Manuel Fernández Jiménez, otra oscura muerte en prisión y en 2017.

Manuel

Cárcel de Albocasser.

Manuel Fernández Jiménez, otra oscura muerte en prisión y en 2017.

Las rejas de cualquiera de las prisiones del estado español encierran mucho más que presos. Tras sus muros se ocultan golpes, gritos, abusos, maltrato físico y psicológico, miedo, amenazas…términos que si salen al exterior lo hacen envueltos en impunidad. Pero es que, en el caso de los funcionarios de prisiones, dicha impunidad viene a resultar mucho más evidente y acusada, si cabe, que entre quienes ejercen los abusos a los que el estado puede someter en la calle a un militante antifascista, un manifestante o todo aquel que en un momento dado tenga la mala suerte de toparse con un señor uniformado con ganas de golpear, humillar o torturar.

“Un preso no le importa a casi nadie. Un preso que lo esté por un delito común…importa menos aún. Y un preso común de etnia gitana, no nos engañemos, importa todavía menos”

Un preso no le importa a casi nadie. Un preso que lo esté por un delito común…importa menos aún. Y un preso común de etnia gitana, no nos engañemos, importa todavía menos, hecho del que son conscientes sus custodios dentro de prisión. Puede que esos miserables carceleros estén demasiado acostumbrados a que nada ocurra cuando se les va la mano y asesinan vilmente a un joven gitano en el interior de una cárcel cualquiera, pero en el caso de Manuel Fernández Jiménez, se han topado con la horma de su zapato, con una familia con una dignidad por encima de la media, de esas que no están dispuestas a conformarse con las mentiras que les cuenten ni a rendirse ante las trabas que la maquinaria del estado, a través de una Justicia que no hace honor a su nombre, les vaya a colocar en el doloroso camino en busca de la verdad de la razón por la que su hijo, su hermano o su sobrino, murió.

Manuel Fernández Jiménez tenía 28 años y era de El Puntal, Murcia.

Manuel

Manuel Fernández Jiménez.

Cumplía condena por delitos comunes en el penal alicantino de Villena, donde tuvo un enfrentamiento con otro preso que no le quería devolver una tele que le había prestado. Como castigo fue trasladado a la cárcel castellonense de Albocasser, en la que ya había estado, hecho por el cual sabía que le iba a tocar ser golpeado como en ocasiones anteriores. Así se lo contó a su familia, aunque no había llegado a denunciarlo porque, tristemente, suele ser peor. Por si fuera poco, lo metieron en una celda de aislamiento. Tras solo doce días, el 22 de octubre del año pasado,murió…lo mataron.

El hecho fue comunicado a la familia mediante una llamada en la que se les dijo que el chaval había fallecido de muerte súbita. Les dieron el teléfono de la funeraria encargada del traslado y a correr. Cuando llegó el cadáver, los empleados de la empresa que lo traía venían sin documentación alguna. Ni informe de la autopsia ni certificado de defunción. Tampoco querían dejar ver el cuerpo de Manuel, aunque, ante la insistencia de la familia y allegados, tuvieron que ceder. Fue entonces cuando pudieron comprobar las extrañas heridas de la barbilla (posiblemente de una Taser), las marcas de esposas en muñecas y tobillos, las uñas y dedos rotos (más que probablemente al defenderse), los cardenales y marcas de haber recibido inyecciones de adrenalina en el pecho, marcas de mordiscos, magulladuras en el cuello…poco tenía que ver aquello con una muerte súbita y nada se reflejaba en informe alguno que diese una mínima explicación sobre lo que había pasado, o mejor dicho, lo que habían hecho con el joven murciano. Los presentes decidieron llamar a la Policía Nacional para que hubiese un testimonio “oficial” del estado del cadáver, pero los policías no quisieron ni verlo, no iba con ellos, así que se decidió tomar unas fotos y emprender el tortuoso camino de la vía judicial.

Desde entonces y a través del Juzgado de guardia de Murcia, se ha solicitado la documentación en poder del Juzgado de Instrucción número 4 de Castellón, además de que antes del entierro ya se había pedido una segunda autopsia cuando aún, casi un año después, la familia no ha recibido ni esa primera que certifique la falacia de la muerte natural. La justicia rechaza la realización de esa segunda autopsia, da por buena y cerrada la “muerte súbita” y descarta el origen traumático como causa de la muerte, sin autorizar siquiera una segunda opinión con garantías de imparcialidad en el análisis. Se han presentado recursos de apelación, pero no hay respuesta. La documentación requerida no llega, las imágenes de las cámaras de seguridad de la prisión tampoco. Silencio administrativo. Quizás estén descolocados al ver que, tras más de 40 muertos en la cárcel de Albocasser desde el 2008, una familia les planta cara y exige respuestas.

Es muy complicado luchar contra toda una maquinaria con tantas piezas, bien engrasadas, reparadas y revisadas por el propio estado, cuyas aristas implicadas cuentan con todos los medios para vencerte por agotamiento, mediante el miedo, por no poder asumir el coste económico del proceso o por encubrimiento, entre unos y otros, de esos a los que te enfrentas.

Pero enfrente, la familia de Manuel Fernández Jiménez, va a seguir en su empeño, poniendo, como armas en juego, la dignidad, la necesidad de justicia y la memoria de su hijo, hermano o sobrino asesinado, para que así, Manuel y su familia puedan descansar en paz. Que el esfuerzo dé sus frutos y así sea.

Aviso: A continuación compartimos imágenes sensibles del cádaver de Manuel entregadas a Revista La Comuna por la familia del difunto. Imágenes que han sido presentadas como pruebas en el caso. 

Manuel

Pruebas presentadas por la familia de las agresiones que sufrió Manuel y que cuestionan la versión oficial de la muerte súbita.

Eder Mitxelena Foronda.

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