Frente de la Juventud, ex Fuerza Nueva. Terrorismo de Estado e impunidad. Víctimas invisibles (Parte VI).

Parte IEuskal Herria, las víctimas invisibles. Terrorismo de Estado.
Parte II 1975: Euskal Herria, las víctimas invisibles.
Parte III 1976: Las víctimas invisibles.
Parte IV La Legión en Fuerteventura: las víctimas invisibles.”
Parte V 1977. Terrorismo de Estado e impunidad. Víctimas invisibles.

Logo del Frente de la Juventud.

El Frente de la Juventud, escisión de Fuerza Nueva y fuerza de choque de la ultraderecha. Terrorismo de Estado e impunidad. Los chicos de De las Heras. Víctimas invisibles, parte VI.

Hasta 1978, los atentados terroristas de perfil fascista y ultraderechista, se habían reivindicado bajo siglas como AAA o BVE. Los ataques de corte más callejero, incluidos algunos mortales, solían incluirse en el historial de Guerrilleros de Cristo Rey o de lo que venían a bautizarse como simples “incontrolados”, todo fuera por no reconocer que estos formaban grupos estructurados, jerarquizados, organizados, armados y bien conectados con fuerzas del orden que les armaban  y partidos políticos franquistas y falangistas que les dirigían, utilizaban y protegían, tales como Fuerza Nueva. El Frente de la Juventud, escisión del partido del deleznable Blas Piñar, iba a erigirse en este 1978 como fuerza de choque de estos sectores fascistas de la sociedad, actuando con absoluta impunidad durante varios años. Su líder, el después asesinado Juan Ignacio González, llegó a calificar a Fuerza Nueva de “imperio de beatas”, de ahí que abogase por la creación de unidades paramilitares con el fin de combatir el marxismo, razón por la que fundó el Frente de la Juventud.

Uno de los grupos del Frente, dirigido por un abogado que ahora vive en Brasil tan ricamente, llegó a cometer, entre enero del 1978 y julio de 1981, una veintena de atentados que iban a dejar un balance de  cuatro muertos y decenas de heridos, algunos de extrema gravedad que quedarían de por vida con secuelas como la ceguera o diversas amputaciones. Entre sus integrantes había algún legionario, un ex funcionario de prisiones reciclado en vigilante de una central nuclear y un guardia civil del que jamás sabremos nada más  que el mote con el que le conocía el resto del grupo. Resulta más grave, si cabe, que alguno de los más activos, no es que fuera funcionario de prisiones antes de asesinar a varias personas, sino que lo ha sido después de huir a Venezuela, ser detenido allí y condenado a 112 años tras ser extraditado. Difícil encontrar un ejemplo más claro de la poca vergüenza de un Estado, el español, que mira para otro lado, se rasga las vestiduras cuando el tema se desmadra, condena para incumplir dicha pena y finalmente hace funcionario a alguien capaz de matar a un mendigo porque le molestan sus piernas. Así como en otros casos se considera integrante de banda armada incluso a quien presta un coche o da alojamiento al autor de alguna acción, sin saber necesariamente que hace su conocido en el día a día.

En el caso del terrorismo ultraderechista, ni siquiera a los miembros del GAL se les llegaría a sumar, en las condenas por sus atentados, la correspondiente a su pertenencia a grupo terrorista. Menos aún en el caso de los integrantes de este grupo y otros también pertenecientes al FNJque sembró Madrid de destrucción y a los que lo mismo daba atentar contra medios de comunicación o sindicatos, particulares de cierta ideología, mendigos o melenudos cuya apariencia les disgustase.

Empezaron haciendo pinitos en enero de 1978, con dos artefactos que hicieron explosión en menos de una semana en sendas librerías, Fórum y Express, resultando herida, en el segundo de los atentados, una mujer venezolana que tuvo la mala suerte de pasar en coche por allí en el peor momento. Tras la colocación de otra bomba, que no llegó a hacer explosión, en la sede de la CNT, en abril le tocó al  Boletín Oficial del Estado,  en mayo al chalet de Torrelodones de Víctor Manuel y Ana Belén y en julio al Cafetín Colmenar. Para entonces, también en mayo,  otro grupo del mismo Frente había asaltado la facultad de derecho de la Complutense, como toma de contacto a lo que se iba a convertir en tradición anual. Entre los siete procesados fueron absueltos por este asunto, estaba alguno que después cumpliría su sueño de ser Guardia Civil o gente como un tal Antonio Acisclo Torremocha Sánchez, que estudiaba en la misma Complutense y que ha sido alcalde por el PP en Villatobas, Toledo, motivo por el cual cualquiera puede verle posando con María Dolores de Cospedal en su perfil de cierta red.

