Huawei en el centro del tablero geopolítico

“No estamos solamente ante una guerra comercial entre empresas tecnológicas, sino que estamos ante una guerra comercial abierta entre los EEUU y la República Popular de China” Pablo Gartzia

Huawei es una empresa tecnológica china creada en septiembre de 1987 por un ingeniero militar llamado Ren Zhengfei en la ciudad de Shenzhen cerca de Hong Kong. Con un capital inicial, según distintas fuentes, de unos 3000 euros en la actualidad esté capital ha ascendido hasta rondar los 26,9 mil millones de USD (1987). Cuenta con unos 100.000 empleados que son propietarios, según los medios financieros online Bolsamania y Economia Digital, del 99% de las acciones de la compañía a través de un sindicato de trabajadores -lo que para nosotros sería más o menos un modelo cooperativista- y el 1% restante pertenecería a su fundador y presidente Ren Zhengfei, aunque es difícil encontrar información fiable sobre esto en los medios occidentales ya que suele estar sesgada por las acusaciones de la inteligencia estadounidense de pertenecer al Gobierno chino.

Esta compañía ha despuntado entre otras compañías tecnológicas chinas hasta situarse entre las primeras a nivel mundial en ventas e innovación tecnológica. En 2818 aumentó sus beneficios en un 25% frente al ejercicio anterior ganando en total 7.859 millones de euros. Según la consultora tecnológica IDC las ventas globales de móviles Huawei el primer trimestre de este año 2019 se sitúan en unos 59,1 millones de unidades, solo por debajo de los 71,9 millones de Samsung y superando los 36,4 millones de Apple; en el Estado español las ventas este primer trimestre alcanzaron 1,26 millones de unidades vendidas lo que sería aproximadamente uno de cada tres móviles.

Pero no es solo la venta de móviles el core principal del negocio de Huawei, sino la venta de equipos de telecomunicaciones y networking (routers, swichts, dispositivos de fibra óptica, etc…) y por supuesto su mayor apuesta: la implementación de redes 5G sector en el cual la compañía china es líder mundial indiscutible sacando mucha ventaja en implementación e innovación sobre sus competidores occidentales. Con este cuadro no es raro que Huawei esté en el punto de mira del gobierno de los EEUU que ve peligrar su hegemonía en el sector de las nuevas tecnologías y las telecomunicaciones, con toda la repercusión que eso conlleva no solo para la ya de por sí maltrecha economía de los EEUU, sino para lo que ellos llaman la “seguridad nacional”. Por que es cierto, la “seguridad nacional” de los EEUU se ve amenazada por la “amenaza” china, ya que, si no son ellos los que venden, distribuyen y controlan todos los dispositivos electrónicos de telecomunicaciones se les va a hacer mucho más complicado el ciberespionaje generalizado que agencias como la NSA realizan a nivel mundial. Y por supuesto a todo lo anterior hay que unirle que, aunque este año las cifras han mejorado un poco para los EEUU por las agresivas políticas arancelarias del presidente Trump, el año pasado el déficit comercial entre EEUU y China fue de unos 549.144 millones de Euros a favor de China, un 12,4% más que el año anterior y el mayor desde 2008.

Y en este marco es en el que la administración de los EEUU decide introducir a Huawei en la lista negra del Departamento de Comercio que impide a las empresas estadounidenses hacer negocios con la compañía china. A partir de ese momento y durante toda esta semana se han precipitado los acontecimientos para Huawei: Google anuncia que rompe las relaciones con Huawei el pasado lunes y luego se le unen otros fabricantes como Intel, AMD, ARM, Qualcomm, el consorcio de tarjetas SD y finalmente Microsoft retirando los portátiles Huawei de su tienda online.

¿Cuáles son las consecuencias para los productos de Huawei tras el anuncio de la ruptura?

Pues a nivel sistema operativo Android y Google son las siguientes, todos los productos vendidos hasta ahora no se verán afectados. Los productos que vayan a salir recibirán actualizaciones de la parte Open Source de Android, pero no de la propia Google lo cual se materializará en que los usuarios de Huawei recibirán mas tarde las actualizaciones del sistema operativo. Tampoco recibirán la nueva versión de Android que está a punto de salir y en principio tampoco tendrán actualizaciones las Apps de Google ya instaladas como Youtube, Gmail, Google Maps, etc… y en los dispositivos nuevos no se podrán instalar a través de Google Play Store.

