1977. Terrorismo de estado e impunidad. (Víctimas Invisible V).

1977

Mariluz Nájera Julián (Madrid) asesinada por la policía durante las protestas contra el crimen que quitó la vida a Arturo Ruiz García, perpetrado por la extrema derecha.

1977. Cuando incluso con la ley de amnistía los beneficiados fueron ellos. Terrorismo de estado e impunidad.

En julio del año anterior se había proclamado una amnistía parcial para algunos presos políticos cuyos delitos no hubieran puesto en peligro la vida de nadie, algo que por otra parte viene a depender de quien interprete tal riesgo vital. Además, esta pseudo- amnistía se concedía, con escaso disimulo, a los funcionarios y agentes del orden publico que hubiesen cometido delitos contra el ejercicio de los derechos de las personas, lo cual interpretado por los mismos que lo antes señalado, aseguraba esconder bajo la alfombra los asesinatos de tantísimos caídos por la acción de armas de fuego, botes de humo, pelotazos, porras o manos torturadoras, que ya de por si, venían a salir de gratis. El terrorismo de estado quedaba a cubierto.

Mezclados ambos aspectos de la broma del opresor, al pueblo oprimido le resultaba de largo insuficiente, así que 1977 se caracterizó, entre otras cosas, por las manifestaciones y actos en favor de una ley de amnistía justa. Las movilizaciones, especialmente populosas en Euskal Herria, se iban a saldar, para variar, con otra colección de muertos. En octubre nos presentaron la Ley de amnistía definitiva y nos la volvieron a meter doblada. El caramelo que supuso la salida de prisión de presos políticos o de quienes estaban entre rejas por delitos tales como rebelión, sedición o similares catalogaciones represivas, cometidos con anterioridad al 15 de diciembre del año anterior y aquellos delitos posteriores y hasta octubre del mismo 1977, “que no supusieran violencia grave contra personas”,no oculta el hecho de que el estado, de forma definitiva, venia a imposibilitar así, que quienes habían cometido crímenes de lesa humanidad, desapariciones forzosas y tantos abusos con resultado de muerte, pagasen por ello. Incluso, siendo tales delitos imprescriptibles según normativa internacional sobre derechos humanos. El estado, que rara vez juzgaba a sus corbatas y uniformes asesinos, sacaba, por si las moscas, una carta ganadora a cambio de una concesión que no era tal, o es que ¿acaso a alguien le iba a parecer normal que siguiesen encarcelados aquellos que lo estaban por la gracia de una dictadura? Con la Constitución de 1978, dieron la estocada mediante el artículo 9.3, ya que este seria violado si se tratase de reactivar una responsabilidad criminal ya extinguida, derogando, por ejemplo, la Ley de amnistía, o al menos aquello de la misma que viene a contravenir los tan cacareados y a la vez pisoteados Derechos Humanos. El estado lavó su cara a ojos del mundo, se vistió de democracia y nos la colaron pero bien colada.

En la calle y en lo referente al tema que nos ocupa este repaso cronológico, en 1977, GRAPO cometió atentados que dejaron un total de 8 muertos, mientras ETA iba a dejar un saldo de 10 muertos, 7 de miembros de las fuerzas de seguridad del estado, dos cargos políticos de esos que ya lo eran durante el Franquismo y un falangista reconocido.

Por el contrario, la ultraderecha (10 asesinados), Policía Armada o Cuerpo Superior de Policía (14), Guardia Civil (12), Ejercito Regular y la Legión (2, sin tener en cuenta las decenas de muertos en la Mili, claro), o la tortura a presos políticos (un muerto del FRAP… de los “no políticos”, a saber), suman ya 41 asesinatos de estado o por elementos de ultraderecha, de los cuales, nada menos que 37 eran civiles, dos miembros de ETA, uno de MPAIAC y el antes referido del FRAP. Recordémoslos en el siguiente repaso;

1977

Juan Manuel Iglesias Sánchez (Sestao), asesinado a la edad de 15 años.

