Brigada de la aceituna. Crónica en Palestina.

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Final de uno de los días de recolección. Foto Juan José Boto Garrido.

Brigada de la Aceituna porque la solidaridad es la ternura de los pueblos. Narración de la experiencia de una brigadista en Palestina.

Mucho se ha escrito sobre Palestina y la situación de ocupación y apartheid que sufre su pueblo por parte de Israel. Mucho se habla sobre las injustas condiciones que las palestinas y palestinos tienen que soportar cada día desde que el sionismo y sus aliados decidieran llevar a cabo su proyecto colonial y criminal en aquellas tierras. Pero queremos y necesitamos una vez más contar y difundir nuestra experiencia como Brigadistas en Palestina, porque fue la tarea que nos encomendaron: “contadlo, contad la realidad, lo que pasa aquí. Sed nuestro altavoz” y eso haremos.

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Letrero que Israel pone a la entrada de cada ciudad palestina advirtiendo de que pisar ese territorio es peligroso, y prohibiendo el paso a los israelis. ojo, que ese cartel no lo pone Palestina, lo pone Israel. Foto Juan José Boto Garrido.

La aceituna es también un símbolo de resistencia palestina. Y el simple acto de recoger el fruto es castigado por las autoridades israelíes.

El pasado mes de Octubre, nos pusimos en contacto con la Asociación Unadikum, asociación de apoyo a Palestina que organizaba por segundo año las “Brigadas de la Aceituna” con el objetivo de enviar a brigadistas, en concreto a Cisjordania ,para asistir y acompañar a las familias palestinas en las tareas de la recogida de la aceituna. Sí, la aceituna es también un símbolo de resistencia palestina. Y el simple acto de recoger el fruto es castigado por las autoridades israelíes. Nuestra labor allí tenía dos componentes: uno de trabajo sobre el terreno, acompañar a las familias en las tareas de recogida para persuadir a los militares y colonos israelíes de atacar a las familias y sus tierras. Y el componente político, reunirnos con determinadas asociaciones de resistencia palestina para conocer su perspectiva y su labor.

La Brigada se centró en la zona de Cisjordania, ya que en Gaza no se puede entrar desde que Israel y Egipto decidieron bloquear las vías de entrada hasta para los observadores de la ONU, convirtiéndola en una ratonera aún más asfixiante y dura de lo que ya era. Así que realizamos un recorrido de norte a sur de Cisjordania que empezó por la bella y acogedora ciudad de Nablus hasta la desolada Hebrón, paradigma de la ocupación, que muestra de forma clara el nivel de crueldad y degeneración de la sociedad israelí, pasando por Ramallah y terminando en Al Quds (Jerusalen).

Lo primero que nos llamó la atención fueron las diferencias entre dos sociedades; la Palestina que ríe, comparte y acoge a pesar de las privaciones y dificultades a las que son sometidos, y una sociedad agresiva, triste, desquiciada y paranoica, la israelí que vive de un falso victimario rodeada de lujos, piscinas, grandes casas, carreteras y demás infraestructuras.

Es muy difícil trasladar todo lo que vivimos, es muy difícil poner palabras a tantas emociones que nos recorrieron aquellos días, pero pondremos un par de ejemplos para intentar mostrar un poco de la realidad diaria del pueblo palestino. Lo primero que nos llamó la atención fueron las diferencias entre dos sociedades; la Palestina que ríe, comparte y acoge a pesar de las privaciones y dificultades a las que son sometidos, y una sociedad agresiva, triste, desquiciada y paranoica, la israelí que vive de un falso victimario rodeada de lujos, piscinas, grandes casas, carreteras y demás infraestructuras ,mientras que en Palestina sufren cortes de luz y agua, desabastecimiento en los hospitales y los encierran entre check-points , muros asfixiantes y campos de refugiados. El afecto que el pueblo palestino muestra con toda persona que simplemente vaya a Palestina es algo abrumador. Son conscientes de que si estás allí es en contra de la imposiciones de Israel. Pisar Ramallah, Nablus, hablar con palestinas y palestinos es ya en sí un acto castigado por Israel que prohibe a los extranjeros la entrada en el territorio si ignoras los circuitos del turismo organizado por el sionismo y te acercas a conocer la realidad palestina.

En una de nuestras jornadas de recogida fuimos testigos de cómo una mujer temblaba de miedo recordando que a su marido (un palestino que hablaba mejor ruso que inglés porque estudió veterinaria en Moscú) le habían dado una paliza 15 días atrás un grupo de colonos, aprovechando que estaba sólo y que había ido a revisar los olivos. Aquella tarde durante las labores de recogida fuimos atacados por colonos que esperaron a que la aceituna estuviera recogida para irrumpir de forma violenta en las tierras de esta familia con toda impunidad y así llevarse el fruto de su trabajo y esfuerzo. Pudimos ver los restos de árboles quemados, de olivos quemados, porque Israel destruye arboles, animales y casas de Palestina. Curiosa manera de “querer” una tierra. No obstante, conseguimos salvar la recolecta, y a pesar del miedo, terminamos la jornada felices de ver la alegría de aquella familia que por primera vez en sus vidas conseguían recoger toda la aceituna del puñado de olivos que llevan cuidando desde muchas generaciones atrás. Y eso para ellos y ellas era una gran victoria.

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Olivos quemados por los colonos en Burin, aldea cercana a Nablus. Foto Juan José Boto Garrido.

