Cine quinqui. El otro relato de la Transición

Cine Quinqui

El cine quinqui: Navajeros, desarraigo, drogas y delincuencia. Un género que rompió con el discurso de la Transición.

Se ha escrito y teorizado sobre el cine quinqui, explotando la figura de los antihéroes, desde una perspectiva histórica y sociológica, incluso algunos teóricos marxistas han tratado de resolver esta incógnita desde el concepto de lumpen proletario. Cinematográficamente para una parte de la crítica es considerado un subgénero, una rareza o incluso un ente marginal fuera de todo análisis. ¿Pero realmente qué es y de dónde sale el cine quinqui?

EL ORIGEN DEL CINE QUINQUI

Para intentar comprender el fenómeno del cine quinqui, debemos situarnos entre los años 70 y principios de los 80. La crisis del petróleo del 73 supuso un duro revés a la economía española, viéndose más afectada la población joven de los barrios periféricos. El desempleo, la casi inexistente asistencia social, represión salarial y sobretodo la heroína, considerada una auténtica pandemia social.

Es importante pensar que estos jóvenes adolescentes (origen de la cultura quinqui) procedían del extrarradio, en las barriadas de gente obrera, fruto de la etapa del desarrollismo franquita. Estas barriadas acogieron masivamente el sobrante de una España que abandonaba la vida agraria y trataba de ser una España moderna y abierta al mundo, que tanto se esforzó la Transición en potenciar.  Y aquí la cultura de la Transición juega un papel fundamental en el surgimiento del cine quinqui.

CONSTRUYENDO EL DISCURSO DE LA MOVIDA.

Cine Quinqui

Premios Rock Villa Madrid durante La Movida

Como se menciona en el libro Fuera de la ley. Asedios al fenómeno quinqui en la Transición española (Roberto Robles y Eduardo Matos-Martín, Comares 2015), fue allá por el año 1982, bajo el mandato de Felipe González. En esta etapa hubo un esfuerzo considerable por dejar atrás la imagen de España dictatorial, atrasada y oscura, para exportar al mundo (pero sobre todo a Europa) una España democrática, cultural, libre y abierta. Los españoles aceptaron el perdón al franquismo y sus sucesores bajo la premisa de la reconciliación en pos de la modernidad, y se  les permitió a cambio, tener la vida nocturna más alocada de Europa, hacer el cine más irreverente y comprarse el último modelo de Seat.

La cultura quinqui es social y culturalmente lo opuesto a La Movida. Pareciera que al gobierno socialista de la época le interesaba mucho adueñarse de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (Pedro Almodóvar), los Bailando de Alaska y Los pegamoides y de todo lo que ayudara a rejuvenecer y dar una capa de purpurina a un país de eterno luto. Como si de un artificio se tratara, de pronto no existían ni fosas comunes, torturas, ni asesinados por el Franquismo, como tampoco las privatizaciones, represión de huelgas y los GAL de la época felipista.

¿QUÉ DIABLOS ES EL CINE QUINQUI?

Cine Quinqui

Escena de la película “El pico”

En pocas palabras, se podría decir que sería todas aquellas películas españolas englobadas sobre los años setenta y ochenta cuya temática discurría entre la delincuencia juvenil, los marginados sociales, los navajeros o los yonquis.

El éxito de este tipo de cine se puede deber a muchos factores, entre ellos,  me llama poderosamente la atención la repercusión mediática que tenía todo lo referente a lo quinqui. Desde periódicos de gran tirada, los informativos, aquellas rancias revistas de alarmismo social y crónica negra. Todos poniendo el foco en esos quinquis, que tanto asustaban y seducían a los españoles del momento. Por tanto no es raro que el cine se hiciera eco, sacando de paso tajada, apelando a los instintos más morbosos del espectador, haciendo de estas producciones de bajo presupuesto, éxitos más que rentables.

