La Comuna de París: Y el fantasma recorrió Europa.

Fantasma

Comuna de París. Imagen de Archivo de la época.

La Comuna de París: Y el fantasma recorrió Europa. En Marzo de 1871 la clase trabajadora parisina abandonó la utopía para mostrar un lugar concreto para la historia y la lucha.

En apenas 70 días, el fantasma recorrió Europa: La Comuna de París marcó los cimientos de lo otro posible, encontró el lugar para lo que antes sólo era utopía a través de una asociación donde el libre desarrollo de cada uno garantizaba el libre desarrollo de todos. La Comuna de París no sólo enseñó el camino para acabar con la explotación sino que desarrolló un modelo alternativo que garantizaba la dignidad a todas las personas del mundo. Un acto de responsabilidad y de empoderamiento más allá de la perversión que en la actualidad se le da al término.

Pero, ¿Cómo comenzó todo?

Como advertían Marx y Engels en su manifiesto comunista había un fantasma que recorría Europa… Un fantasma que se materializó sólo dos meses después de la publicación del manifiesto con las revoluciones de 1848. Las ideas fluían, el debate estaba y el pueblo, la clase trabajadora cansada de sentir sus cadenas en cada movimiento comenzaba a organizarse para no sólo destruir el sistema que les explota sino para construir un mundo nuevo donde todos seamos socialmente iguales y humanamente diferentes, que diría Rosa De Luxemburgo años después.

Napoleón III, sobrino del emperador, tenía veleidades propias de su genética. Así se decide a dar batalla al imperio de Bismarck. Por supuesto tenía todas las de perder… y así fue. Dejando Francia invadida y dominada por el imperio prusiano… Pero, ¿dónde estaban las armas?

Cañones y munición se repartían por los barrios humildes de París abandonados a su suerte tras el sitio prusiano. El pueblo, la clase trabajadora, por primera vez contaba con armas con las que defenderse.

Se crea un gobierno monárquico que inmediatamente impone a una población empobrecida severas leyes para garantizar el sostenimiento de los privilegios de clase. Así se fuerza el pago inmediato de todos los alquileres y el pago de las deudas. No sólo la clase trabajadora se ve castigada ante semejante imperativo, la pequeña burguesía (el pequeño comercio) había acumulado muchas deudas durante la guerra y veían como la alta burguesía se hacía con sus negocios en un avance de acumulación de capital sin paliativos aprovechando su falta de liquidez.

Mujeres y hombres, todos a una, se levantan contra el Ejército Nacional cuando vienen a exigir ante el temor a una revolución las armas esparcidas por los barrios de los parias. Y ardió París y el gobierno se trasladó a Versalles.

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Comuneros en París. Imagen de Archivo de la época.

70 días de trabajo incansable bajo la atenta mirada de la bandera roja que marcaba como símbolo el París revolucionario. El fantasma que recorría Europa se había materializado en París. Anarquistas y Comunistas, aún si la desavenencia final, se mantenían expectantes en el exterior y trabajando incansablemente por dar forma a un nuevo mundo, sin ninguna experiencia previa que sirviera de modelo, en el interior de París.

Así comenzó el trabajo y se acabó la burocracia, todo cargo público serían servidores para el pueblo y revocables, todo funcionario cobraría el mismo salario que un obrero cualificado. Se garantizó la laicidad de las instituciones, que no olvidemos que también protege a los fieles de sus propias jerarquías; separación total de Iglesia y Estado. Se abolió el ejército regular y se crearon milicias ciudadanas. Las armas para el pueblo y no para garantizar los intereses de una clase explotadora.

Una vez más aquellos que estaban acostumbrados a dominar no podían aceptar que el pueblo se mostrase digno y soberano. El posible contagio también recorría Europa… para algunos como esperanza para otros como miedo a la pérdida de su poder, un poder basado única y exclusivamente en la explotación de los otros y en hacernos creer que sólo puede existir ese modelo. El capitalismo es un sistema sádico que controla los cuerpos y las mentes. Que nos deja sin lo material mientras merma nuestro espíritu. En París demostraron no sólo que su planteamiento se equivoca en su estructura económica sino que además nos miente en la descripción competitiva y autodestructiva que hace de nuestras potencialidades.

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Louise Michel, maestra anarquista comunera en París.

Mandaron más de 180mil hombres para luchar contra el pueblo armado, allí sí había hombres, mujeres e incluso niños, porque eran sus calles y porque la clase obrera en el poder supone la erradicación de toda jerarquía opresora. De hecho es de destacar la fuerte presencia de mujeres trabajadoras o revolucionarias en La Comuna de París. Tras los hechos la represión fue igualmente dura para ambos sexos, varios centenares de obreras conocidas como Las Petroleras fueron fusiladas en la tapia del cementerio de Père Lachaise. También destaca la importancia que en el desarrollo de los acontecimientos tuvo la maestra anarquista Louise Michel, entre otras, que acabó desterrada tras la revolución a Nueva Caledonia junto con otras 7000 personas.

Más de 30mil hombres y mujeres nos regalaron algo más que un sueño y una esperanza, nos regalaron una experiencia colectiva, un aprendizaje, una experiencia que quedó dentro de cada una de las personas que después trataron de seguir construyendo, combatiendo y creando un mundo que ya sabemos que no está inserto en ninguna utopía sino secuestrado por unos bandidos. La Comuna de París luchó en Rusia, en Cuba, en China o en Corea… Luchó en Vietnam, con el Frente Popular en la República Española. La Comuna de París lucha hoy dentro de cada uno de nosotros. En América Latina, en Asia, en Europa, en Oriente Medio, en África…Sentir su fuerza y aprender de ella es el mejor regalo que aquellos parias parisinos junto con los revolucionarios hicieron a la historia, hicieron a la clase trabajadora e hicieron a toda persona decente que aún cree e interviene para cambiar el estado actual de las cosas por una vida donde seamos socialmente iguales y humanamente diferentes.

Carmen Parejo.