Cura Pérez, el sacerdote aragonés que fue comandante del ELN en Colombia.

Cura Pérez.

Mural recordatorio del Cura Pérez.

Manuel Pérez, el sacerdote aragonés que luchó en el ELN de Colombia

El Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia estuvo dirigido entre 1982 y 1998 por un sacerdote aragonés, el Padre Manuel Pérez Martínez, también llamado “Poliarco” y “Cura Pérez”.  Esta guerrilla colombiana fue fundada el 4 de julio de 1964 por otro sacerdote, el carismático Camilo Torres. ¿Cómo llegó un sacerdote aragonés a convertirse en el comandante de una organización de 4.000 guerrilleros que puso en jaque varias veces al ejército colombiano y a las multinacionales petroleras?

Infancia y Juventud

Gregorio Manuel Pérez Martínez nació en Alfamén (Zaragoza), el 9 de mayo de 1943 y fue el mayor de dos hijos de un matrimonio humilde de agricultores. En Alfamén lo recuerdan como alguien bueno y generoso, que llevaba vagabundos a comer casa y se preocupaba por los problemas de todos sus paisanos.

En 1955, lo enviaron al seminario menor de Alcorisa (Teruel), donde coincidió con Domingo Laín y José Antonio Jiménez. Desde entonces, se hicieron amigos inseparables. Juntos pasaron en 1959 al seminario mayor de Zaragoza, para estudiar filosofía.

Manuel era un campesino que no conocía nada la vida en la ciudad. Por eso, cuando visitó barrios pobres de Zaragoza y participó en las actividades de la JOC (Juventud Obrera Cristiana), conoció una realidad que nunca había imaginado. Se relacionaba con obreros y estudiantes, participaba en debates y leía mucho.

Maritain, Rahner o Cardijin eran los autores en los que Manuel empezó a interesarse por la Doctrina Social de la Iglesia Católica y en quienes buscaba respuestas a sus nuevas inquietudes. Todo cambió cuando Manuel, Domingo y José Antonio leyeron el Manifiesto Comunista que alguien les pasó. Entonces, empezaron a preguntarse si sería posible ser cristianos y comunistas al mismo tiempo.

Conversión al marxismo

Habían oído hablar de los sacerdotes obreros franceses, “Les Fils de la Charité”. Mitad por aventura, mitad por compromiso, aprovechando las vacaciones, los tres viajan a Francia haciendo autostop y sin nada de dinero en los bolsillos. En Lille, trabajan de barrenderos y limpian hospitales. En Rouen estuvieron en una fábrica de muebles y en una embotelladora y fueron explotados como muchos emigrantes españoles. Entre estos españoles, encontraron a exiliados que les contaron otra versión de la guerra civil, que les hizo dejar de ver a los republicanos españoles como unos demonios. Trataron con comunistas franceses, españoles e italianos, con los que estudiaron marxismo y participaron en debates. A la vez, con otros sacerdotes obreros, revisaron su fé a la luz del Evangelio y empezaron a ver a Jesús en los pobres, los obreros y la gente de los bajos fondos. Comparaban sus problemas con los de Jesús y eso empezó a aumentar su fé y su motivación cristiana.

Volvieron de Francia cambiados y cuestionando la fé tradicional. Como diría Manuel Pérez años más tarde en una entrevista, “la moral depende de la clase social a la que se pertenece. Hay moral burguesa y moral obrera. La Iglesia ha catalogado muchas veces los pecados según la moral burguesa”. En 1962, marchó a Madrid para estudiar teología y se unió a la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispano-Americana. Al igual que Domingo y José Antonio, Manuel quería ser sacerdote en un país donde hubiese realmente necesidad. Al entrar en contacto con sacerdotes americanos, oyeron hablar por primera vez del P. Camilo Torres Restrepo y de su labor a favor de los pobres en Colombia. La figura de este sacerdote se convirtió en un símbolo para ellos. Según Manuel, “la guerrilla era para nosotros como las catacumbas. Todo lo conspirativo y clandestino que tenía el cristianismo en sus primeros tiempos estaba en la lucha de Camilo y sus guerrilleros.”

Volvieron de Francia cambiados y cuestionando la fé tradicional. Como diría Manuel Pérez años más tarde en una entrevista, “la moral depende de la clase social a la que se pertenece. Hay moral burguesa y moral obrera. La Iglesia ha catalogado muchas veces los pecados según la moral burguesa”.