Enero fue brutal. En Xirivella, Valencia, una movilización obrera fue reprimida mediante carga policial. En la huida cayó al suelo José Vicente Casaban Sena, de 31 años y militante de CCOO, que sufrió un ataque cardíaco fruto de la brutalidad. En el entierro, al que acudieron 2.500 personas, volvió a haber varios heridos y detenidos. Hablan de respeto a los muertos. Juan Manuel Iglesias Sánchez sólo tenía 15 años cuando se celebró en Sestao una concentración pro-amnistía reprimida a golpes por la policía armada y la guardia civil en el momento en el que se iba a leer un comunicado en euskera. Las 3.000 personas que participaban en el evento, más todos los que estaban en bares de la zona, pasaron a ser golpeables. Juan Manuel estaba jugando al futbolín con sus amigos, cuando entró la gente que huía de los golpes y disparos de duras pelotas de goma, así que emprendió también una huida en la que, tras saltar un muro y caer mal, el pánico por la extrema violencia policial le causó una insuficiencia cardiovascular. Dado que tenía una dolencia cardíaca diagnosticada que le impedía hacer grandes esfuerzos, la responsabilidad recaería sobre el adolescente, que por lo visto tenía que haberse quedado quieto para ser atropellado por una manada de búfalos. Hubo muchos más heridos, igual que el día del funeral, al que acudieron 25.000 personas…pero también 14 jeeps y 3 buses de la Policía Armada, que no iban, precisamente, a dar el pésame a la familia.

“Jorge Cesarsky Goldstein, sería condenado a 6 años, pero sólo cumplió 10 meses, beneficiado por la amnistía que reclamaba el joven al que asesinó.  Años después se le pudo ver en el Vaticano junto al Papa y Carlos Menem.”

Días después se celebraba en Madrid otra manifestación pro-amnistía. Aparte de la represión policial, empezaba a ser costumbre la aparición de grupos ultraderechistas en cada acto de protesta. Fue uno de estos quien disparó, por la espalda y acertando en el corazón, al estudiante y albañil granadino de 18 años Arturo Ruiz García, al grito de “viva cristo rey” habitual. Otra joven, Florencia, resultó herida grave. Según testigos, la policía armada retuvo al grupo de ultras, pero los dejó marchar. El autor material del asesinato, José Ignacio Fernández Guaza, huyó a Francia ese mismo día con la ayuda del guardia civil Juan Ignacio García Cabrera, que también desapareció después. El único que pisó cárcel fue el argentino Jorge Cesarsky Goldstein, que sería condenado a 6 años, pero que sólo cumplió 10 meses, beneficiado por la amnistía que reclamaba el joven al que asesinó. Años después se le pudo ver en el Vaticano junto al Papa y Carlos Menem.

1977

Abogados laboralistas asesinados en su despacho de la Calle Atocha por la Extrema Derecha.

Al día siguiente, en las protestas por la muerte de Arturo, los antidisturbios mataron con un bote de humo disparado a bocajarro a la estudiante de sociología de 20 años Mari Luz Nájera Julián, cuya cara quedó completamente desfigurada. Desgraciadamente la muerte de esta joven seria eclipsada por el quíntuple asesinato ocurrido ese mismo día, el de los abogados laboralistas de la madrileña calle Atocha. Tres pistoleros entraron en su despacho y acribillaron a los nueve presentes, vinculados al PCE. Enrique Valdevira Ibáñez (34 años) y Luis Javier Benavides Orgaz (26, de Jaén) murieron en el acto. Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco (ceutí de 29 años) murió un día después. Su mujer, Dolores, una de las cuatro heridas de gravedad, perdió el bebé que esperaba. El salmantino Serafín Holgado de Antonio(27 años), abogado en practicas, murió al día siguiente en el hospital, y el administrativo conquense Ángel Rodríguez Leal (25 años) en el acto. Los autores fueron juzgados 3 años después. Eso si, a pesar de las muchas sospechas de que tras esto debía estar gente de mucho más arriba, el juez se negó a investigar más allá de los autores materiales, su líder y quienes les facilitaron las armas o fueron cómplices directos. Dos de ellos, como venia siendo costumbre en estos casos, huyeron con relativa facilidad, pero al menos fue la primera vez en que se encarcelaría a los autores de un atentado ultra a algo más que las bromas de mal gusto que venían siendo habituales. Según el neofascista italiano Stefano Delle Chiaie, tras la matanza de Atocha estaban los servicios secretos del estado, siendo uno de los ideólogos del asunto Antonio González Pacheco el torturador conocido como Billy el Niño, aunque oficialmente la autoría material e intelectual se limite a los siguientes personajes; José Fernández Cerrá (32 años) fue condenado a 193 años como autor material. Falangista y ex guardia de Franco, cumplió 15 años(comparen ustedes). Terminó currando con pistola otra vez, de vigilante de seguridad. Carlos García Juliá (23 años), condenado a 193 años como autor material, a los 14 años de condena y ya en libertad condicional, se fugó. Poco después fue detenido por narcotráfico en Bolivia y encarcelado allí. Fernando Lerdo de Tejada (22años), sobrino de la secretaria del fundador de Fuerza Nueva, Blas Piñar. Escapó en 1979, antes del juicio, y si no ha muerto, seguirá en Brasil. Francisco Albadalejo Corredera (39 años), secretario del Sindicato Vertical y autor intelectual del atentado, fue condenado a 63 años. Murió tras cumplir 7 años de condena. Leocadio Jiménez Caravaca (55 años) Ex legionario que estuvo en la división azul nazi-franquista, condenado a 4 años. Murió en 1985. Simón Ramón Fernández Palacios, ex división azul, murió antes del juicio. En Italia se da por segura la autoría de Carlo Cicuttini, pero en España no se quiso indagar mucho más, ya que estaba preso en su país y no interesaba saber mucho de un tío que controla demasiado sobre los GAL y otros muchos secretos de estado. Condenado a cadena perpetua en Italia por el atentado de Peteano, fue complicada su extradición, por aquello de la protección de que disfrutan los terroristas casados con hijas de generales del ejercito español, como era su caso.

