Oreretako 4ak. En la Zona Especial Norte todo es terrorismo.

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Oreretako 4ak. En la Zona Especial Norte todo es terrorismo.

Otros cuatro jóvenes vascos acaban de ser juzgados por terrorismo en la Audiencia Nacional, si bien por el momento han sido condenados a dos años por desordenes públicos pero la fiscalía no desiste.

Asier Petrirena fue entrevistado para un programa radiofónico en enero del 2017. Casi adolescente, contaba cual era la idea principal del “Banco obrero solidario de alimentos” del que formaba parte como organizador. Hablaba de hacer frente al mensaje de la derecha, recordando iniciativas deplorables como la de Hogar Social Madrid, que repartiendo comida únicamente a españoles, criminaliza al inmigrante de las situaciones de pobreza y precariedad, obviando las verdaderas causas. Hablaba del sistema, de capitalismo, de ricos y pobres, de miseria y hambre o de ostentación y lujo. Planteaba el Banco de alimentos de su pueblo, Orereta- Rentería, desde una perspectiva de izquierdas, de repartir comida y conciencia a partes iguales.

Asier se desplazó el 11 de marzo de ese mismo año a Pamplona-Iruña, para asistir, junto a otras 400 personas, a una manifestación bajo el lema “Errepresioari autodefentsa” (autodefensa ante la represión), no autorizada por las instituciones. Tras la aparición de los antidisturbios de la Policía Nacional para disolver la concentración, hubo lanzamiento de piedras, botellas y artefactos incendiarios. Asier y tres amigos, Rubén Iglesias, Endika Etura y un menor de edad que gracias a serlo iba a librar la cárcel, fueron identificados por agentes de paisano que, tras preguntarles la hora, los detuvieron acusados de causar incidentes. De ahí, a prisión y para variar a la Audiencia Nacional, acusados de acto terrorista, imputación a la que tuvieron que hacer frente 15 jóvenes, de los cuales, tras pasar ocho meses encarcelados, los tres referidos y el beasaindarra Julen Prado han sido juzgados a finales del pasado mes de mayo, mientras otros correrán la misma suerte en breve, en el juzgado de menores de la misma audiencia.

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La sensación de ser una ficha cogida al azar, a la que lo mismo le puede tocar, por una suerte de lotería, ser absuelto que condenado como si fueras el líder de DAESH, supone una condena en si misma.

El caso lo asumió en un principio el juzgado de Pamplona-Iruña, que en ningún momento calificó los hechos como terrorismo. Tal y como ocurrió en el caso de Altsasu, entró en escena la jueza instructora Carmen Lamela, que con la teoría de que los acusados actuaron “con la finalidad de subvertir el orden constitucional y alterar la paz pública” convirtió el hecho en su palabra favorita, esa que empieza por “T” y acaba en “o”. Tras conflicto de competencias entre juzgados, resuelto por el Supremo como cabía esperar, trasladó el asunto a Madrid. Allí esperaba otro que se ha especializado en juzgar cosas ocurridas en Nafarroa desde el prisma fascista, como es el Fiscal José Perals, que poco iba a tardar en definir los hechos como “violentos incidentes de orden público y ataques perfectamente organizados y planificados contra las fuerzas de seguridad”, que supondrían una petición de condena de 7 años de prisión, además de otros 5 años de libertad vigilada, 13 de inhabilitación para cargo público y 45.000 euros de multa por los daños causados. A finales de octubre, entre el 27 y el 28 de dicho mes, Julen y otros jóvenes como Mattin o Beñat, recibieron la citación para presentarse a declarar en Madrid el día 30. Ese plazo ínfimo para organizarte el viaje o pedir permiso allá donde trabajes, o el hecho de que el fiscal no se presentase en el juzgado, nos dan una medida del cachondeo humillante en que convierte el estado este tipo de procesos en los que no llegas a saber siquiera porque acciones concretas te acusan de hechos que te suenan a guerra civil. La sensación de ser una ficha cogida al azar, a la que lo mismo le puede tocar, por una suerte de lotería, ser absuelto que condenado como si fueras el líder de DAESH, supone una condena en si misma. Y es que en este caso, como en el de Altsasu, con sus similitudes y sus notables diferencias, los acusados no dejan de ser el chivo expiatorio necesario. Son utilizados para amedrentar al resto, para acallar voces y mantenernos en casa, para que el miedo nos lleve a no molestar.

