Terrorismo de estado e impunidad. 1978. Las Fuerzas de seguridad del Estado.

1978

San Fermines 1978.

El año de la culminación del “todo atado y bien atado”. Terrorismo de estado e impunidad. 1978. Segunda parte: fuerzas de seguridad del estado.

*Para ir a la primera parte: Terrorismo de estado e impunidad, 1978. La Ultraderecha. Pinche aquí.

Si los grupúsculos de ultraderecha causaron doce muertes a lo largo de 1978, los diferentes uniformes que se paseaban por entonces a lo largo y ancho del estado, dejaron un saldo de 32 muertos (sumando un caso que ofrece dudas sobre su autoría, atribuida a ETA por la AVT), llevándose la Guardia Civil el premio gordo al cuerpo que más asesinó, al dejar 14 fiambres por el camino. De todos ellos, ocho eran miembros de ETA, otro un preso anarquista, dos uniformados asesinados por sus propios compañeros y el resto, una veintena, civiles.

Ya el 4 de enero murió Francisco Rodríguez Ledesma, albañil sevillano de 56 años, tras 7 operaciones causadas por el estallido del bazo y la perforación del colon con que la Policía Armada le había obsequiado 6 meses antes. Miembro de CCOO, Paco iba para casa y se sumó a la manifestación de los trabajadores de Hytasa, que trataban de impedir el ERE de su empresa. Un vehículo policial se detuvo y un madero vestido de paisano salió del mismo para disparar 5 veces, alcanzando a Paco por la espalda. La versión oficial posterior, de risa, indignó a los vecinos del Cerro del Águila, a los que se prometió una investigación que nunca llegó a producirse.

La noche de Reyes, tres jóvenes se pararon ante la cristalera de un comercio de próxima apertura, en Madrid. Desde dentro, Felipe Acosta Tejera, vigilante de 25 años de la empresa “Prosesa”, que se nutría sobretodo de ex de la G.C. o de la Policía Armada, les hizo un gesto para que se fuesen, a lo que los chavales respondieron que no estaban haciendo nada malo. 5 veces disparó aquel psicópata, matando a Juan Antonio Pérez Conesa, de 16 años y estudiante de BUP en “Agustinos”, e hiriendo de gravedad a un amigo de 20 y estudiante de Farmacia. Con ellos iba el hermano de Juan Antonio, estudiante de Medicina, que en principio pensó que eran balas de fogueo y que su hermano se había asustado. Al ver la sangre intentó reanimarlo, pero fue imposible. Por entonces, el decreto 2.113 del 23 de Julio del 77, decía que “los vigilantes, cuando se hallen en el ejercicio de sus funciones, tendrán el carácter de agentes de la autoridad”.

1978

“Xefe”Sarasola Arregi y Jokin Pérez de Viñaspre Txurruka.

El 11 de enero, los militantes de ETA Ceferino “Xefe” Sarasola Arregi (20 años, de Altzaga) y Jokin Pérez de Viñaspre Txurruka (24, de Ordizia), llegaron al portal de Iruña (Pamplona) en el que su piso acababa de ser registrado por la Policía Armada. No pudieron salir de la emboscada, resultando muerto también un inspector. Ese mismo día detuvieron a 5 personas en la capital de Nafarroa y en el portal contiguo al de los hechos, la policía hizo explotar un piso en el que no había nadie. Si le importarían al ministro Rodolfo Martín Villa los muertos, incluidos los suyos, que soltó una frase que hiela la sangre, comparando la operación con un partido de fútbol… “En Pamplona 2 a 1 a nuestro favor”, dijo quedándose tan ancho.

Documental sobre La Central Nuclear de Lemoniz.