Impresionante fue también la visita al muro que rodea Al Quds. La Asociación Stop The Wall nos mostró barrios enteros de casas destruidas por los bulldozers israelíes, la desolación de barrios enteros que tiempo atrás estaban llenos de vida, la instalación de industria contaminante israelí junto a poblaciones palestinas. El plan de exterminio totalmente calculado y bien organizado.

Cada semana entran al campo, a las casas palestinas a detener de forma arbitraria al objetivo del día, si no lo encuentran se llevan a cualquier familiar de cualquier edad para usarlos como moneda de cambio.

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Graffiti del campo de Dheisheh. las paredes del campo están repletas de grafitis. Foto Juan José Boto Garrido.

Posiblemente lo que más nos marcó fue conocer el campo de refugiados de Dheisheh, a las afueras de Belén. Las historias personales y familiares de sus habitantes que han convertido lo que en teoría debía ser una estancia temporal en un “hogar” definitivo. En Dheisheh las incursiones militares a altas horas de la madrugada son continuas y ocurren tres veces por semana. Nos hablan de la ¨lista negra”, una serie de nombres que son objetivo de búsqueda y captura por parte de los militares israelíes . Cada semana entran al campo, a las casas palestinas a detener de forma arbitraria al objetivo del día, si no lo encuentran se llevan a cualquier familiar de cualquier edad para usarlos como moneda de cambio. Muchos conocemos la historia de la familia Tamimi, y sucede que familias Tamimi hay miles a lo largo y ancho de territorio palestino, no son situaciones excepcionales, es el día a día de las familias. Nos cuentan cómo el índice de mortalidad de presos y presas palestinas en las cárceles israelíes es muy alto (del 80%) y que lo más macabro y cruel es que las autoridades penitenciarias no devuelven los cuerpos a las familias hasta que no concluyan su pena íntegra. ¿Podéis imaginar el nivel de crueldad y psicopatía que invaden esas mentes?

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Entrada al campo de Dheisheh de la brigada, con dos activistas. los hermanos de esos dos palestinos están en la carcel. Ellos lo estarán pronto. Foto Juan José Boto Garrido.

No obstante en Dheisheh se organizan, trabajan, tienen un alto nivel de implicación política, social y cultural porque entienden que ya es una condena tener que vivir bajo ese régimen infernal de miedo y humillación pero asumen que el tiempo que les toque vivir tiene que valer para algo, hacer algo útil. Y nos asombraba que, aún pudiendo en determinadas ocasiones abandonar Belén y buscar asilo fuera de Palestina, la convicción general que les inspira es quedarse y luchar, porque son conscientes de la realidad que les tocó vivir y abandonar a su pueblo sería un acto de egoísmo. Se definen como antifascistas, socialistas e internacionalistas. Estudian, se instruyen, se organizan en multitud de actividades culturales y deportivas y lo hacen con éxito y sabiendo que esa actitud es la que más molesta a Israel, por eso son un peligro, por eso Dheisheh y sus activistas son una agresión para Israel y por eso persiguen y eliminan a cualquier joven, niña o niño que muestre una actitud de resistencia, como le ocurre a Ahed Tamimi.

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Contenedores de agua potable de las casas palestinas tiroteados por los soldados o los colonos israelíes. Hebron. Foto Juan José Boto Garrido.

En Hebrón el nivel de enfermedades psíquicas y suicidios es muy alto, más que en el resto de Palestina. Y es que nos cuentan algo paradójico; que es mucho más “fácil” vivir en Gaza que en Hebrón, porque en Gaza no ves a ningún israelí.

En los últimos días la Brigada se trasladó a Hebrón (Al Khalil). Allí el control israelí es mucho más fuerte y los colonos han ocupado viviendas palestinas para acosar y minar a los habitantes palestinos, que se han visto obligados a instalar redes metálicas sobre el zoco de la ciudad vieja porque los colonos tiran basura y desperdicios por las ventanas de las casas ocupadas sobre las cabezas de los palestinos. En Hebrón el nivel de enfermedades psíquicas y suicidios es muy alto, más que en el resto de Palestina. Y es que nos cuentan algo paradójico; que es mucho más “fácil” vivir en Gaza que en Hebrón, porque en Gaza no ves a ningún israelí. Te cae un bomba, te mueres y ya. Pero en Hebrón hasta que mueren están sometidos a una humillación absoluta, cruel y constante. Y eso es más duro que el hecho mismo de morir.

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mMalla metalica en el zoco de Hebron para evitar que no les caiga encima la basura que lanzan los colonos. Foto Juan José Boto Garrido.

Es difícil contar en una crónica todas las sensaciones vividas, los llantos, la alegría, las risas, los soldados, la amabilidad, la crueldad, el espíritu de lucha incansable, pero nos volvimos de Palestina con una promesa, con un mantra: “contadlo, contad lo que pasa en Palestina. No tenemos apoyo de la Comunidad Internacional. No tenemos nada más que vuestro altavoz. Y no dejéis de venir porque el día que ya no seáis testigos, desapareceremos”

Así que yo cumplo mi promesa; contarlo, e intentar contagiar a toda persona que lea esta crónica, que conozca Palestina porque la solidaridad internacional es la ternura de los pueblos. Y en Palestina hay mucho de eso.

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Escuela. Los niños y niñas aprenden en baile regional palestino. Foto Juan José Boto Garrido.

Ámala Fernández.

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