Rompiendo el mito de los avanzados Países Nórdicos.

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Banderas de los cinco países Nórdicos: Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia y Finlandia.

La otra cara de la moneda de los avanzados Países Nórdicos. Venta de armamento, alianzas internacionales y destrucción del Medio Ambiente.

Cualquiera que se maneje mínimamente con las redes sociales, a poco que le guste “navegar”, estará acostumbrado a ver vídeos de páginas como PlayGround donde se nos muestra la cara amable, ejemplar incluso, de los Países Nórdicos. Efectivamente, todo en estos aclamados países parece idílico cuando se echa un vistazo por encima. No es necesario saturarse a base de datos; baste una referencia a eso en lo que a todos nos han enseñado, desgraciadamente, a pensar por encima de todo: el dinero.

Así, si bien Dinamarca era, a 1 de enero de 2015, uno de los seis países de la UE que no tenían establecido un salario mínimo, ello no impedía a los daneses ser los mejor pagados, según datos de la Oficina de Estadísticas Europea (Eurostat), con una media de 35 euros/hora. Nada despreciables son tampoco los 25 euros/hora de Suecia y de Finlandia. Y aunque Noruega, en 2016, había experimentado un descenso en el salario medio de unos 950 euros mensuales, suponiendo doce pagas, su salario medio se mantenía en unos “golosos” 60.730 euros al año.

Pero por si este aspecto, digamos más “prosaico”, no fuera suficiente para que el ciudadano medio suspire por el sueño nórdico, la propaganda cubre también otros frentes, más susceptibles de llegar al corazón del espectador. Así, en el lado que vamos a llamar humano, la crisis de refugiados provocada por el imperialismo norteamericano y sus lacayos en la región, ha situado a Suecia en la cresta de la ola. Junto con Alemania, estos dos países concentran el 55% de las concesiones de asilo en nuestra “modélica” Unión Europea.

Además, y si bien quienes observamos el mundo desde la óptica de la lucha de clases tenemos claro que estos países se ajustan perfectamente a lo que podríamos llamar “lacayismo de guante blanco” del imperialismo, bien es cierto que los pingües beneficios que este discreto servilismo les genera, son inteligentemente invertidos en interesantes políticas sociales: podríamos hablar de sus sistemas educativos, de sus políticas de igualdad de género (brecha salarial, etc.), cambio climático…

Con estos mimbres, y un trabajador medio consumido en la autodestrucción individualista a la que nos empuja este Sistema, el oligopolio de los mass media lo tiene demasiado fácil. Por eso se hace necesario acercarse críticamente al mito impoluto de los avanzados Países Nórdicos.

Hoy nadie con dos dedos de frente puede discutir que el ser humano es un ser social; que sólo somos libres en la medida en que los seres humanos a lo largo del mundo lo son. Al menos a esto deberíamos aspirar todos, en teoría.

“Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo”, decía el Comandante Fidel Castro. Siendo esto así, no se me ocurre mayor expresión del ser humano genuino, que el internacionalismo.

Se hace oportuno, hablando de internacionalismo y de seres sociales, aportar algunos datos:

Dinamarca, Islandia y Noruega son países miembros de la OTAN, con todo lo que eso conlleva. Bases militares, adiestramiento de tropas… De hecho Noruega es un activo fundamental de la actual estrategia de la OTAN contra Rusia; En 2017  las actividades de los Ejercicios Viking practicaron la “defensa del país” (tal y como se declaró desde la cúpula de las fuerzas armadas noruegas) a tan solo 300 km de la frontera rusa con la participación de soldados británicos y estadounidenses.

Suecia y Finlandia no pertenecen a la OTAN, pero eso no ha sido obstáculo para participar activamente en sus menesteres. Sin ir más lejos, en septiembre del año pasado, Suecia llevó a cabo el proyecto Aurora 17, su mayor ejercicio militar de los últimos 20 años. Y aunque desde la plana mayor del Estado sueco se sostenía la neutralidad de ese evento, diputados izquierdistas como Stig Henriksson (Partido de la Izquierda) vinculaba sin lugar a dudas estos ejercicios con la OTAN, tachándolos de imprudentes porque “contribuyen activamente a una nueva espiral de tensión, armas y ejercicios en la región área inmediata. Y esto es peligros para Suecia”.

-Debemos señalar, asimismo, en este contexto de suerte de “Guerra Fría Económica” contra Rusia (también contra China, por supuesto), la importancia geoestratégica de un país como Finlandia, fronterizo con la Federación que preside Vladimir Putin.

-En el año 2014, y a lo largo de los, por aquel entonces, últimos 5 años, Noruega había triplicado su exportación de armas. Principalmente a través de la empresa Nammo, propietaria entre otras desde 2013 de la Fábrica de armas de Palencia, principal suministrador de armas en el Estado Español, y que en el año 2007 había comprado al homólogo norteamericano Talley. Nammo es propiedad del Estado noruego al 50%. Casualidades de la vida, los propios estadounidenses constituyen el 41% del volumen de negocio de esta empresa productora de armas.

Noruega, presuntamente uno de los países abanderados en la lucha por la protección del Planeta, ha sido denunciada por Greenpeace por autorizar hasta 13 licencias de explotación petrolífera, en un Ártico que se derrite a un ritmo preocupante, a través de la empresa propiedad del Estado “Statoil”. Posee también numerosas filiales en países africanos, dedicadas a la deforestación, y que obligan a dejar sus hogares a miles de campesinos e indígenas.

Con estos datos, y volviendo a la cuestión del internacionalismo, terminar con algunas preguntas: ¿cómo pueden presumir de sus políticas de asilo países que, al mismo tiempo, son sujetos activos, pese a no ser potencias militares, en la invasión israelo-norteamericana que sufre la República Árabe Siria y su legítimo gobierno? ¿Qué mensaje de paz y de neutralidad tienen derecho a enviar al ciudadano, mientras ingresan ingentes cantidades de dinero por la venta de armas, aviones de guerra, etc., que jamás van a parar a los países soberanos víctimas de los instintos genocidas del imperialismo yanqui? ¿Qué clase de movimiento ecologista es ese que no respeta paraísos protegidos y manifiesta claros comportamientos colonialistas en países del Tercer Mundo?

Y lo que a mí más me indigna, por aquello de que somos seres sociales: ¿por qué es tan habitual que los defensores de la socialdemocracia y el Estado de Bienestar nórdico parezcan obviar estas cuestiones? ¿Por qué se molestan cuando nosotros defendemos la dignidad contra viento y marea de la Revolución Cubana, del pueblo de Cuba, único en el mundo que cumple los baremos de sostenibilidad ecológica según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)? ¿Acaso tienen los cubanos la culpa de poder dormir tranquilos por las noches, porque la sangre de ningún pueblo pesa sobre sus conciencias? ¿Tan poco como un haz de estéticas, pero superficiales, políticas sociales es lo que vale para algunos la sangre o las míseras condiciones de millones y millones de desheredados de todo el mundo?

Roi García Camino.