A nivel de suministro de microprocesadores Huawei no podrá implementar en ninguno de sus productos microprocesadores ni de Intel, ni de AMD ni Qualcomm. Esto en principio no debería ser un gran problema ya que Huawei desarrolla sus propios microprocesadores (Kirin) pero al cesar la colaboración también con ARM no pueden usar esa arquitectura que es justo la que usan los Kirin y todos los dispositivos móviles actuales. Según anuncio la propia compañía china esto no sería un problema ni en este ni en el próximo ejercicio 2019-2020 ya que tienen suficiente stock de microprocesadores y al parecer hay un fabricante taiwanés que no estaría sujeto a esta política de ARM que podría y así lo ha anunciado, seguir suministrando materiales para la fabricación de los microprocesadores Kirin, aunque algunas fuentes indican que no tienen el mismo rendimiento.

A nivel de uso de tarjetas de memoria SD, Huawei ya no podrá utilizar el estándar SD en los productos que fabrique a partir de ahora, pero esto tampoco sería un grave problema ya que Huawei en los últimos modelos Mate 20 y P30 usa su propio estándar NM Card.

Es en el descenso del índice de ventas y bajada de precios donde el anuncio de Trump más daño a hecho a la compañía china, esto se conoce como daño comercial, provocando un descenso de las ventas y del precio de los dispositivos. En la FNAC los teléfonos Huawei han bajado entre 10 y 50 euros por unidad. MediaMark ha anunciado un descenso de las ventas de hasta un 30% menos esta semana en comparación con la semana pasada y también han reducido el precio de los teléfonos Huawei. De momento ni Movistar ni Vodafone España han dicho nada, pero en cambio Orange si ha anunciado que seguirán vendiendo dispositivos Huawei y dando soporte sobre los mismos. También hay rumores que operadoras de Gran Bretaña y Japón están vetando a Huawei.

Posibles respuestas de Huawei

La principal respuesta que se está barajando desde la compañía china es lógicamente la implementación en sus dispositivos móviles de un sistema operativo alternativo desarrollado por ellos que tiene el nombre de “Hongmeng OS”, basado también en el kernel (núcleo) GNU/Linux de Android. Estaba claro que Huawei ya llevaba tiempo anticipándose a este escenario y en secreto estaban desarrollando su propio sistema operativo -se dice que desde 2012- la jugada es arriesgada porque lo difícil no es crear un sistema operativo alternativo sino que termine triunfando en el mercado y para ello es necesario contar con una tienda de aplicaciones buena que haga que los consumidores tengan acceso a todas las apps más populares del mercado, no esta de más recordar que Microsoft desarrolló también un sistema operativo para móviles, Windows Phone, que aún siendo objetivamente un buen sistema operativo no triunfó por la falta de aplicaciones. Pero de triunfar “Hongmeng OS” estaríamos ante un torpedo en plena línea de flotación del cuasi monopolio de Google en el mercado de los smartphones, porque no estamos ante una empresa con unas cuotas de mercado ínfimas como fue el caso de Microsoft en el sector de la telefonía móvil, sino estamos hablando del segundo/tercer fabricante de móviles del mundo y además el cuarto es Xiaomi que podría también implementar el nuevo sistema operativo y en ese caso tendríamos un pedazo bastante grande de los dispositivos móviles que se venden en el Mundo con una alternativa al Android de Google y aunque es cierto que Alphanet (la empresa de Google) tiene mucho más diversificado su mercado que por ejemplo Apple, el daño a medio plazo podría ser irreversible. El escenario podría ir mas allá, ser el comienzo de un giro de la hegemonía tecnológica y de uso de los servicios de proveedores de correo electrónico y redes sociales estadounidenses: Google, Facebook, Twitter, Youtube, Gmail, etc… a unos nuevos creados por la industria china y rusa.

Posibles respuestas del gobierno chino

Pero como no estamos solamente ante una guerra comercial entre empresas tecnológicas por una posición hegemónica en el mercado, sino que estamos ante una guerra comercial abierta entre los EEUU y la República Popular de China y no sería extraño que el gobierno de esta última tomase medidas de represalias. Una de las más importantes y dañinas para la economía estadounidenses sería propiciar un boicot activo contra la venta de teléfonos iPhones en China. Uno de cada tres móviles de Apple que se venden en el mundo se venden en China y ya en marzo la consultora IDC público un informe en el que indicaba que a finales de 2018 las ventas de iPhone en el mercado chino habían caído un 19,9% mientras que las de Huawei en ese mismo mercado habían crecido un 23,3%.