El grupo de De Las Heras iba a dar un “salto de calidad” el 30 de octubre, cuando llegó un paquete sospechoso a la redacción de “El País“.

Carlos, uno de los conserjes herido leve avisó a Juan Antonio, jefe de servicios generales herido grave, sufrió  varias amputaciones, para que lo abriese con cuidado por resultar extraño, mientras se ocultaba tras la mesa entre bromas. El conserje José Andrés Fraguas Fernández, de 19 años y natural de Castillo de Bayuela, Toledo, llegó en ese momento y se llevó la peor parte, muriendo dos días después, destrozado por la explosión de la goma2 que contenía el paquete.  El atentado fue reivindicado en nombre de tres organizaciones en diferentes llamadas, en una de las cuales se quiso marear la perdiz haciéndolo en nombre del GRAPO, que rápidamente se encargó de desmentir su posible autoría.  Como suele ocurrir con los grupúsculos de terrorismo fascista, por este atentado únicamente fueron condenados, a 30 años y mucho tiempo después, los autores materiales del mismo,  Gómez Álvarez, Rodríguez-Borlado y Bel Fernández, este tras estar huido varios años en Venezuela. Ni se juzgó a quienes suministraron el explosivo, quién se encargó de su custodia, los autores ideológicos o cualquier tipo de implicación,  como si ocurría habitualmente con los atentados cometidos por grupos de otras ideologías, donde la simple pertenencia, probada o sin probar, te convertía en co-autor.

Andrés Fraguas Fernández, conserje de El País de 19 años, asesinado mediante paquete bomba colocado por el grupo de De las Heras.

En enero de 1979, como ya ocurriera un año antes y uno después, la ultraderecha asaltó la facultad de derecho de la Universidad Complutaense. Divididos en varios grupos, con pasamontañas y cascos y armados con porras, bates y pistolas, en una acción preparada en la sede de Fuerza Joven junto a miembros del Frente de la Juventud, rompieron cristales, arrojaron botes de humo y cócteles molotov, golpearon a estudiantes y efectuaron 7 disparos, dejando 3 heridos de bala y 7 por las hostias. 18 años después fueron juzgados cuando algunos de los principales implicados ya estaban huidos. Entre los asaltantes estaba uno de los integrantes del grupo de De las Heras, Joaquín López Martínez, uno de los firmantes del acta fundacional del Frente de la Juventud, pero dado que a esta gente se le mantenía en libertad  casi hiciesen lo que hiciesen, pudo seguir en su labor de transporte y entrega de explosivos y munición para el grupo que nos ocupa.

Permitiéndome la licencia y en un repaso a los asaltantes de la Complutense, uno puede comprobar la vergonzosa impunidad con la que actuaba esta gente, que no suelen tener problema alguno para huir al extranjero, salir de rositas o colocarse en puestos que estarían vetados para otros por mucho menos.

Abelardo José Pons López ya había participado en mayo de 1978 en el asalto anterior a la misma facultad, a pesar de lo cual pudo repetir siete meses después, siendo uno de los autores de los disparos y quien comandaba uno de los grupos. Al anterior lo puso al mando de los grupos, el posteriormente asesinado Juan Ignacio González Ramírez, líder del FNJ y al que, convertido en mártir, reivindican hoy en redes todos estos tipejos con ese “Juan Ignacio … Presente!” tan suyo. Detenido, fue liberado casi acto seguido.

Luis Eugenio Togores Sánchez, hoy historiador y profesor, además de reconocido falangista y adorador de Mussolini, es columnista de “La Razón” y fue responsable de la serie documental sobre la guerra civil emitida por Tele Madrid. De familia de militares generación tras generación, él rompió la tradición, aunque lo declararon hace poco legionario de honor y posee condecoraciones otorgadas por la Guardia Civil, además de ser jurado en los premios del ejército que da el Ministerio de Defensa.

Juan José Riestra Mañeru, falangista detenido en un principio, pero desaparecido de entre los 12 procesados casi dos décadas después. ¿Por qué? Contactos, supongo. Posteriormente ha venido trabajando en algún cargo militar o del Ministerio de defensa y ha formado parte de las listas de C’s en Ayamonte, Huelva.

Las empresas de seguridad se nutren mucho de fascistas, muestra de ello son Roberto Enrique Talens Sanz, empleado posteriormente en “Seguriber” y Emilio Nistal Martín de Serranos, militante de Fuerza Nueva que comandó uno de los grupos y con el tiempo segurata en “Casesa“.

