Roque Dalton, el poeta guerrillero.

Roque Dalton

Roque Dalton.

Roque Dalton, el poeta guerrillero era asesinado el 10 de Mayo de 1975.

“Y que mis venas no terminan en mí, sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poesía de todos”.

Recordamos hoy al poeta americano Roque Dalton. “El poeta guerrillero” nació el 14 de mayo de 1935 en San Salvador (capital de El Salvador). Periodista, ensayista y novelista, desde muy joven reveló una profunda conciencia social, militó en los movimientos revolucionarios y luchó por alcanzar las reivindicaciones sociales en Centroamérica.

Viaja a Rusia en 1957 y en 1958 entra a militar en el Partido Comunista Salvadoreño. En varias ocasiones fue encarcelado y en 1961 se exilió. Vivió en Guatemala, México, Checoslovaquia y Cuba, donde además recibió instrucción militar.

En 1967 abandonó el Partido Comunista pero en 1973 se unió a las filas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en El Salvador y adoptó el pseudónimo de Julio Delfos Marín.
Tras protagonizar diferencias con determinado sector del ERP, la dirección de la organización guerrillera lo acusó injustamente de traición y rebeldía. El 10 de mayo de 1975 fue asesinado, junto con su compañero José Armando Arteaga (Pancho) por sus propios compañeros de armas. Sus cuerpos fueron abandonados haciendo imposible su recuperación.
Su asesinato fue resultado de las divisiones y fracturas internas que se generaron en aquellos años en las organizaciones guerrilleras de Centroamérica, impulsadas por colaboracionistas de la CIA que del mismo modo también se infiltraron en los Partidos Comunistas de la zona. La izquierda revolucionara de América Latina condenó fuertemente el injusto crimen cometido. Se considera a Roque Dalton el mejor exponente de la literatura guerrillera y uno de los mejores y más influyentes representantes de la poesía latinoamericana

Los policías y los guardias
Siempre vieron al pueblo
como un montón de espaldas que corrían para allá
como un campo para dejar caer con odio los garrotes.

Siempre vieron al pueblo como el ojo de afinar la puntería
y entre el pueblo y el ojo
la mira de la pistola o el fusil.

(Un día ellos también fueron pueblo
pero con la excusa del hambre y del desempleo
aceptaron un arma
un garrote y un sueldo mensual
para defender a los hambreados y a los desempleadores.)
Siempre vieron al pueblo aguantando
sudando
vociferando
levantando carteles
levantando puños
y cuando más diciéndoles:
“Chuchos hijos de puta el día les va a llegar”.
(Y cada día que pasaba
ellos creían que habían hecho el gran negocio
al traicionar al pueblo del que nacieron:
“El pueblo es un montón de débiles y pendejos —pensaban—
qué bien hicimos al pasarnos del lado de los vivos y de los fuertes”.)

Y entonces era de apretar el gatillo
y las balas iban de la orilla de los policías y los guardias
contra la orilla del pueblo
así iban siempre
de allá para acá
y el pueblo caía desangrándose
semana tras semana año tras año
quebrantado de huesos
lloraba por los ojos de las mujeres y los niños
huía de espanto
dejaba de ser pueblo para ser tropel en guinda
desaparecía en forma de cada quién que se salvó para su casa
y luego nada más
soló los bomberos lavaban la sangre de las calles.

(Los coroneles los acababan de convencer:
“Eso muchachos —les decían—
duro y a la cabeza con los civiles
fuego con el populacho
ustedes también son pilares uniformados de la Nación
sacerdotes de primera fila
en el culto a la bandera el escudo el himno los próceres
la democracia representativa el partido oficial y el mundo libre
cuyos sacrificios no olvidará la gente decente de este país aunque
por hoy no les podamos subir el sueldo
como desde luego es nuestro deseo”.)

Siempre vieron al pueblo
crispado en el cuarto de las torturas
colgado
apaleado
fracturado
tumefacto
asfixiado
violado
pinchado con agujas en los oídos y los ojos
electrificado
ahogado en orines y mierda
escupido
arrastrado
achando espumitas de humo sus últimos restos
en el infierno de la cal viva.

(Cuando resultó muerto el décimo Guardia Nacional. Muerto
[por el pueblo
y el quinto cuilio bien despeinado por la guerrilla urbana
los cuilios y los Guardias Nacionales comenzaron a pensar
sobre todo porque los coroneles ya cambiaron de tono
y hoy de cada fracaso le echan la culpa
a “los elementos de tropa tan muelas que tenemos”.)
El hecho es que los policías y los guardias
siempre vieron al pueblo de allá para áca.
que lo piensen mucho
que ellos mismos decidan si es demasiado tarde
para buscar la orilla del pueblo
y disparar desde allí
codo a codo junto a nosotros.

Que lo piensen mucho
pero entre tanto
que no se muestren sorprendidos
ni mucho menos pongan car de ofendidos
hoy que ya algunas balas
comienzan a llegarles desde este lado
donde sigue estando el mismo pueblo de siempre
sólo que a estas alturas ya viene de pecho
y trae cada vez más fusiles.

Roque Dalton.

Ámala Fernández Iglesias.

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