Tres días después moría otro militante, David Álvarez Peña, plentziatarra de 25 años, en el hospital bilbaíno de Basurto. Casi un mes antes y cuando tenía la intención de atentar contra el puesto de control de la central nuclear de Lemoiz que se estaba construyendo pese a la oposición popular, los integrantes del “talde” fueron sorprendidos por seis guardias civiles y acabó con un tiro en el vientre y gritando a sus compañeros que escapasen. Durante su ingreso fue custodiado en todo momento por dos de los verdes metralleta en mano, con la puerta abierta y cuatro tricornios más en el pasillo. Le interrogaban continuamente, pero él se enorgullecía de no haber dicho ningún nombre pese a la tortura psicológica a la que fue sometido y a que recibió una carta diciendo que su salud estaba por encima de la organización y que no se sometiese a tanta presión. Su cuerpo no admitía las transfusiones por culpa de la tensión que le provocaban aquellos guardias con sus armas respirando a su lado. El director del hospital solicitó en comisaría que sacasen a aquellos tipos de la habitación por razones de salud e higiene, ya que la puerta abierta no le hacía precisamente bien. Al día siguiente no eran dos uniformes, sino cuatro. Tras su muerte, la familia presentó querella criminal por la actuación de la Guardia Civil durante esas largas 4 semanas, pero no prosperó.

1978

David Alvarez Peña.

Curiosamente, su padre, era un orensano que vino a Euskal Herria haciendo la mili como Guardia Civil, donde se mantuvo un año más, ya como profesión. Se había enamorado de una chica de Barrika, Julia, que contaba que cuando David Álvarez (padre) le dijo que iba a dejar el cuerpo, pensaba que ella se disgustaría porque le atraía aquello del uniforme, cuando en realidad le supuso una gran alegría. Ese uniforme que su padre abandonó, fue finalmente lo que acompañó, como verdugo, a David hasta el último suspiro antes de morir. Tres años después moría su hermano Mario, también militante, al estallarle una granada que estaba manipulando. La Guardia Civil secuestró su cadáver, llevándolo en tanqueta al cementerio justo antes del entierro, para evitar así cualquier posible homenaje. Se cree, además, que pudieron acuchillarlo antes de su descubrimiento oficial.

El 24 de enero, Efrén Torres Abrisketa, de 18 años, resultó muerto en Arrigorriaga, cerca de Bilbao, por disparos de la Guardia Civil, tras saltarse un control junto a otros dos chavales, el más joven de los cuales, de 17 años, fue herido de gravedad. Algunos en Euskal Herria tenían el gatillo fácil, ya que son muchísimos los muertos en similares circunstancias.

De esas muertes en que los de uniforme se mataban entre ellos, la del día 28 del mismo mes, cuando el legionario paracaidista de la Bripac Juan Luque Mármol, arrestado en el cuartel de Alcalá de Henares, salió corriendo al ser llevado del calabozo al comedor y los centinelas realizaron 4 disparos, uno de los cuales le alcanzó en la femoral, muriendo durante la intervención quirúrgica. El 24 de febrero, la mujer de Ramón Sola Puigvi, de 34 años, llamó desde su casa en Terrassa al propietario de un almacén contiguo a la sucursal en Manresa de la Mutua Previsora de Barcelona, donde ejercía Ramón, agente de seguros. No había ido a casa a comer y quería saber si le había pasado algo. Estaba muerto, con numerosos golpes en la cabeza. Se interrogó a Esteban Amills Escrig, Policía Armada que además ejercía de cobrador para su víctima. Acabó confesando que habían discutido por pasta y que terminó por golpearle con la culata de su pistola hasta partirle el cráneo, para, a continuación, simular un robo y volver a su comisaría habitual como si nada.

Caso Agustín Rueda Sierra.