José Antonio de la Loma, fue el pionero del cine quinqui con Perros Callejeros (1977) y pilar de la corriente cinematográfica que durante los años 80 tuvo su mayor éxito. Aunque para muchos este subgénero tiene sus precursoras en: Los golfos (1959, Carlos Saura) y Libertad provisional (1976, Roberto Bodegas).Habría que destacar el papel fundacional del género de Carlos Saura y su película Deprisa, deprisa (1981), ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín. En el cine de estos autores queda retratada la España de la marginación social, una juventud con problemas, el consumo de drogas o las dificultades sociales. Imagen por supuesto alejada de la loca aventura de La Movida, uno de los símbolos en la construcción del discurso de la Transición Española.

Para muchos, estas películas llegaron como espectáculos de acción, persecuciones de coches, violencia y sexo explícito. Una especie de cine Pulp de Serie B a lo cañí. El morbo estaba servido. Pero por contradictorio que pueda resultar para algunas personas, en este tipo de cine, los condicionantes políticos y sociales eran la base donde se sustentaba. El cine quinqui mostró la forma de vida de algunos de los personajes del extrarradio de las ciudades, el ambiente marginal, la delincuencia, pero desde el prisma humano, cosa que para el espectador de la época chocaba con la imagen que las noticias de sucesos alimentaban.

Prueba de ello es la constatación de los cambios sociales plasmados en este tipo de películas. El desarrollismo franquita propició una serie de cambios a nivel urbanístico, nuevos barrios periféricos en las grandes ciudades. Con la crisis sufrida sobretodo en los barrios obreros, aparecen espacios de terreno donde florecen los escombros y jeringuillas, lugares de ocio y reunión juvenil, los descampados. No es casualidad que se pueda apreciar estos lugares en películas como Colegas (1982, Eloy de la Iglesia), donde el descampado es el centro de encuentro para sus protagonistas.

Con la muerte de Franco se empieza a construir el relato de la Transición, algo distinta de la realidad. La juventud española mira el mañana con esperanza, aunque esa esperanza no es igual para todos. Habrá una parte de esa juventud que tenga ver la realidad de ese discurso trucado: Recortes, despidos y falta de ayudas sociales. Consecuencia de ello es el característico  desarraigo juvenil de la época.

Pero si hay un elemento preponderante, ese es el de la droga. Una sustancia presente en mayor o menor medida dentro del cine quinqui, como lo estuvo dentro de la sociedad de la época. Eloy de la Iglesia  en la bilogía El Pico I (1983) y El Pico II (1984) será quien con más crudeza retrate el mundo de la droga y, en concreto, el de la heroína.

Aunque estos conceptos eran la base en las que se sustentó el cine quinqui, también se retrató con fiereza la violencia de los métodos policiales, la homosexualidad, el aborto (tema que pudimos ver en la película Colegas), así como el terrorismo, la vida carcelaria y la épica de los motines. E incluso hubo películas que fueron más allá como La estanquera de Vallecas (Eloy de la Iglesia), en donde se tratan temas más profundos como las raíces, la pertenencia al barrio y de forma polémica se dice explícitamente la relación de la policía con el uso de las drogas.

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Cartel promocional de la película Navajeros

No puede haber cine quinqui sin quinquis. No solo se valían de actores amateurs para interpretar a los personajes, en ocasiones eran los propios protagonistas (o amigos de éstos) de los sucesos reales quienes protagonizaban los filmes. El cine quinqui bebe del neorrealismo italiano y la nouvelle vague en cuanto a la búsqueda del realismo en el relato, y por tanto, había esa insistencia de buscar localizaciones y actores lo más próximos a la realidad quinqui. En la trilogía Perros callejeros se narra con crudeza las peripecias  de Juan José Moreno Cuenca, “El Vaquilla”, el delincuente común en las revistas de crónica negra y sucesos. José Antonio de la Loma eligió a Ángel Fernández Franco, otro chico de la calle, para darle vida en Yo, el Vaquilla.  Otra de las figuras es José Luis Manzano, (del que hablaremos después) que dio vida a “El Jaro” en Navajeros, de Eloy de la Iglesia. Con este realizador, Manzano repitió en otros cinco títulos de temática quinqui.