1977

Francisco Albadalejo Corredera, uno de los asesinos de los abogados de Atocha.

1977

José Fernández Cerrá , uno de los asesinos de los abogados de Atocha.

1977

Leocadio Jiménez Caravaca, uno de los asesinos de los abogados de Atocha.

 

Pero aún hubo otro asesinado más aquel 24 de enero. Eduardo Serra Lloret fue detenido junto a muchos otros miembros y colaboradores del FRAP, acusado, en su caso, de pasar información para un atraco. En la jefatura superior de Policía de Valencia, un sanguinario llamado Benjamín Solsona Cortés y apodado “El galletas” lo torturó hasta aburrirse, siendo después encarcelado para que otros pudiesen también divertirse con él. Ante el riesgo de que se les muriese en el trullo por las hostias recibidas, lo soltaron para que poco tiempo después, ya en su pueblo, Xativa, las secuelas de la tortura lo mandasen al hoyo. El tal Solsona, que en 1980 fue destinado a la jefatura policial de Bilbao ( gran plaza para sus practicas favoritas), tiene el honor, como uno de los grandes torturadores del Franquismo que fue, de estar entre los nombres para los que la querella argentina dictó orden de busca y captura por su historial criminal.

La Policía Armada se cobró dos vidas en febrero. En Zaragoza, Miguel Vicente Basanta López, de 31 años, pintaba “Trabajo sí, policía no” cuando el agente Francisco Tovar Tovar, estando de paseo con su familia, lo encañonó contra la pared. Vicente salió corriendo y se llevó tres tiros, dos en la cabeza. El juzgado militar montó una farsa según la cual, el policía, habría sido atacado con una barra de hierro y actuó en legítima defensa… ¿Y la barra? No existía… ¿Y los testigos que negaban esa versión? No se tuvieron en cuenta.¿ Y la autopsia según la cual los disparos fueron hechos en posición muy distinta a la declarada por el asesino? Irrelevante detallito. Causa sobreseída y el policía a seguir sus paseos nocturnos.

En el transcurso de una manifestación conjunta de obreros del metal y de la construcción, en Cartagena, Murcia, la Policía Armada disparó tres pelotas de goma a la cabeza y cuello del albañil Francisco “Pancho” Egea (19 años), que murió de derrame cerebral. Ni se investigó. Los controles de la muerte de la Guardia Civil se llevaron por delante a Manuel Lorente Martín, encofrador de Estepona (Málaga) de 27 años, muerto en las afueras de Granada. En estos casos siempre había disculpas del tipo de “me intentaron atropellar, pero los pude esquivar al tiempo que vaciaba el cargador en la cabeza del conductor”. En fin.

