Marx en la ficción actual: ¿reivindicación o anulación política?

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Friedrich Engels con Karl Marx y sus hijas:  Laura, Eleanor y Jenny. Junio de 1864.

Karl Marx se ha convertido en personaje de ficción en diversas obras, en los últimos tiempos esta tendencia parece estar en auge. Marx ficticio: ¿reivindicación o anulación política?

En 2007 se iniciaba una crisis financiera mundial, tras un par de décadas casi, donde el marxismo había sido condenado al ostracismo, la figura de Karl Marx renace a través de distintas obras de ficción. Sin embargo, ¿este resurgir fue fruto de la necesidad dar respuesta política en medio de la crisis capitalista o por el contrario la aparición del Marx ficticio es una forma de anular el carácter político de su figura?

En enero de este mismo año se estrenaba en el Estado Español la película francesa El Joven Karl Marx, la autora francoestadounidense Mary Gabriel publicaba en 2011 Amor y Capital. Karl y Jenny Marx y el nacimiento de una revolución, en mayo de 2014 se estrena en Argentina la miniserie Marx ha vuelto que inspirada en el Manifiesto Comunista  lo lleva a la cotidianidad de nuestros días. Estas tres obras de ficción, desde puntos de vista diferentes, nos presentan a Marx más allá del personaje histórico, del filósofo o del político. Podría tratarse de una humanización del mito, sin embargo ¿es necesario a nivel político acercarnos a la figura del padre del marxismo desde esta perspectiva?

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Los actores alemanes Stefan Konarske y August Diehl interpretaron en la película El Joven Karl Marx a F. Engels y Karl Marx respectivamente.

En la facultad recuerdo que nos decían que pese a que una historia estuviese basada en hechos reales en el momento que se introduce en el campo de la ficción todos sus personajes pasan a ser obligatoriamente personajes de ficción. En el caso de la miniserie argentina es una evidencia el carácter ficticio del personaje ya que solo aparece como esa sombra que recorría Europa entre las multitudes posmodernas, desubicadas y perdidas que pululan desordenadas por las ciudades capitalistas actuales. El Joven Karl Marx, por el contrario, se presenta como una obra biográfica, de gran calidad, que consigue establecer un equilibrio entre la presentación de los personajes ficticios: Karl Marx, Friedrich Engels, Jenny Marx, Proudhon, Mary Burns… Y por otra parte la necesidad política de su doctrina en una época, que nada tiene que envidiar a la actual, donde tras la evidente catástrofe del sistema capitalista tras la revolución industrial surgían iluminados que desde discursos utópicos y vacíos hacían de calmante social, y de cómo dos jóvenes alemanes llenaron de táctica el desconcierto. Tanto en una como en la otra está clara la analogía que busca establecerse entre las dos épocas con la necesidad de construir un auténtico discurso y elaborar una seria estrategia de combate ante el avance capitalista en nuestros tiempos. Esos personajes ficticios, que fueron personas en la vida real, sirven por tanto como excusa para exponer un planteamiento más complejo. En el caso del libro Amor y Capital. Karl y Jenny Marx y el nacimiento de la revolución destaca el elaborado trabajo de documentación y la idea de presentar la intrahistoria de la propia construcción del relato marxista. No obstante, una vez más debe saber crear un equilibrio entre las necesidades creativas de una novela (la acción dramática, la evolución de sus personajes…) y el trabajo de campo de un estudioso de la figura del padre del marxismo y por tanto la relevancia política de los acontecimientos.

Con mejor o peor suerte es cierto que las tres obras buscan ese equilibrio y por tanto pueden servir como elementos de difusión de la figura de Karl Marx y sobre todo acercar a un público menos politizado a la lectura de su obra y a la puesta en práctica de sus planteamientos. No obstante, el riesgo de la sobreexplotación de la figura del hombre para transmitir su obra está en que olvidemos que lo importante en Marx no era si bebía hasta las tantas en un bar con Engels o si le fue fiel o infiel a Jenny Marx.

En los últimos tiempos, desde distintas corrientes, se busca la persecución de las obras por la integridad o no integridad de sus autores. Integridad creada en ocasiones en base a principios de integridad actuales y por tanto con poca solidez por ahistórico. Exigir al Márques de Santillana un compromiso de clase es como exigirle un compromiso feminista, no podemos olvidar que era la Edad Media. Sin embargo es común que por la misoginia de un señor nacido en 1904 como era Neruda algunas personas exijan que se le saque de las bibliotecas o de los libros de texto. Obviando que la pérdida de la lectura de Residencia en la Tierra no la va a padecer Neruda que lleva años muerto, sino el pueblo, el verdadero dueño de la obra de arte que solo es arte al ser compartida. El principal riesgo por tanto de aproximarnos a la figura de Marx es que conozcamos a un hombre, a un hombre del siglo XIX y europeo, que no era perfecto pero que no tenía porqué serlo para cambiar por completo el paradigma de la lucha y la historia de la humanidad, tal y como hizo.

Carmen Parejo.