El cine y la prensa contribuyeron a mitificar a estos personajes marginales que se han ido consolidando con el paso del tiempo, gracias al distanciamiento y la pérdida del contexto social. Lo que ahora se contempla como una exaltación del antihéroe patrio, del lazarillo moderno que toma lo que quiere y vive a su manera, fue una crónica del otro lado de la España moderna y alegre, el contrapunto al mito de La movida.

JOSÉ LUIS MANZANO, LA LEYENDA QUINQUI

José Luis Manzano (1962-1992) tiene un lugar privilegiado dentro del movimiento del cine quinqui, pues protagonizó algunas de las más importantes del género, entre ellas La estanquera de Vallecas, Navajeros o la saga de El pico.

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Portada del libro Lejos de aquí, de Eduardo Fuembuena

Su nombre está íntimamente relacionado al de otro icono del género: El cineasta Eloy de la Iglesia (1944-2006). Juntos rodaron 5 películas consideradas de culto para los aficionados al género, como son: El Pico (I,II y III), Navajeros, La Estanquera de Vallecas y Colegas.  Se conocieron allá por el año 1978 en los míticos villares Victoria de Madrid, lugar de encuentro de gays y chaperos. Ese encuentro lo marcaría todo, Eloy andaba buscando un actor para Navajeros (1980) y se decantó por ese joven de aire chulesco y mirada triste. En el libro Lejos de Aquí (Fernando Fuembuena), se menciona que José Luis se mudó a la vivienda de Eloy hasta 1988, e incluso que recibió clases particulares de una profesora particular. El actor siempre sostuvo que se conocieron a raíz de una prueba cinematográfica a la que se había presentado, y aseguraba que seguía viviendo con su familia en el barrio de Vallecas.

Lo que pasó durante la década de los 80 pertenece a la historia cinematográfica de España, su nombre se fue convirtiendo en leyenda para jóvenes de barrio y aficionados al cine, en la memoria quedan personajes inolvidables como Tocho (La estanquera de Vallecas) o El Jaro (Navajeros).

Los personajes a los que nos acostumbramos a ver protagonizar en sus películas no distaban de la realidad de José Luis Manzano.  En el mes de Julio de 1991 fue acusado de robo con intimidación a un peatón en plena Gran Vía de Madrid. Tras su detención, fue condenado a 18 meses de prisión, a pesar de que curiosamente no tenía antecedentes penales hasta la fecha. Internado en la prisión de Carabanchel, donde convive con drogadictos, ladrones y navajeros como si se trataran de sus antiguos personajes ya en el ocaso de la vida. José Luis jamás se adaptó a la vida carcelaria, su adicción a la heroína no hizo otra cosa salvo empeorar.  A principios de 1992 Manzano sale de la cárcel y comienza un tratamiento de desintoxicación, que acabó abandonando.

José Luis falleció en Febrero de 1992 en Madrid, por sobredosis, en el domicilio de Eloy de la Iglesia. Como sus personajes que le dieron la fama, Manzano vivió rápido. Como muchos de los quinquis a los que interpretó, murió víctima de la asesina de los barrios obreros, la heroína.

LO QUE QUEDA DEL GÉNERO

Con la llegada de los años 90 las producciones de este género fueron reduciéndose.Las películas de Ventura Pons ¡Puta miseria!  De 1989, las comedias Makinavaja I y II, que parodiaron los tópicos del género, y finalmente Tres días de libertad, de José Antonio de la Loma, quien paradójicamente iniciara realmente este género, son consideradas las últimas cintas del género quinqui.

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Portada promocional de la película neoquinqui Criando Ratas

Podemos hablar a partir del nuevo milenio,  de un tímido rebrote de películas con la misma temática, lo que algunos han denominado  género neoquinqui. Debemos destacar la premiada 7 Vírgenes de Alberto Rodríguez, pero sobretodo la más fiel heredera del género: Criando Ratas .