Más extraño fue lo ocurrido en Hostalrich (Girona), donde los del tricornio percibieron lo que en la nota oficial llamaron “una actitud sospechosa” en un grupo de “jóvenes forasteros”, así que les pincharon las ruedas del coche para que no se pudieran escapar. Alfonso Bárcena López, de Torderá (23 años), salió huyendo y al alcanzarle un agente y darle el alto, ” hizo caso omiso”, así que procedió a pegarle un tiro mortal tal y como acostumbraban. Según sus amigos, venían de ver un rally y tuvieron que frenar bruscamente al cruzarse un animal, siendo interrogados mucho después por ello, cuando todos habían podido escuchar el disparo mortal. Al funeral del chaval asistieron 3.000 personas que clamaron justicia, pero esta no llegó. Las disculpas eran más creíbles por el populacho cuando los muertos en este tipo de controles eran miembros de ETA, como ocurrió el mes siguiente en Itsaso, Gipuzkoa. Según la versión oficial, Francisco Aldanondo, que iba en los asientos traseros, en el momento de serles pedida la documentación, empuñó una pistola y descargó un cargador entero sobre el cabo de la guardia civil, que sin embargo resultó ileso (era un súper- héroe de película) y pudo, mientras esquivaba las balas, ametrallar el coche. Según testigos (había una cola de coches en el control) sólo se escucharon los disparos de la Guardia Civil y no esos supuestos disparos previos. Tampoco dejaron acercarse a unas monjas que se prestaron a socorrer a los heridos. Y en un programa de radio, en el que testigos se disponían a contar lo que habían visto, se cortó oportunamente la emisión. El caso es que allí murieron Sebastián Goikoetxea Mariezkurrena (29 años, de Ibarra) y Nikolas Mendizabal Barandiaran “Zaharra” (30 años, de Zaldibia).

Tampoco la Brigada Regional de Investigación de Madrid se andaba con miramientos. Detuvieron a un delincuente de poca monta mientras otro escapaba. Al desobedecer el alto, dispararon al segundo por la espalda, muriendo en el hospital. Dijeron que llevaba una pistola, pero los testigos sólo hablaban de un disparo, el que mató a José Ignacio Gutiérrez Gaduña (23 años). Su familia presentó querella criminal contra el autor del disparo y denunció la visión dada por la policía a la prensa engordando su historial delictivo, que en realidad se limitaba al robo de un microscopio del Instituto a los 14 años, por lo que se había comido tres días de cárcel paliza incluida, robo de una moto y de 11 jerseys (4 años de trullo) y fumar porros…todo un matón. El donostiarra paseo de La Concha no debe ser tan bonito para los que recuerden a un estudiante universitario de 20 años que fue asesinado un 12 de marzo. Se celebraba una marcha pro-amnistía y un Policía Armada, aprovechó que José Luis Aristizabal Lasa llevaba la ventanilla del coche abierta, para dispararle una pelota de goma a bocajarro cuando el chaval tuvo que detener la marcha por el gentío. Le destrozó la cara y tras un día en coma, murió sin que pudieran hacer nada por él. El gobernador de Navarra prohibió el funeral en su tierra, pero 10.000 personas desfilaron en silencio en Donostia, con alguna carga policial al inicio del acto. Tres días después se repetiría la historia en la ciudad. Isidro Susperregi Aldako tenía 68 años y militaba en ANV. Natural de Orereta, fue alcanzado junto al corazón por un pelotazo de los antidisturbios. Tras 15 días en el hospital, murió. Pocos días después, en el transcurso de una manifestación en la plaza Sant Jaume de Barcelona, ultraderechistas mataron a puñaladas a Ángel Valentín Pérez, obrero de la construcción de 24 años. La prensa, como era habitual, lo tachó de delincuente. Es gracioso leer la crónica de la época, donde a pesar de señalar que lo habían apuñalado unos “desconocidos”, luego apuntan que fue por asuntos particulares del fallecido. Vamos...”no sabemos nada, pero sabemos que no han sido nuestros amigos de ultraderecha, eh!”. Antes de terminar el mes, llegaría la muerte, a manos de un centinela, del joven (25 años) Juan Santiago Tomás Marrero Hernández en las instalaciones militares de la Isleta, en Las Palmas, al no obedecer el “alto” ordenado. La prensa, como era habitual, lo catalogó de delincuente y drogadicto, omitiendo su más que posible pertenencia al MPAIAC, organización que libraba su lucha contra el colonialismo en Canarias. Dos días después, como venganza por su muerte, el grupo independentista colocó una bomba en el aeropuerto de Las Palmas y otro en las oficinas de “Explosivos Río Tinto” en Arrecife, Lanzarote.

Semana pro-amnistía en Euskal Herria, mayo de 1977.