Si las ventas de iPhone en China siguen cayendo y en los últimos días ya se están resintiendo porque lógicamente los chinos están comprando en clave nacional o nacionalista ante el ataque comercial de EEUU, la ya muy tocada economía de Apple se vería afectada seriamente e incluso su continuación en el mercado en los parámetros actuales. La otrora mayor empresa con valor en bolsa, la compañía de la manzana mordida lleva varios meses perdiendo de manera constante su valor en el índice NASQAD de Wall Street. Se calcula que en apenas tres meses del año pasado perdió cerca del 30% de su valor en bolsa, un monto total de 450 billones de dólares, que es aproximadamente el valor de Facebook. De hecho, la empresa de Cupertino, ya no hace publico sus resultados financieros lo cual desde la óptica del inversor capitalista no es algo bueno.

Otra de las grandes medidas de presión que puede adoptar el gobierno chino para responder a la provocación de Trump es paralizar o disminuir las exportaciones de los conocidos “minerales raros” que tan necesarios son para la fabricación de microprocesadores, pantallas LCD, baterías recargables, etc… lo cual podría poner en peligro la producción, o como mínimo, el encarecimiento de la misma en los productos de alta tecnológica.

Y ya más a largo plazo, algo que manejan muy bien los chinos, Pekin podría junto con otros países emergentes, intentar implementar un “nuevo orden económico y financiero mundial” que tendría por objetivo destruir la hegemonía que EEUU tiene a través del uso del dólar como divisa universal, el uso del código SWIFT para transacciones bancarias internaciones y finalmente crear nuevos organismo financieros y económicos alternativos al Banco Mundial, FMI y la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Esto sería realmente una disputa de incalculables consecuencias pero que podría asentar un nuevo orden mundial en el cual quedaría enterrado para siempre ese mundo unipolar soñado por los grandes estrategas estadounidenses a finales de la década de los 80, la década de los 90 y primeros años del siglo XXI y que intentó liderar en el conocido thinktank neoconservador conocido como Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense / Project for the New American Century fundado en 1997 y disuelto el 2006 en el albor del nacimiento de la multipolaridad con la creación del ALBA-TCP en América Latina y el surgimiento de las potencias emergentes conocidas como los BRICS.

Futuro inmediato del tablero geopolítico entre EEUU y China

De momento ya tenemos algunos indicios de marcha atrás por parte de la administración de EEUU como han sido primeramente la moratoria hasta el 19 de agosto y luego las palabras del presidente Trump en las cuales indica que está dispuesto a negociar un nuevo acuerdo comercial con China que incluya a Huawei. Está claro que a corto plazo a Huawei y por extensión al resto de compañías tecnológicas chinas se les ha hecho un daño comercial muy grave, ya que a fecha de hoy es complicado que la gente sienta confianza para comprar alguno de sus productos, e igual era esto lo que realmente se buscaban porque mantener la medida a largo plazo parece insostenible.

Esto ha sido un baño de realidad para muchas personas que se habían creído eso del “mercado libre” y la “libre competencia” dos de los mantras del capitalismo que tan fácilmente se compran. Pero lo que ha ocurrido es que mientras los chinos nos vendían sus baratijas en sus tiendas de barrios y pueblos y occidente les vendía los productos de alto valor, todo era alegría y fiesta entre los defensores del liberalismo económico. Cuando los chinos empezaron a fabricar con la misma calidad que occidente y a innovar mucho más y hemos sido nosotros los que hemos empezar a comprar sus productos tecnologicos con alto valor añadido, ya no molaba tanto eso del “libre mercado” y el “libre comercio”.

Pero a medio y largo plazo, que es donde suelen jugar la partida siempre los chinos y si mueven muy bien sus fichas en el tablero geopolítico, ellos tienen todas las de ganar. Imaginaros un escenario en donde más del 30% de los móviles vendidos llevan un sistema operativo alternativo al de Google y al de Apple y donde un número creciente de portátiles salgan de fabrica con un Linux preinstalado y tan fácil de manejar como un Windows y encima con microprocesadores alternativos a los de Intel o AMD o Qualcomm. En ese escenario son las tecnológicas de los EEUU las que tienen todas las de perder y eso para la maltrecha economía estadounidense no es bueno. Por eso yo creo que la sangre no llegara al río y la administración estadounidense presionada por las propias empresas tecnológicas del país como Google, Apple, Intel, AMD, Microsoft, etc… reculará antes de que la situación sea más crítica para ellos.

Pablo Gartzia

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2 thoughts on “Huawei en el centro del tablero geopolítico

  1. El artículo es muy interesante aunque creo que, no es sólo una guerra comercial, es una guerra moderna, donde el flanco comercial es por ahora el principal campo de batalla, pasando por la ciberguerra, si eso no funcionara se podrían abrir otros flancos.
    Es parte de la guerra por la supremacía mundial en una fase aún superior.

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