Cura Pérez

Domingo Laín, José Antonio Jiménez y Manuel Pérez, rumbo a América.

Durante esta etapa, Manuel alquiló un piso en Getafe junto a un cura vasco. Los dos trabajaban en una fábrica y abrían el piso a la gente del barrio, que acudía a recibir clases o a organizar reuniones clandestinas del Partido Comunista o de Comisiones Obreras. Participaban junto a ellos en huelgas y manifestaciones y recibían golpes de la policía. Manuel sabía que estaba sufriendo por su fé, que era “perseguido por causa de la justicia”, como enseñaba Jesús en las Bienaventuranzas. En febrero de 1966, Camilo fue asesinado, lo que supuso un duro golpe para todos los que lo seguían. En julio de ese mismo año, el Papa Pablo VI ordena sacerdote a Manuel en Roma, junto a otros 170 seminaristas. Manuel, José Antonio y Domingo tenían ya decidido que marchar a América era cuestión de tiempo. Y así, 1967, llegaron a la República Dominicana.

República Dominicana

Los destinaron a la parroquia de El Cercado, en la frontera con Haití, la zona más pobre de la República Dominicana. Sometidos a un obispo estadounidense y, a pesar de varios conflictos con la comunidad vudú, consiguieron el cariño de la gente. Conocieron de cerca sus problemas y los organizaron para acabar con el hambre y la escasez de agua.

Manuel animó a sus feligreses a entrar a las fincas de los ricos y tomar por su propia mano aquello que les correspondía y se les racionaba: agua y alimentos. En la parroquia, organizaban asambleas, les enseñaban sus derechos, preparaban asaltos a las fincas. Enseguida tuvieron problemas con los pistoleros mandados por los ricos o con la policía. Apenas llevaban un año en la República Dominicana, el obispo les
mandó marchar del país.

Cura Pérez

Colombia.

En 1968, llegan a Cartagena (Colombia), instalándose en el barrio de Chambacú, el más pobre de la ciudad y trabajando de estibadores en el puerto. En cuanto empezaron a tratar con la gente, comenzaron su labor pastoral basada en el ejemplo de Camilo. Quería “encarnarme en el pueblo, vivir con ellos sus problemas y sentirme uno más de ellos, sin marcha atrás, compartiendo con ellos el presente y el futuro.”

Promovieron una cooperativa que fabricaba y reparaba cajas de madera para el puerto, crearon un club juvenil y un periódico, “La causa justa”,  y organizaron a los líderes vecinales en comunidades. Su ejemplo se extendió enseguida por otras partes de la ciudad, donde también había sacerdotes obreros que colaboraban con ellos. Sin embargo, muchos otros sacerdotes se quejaron al obispo, sobre todo porque no cobraban los sacramentos y les quitaban feligreses.

En julio de 1968, 50 sacerdotes, entre los que se encontraban los tres aragoneses, se reunieron en la finca Golconda, en el departamento de Cundinamarca, para profundizar sobre la encíclica de Pablo VI, Populorum progressio, en la que el Papa se hacía eco de las injusticias y del desigual reparto de la riqueza. Hubo más reuniones, de las que surgió el Movimiento Golconda, que pretendía actualizar la Iglesia para convertirla en un instrumento contra el capitalismo y el imperialismo.

Sus documentos, de clara orientación marxista, se difundieron por toda América Latina, entre los sacerdotes de la Teología de la Liberación. Se basaban en el amor eficaz, defendido por Camilo Torres y en el ejemplo del Evangelio. Sin embargo, los sacerdotes aragoneses aumentaban sus problemas con el poder. Cuando organizaron a los barrios con el objetivo de paralizar el derribo de unas casas en el barrio de San José, la represión policial fue brutal y ellos se contaban entre los detenidos. De acuerdo con el obispo, se les dio 72 horas para salir del país.

Regreso a Europa.

Llegaron a Canarias y volvieron a marchar a Francia. Se juntaron con estudiantes y sindicalistas y conocieron a varios luchadores activos del mayo del 68. Pero quienes marcaron su futuro fueron los Compañeros de Jesús, una comunidad cristiana cuyo fundador había luchado junto a los palestinos en la Guerra de los Seis Días. Al lado de estos cristianos revolucionarios y comprometidos con la lucha armada, tomaron la decisión de algo que ya rondaba sus cabezas: unirse a la guerrilla que había fundado Camilo, el Ejército de Liberación Nacional (ELN). De vuelta a España, contactan con el ELN en Madrid y, en 1969, salen con pasaporte falso desde Canarias, para regresar a Colombia.