 

Abril había transcurrido sin muertes a manos de las fuerzas de seguridad, pero no por ello sin represión. En mayo se celebró la segunda semana pro-amnistía en toda Euskal Herria. Los primeros días las manifestaciones fueron reprimidas con pelotas de goma y botes de humo de forma indiscriminada, para después pasar al fuego real. Los bomberos tuvieron que intervenir en numerosas ocasiones para apagar incendios causados por la Policía Armada y la Guardia Civil en viviendas y se denunciaron los impedimentos de las fuerzas del orden para que las ambulancias pudiesen atender y trasladar a los heridos. Como hemos podido ver, tal reivindicación había supuesto ya varios muertos a lo largo del año, pero lo peor estaba por venir. Esa trágica semana terminaría con un saldo de 7 muertos y muchísimos heridos por bala, pelotazos y demás “artes” policiales. Sus artífices no necesitaron de ninguna amnistía, simplemente y para variar, no se llevó a cabo ningún tipo de investigación o juicio. Rafael Gómez Jauregi , natural de Pasaia, había sido en su día candidato al congreso por ANV. Condenado a muerte por el franquismo, libro la pena capital tras cinco años de cárcel. Pasó 17 años exiliado. De vuelta a Orereta, donde residía, iba para casa tras dar un paseo, ya con 78 años. Ese 12 de mayo, la guardia civil y los grises dejaron un balance de 8 ingresados, 2 de ellos de gravedad. Le tocó ser el peor parado del día. Una bala en el tórax, disparada por un guardia civil, hizo que se desangrara de camino al hospital. Se hizo un paripé de investigación que se acabó cerrando con la disculpa de la imposibilidad de saber que agente había disparado. Un día después y en el mismo municipio, Clemente Del Caño Ibáñez (36 años, de Irún), que no secundaba la huelga, acudió, junto a otros empleados de la A8, a quitar una barricada en la salida del autopista. La poca visibilidad y la velocidad a la que pasaban los coches hacían peligrosa tal tarea, por lo que en un principio consideraron no hacerlo. La guardia civil le obligó a realizarlo sin señalizar la zona, sin luz ni distintivo alguna que alertase a los vehículos. Fue atropellado y murió. Ese mismo día murió José Luis Cano Pérez (28 años, natural de Aranjuez, Madrid).

Conocida la muerte el día anterior de Rafael en Orereta , 11.000 trabajadores se sumaban a la huelga en Iruña-Pamplona. La policía Armada tenía orden explícita de impedir el acto programado para las 20.00, así que pronto empezaron los disparos de pelotas de goma, repelidos con piedras por la gente. Algunos trataron de refugiarse en el bar Manuel ( hoy bar Imanol), pero a José Luis lo cogieron en la puerta y le dieron una paliza, rematada con un tiro de gracia en la nuca cuando no podía ni levantarse de las hostias…hostias que siguieron dándole después de matarlo. En el funeral y el entierro en la Rotxapea se juntaron 4.000 personas más la Policía Armada, que volvió a cargar contra niños, ancianos y lo que hiciese falta. La gente se tuvo que quedar en el cementerio hasta que fueron enviados varios autobuses para sacarlos de allí. No se condenó a nadie. A la familia le dieron 200.000 pesetas y a correr. Los medios de comunicación, en su afán manipulador, trataron de demostrar que la presencia de José Luis en la ciudad obedecía a oscuras intenciones y que era un lumpen, algo que tuvo que encargarse de desmentir con contundencia su propio hermano.

