Los rohingyas, el pueblo sin estado.

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Campo de refugiados Rohingya en  Cox’s Bazaar, Bangladesh. Marzo de este mismo año. Fuente: REUTERS/Clodagh

Los rohingyas, el pueblo sin estado. Historia de un pueblo en huida forzosa.

Los rohingyas, quienes han sido descritos por la ONU como un pueblo “sin Estado” y “virtualmente sin amigos” han sufrido décadas de persecuciones en Myanmar, la antigua Birmania, donde la religión mayoritaria es el budismo. En ese país no son considerados ciudadanos, porque no tienen reconocimiento como grupo étnico. El Estado les prohíbe casarse o viajar sin permiso de las autoridades y no tienen derecho a poseer tierra ni propiedades.

El 1886 el Imperio Británico estableció un protectorado colonial con capital en Rangún y Birmania se convirtió en una provincia de la llamada India Británica. En 1962 se produjo una sublevación para llevar a cabo la vía birmana hacia el socialismo. El PPSB fundado el 4 de Julio de 1962 subió al poder tras la proclamación de la “Vía birmana al socialismo” por el Consejo Revolucionario de Unión, el 30 de abril de 1962. El Partido del Programa Socialista de Birmania liderado por Ne Win rechazaba las creencias y prácticas de los partidos socialdemócratas, que postulaban que el socialismo podría construirse a través de métodos parlamentarios. Durante este período se aprobó la Ley de Unión de Ciudadanía, en la que se estipulaba qué etnias podían obtener la ciudadanía. Inicialmente a los rohingyas se les concedió la tarjeta de identificación, e incluso la ciudadanía, bajo la premisa de relevo generacional. En este tiempo, varios miembros de la comunidad rohingya llegaron a ser miembros del Parlamento birmano.

El 8 de Agosto de 1988 se produjo un Golpe de Estado, conocido como Levantamiento 8888. Se desató un baño de sangre y murieron miles de personas, en su mayoría monjes, civiles y estudiantes. El general Saw Maung se alzó en el poder, declaró la ley marcial y creó el Consejo para la Restauración de la Ley y el Orden del Estado.

Después del golpe militar, las cosas cambiaron dramáticamente para los rohingyas. Según la ley los ciudadanos rohingya debían obtener las tarjetas de registro nacional pero sólo recibieron tarjetas de identificación para extranjeros. Este hecho limitó a esta comunidad musulmana el acceso al mercado laboral y a las oportunidades educativas.

En 2016 unos 120.000 hombres, mujeres y niños rohingyas huyeron del país y fueron confinadas en campos para desplazados.

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Fuente: Pedro Armestre/ Save the Children Handout

“Es difícil verificar tanto el número de víctimas como la magnitud de la violencia en la zona por el escaso acceso de medios de comunicación. Se calcula que los desplazados a Bangladesh desde finales de los años 90 han sido de medio millón de personas. ” 

Del 25 de agosto hasta el 6 de septiembre de 2017, más de 150.000 personas llegaron a Bangladesh huyendo de la violencia en el estado de Rakhine, en Myanmar. Es difícil verificar tanto el número de víctimas como la magnitud de la violencia en la zona por el escaso acceso de medios de comunicación. Se calcula que los desplazados a Bangladesh desde finales de los años 90 han sido de medio millón de personas. Unos 150.000 permanecen en Myanmar en la región de Rakhine. 5.000 huyeron a Tailandia. 150.000 a Malasia. 350.000 a Paquistán. 10.000 a Emiratos Árabes y unos 200.000 a Arabia Saudí. Calculándose el número de desplazados en cerca de un 1.400.000 personas.

En febrero de 2017, la ONU presentó un informe en el que indica que las fuerzas gubernamentales “muy probablemente” han cometido crímenes de lesa humanidad desde que se iniciaron las represiones militares, en octubre de 2016.” Un vez más, el Ejecutivo birmano negó los abusos. Además, el Gobierno de Myanmar no abordó ninguna de las conclusiones del mencionado informe y solo manifestó que su país tenía el derecho a defenderse de las actividades del Ejército de Salvación Rohingya de Arakan dentro de su territorio tachando al ESRA de organización “terrorista”.

El llamado Ejército de Salvación Rohingya de Arakan publicó un comunicado en marzo de 2017, en el que destacó su obligación a “defender, salvar y proteger a la comunidad Rohingya”.

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El grupo prometió que cumpliría esta misión “con nuestras mejores capacidades ya que tenemos el derecho legítimo, bajo el derecho internacional, a defendernos en el marco del principio de la autodefensa”.

En su declaración de marzo, el ESRA agrega que “no se asocia a ningún grupo terrorista en ninguna parte del mundo” y que “no comete ningún tipo de terrorismo contra ninguna población civil, independientemente de su origen religioso y étnico”.

Las demoliciones de poblados y los desahucios de rohingyas que aún están en Rakhine —se calcula que antes de agosto de 2017 vivían cerca de un millón—para dar espacio a nuevas construcciones se han multiplicado desde comienzos de año.

En realidad las autoridades de Myanmar están destruyendo pruebas de crímenes de lesa humanidad, haciendo extremadamente difícil cualquier intento de hacer que los culpables respondan por sus actos.

El presidente iraní Rohani advirtió que “la opresión, el genocidio y el desplazamiento de personas siempre facilitan el terreno para la extensión del terrorismo y el extremismo y sería posible que los terroristas quieran explotar la crisis”. Una vez derrotados en Irak y Siria, alertó, los terroristas – incluidos DAESH y Al-Qaeda – podrían trasladarse a otros países, y amenazar toda la región de Oriente Medio y Asia, e incluso Europa.

Daw Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz en 1991, fue ensalzada como la viuda que desafió a los “dictadores de Birmania”.

Apoyada por el imperialismo para alzarse contra la revolución socialista encabezó una campaña a favor de la democracia, fue considerada como una heroína de los tiempos modernos. Sin embargo, Daw Suu, como dirigente de facto de Birmania, es la principal apologista de esta limpieza étnica, mientras el país oprime a los rohingyas y los acusa de ser terroristas e inmigrantes ilegales.

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Niños rohingyas en el campamento espontáneo de Tasnimarkhola, Cox´s Bazar, al sur de Bangladesh.

La Comunidad Internacional deja en manos de las ONGs la labor de dotar a los campos de refugiados de unos mínimos para la supervivencia, pero como en el caso de los refugiados de otros países son sus propias políticas imperialistas y el apoyo a grupos terroristas, cuando no su creación, los que provocan que millones de personas tengan que huir de sus países para preservar sus vidas.

Cristina Tous.

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