En Altsasu el objetivo no son los ocho jóvenes, sino los movimientos populares que reivindican la salida de las fuerzas de seguridad del estado de la comarca y de toda Euskal Herria. Si para acabar con estos movimientos hay que arruinar la vida a unos veinteañeros, se hace y ya está. En el caso de los chavales de Orereta (o Beasain) ocurre algo similar. Son estos cuatro chavales pero podían ser otros cuatro, los primeros que pillasen. Da igual si aquella piedra la lanzó Julen o Maroto el de la moto, como da igual si los daños causados suman unos costes de 300 euros o 300.000. Lo importante es que alguien acabe pagando el pato y hacer desaparecer a AEM (Amnistiaren aldeko eta errepresioaren aurkako mugimendua – movimiento por la amnistía y contra la represión), a ATA o a quien pueda estar detrás de esa disidencia que no se ha sumado a la claudicación que en muchos aspectos ha tomado por rumbo la izquierda abertzale oficial. De hecho, EH Bildu se ha desmarcado de realizar una clara defensa de estos jóvenes, si bien el alcalde de Orereta (de la citada coalición) y también dos ex alcaldes, del PSE, realizaron recientemente una declaración conjunta censurando la decisión de tratar los hechos como terrorismo, solicitando fuesen juzgados por la justicia ordinaria y no en la Audiencia Nacional. Pero fue en vano.

Llegó el día del juicio y los tres jóvenes de Orereta- Rentería contaron su versión. Que fueron a Iruña con la intención de reivindicar la libertad de otros jóvenes encarcelados antes, como son varios de los integrantes de Indar Gorri, hinchada de Osasuna que también resulta bastante molesta por su ideología política. El autocar fue registrado en un control de la Guardia Civil antes de llegar a su destino. Los beneméritos vieron incluso las pancartas, pero no las confiscaron, quizás porque el plan era otro. Los jóvenes acusados negaron los actos vandálicos de que se les hacia responsables, así como haber entonado “goras” a ETA. No se reconocieron en vídeos y fotografías, explicando que cuando la cosa se complicó, se fueron, siendo detenidos de camino al bus de vuelta. Asier tenía por entonces un esguince de tobillo, lo cual hace que resulte difícil pensar en su presencia, menos aún en una intencionalidad previa, en actos violentos. Julen Prado, vecino de Beasain, relató que fue por su cuenta en coche, ya que había quedado en la capital navarra con una amiga, joven que corroboraría como testigo dicha versión. Si bien no estaba en la ciudad por esa razón, se sumó a la manifestación porque siente empatía por la reivindicación en cuestión. Reconoció haber cogido una piedra cuando empezaron las cargas policiales, pero negando que llegase a lanzarla ni mucho menos haber cometido acción alguna que pueda entenderse como terrorismo. Pero que más dará el que, el quién, el cuándo ni el cómo, cuándo la Policía habla de una lluvia de piedras y botellas durante dos horas y esto se atribuye a ideologías que de antemano están consideradas como terroristas y el lugar de los hechos se encuentra en los limites geográficos en los que siempre será catalogado de una forma aquello que no lo seria 200 kilómetros al sur… La Fiscalía seguía viendo terrorismo y manteniendo las peticiones de condena antes citadas.

Todo aquel que se enfrente al estado y al sistema con algo más que batucadas o comentarios en redes, o incluso también éstos en algunos casos, tendrá que enfrentarse a la maquinaria represora del estado.

Es algo continuo y no van a parar. Todo aquel que se enfrente al estado y al sistema con algo más que batucadas o comentarios en redes, o incluso también éstos en algunos casos, tendrá que enfrentarse a la maquinaria represora del estado. El mensaje del temor que pretenden infundirnos, como arma de amansar a la bestia que todos juntos podríamos ser, solo puede significar una cosa: Ellos sí nos tienen miedo. Aprovechan el engranaje construido para evitar que nos los acabemos comiendo. No se lo permitamos.

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El fiscal, como en el caso de Altsasu, ha recurrido y vuelve a insistir en que los hechos sean considerados como terrorismo, de tal forma que habiendo quedado los acusados en libertad por no tener antecedentes y ser la condena de dos años, vuelven a tener tras ellos la amenaza de 7 años de prisión.

Mañana serán otros cuatro. Y pasado mañana cuatro más.

Eder Mitxelena Foronda.

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