robert Capa en plena contienda, esta fotografía dio la vuelta al mundo denunciando la barbarie fascista, convirtiéndose inmediatamente en unos de los iconos representativos del horror de la guerra. El edificio sobrevivió a los bombardeos y cañones fascistas, conservando hasta la actualidad los agujeros de metralla en su fachada de ladrillo.

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Peironcely, 10, en la actualidad.

Hace unos meses supimos que se iba a salvar de la especulación e inevitable demolición. Ahora nos llega que el Ayuntamiento de Madrid expropiará el edificio para construir un museo, cuyo objetivo fundamental será la interpretación de los bombardeos aéreos fascistas en la capital. Esta buena noticia es gracias al trabajo realizado por la plataforma SalvaPeironcely10, presentando el proyecto al ayuntamiento bajo la denominación Centro Robert Capa. Contará con una amplia sala de exposiciones, salón de actos y la recreación de una vivienda -con letrina incluida- de los años treinta. Este último aspecto es importante, porque ayudará a comprender cómo era la vida cotidiana de escasez desesperante de una familia obrera en esos años. De igual forma, no hay que olvidar de ningún modo a los actuales inquilinos del edificio.

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Algunos de ellos tienen orden de desahucio, por lo que deben de ser realojados en viviendas municipales por el ayuntamiento. Como antaño, la pobreza y la exclusión social sigue estando presente en este edificio –como en muchas zonas del barrio- bajo condiciones de hacinamiento e infravivienda.

En cierta medida, pero de menores dimensiones, será un centro de memoria colectiva como el Museo de la Paz situado en Guernica que interpreta los bombardeos alemanes e italianos a esta población aquel nefasto 26 de abril de 1937. Y es que ya es hora de ir erigiendo lugares de memoria explicativos de la contienda y de la posguerra –y por extensión de la dictadura- por todo el territorio. El Estado español sufre una anomalía respecto a la hora de enfrentarse a su historia más reciente, sin paradigma en Europa occidental o en América Latina con sus dictaduras más recientes. No existe ni un solo museo centrado en el conflicto ni en la dictadura, alejando de esta manera un acercamiento crítico al pasado. Existe únicamente un proyecto de Museo de la Guerra Civil en Teruel que comenzará a ejecutarse a finales de este año, pero son necesarias más iniciativas de este tipo. También es prioritario reconvertir Cuelgamuros –archiconocido como Valle de los Caídos- en un centro de memoria de la guerra civil, explicando la represión y la persecución a las personas que no apoyaron el golpe de estado de julio de 1936. Pero no sólo hay adelantos –aunque pocos- en este tipo de iniciativas, también se producen retrocesos. En julio se excavó la denominada la última trinchera de la guerra en Madrid ubicada en la parte trasera del Hospital Clínico. En este lugar se representó en marzo de 1939 la rendición de la República, a manos del coronel casadista Adolfo Prada ante el coronel franquista Eduardo Losas. Por la falta de recursos y de voluntad política –plan de musealización- se volvió a tapar, enterrando una vez más nuestra historia.

La recuperación de la memoria histórica en Vallecas –además del Centro Robert Capa– tiene que pasar por eliminar del callejero cualquier atisbo de la dictadura, además de poner en relieve la importancia de la resistencia vallecana y de toda su lucha contra el fascismo, desde Amós Acero, pasando por Ramón Vía Fernández y por todos y todas las represaliadas sin nombre, fusiladas o condenadas a años de presidio.

Vallecas se merece que su memoria antifascista siga viva en sus calles.

Javier Fernández Rincón.

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