Se llamaba Agustín Rueda Sierra y era un joven de Sallent, Barcelona, de 25 años, antifranquista y anarquista. En 1972 había perdido su empleo por participar en una huelga. Tuvo que irse a vivir a Francia, desde donde pasaba fotocopiadoras y libros al sindicato CNT. Fue detenido en el 77 y trasladado a la prisión de Carabanchel en 1978. El 13 de marzo un carcelero descubrió un túnel. 7 reclusos fueron interrogados mediante brutales torturas realizadas por salvajes funcionarios de 4 en 4. Porrazos, patadas y hostias de metal. Agustín llegó al día 14 hecho trizas, pero los médicos de la cárcel le dieron un supositorio y a correr. Al morir, se juntaron el director, el subdirector, el jefe de servicios, los médicos y los verdugos y acordaron contar el clásico “se ha caído por las escaleras”. Pero esta vez, excepción que confirma la regla, no coló. Fueron procesados, aunque poco después estaban todos libres por orden del ministro de justicia. En 1987 se reabrió el caso. Uno a uno fueron reconociendo haber golpeado a Agustín, entre murmullos en la sala provocados por sus vergonzosas declaraciones, incluidas las de los médicos del presidio. Incluso el capellán de la prisión, vio, según testimonio de otros presos, como los golpeaban, yéndose tras exclamar “perdón, no sabía que estaban ocupados”. A la abogada que quiso ver a Agustín le negaron la visita sin decirle que ya estaba muerto, tras recibir golpes en el 70% del cuerpo y perder tres litros de sangre. Hasta testigos propuestos por la defensa dejaban en mal lugar la versión de los carceleros. La Fiscalía solicitó 14 años de condena para el director, subdirector y los funcionarios que participaron en la paliza y 5 años para los médicos. La acusación solicitó penas de 30 años de prisión. Al director de Carabanchel, Eduardo José Cantos Rueda, le condenaron a 9 años, igual que al subdirector Antonio Rubio Vázquez. El jefe de servicios, Ildefonso Luis De Robles Riezu, ya había muerto para entonces, igual que el verdugo José Javier Flores Ramas, que palmó en una reyerta. Los 8 torturadores restantes fueron condenados a penas de entre 6 y 9 años por la brutal paliza, tipificada para el caso como imprudencia temeraria con resultado de muerte”. Los médicos José Luis Casas García y José María Barigow Pérez, fueron condenados a 2 años. Hasta 13 años después de la muerte de Agustín, no fueron encarcelados. Ninguno pasó a la sombra de los 8 meses, 6 de ellos en régimen abierto.

Da gusto vivir en un estado que sirve de tonto útil de grandes imperios…

Kenneth Lee Beador, de 32 años, era un sargento de la aviación norteamericana que llevaba un año en la base de Zaragoza. Había amenazado con matar a su mujer y a por ella iba aquel 4 de abril, cuando se encontró con una amiga de su potencial víctima. María Josefina Yago López, de sólo 17 años, no quiso montar en el coche del soldado, pero éste le golpeó en la cabeza y se la llevó. La encontraron en Garrapinillos, en el interior del Seat 850 del yankee, asesinada al haber recibido 4 puñaladas.El veterano del Vietnam, que trató de suicidarse, fue condenado a 19 años de prisión.

Una semana antes había sido degollada en Madrid la barcelonesa de 18 años María Teresa Gómez García, caso en el que siempre se sospechó que la autoría correspondía a algún soldado norteamericano de la base de Torrejón.

Contra el Movimiento Obrero.

Mes y medio llevaban de huelga de los casi 2.000 trabajadores de la empresa viguesa “Ascón”, que se enfrentaba a una importante reducción de plantilla. El 10 de abril la Policía Armada cargó contra los manifestantes y mandó a cuidados intensivos a Elvira Parcero Rodríguez, de 21 años, que después de 10 días en estado crítico murió el día 21, a causa de un derrame cerebral provocado por los golpes recibidos. El 28 del mismo mes, en un bar de Soria, el encofrador y afiliado a CCOO José Luis Escribano discutía sobre política con un tal Antonio López, Policía Armada en prácticas, que recurrió al pesado argumento de sacar su pistola y zanjar la disputa verbal con 4 tiros a bocajarro. José Luis murió en el hospital una semana después, el 5 de mayo.

Poema de Silvia Delgado a Elvira Parcero. 

El grosor de sus golpes reventaron tu vida.
Golpes musculados de soldados rasos,
golpes al por mayor para arruinar
el latido con el que te sostenías.

Golpes sobre tu cuerpo
ya enlutado,
golpes sobre tu futuro
ya sentenciado,
golpe tras golpe,
furia tras furia.

Y los impunes con su águila negra,
con su uniforme de lápidas,
pudriendo el futuro con su mano dura.

Golpe tras golpe, Elvira,
hasta quebrar tu calavera.
Como un bulto que les da dentera,
como una cosa rota sobre la acera,
como una mujer sin valor por tener conciencia.

La muerte, Elvira,
no blasfemó,
ni pidió permiso pa llorar contigo,
sobre tu cráneo hecho pedazos
se durmió sin saber quién eras.

