Violeta Parra: el canto de los pueblos.

Violeta Parra

Violeta Parra actuando en “La Peña de los Parra”.

 Violeta Parra: del folclore chileno al mundo. La universalidad de la identidad colectiva de los pueblos a través del arte.

Cincuenta años, el tiempo que duró su vida, la contemplan ya desde el silencio y la nostalgia con nuestra mirada inter-oceánica. Y eso que la chilena Violeta Parra no llegó a componer siquiera una docena de canciones revolucionarias, que parecen insignificantes entre un repertorio de unas tres mil tonadas que compuso, rescató y recogió del rico acervo de folcklore popular chileno.

Y, sin embargo, no es así. Violeta Parra, con sus canciones revolucionarias, puso la primera piedra para lo que luego se transformaría en la nueva canción chilena, movimiento musical fuertemente comprometido con la lucha política. La continuaron artistas como Quilapayún, Inti Illimani o Víctor Jara, entre otros.

Movimiento que en la Península Ibérica tuvo sus “imitadores” como la Nova Cançó catalana, el portugués José Alfonso, o las canciones protesta andaluzas de Carlos Cano.

Valga de ejemplo de compromiso, la rotunda letra de la canción de Violeta Parra titulada: Araujo tiene una pena, donde denuncia las milenarias e injustas condiciones de vida que desde la llegada de los conquistadores arrastra una minoría étnica, el pueblo indio indígena de los Mapuche: “Araujo tiene una pena/ que no la puedo callar/son injusticias de siglo/que se las debo cantar…/ya no son los españoles,/ los que les hacen llorar,/ hoy son los propios chilenos,/ los que les quitan su pan”.

Pero Violeta no sólo era amiga del pueblo, sino que manifestaba una absoluta crítica a los gobiernos de derecha de los países sudamericanos. Gobiernos entonces amparados por sus Iglesias oficiales y que eran puestos como títeres y sucursales por la CIA norteamericana. Sus promesas mesiánicas no cambiaban las injusticias sociales y la apabullante falta de libertad del común de la gente. De ahí que lo denunciara en su canción Miren como sonríen: “Miren como sonríen los presidentes,/cuando le hacen promesas al inocente… /Miren como redoblan los juramentos/pero, después del voto/doble tormento…/Miren como profanan las sacristías/con pieles y sombreros de hipocresía”

Gobiernan las derechas en Chile en el año 1963. El Presidente chileno–como en otros países de su entorno- crea un cuerpo represivo policial como nunca antes lo habían conocido el pueblo y los estudiantes. Y de una de las detenciones efectuadas nace una de las más bellamente dramáticas de sus canciones protesta, como es La Carta: “Me mandaron una carta, /por el correo temprano, /y en esa carta me dicen/ que cayó preso mi hermano, si… La carta dice el motivo/ que ha cometido Roberto/haber apoyado el paro/que ya se había resuelto/Si esto es un motivo/presa voy yo también sargento, si… /La carta que he recibido/me pide contestación/yo pido que se propale/por toda la población/… Aparte tengo guitarra/para llorar mi dolor/también tengo nueve hermanos/aparte del que se engrilló/los nueve son comunistas/con el favor de mi Dios, si”

Violeta Parra

Una de las múltiples manifestaciones internacionales por la Amnistía para Julian Grimau.

Durante su exilio en París a finales de los sesenta –cuando tenían lugar las revueltas estudiantiles del Mayo del 68Violeta Parra triunfa como cantante, al mismo tiempo que lo hace el cantautor Paco Ibañez con su Concierto en el Olympia. La mirada de Violeta Parra, siempre tan perspicaz, se expande hacia los perseguidos políticos de todo el mundo. Y a quién pedirle responsabilidades de estas crueldades e injusticias, sino a su padre espiritual, al papa de la Iglesia Católica. De esta manera surge una canción, dirigida poéticamente a él y titulada: Qué dirá el santo padre. En ella escribe sobre el reciente asesinato de Julián Grimau en 1963, importante político español asesinado por la dictadura de Francisco Franco:

“Que dirá el santo padre/que vive en Roma/que le están degollando a su paloma/Miren como nos hablan del paraíso/cuando nos llueven balas como granizo…/Lindo segar el trigo/por los sembraos,/ regado con tu sangre/Julián Grimau…/Con esto se pusieron/la soga al cuello/el sexto mandamiento/no tiene sello”.

En la misma línea, su canción: Rodríguez y Recabarren o Un río de sangre, contiene alusiones directas a grandes símbolos de la izquierda que fueron vilmente asesinados por las diferentes dictaduras del siglo XX. Entre ellos, el mexicano Emiliano Zapata, de cuya afrentosa muerte recita estas estrofas: “Callaron los instrumentos/por la muerte de Zapata,/ sentencia la más ingrata/que en México se contempla./ Para lavar esta afrenta/no hay agua en ninguna patria” Y de nuestro poeta Federico García Lorca, de cuya muerte denuncia a sus propios conciudadanos: “Así el mundo quedó en duelo/ y está llorando a porfía/por Federico García/con un doliente pañuelo/… No pueden hallar consuelo/ las almas con tal hazaña/de haber matado a un poeta/ nacido de sus entrañas./”

Y a modo de epílogo, es preciso añadir que todas estas letras de Violeta Parra fueron de inspiración propia; son canciones para ser recitadas de modo sencillo –como los juglares medievales- acompañadas de una pequeña guitarra y, a lo más, un tamborcito. Y, pese a su pobreza de medios técnicos y al medio siglo transcurrido, y ajenas a la vorágine de las nuevas modas musicales, estas canciones siguen emocionando a todas aquellas mujeres y a todos aquellos hombres que luchan por un mundo más libre y justo. Los que consideran que lo más importante de sus destinos individuales es que sus conciencias, ante todo, estén limpias ante la íntima mirada de ellos mismos.

Carlos Parejo.