La guerrilla.

Ese mismo año, se unen a la guerrilla. Los primeros nueve meses fueron muy duros para Manuel y sufrió varias crisis personales. “Echaba de menos lo que tenía cuando era sacerdote y no era un combatiente más. No encontraba sentido a lo que hacíamos: las marchas, las guardias”. Sin embargo, conforme empezó a participar activamente en los combates, ayudaba a los campesinos en su formación política y ejercía de orientador de estudios de sus compañeros guerrilleros, experimentó una gran transformación, convenciéndose de que “en América, para amar eficazmente al prójimo, no hay otro camino que la revolución”. Para Manuel, “la guerrilla es un acto de amor al pueblo colombiano y reconozco en ella a Dios”.

En la década de los setenta ya se había convertido en activo militante del grupo y en 1972 pasa a ser cabecilla de un frente guerrillero en Santander (Colombia). Para 1973, y tras resistir una crisis ante el asedio de la fuerza pública, al ser destituido como comandante Fabio Vásquez Castaño, primer jefe guerrillero del ELN, Pérez ascendió a cargos directivos de la organización, y en 1982, pasó a ser responsable político y efectivo número uno de la organización guerrillera.

“¿Cambié a Dios por el pueblo? ¿Perdí mi fe en Dios? Para mí fue una gran transformación. Yo diría que no perdí nada, sino que gané la fe en un sentido mucho más profundo. Yo tenía de Dios una idea muy abstracta, que no me hubiera servido de motivación para salir de los momentos difíciles que me tocó vivir en la guerrilla. Aquí, Dios se me hizo el pueblo, el pueblo y mis compañeros. Gané la fe y encontré esperanza.”

Cura Pérez

Guerrilla del ELN

Cura Pérez: Comandante del ELN.

Como comandante ordenó realizar más actividades en las zonas petroleras e influir en los sindicatos de trabajadores petroleros. Declaró a las multinacionales petroleras objetivo militar e inició la voladura de oleoductos con el argumento de que se estaban “llevando toda la riqueza del suelo colombiano”. Bajo la dirección de Manuel Pérez, el ELN ejecutó quinientos atentados dinamiteros a los oleoductos petroleros. En 1986, Pérez fue excomulgado por la Iglesia Católica tras el asesinato del obispo de la región colombiana de Arauca, Jesús Emilio Jaramillo, ataque atribuido al ELN.

Como comandante ordenó realizar más actividades en las zonas petroleras e influir en los sindicatos de trabajadores petroleros. Declaró a las multinacionales petroleras objetivo militar e inició la voladura de oleoductos con el argumento de que se estaban “llevando toda la riqueza del suelo colombiano”. Bajo la dirección de Manuel Pérez, el ELN ejecutó quinientos atentados dinamiteros a los oleoductos petroleros. En 1986, Pérez fue excomulgado por la Iglesia Católica tras el asesinato del obispo de la región colombiana de Arauca, Jesús Emilio Jaramillo, ataque atribuido al ELN.

Muerte y legado.

En marzo de 1990 se difunde la noticia de que habría sido fusilado por un tribunal revolucionario de la organización guerrillera. El mismo desmintió la noticia. Pérez murió después de contraer hepatitis C en algún lugar de las montañas del departamento de Santander, el 14 de febrero de 1998, una semana después de que la guerrilla del ELN se comprometiera a buscar la paz en un preacuerdo firmado en el Palacio de Viana, en Madrid.

Al igual que Camilo Torres, la memoria de Manuel Pérez sigue viva entre el pueblo colombiano. El sacerdote aragonés que marchó a América porque “el deber de todo cristiano es hacer la revolución”, sigue presente entre los guerrilleros del ELN, quienes tenían en Manuel no solo a su comandante, sino a un sacerdote, un maestro y un amigo. “Yo no puedo decir que me siento cura en el sentido tradicional. Porque en este momento, mi papel es de dirigente político y yo tengo que vivir ese papel y vivirlo en plenitud. Pero no veo ni necesario ni conveniente renunciar a ser sacerdote y quebrar esa imagen que pueda haber de que soy un cura guerrillero.”

Cura Pérez

El padre Manuel Pérez Martínez, Comandante del ELN

Un artículo de Víctor Longares Abaiz para La Comuna

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