Una tarde de abril, en Vigo.

 

El 11 de mayo de 1978, en Gernika, dos militantes de ETA se acercaron al Seat 850 que estaba controlando la guardia civil. Recibieron el alto y trataron de escapar. “Txiki”, Jesús Maria Arrazola Ania, de 20 años, se escondió tras unos setos y tiró la pistola por encima, pero dio igual…lo acribillaron. A “Ruso”, Alberto García Mármol, de 21 años, lo abatieron por la espalda cuando escapaba. Según los medios escritos de la época, llevaba la pistola en la mano, hecho que los testigos presenciales negaron. Los agujeros de bala en sus cuerpos, en el Seat (12 disparos) y en la pared de detrás del coche (otros 6) dejan bien clarito que no fue un tiroteo cruzado sino un fusilamiento. Ambos eran de Durango. “Txiki” era un asiduo, desde muy joven, de reuniones clandestinas del PCE y del Movimiento Comunista en Iparralde. “Ruso” era el menor de 6 hermanos, el único al que su padre, que pasó media vida encarcelado por el franquismo, había visto nacer.

“Controles de Muerte”.

Un día después moriría Felipe Romero Osorio, de 18 años, que llevaba una semana en el hospital en estado crítico, desde que cuatro chavales se saltaron un control de la Guardia Civil a la altura de Valdepeñas de Jaén. La reacción, esa tan común de acribillar el coche. Su familia denunció en el juzgado la nula información recibida sobre lo ocurrido. Pero en esto de los “controles de la muerte”, el premio gordo casi siempre caía más al norte. Tanto es así que en 48 horas dos menores de edad morían en similares circunstancias en dos controles distantes en tan solo unos 40 kilómetros, ambos en la provincia de Bizkaia. La madrugada del 24 de junio, dos chavales de Elorrio hacían auto-stop para volver a su pueblo desde Durango. Les recogió un hombre que reconoció a uno de ellos como amigo íntimo de su hijo. A la altura de Atxondo, los de verde acribillaron el coche, resultando herido en la pierna el conductor de 64 años y uno de los chavales, que recibió 3 tiros en el brazo derecho. Pero el peor parado fue José Emilio Fernández Pérez, de sólo 16 años, que estudiaba en Galicia y pasaba el verano en su pueblo. Murió en el acto con al menos 6 balas alojadas en su cuerpo, algunas de ellas ilegales, de aquellas que reventaban una vez alcanzado el objetivo. No hubo autopsia, mientras el juicio-farsa se hizo sin la presencia del abogado de los familiares de la víctima, sometidos a presiones como los testigos y periodistas, que manifestarían a los allegados del chaval su temor a contar la verdad en vez de la versión oficial. Otro feo asunto saldado con impunidad. Sólo dos días después, la Guardia Civil repitió la jugada. Tres chavales, al parecer delincuentes habituales -excusa barata, ¿quizás?- , iban a ser identificados en un control y se dieron el piro, así que lo que tocaba era acribillarlos a balazos. Uno escapó, otro resultó herido y Felipe Carro Flores, bilbaíno de 16 años, muerto tras un disparo en el hemitórax izquierdo.

San Fermines 1978.

“En la emisora policial lo dijeron muy claro, “¡tirad con energía, no os importe matar!”…y mataron.”

1978

Durante los Sanfermines 2018 numerosas pancartas contra la impunidad decoraban las calles de Iruña.

Si hay un caso que demuestra muy claramente la impunidad con que se resolvían los asesinatos cometidos por fuerzas del orden público, es lo ocurrido en los Sanfermines del año 1978. El comandante Fernando Ávila García, militante de Fuerza Nueva y mando legionario hasta entonces, ya lo había dicho 4 meses antes, al tomar el cargo como jefe de la policía Armada en la capital navarra, prometiendo dar un escarmiento a la “muy rebelde” ciudadanía de Pamplona. 8 de julio en Iruña, fiestas de San Fermín. Unas 50 personas bajaron al ruedo de la plaza de toros con una pancarta que pedía la amnistía. Los 200 miembros de la Policía Armada que había aquel día, muchos más de lo habitual, cargaron con todo ya en la plaza, donde hubo 55 heridos, 7 de ellos de bala. Después, en las calles, más de 5.000 pelotas de goma, 1.000 botes de humo y ráfagas de fuego real. En la emisora policial lo dijeron muy claro, “¡tirad con energía, no os importe matar!”…y mataron. 11 heridos de bala más, unos 150 heridos en total y Germán Rodríguez Sanz, militante de LKI (liga komunista iraultzailea), de 23 años, asesinado de un disparo en la frente. Una estela, colocada en el lugar donde murió, ha sido varias veces destruida por la ultraderecha, incluso con una bomba.