Criando Ratas es un largometraje amateur de género neoquinqui que narra la vida de delincuentes de barrio,  bandas juveniles callejeras, el contrabando, la drogadicción, los robos y los ajustes de cuentas. En palabras del creador de la película, Carlos Salado: Criando Ratas  pretende renovar el género quinqui, reflejando la realidad social actual y heredando la obra de directores como Eloy de la Iglesia, José Antonio de la Loma, Carlos Saura o Paco Lara, que en los primeros años de la transición crearon un cine de culto que narraba una realidad social de forma sórdida y violenta, y cuyos protagonistas formaban muchas veces parte de esa realidad en su vida cotidiana”

LA BANDA SONORA Y SU EVOLUCIÓN

Cine Quinqui

Cassette de Los Chunguitos.

La cultura quinqui influyó tanto cinematográfica como musicalmente, desde cantantes como Toni el gitano, El Pelos  a grupos como los míticos Los Chichos, Los Chunguitos o Titanes . Todos fueron bandas sonoras tanto para los que vivían la realidad de los barrios como en la ficción de las películas. La rumbapop, fue el género genuinamente de barrio, surgido de la fusión del flamenco y la rumba con los nuevos sonidos disco. La rumba no traía una ruptura social como el rock o el punk, pero era una música donde sus intérpretes eran auténticos representantes del barrio y su cultura desposeída y rebelde. La rumba al contrario del punk no planteaba ninguna alternativa de vida era simplemente una música de raíz que había evolucionado con los nuevos sonidos, fue sobretodo una música para bailar y compartir en grupo. En una época donde la música no era un acto individual, no existían los auriculares, la música aún era un acto colectivo, se podía escuchar en la calle y en algunos casos se generaba en la calle, no se necesitaba de músicos profesionales para crear música, por lo tanto era muy habitual en los barrios como el Carmel ver a un grupo de jóvenes palmear, una forma sencilla de hacer música rítmica y de crear grupo. La imagen de esos años eran los grupos de chicos compartiendo un cerveza de litro, fumando tabaco o hachís y palmeando.

Herederos de ese espíritu, que no en lo musical, fueron los primeros raperos. Pese a su influencia norteamericana, aquí se adaptó a la idiosincrasia del barrio creando un estilo autóctono y particular, si bien durante la década de los 90 fueron considerados como algo marginal o una tribu urbana. Es a partir del auge de las redes sociales y plataformas de vídeo como YouTube cuando emergen raperos prácticamente desconocidos y que pasan a ser artistas de un público mayoritario. Aunque hay un estilo que emergerá con una gran fuerza, y les hablará a los jóvenes de barrios marginales de sus vidas, estamos hablando del Trap.

Desde Estados Unidos, concretamente en Atlanta surgen sonidos más puros, una base y una sola voz. Alejados de la imagen de gangster de MTV y cadenas de oro, hablan de la problemática de los barrios pobres, de la violencia y la droga. Algo que conoceríamos con el nombre del Trap. Pronto llegaría a países de América Latina como México o Puerto Rico donde el Trap conviviría con el reggeton convirtiéndose en cultura de barrio. Su influencia en España es posterior, y aunque comienza como algo marginal pronto formaría parte de cualquier playlist, tanto si eres un joven de barrio marginal como si no.

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A la izquierda Jarfaiter, a su lado El coletas, durante una entrevista.

Aunque si de verdad estamos hablando de herederos de la cultura quinqui tenemos que hablar de artistas como El Coleta o Jarfaiter, ambos surgidos de barrios que vivieron de primera mano la delincuencia y la droga de los 80 y 90. Ninguno de los dos reniegan de sus raíces, hablan con nostalgia de aquel cine en VHS violento y gamberro, al que incluso han homenajeado en canciones como Navajeros o El Pico 3 donde intercalan fragmentos de algunas de las películas más reconocibles. Toda una generación de películas y cineastas que quisieron narrar una realidad incómoda para aquella década de falsos perdones y alegría desatada, donde no entraban los sobrantes de las barriadas periféricas.

No fueron mitos, no fueron antihéroes. Fueron jóvenes pobres de extrarradio, víctimas de la prisión y la heroína, a quienes sin empleo y sin futuro no se les dejaba más opción que la delincuencia.

Alejandro Caldito

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