Cumbre de Lima: de gran “batalla final” contra Maduro a cambio de estrategia

La pasada VIII Cumbre de Las Américas en Lima ha sido un fracaso. Lo que parecía anunciarse a bombo y platillo como la gran confrontación del continente contra la Revolución Bolivariana, presidida por el mismísimo Trump e impidiendo la asistencia de Maduro, ha sido una cumbre que ha pasado completamente inadvertida y que finalmente no contó ni con Trump (que estaba ocupado bombardeando Siria) ni con Maduro, quien a pesar de lograr la invitación con la presión de sus aliados finalmente declinaba asistir.

Una Cumbre trianual a la que ni siquiera acudió el anfitrión, el presidente peruano Pedro Pablo Kucinscky, quien tuvo que renunciar a su cargo días antes por verse envuelto en un escándalo de corrupción. Muy oportuno para una reunión que fijaba como tema principal la corrupción, en un continente que va viendo como sus representantes democráticos continúan engrosando la lista de corruptos. Ni siquiera Raúl Castro se dignó a presentarse en una cumbre de la que se ha excluido anteriormente a su país, Cuba, por seis ediciones . El extraño “dictador” prefirió quedarse en la isla para organizar el Congreso en el que entregaría el poder al nuevo “dictador” como resultado de sus “dictatoriales” elecciones recientes.

Hasta M. Rajoy (aunque a España no la invitan cómo resistirse a influir en un evento sobre su especialidad: la corrupción) se unía a la fiesta viniendo de gira por la región para dar las palmaditas de empujón a los que pudo (principalmente a Macri) tras quedar el presidente peruano fuera de juego. Temer, con un 5% de aprobación de su gestión en Brasil, Santos, a semanas de la salida de la presidencia, y Peña Nieto, con escasos pronósticos de renovarla; reunían la comparsa suficiente. Pero, de 14 asistentes con esa intención, apenas una tercera parte votó a favor de lo exigido por la Casa Blanca. Por el contrario, Macri pidió que no siguiera la escalada en Siria. Eso le costó que Trump suspendiera la reunión bilateral en el último minuto.

“El verdadero desafío está en desmontar el sistema mismo en el que prospera la corrupción: el sistema capitalista”

Evo Morales

Al finalizar la Cumbre, el presidente Evo Morales viajó de urgencia a Caracas para hacer balance junto a Nicolás Maduro, diciendo que “hay una enorme contradicción en algunos presidentes de Suramérica”. Se mostró positivo y sentenció que “Estamos convencidos de que vamos a continuar con nuestras revoluciones democráticas en América Latina […] Los presidentes revolucionarios no necesitamos reconocimiento de gobiernos sumisos al imperio”. Maduro agregó: “Si la Cumbre de las Américas en Mar de Plata representó el entierro del ALCA, la Cumbre de Lima representa el final de las Cumbres de las Américas”.

“Hay que decirlo con toda claridad: la principal amenaza contra la libertad, la democracia, contra la madre tierra y contra el multilateralismo es el gobierno de Estados Uniddos. No tengo miedo de decirlo, de frente y abiertamente”.

Evo Morales

¿Qué es lo que deja la cumbre? Principalmente la sensación de que la reunión ya se concibe de nuevo en exclusividad para ejercer el control del continente por parte del imperio, pero además relegada por él mismo a un asunto menor. Aunque no del todo, los lacayos del sur siguen cumpliendo con el plan del norte, y lograron fortalecer las competencias de la justicia y el poder mediático en su control sobre los gobiernos. Que así dicho suena bonito, pero hace falta ser muy ingenuo para no entender que es un cambio de estrategia en el control por parte del amo. Ya que electoralmente tienen el “patio trasero” descontrolado (las dos últimas décadas han surgido liderazgos nacionales desde las urnas desafiando su estrategia hegemónica), han decidido contraatacar por medio de la justicia y los medios, que aun siguen en manos de la burguesía; tal y como demuestran los casos de Lugo, Lula, Cristina, Correa y Maduro. Esa nueva estrategia ofensiva aún no tiene respuesta más allá de pueblos saliendo a las calles, y encuentra cierto respaldo en otras instituciones internacionales que avalan la judicialización de los mandatarios incómodos. Mientras tanto, como ejemplo más visible, Uribe sigue viendo cómo son asesinados los principales testigos contra él. Ya sabemos que todavía la justicia no es para todos igual.

La batalla geopolítica en el continente: de estancamiento a ofensiva capitalista

El corazón de la resistencia a la ofensiva capitalista, se encuentra en paro cardiaco. La usurpación de la revolución ecuatoriana por el quintacolumna Lenín Moreno y el freno de la izquierda centroamericana en un momento de distensión mantienen al ALBA prácticamente como un organismo paralizado. Con la caída de la producción petrolera venezolana sus alianzas en el Caribe (como PETROCARIBE) se resienten. Pero especialmente la imposibilidad de avanzar se abre paso por los cambios de gobierno acontecidos en los últimos años en Argentina, Brasil y de presidente en Uruguay; que anulan MERCOSUR como contrapeso del ALCA sepultado por Chávez, Fidel, Lula, Evo y Néstor en la Cumbre de Mar de Plata.

Ahora, además, se anuncia la salida hoy de la UNASUR de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú; como evitando una posible revancha soberanista bolivariana. Es precisamente ese espíritu del ALCA reencarnado en la Alianza Pacífica lo que lleva estos países a virar el continente hacia el Norte (y sus políticas capitalistas) de nuevo. La CELAC sufre una suerte parecida. Por otro lado, aunque la OEA es un auténtico fantasma también, la magnificación mediática de sus proclamas parecen mantenerla viva.

Con el juego político trancado, se abre la partida al campo judicial, y por ahí apunta esa declaración de Lima como amenaza para los pueblos de latinoamérica: o votan lo que le conviene a los intereses del norte o, como ya vemos en Venezuela, se les hará la vida imposible mientras ellos resuelven el asunto presidencial por vía judicial.

Es la hora de los pueblos, es la década clave de este del siglo. La pelea es ahora o nunca.

Sin ninguna duda, América es un continente en disputa, y los pueblos están viendo de nuevo como se ahogan las voces de sus voceros, pero no por eso van a dejar de dar la pelea. Es cierto que Colombia está apoyando los bombardeos a Siria y, junto a otros, alimentando las condiciones de guerra contra Venezuela, pero en poco más de un mes vivirá elecciones, como también lo hará México y, más adelante Brasil y Argentina. Es la hora de los pueblos, es la década del siglo. La pelea es ahora o nunca. La Cumbre de Lima no era la batalla final, pero su fracaso sí marca un punto de inflexión en la contienda, y la disputa es por el todo o la nada, el Sumak Kawsay (la vida digna y plena), contra el monstruo de la globalización capitalista y el regreso a las colonias.

Intichurin Iskaywari.

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