El ministro Rodolfo Martín Villa llegó a soltar aquello de “lo nuestro son errores, lo otro son crímenes”.

Este franquista, responsable máximo de muchas muertes en la transición, acabó de presidente de Endesa y de Sogecable después, en tiempos de Aznar. En el sumario, el Comandante Fernando Ávila García tuvo la cara de negar que ordenase cargar, pasándole el muerto en exclusiva al comisario jefe Miguel Rubio. Ávila ni siquiera fue procesado. Eso sí, lo trasladaron rápido a Madrid, igual que al comisario Rubio, cuyo procesamiento, junto a los de los capitanes Giménez Cacho y Lafuente Ramírez, fue archivado en 1983, quedando el caso sobreseído.

Recientemente, el Congreso, con los votos de PP, Ciudadanos y PSOE, tumbó la posibilidad de desclasificar los archivos del caso y tratar de hacer una mínima justicia.

Les gusta esa impunidad. Pero el asunto no quedó ahí. Lo acontecido en San Fermín desembocó en una huelga general en toda Euskal Herria y numerosas manifestaciones. En Donostia, el día 11, la Policía Armada cargó contra los manifestantes asesinando de un tiro en el pecho a Joseba Barandiaran Urkola, vecino de Astigarraga de 18 años. Los maderos se encubrieron entre ellos y el caso fue sobreseído 7 años después por no poder identificarse al autor. Dos días después se dio uno de los casos más surrealistas y más demostrativos de la saña con que actuaba la policía española en Euskal Herria, cuando 200 grises venidos desde Miranda de Ebro asaltaron las calles vacías de Orereta-Rentería para saquear el municipio, rompiendo escaparates, portales y mobiliario urbano entre risas, disparando a balcones y robando a su paso artículos que acabarían destrozando antes de irse, o incluso cagando y meando en esos mismos portales y establecimientos.

José García Gastiain, de 68 años, murió el 26 de agosto en Vitoria-Gasteiz como consecuencia de una bala perdida en un tiroteo entre presuntos miembros de ETA y la Policía Armada. La ultraderecha que controla la AVT atribuye su muerte a ETA, pero otras fuentes consideran que esa bala partió del arma de un policía. Es un caso que ofrece muchas dudas y no seré yo quien, sin datos suficientes, se aventure a asegurar nada.

La Diada de Catalunya.

1978

Cada Diada, 11 de septiembre, de la época, acababa con un muerto. En la de 1978 había dos convocatorias. Una de los partidos que habían pasado por el aro de UCD y otra con un lema muy claro, “Fuera las fuerzas de ocupación”, que fue, naturalmente, declarada ilegal. Entre los 2.000 asistentes hubo policías de paisano infiltrados y represión de los que sí iban uniformados, los grises de la Policía Armada. Miembro de la Unión de Juventudes Marxista-Leninistas, Gustavo Adolfo Muñoz de Bustillo, nacido en Sevilla, sólo tenía 16 años cuando fue asesinado de un disparo. Hubo dos heridos graves más, Sergio Viso, golpeado por 6 grises cuando trataba de llegar a su casa y Laura González Masip, de 19 años, herida por un disparo. El remate final, con el clásico recochineo, el día del entierro. Convocado para las 4 de la tarde, la policía hizo llevar el cadáver para enterrarlo a las 12 del mediodía. Ya por la tarde, esperaron a los familiares y amigos en el cementerio para detener a más de 30 miembros del PCE e interrogarlos, sin asistencia jurídica, durante una semana. En cuanto al juicio, nada nuevo. La Audiencia Nacional y los juzgados de Barcelona se pasaron la pelota durante 5 años hasta el sobreseimiento de la causa. El mismo día, un subteniente retirado de la guardia civil, chalado hasta el punto de creer que todo el mundo le seguía, lo que hizo es seguir él a una pareja y cargárselos a tiros. Al entregarse, alegó que le molestaban.