El día siguiente fue peor si cabe, con tres muertos que añadir a la funesta cuenta. La policía Armada volvía a cebarse con los habitantes de Iruña, en cuya calle San Nikolas, Luis Santamaría Mikelena recibió en su balcón una lluvia de balazos “regalados” por los grises, que a sus 72 años, le provocaron un infarto del que no salió con vida. En otro balcón, un chaval de 15 años recibió un pelotazo en la cara que lo llevó herido de gravedad al hospital, con estallido craneal y conmoción cerebral. También tocó repetir jugada en Orereta-Renteria. Gregorio Maritxalar Aiestaran tenía, a sus 63 años, un bar en el pueblo que la familia cerró tras su muerte. 10 días antes de morir, este fatídico 14 de mayo, su hijo salió al balcón para fumar un cigarro. Al ver un bote de humo, lanzado por los antidisturbios, alcanzar su portal, avisó a su aita. Nada más asomarse, el hombre recibió un tiro en el pecho que le causó graves heridas en el abdomen y acabaría costándole la vida. La bala salió por la espalda en trayectoria descendente, lo cual haría suponer que fue disparada por un francotirador desde el lugar donde se apostaba una patrulla de la policía Armada…sobra decir que nada se investigó sobre el caso, a pesar de las falsas promesas del gobernador, que prometió se daría con el autor del disparo.El tercer asesinato policial del día ocurrió en Ortuella, Bizkaia. Varios trabajadores de Mavisa celebraban una despedida de soltero en un bar. Al salir del local y cuando llevaban 100 metros andados, varios jeeps de la guardia civil pararon a su altura y tras un “nada de preguntas, disparar a matar”, golpearon a los que se quedaron quietos y tirotearon a quienes salieron corriendo. Manuel Fuentes Mesa, ” esparramao” para los amigos, quedó tirado en una huerta, con el cráneo arrancado de cuajo y los sesos fuera. Tenía 30 años, militaba en CCOO y era natural de Jaén. Esperaba una hija para el mes siguiente y su pareja, que ese día, enfadada, no le había dado un beso de despedida, intentó suicidarse días después. Al funeral asistieron 10.000 personas. El féretro fue cubierto con la ikurriña y la bandera andaluza y se cantó” La Internacional”, mientras la policía golpeaba a los portadores del ataúd. Varios de los amigos que estaban con él aquel día fueron amenazados cara a cara en sus propios domicilios, para que no tuviesen la idea de hablar más de la cuenta sobre lo visto y vivido aquella noche .El séptimo y ultimo asesinado de la semana nos lleva a una historia que pone los pelos de punta. Fue Francisco Javier Núñez Fernández, bilbaíno, profesor de matemáticas de 38 años, que bajó el día 15 de mayo a comprar el periódico con su hija de 3 años. Dos miembros de la policía Armada le golpearon brutalmente. Llegó a su portal y aún en presencia de su hija, volvieron a darle más. Dos días después fue a denunciar el hecho, pero alguien avisó y apareció una furgoneta. Dentro de ella volvieron a golpearle. Atado, le obligaron a beber un litro de coñac y otro de aceite de ricino. Tras 13 días en el hospital vomitando sangre, murió después de 19 transfusiones. En el año 2000, su hija fue a por los impresos para solicitar el reconocimiento de su padre como víctima de terrorismo o abusos policiales…esa misma tarde la llamaron para amenazarla de muerte.

 

Sembrando muerte.

No cambiaron demasiado las cosas durante el resto de 1977. Legionarios de Fuerteventura sumaron un habitante majorero más a su impresionante lista de muertos y despropósitos durante su paso por la isla, un guardia civil asesinaba de 7 disparos a su mujer en Sevilla  y un Policía Armada hacia lo propio en Madrid, asesinando a Carmen Moreira, su esposa, pero usando menos balas, 3 para ser exactos. Allá por julio eran fiestas en Suria, Barcelona. Al alcalde no se le ocurrió otra cosa que organizar el baile popular con una condición para poder entrar; obligatorio llevar traje y corbata. 150 personas protestaban fuera al no poder entrar y los de corbata salieron a defender a su clasista alcalde, que llamó a la guardia civil. Uno de ellos, Francisco Ruiz, cogió al jienense Roque Federico Peralta Sánchez (27 años, 2 hijos, residente en Manresa), lo arrinconó y le pegó un tiro en el pecho. La viuda fue indemnizada con 850.000 pesetas, pero el uniformado se jubiló como tal, ya que el caso fue sobreseído a pesar de que todo el mundo sabía su identidad. La Diada de 1977 fue un éxito enorme, cosa que debió irritar mucho al miembro de la Policía Armada que disparó un pelotazo en la cabeza de Carles Gustavo Frecher Solana(28 años), que estuvo 5 días clínicamente muerto con contusión cráneo-encefálica, hematoma temporoparietal izquierdo, conmoción cerebral y fractura craneal, hasta que el 16 de septiembre, dejó de respirar. 6000 personas lo despidieron en su funeral. Otra chica de 15 años, Rosario, también estuvo ingresada de pronóstico grave, pero salvó la vida. De primeras se trató de vender la moto de que fueron los manifestantes los que habían matado al joven, pero ante la evidencia, tuvieron que reconocer la autoría . A la ultraderecha patria le quedaban cosas por hacer y “El Papus” era una revista satírica que se reía de todo. Fue más de 80 veces denunciada, lo que se tradujo en multas, cierres temporales e incluso consejos de guerra por mofarse del ejército. Tenía una tirada de 280.000 ejemplares semanales. Había recibido amenazas de la extrema derecha, que el 20 de septiembre llevó a la práctica un grupúsculo que asumió la autoría bajo el nombre de la Triple A, con un paquete bomba que descuartizó al conserje del edificio, Juan Peñalver Sandoval (murciano de 60 años), e hirió a 17 personas. No se pagó indemnización a la editorial, se consideró accidente de trabajo la muerte de Juan, la policía mostró un pasotismo esclarecedor en la investigación… y la sentencia…de 14 personas sólo se condenó a 2, uno de ellos a 6 meses y otro a 2, y no fue por atentado sino por tenencia de explosivos. Se rebajó la pena por “ser personas de probada honestidad y buena conducta” y porque “habiendo tenido los explosivos en su poder durante tres meses, no hicieron uso de ellos”.