 

Último trismetre de 1978: Andalucía, Palencia, Euskal Herria…

Otro acribillado mortalmente por saltarse un control de la Guardia Civil iba a llegar el 20 de octubre en La Puebla de Cazalla, Sevilla, en la persona del agricultor de 44 años Domingo Gutiérrez Delgado. Clásico de clásicos que se iba a repetir el 2 de diciembre, cuando cuatro chavales entraban a Málaga en un coche robado. Al ver el control de la Guardia Civil se dieron la vuelta y fueron tiroteados. En su interior, muerto, quedó Juan Ruiz Morales, de 18 años. Otro chaval, de sólo 14, resultó herido de bala.

El 8 de noviembre, el militante de ETA Ricardo “Ritxi” Gómez Goikoetxea, de 27 años, se cruzó en su barrio de Bilbao con un vehículo policial camuflado. Trató de escapar, tropezando con un cable. No pudo levantarse, ya que lo acribillaron por la espalda. En su funeral, al que asistieron 3.000 personas, la Policía Armada que le había ejecutado, cargó con botes de humo y pelotazos.

En Palencia, el 13 de noviembre, varios chavales andaban haciendo el tonto en moto por el parque. Les fue a identificar una patrulla de la Policía Armada y Dionisio Aguado Merino, de 16 años, se puso farruco, así que le dieron sepultura de un disparo. Según la versión oficial lanzó la moto, motivo posible para llevarlo al calabozo, pero… ¿para matarlo? Solo un día antes, 12 de noviembre, el soldado de infantería de Marina Alberto Fernando Landera Sampedro la lío en un bar de San Fernando, Cádiz. Trasladado al cuartel por la policía militar, se escapó de la enfermería, se hizo con un arma y tras amenazar a varios soldaditos se cepilló de varios disparos al capitán Feliciano Molinero Fadón. Dado que el muerto era un mando y el homicida un pringado, o que no era un civil el asesinado por un uniformado como en casi todos los casos aquí descritos, a éste si le cayeron 26 años de prisión. Y nada de esperar tres, cinco o doce años para celebrar el juicio. En un mes ya estaba la sentencia.

15 de Noviembre, 1978: Triple episodio mortal.

El triple episodio mortal protagonizado por la Guardia Civil el 15 de noviembre, podría calificarse como esperpéntico. Tres miembros de Comandos Autónomos Anticapitalistas acribillaron la fachada del cuartel de la Guardia Civil de Aretxabaleta, Gipuzkoa, escapando hacia Arrasate-Mondragón. Guardias Civiles de paisano les siguieron hasta allí, donde Roberto Aranburu Iribarren (21 años, del mismo Arrasate) y Josemari Iturrioz Garmendia “Zapa” (24 años, natural de Legorreta, pero vecino también de Arrasate) salieron corriendo del coche, siendo abatidos a tiros. Kike Zurutuza Odriozola fue herido en el vehículo y detenido. Poco después llegaron pikolos del cuartel de Arrasate, que al ver a sus colegas de Aretxabaleta armados y sin uniforme, empezaron a disparar contra sus compis de profesión pensando que eran de un comando. La mala puntería, o su escasa prudencia, hizo que asesinaran de un tiro en la cabeza a Emilia Larrea Saez de Adacia, de 52 años y madre de 3 hijos, que estaba sentada junto a su baserri, e hirieran a la vecina que le acompañaba de un tiro en la pierna, a un chaval de 19 años de dos disparos en el hombro y a otra vecina de una pequeña rozadura de bala. Ya el colmo de los colmos es el hecho de que la AVT y la prensa incluyan a Emilia en sus listados de asesinados por ETA, a pesar de que incluso la propia nota del Gobierno Civil de entonces dejaba entrever de donde salieron esos disparos que mataron a Emilia.

¿Verdad que no está nada mal para ser el año en el que se acordó y firmó la Constitución del régimen del 78? Lo dicho, “todo atado y bien atado”.

Eder Mitxelena Foronda.

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