 

En fin. Años después se juzgó de nuevo a 6 de ellos, pero 4 habían huido ya cuando se dictó sentencia y de los dos restantes, el de mayor castigo, el histórico falangista Juan José Bosch Tapies, fue condenado a 13 años. Es más, da la impresión de que pagó el pato por atreverse a declarar que tras el atentado estaban el CESID y cargos de la guardia civil. Dado que estos suelen disfrutar de permisos desde bien pronto, a los 3 años escapó a Paraguay. De rositas salió gente como Alberto Royuela Fernández, que fue quien amenazó antes del atentado al director del “Papus”. Era el propietario del piso donde se reunía el grupo, ese que la Policía no registró a pesar de tener un mandato para ello. Fue avisado de que lo iban a detener y escapó, dando entrevistas por teléfono desde no se sabe donde, presumiendo de conseguir papeles falsos para neofascistas italianos que venían a asesinar y se volvían a Italia. Era dirigente de la Hermandad de la guardia de Franco y le permitían reírse del mundo. Huyó Miguel Gómez Bonet, adinerado ultra leridano, ex lugarteniente de Franco, propietario del local de reuniones donde se preparó el atentado y supuesto cabeza pensante y autor intelectual del mismo, que falleció en el 82, un año antes del juicio último. Y huyeron, como no, Giuseppe (¿Calzona?) y Mario (¿Carlo Vanoni?), neofascistas italianos de esos que trabajaban a sueldo del estado en los 70 y 80, bien fuera como BVE, como AAA o como GAL.

En octubre, Miquel Grau Gómez (20 años) y otros compañeros del Moviment Comunista del País Valencia, colgaban carteles de cara a la Diada que se iba a celebrar días después. Un ultra de Fuerza Nueva les tiró agua desde un balcón, después alguna piedra y finalmente un ladrillo que impactó en la cabeza de Miquel. Tras 10 días en coma, murió.

El asesino, Miguel Ángel Panadero Sandoval, de 19 años, fue condenado en el año 79 a 12 años. Cuando había cumplido 4 de ellos fue indultado por el Ministro de Justicia de Suarez. Ahora es procurador en los tribunales de Valencia. Un taxi llevaba horas con las luces encendidas y al ralentí cerca de la estación de Andoain. Dentro, su conductor, David Salvador Bernardo “Jonio”, de 45 años y padre de 2 hijos. Dos tiros en la nuca y 6 casquillos del calibre 9 mm. Reivindicó la autoría la Triple A y como motivo esgrimieron que el taxista de Hernani, natural de Bilbao, era colaborador de ETA. Con estos datos, no interesaba investigar… y no se investigó . En Lutxana, Barakaldo, un coche se saltó un control de la guardia civil. Como de costumbre, abrieron fuego contra él, perdiendo el conductor, Gonzalo Pequeño Moyano, el control del vehículo y estampándose contra una farola. Domiciliado en Sestao, tenía 21 años y no cumplió más. Era un coche robado, sí, con eso se justificaba todo. Su hermano, de 16 años, resultó herido. El mismo día, en Galdakao, un conductor se saltó otro control. Aunque le dieron en la cabeza, este otro salvo la vida. A veces le tocaba a uno de los suyos; Resulta que una madrugada de noviembre, tras tomar unas copas por ahí, tres simpatizantes de Fuerza Nueva pasaron por la calle Ibáñez de Bilbao, donde se acumulaban vehículos de la Reserva General de la Policía Armada, custodiados por un centinela de este cuerpo. Fermín Manuel Gómez Maza(26 años), natural de Soba (Cantabria), miembro de la guardia de Franco, provisto de su carnet como tal y del clásico llavero de Paquito, sacó su pistola Astra (casi todos los ultraderechistas tenían alguna, con sacarse una licencia deportiva de tiro era suficiente) y soltó “veréis que risas, que a este le conozco”…se acercó al centinela y le dijo ” considérese hombre muerto “, a lo que el centinela respondería con más de 10 balazos, de los cuales 6 se alojaron en el cuerpo del gilipollas del año, que palmó en el hospital. Su amiguete resultó herido grave. Este también llevaba pipa, en su caso sin documentación de la misma y sin tener tampoco licencia de armas. La mujer que les acompañaba llevaba en el bolso una porra de plomo y en su casa tenía una pistola y munición¿Habría algún facha de estos que no tuviese armas de fuego en los años setenta? .

En el barrio sevillano de Triana, miembros del Cuerpo General de Policía localizaron a tres delincuentes de poca monta y se inició una persecución. Una vez atrapados y tras un primer intento de fuga por parte de uno de ellos, lo intentó Enrique Mesa Bugatto, pero fue alcanzado por el agente Antonio Fuentes Jiménez. Unos segundos después, Enrique estaba muerto de un disparo en la cabeza. De primeras, los tres policías contaron que Enrique se había acercado a Antonio navaja en mano y este tuvo que disparar. Por una vez no coló, ya que el tiro había entrado por la nuca, no de frente. Tres años después se juzgó al policía, siendo sancionado con un año de prisión menor (vamos, no pisó el trullo) y una indemnización de 600.000 pesetas a la hija de 4 años de Enrique .

 

El 4 de diciembre de 1977, casi 2 millones de andaluces se manifestaron en todas sus ciudades y pueblos por la autonomía andaluza. En Málaga, eran cerca de 200.000. El presidente de la Diputación no permitió que se colocase la bandera andaluza, pero en su lugar si puso una cantidad exagerada de números de la policía Armada, con grupos de ultraderecha jaleándolos por detrás para que cargasen contra la gente, cosa que ocurrió cuando un manifestante colocó la blanca y verde en la fachada del edificio. Pelotas, botes de humo y fuego real. Decenas de contusionados, 2 heridos de bala y un joven de 19 años, trabajador de Cervezas Victoria y militante de CCOO, muerto.  Se llamaba Manuel José García Caparrós. A su familia la llamó un ATS diciendo que había tenido un accidente de tráfico. Algunos medios de comunicación se atrevieron por vez primera a quitarse el corsé franquista que los oprimía, cosa que a algún periodista de Radio Juventud le costó una posterior paliza de la Guardia Civil. En cuanto a la investigación posterior…nada nuevo; pruebas manipuladas, extrañas pérdidas de documentos, nadie juzgado y caso sobreseído tras más de 5 años de lucha familiar contra la pared del estado.

Una semana después se celebraba una protesta estudiantil en la Universidad de La Laguna (Tenerife), en apoyo a trabajadores de varios sectores que llamaban a la huelga general. La Policía Armada había dado por saco todo el día y justo cuando estos se retiraban y ya sólo quedaban 15-20 estudiantes, aparecieron media docena de Guardias Civiles disparando. Uno de ellos pegó un tiro a bocajarro a Javier Fernández Quesada, estudiante de biología grancanario de 22 años. Mientras un profesor sacaba un pañuelo blanco, los de verde siguieron disparando y Javier no llegó vivo al hospital. A otro estudiante de 18 años le atravesaron el hombro de un disparo e incluso un niño de 13, de una escuela de al lado, resultó herido. En el reconocimiento del cadáver y el velatorio hubo policías riéndose. En los días siguientes vino más Policía Armada de la península, atacando incluso a todo aquel que llevase un crespón negro en su coche o a los comercios que hubiesen cerrado en señal de duelo. La familia recibió amenazas y tuvo que aguantar las mentiras sobre el caso del que era Gobernador Civil y acabó siendo diputado por Coalición Canaria. Nunca se juzgó a nadie.

Creo que no esta mal para un año cualquiera de la tan modélica transición.

Eder Mitxelena Foronda.

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