Los hermanitos Jacobo Ricardo y Santiago Pedrosa González de Castejón salieron de rositas. Puede que tenga que ver con ser hijos del ex-procurador de las Cortes y que estuviesen emparentados con marquesas y condes.

Pedro Presa Mendicouague, como los dos hermanos anteriores, no fue procesado finalmente. Trabaja en el Tribunal de Cuentas.

Juan José Molina González encabezó uno de los grupos de asalto, el de los suyos, el grupo falangista conocido como “Primera Línea”, del que sería líder en los años 80. Varios de sus secuaces formaron parte en 1980 del asalto al Bar San Bao en el que asesinaron a un joven.

Francisco Javier Barranco López de Saa, “el mascota”, tenía sólo 16 años. No fue procesado por el asalto a la facultad. Un año después fue otro de los asaltantes del bar San Bao. Al ser menor le cayeron sólo 6 meses. Después fue detenido por un acto en favor de los golpistas del 23F. Francisco José Barranco López de Saa, también menor cuando el asalto y hermano del anterior, que anda por México.

José María Carreras Aranguren, de 27 años y jefe provincial de Fuerza Joven, comandó otro de los grupos. Llegaría a ir en listas al Congreso por Unión Nacional, candidatura del fascista Blas Piñar. Los Santos Arrarte, eran dos hermanos cuyo padre era un médico de notoria ideología fascista que tenía bustos de Primo de Rivera y Franco en su despacho. En el centro médico que dirigía fueron encontrados 3.000 cartuchos allá por 1983. Uno de sus hijos, Ignacio Aurelio, abogado que estudió en la misma facultad que asaltó, agredió a un joven comunista en dicha acción. Fernando José, el otro, comandó durante el asalto el grupo de jóvenes de la Falange. Estudió en la propia Complutense y es analista financiero.

Santiago Adán del Rivero, que también se libraría finalmente de ser procesado, era hijo de un coronel del ejército, algo muy frecuente en estos grupos.

Ramón Francisco Gismero Menoyo, otro de los que efectuó disparos, era intendente general del Frente de la Juventud. En 1981 fue puesto, junto a otros 15 miembros del Frente de la Juventud, a disposición del juez. Se le atribuía la participación en varios atracos a mano armada y la autoría del disparo al cajero de la factoría Pepsi Cola en uno de ellos,  además de tenencia de arsenal armamentístico. Se pedían 45 años de prisión, pero aprovechando las facilidades que solían tener los suyos para ello, huyó.

José Manuel Peña Canencia, delegado de socorro a los detenidos del Frente de la Juventud para no considerarse grupos estructurados, bien tenían todos los cargos posibles delimitados, fue el tercero que realizó disparos en el asalto. Le incautaron un arma y 14 proyectiles. Por el asalto a la facultad era para el que se pidió una condena más alta, 8 años. Detenido otra vez en 1981, en la misma operación que Gismero Menoyo, se pedían para él 46 años de prisión por numerosos asaltos, pero como el anterior, huyó. Es empresario en Brasil, Paraguay…

Andrés García Fernández tenía 18 años y militaba en la agrupación Juventudes Comunistas del Retiro. Aquel 29 de abril de 1979, salía de ver una película en el cine con cuatro amigos. Pasaron junto a un grupo de jóvenes de su edad, marcados con simbología ultra. Desviaron la mirada y siguieron su camino. Cuando se dieron cuenta de que los seguían, aceleraron el paso y acabaron por correr. Al reagruparse echaron en falta a Andrés. Un puñal le había atravesado el corazón por dos veces.

Andrés García Fernández, joven de 18 años, militante de Juventudes Comunistas del Retiro, asesinado de una puñalada en el corazón por un miembro del Frente de la Juventud el 29 de abril de 1979.

José Luis Martínez Merino, el autor del asesinato, pertenecía al Frente de la Juventud y a sus 16 años ya era conocido por su extrema agresividad.

Federico Baudín Pichardo 17 años, ex Fuerza Nueva, fue quien sujetó a Andrés para que José Luis lo apuñalase con facilidad. Al primero le cayeron  8 años de prisión, al segundo 2, ampliados después a 6.

Claudio Alonso Becerro de Bengoa 17 años y José María Vega Dosal 15 años, procesados también por este asesinato, fueron absueltos.

La madrileña cafetería “California 47 era conocida por ser utilizada como sede extraoficial de los cachorros del Frente de la Juventud. Cada día ponían un tenderete con su parafernalia  a la entrada del local. Casualmente el día 26 de mayo fue retirado. Varios testigos habían visto a cuatro tíos, de apariencia ultra, armados en el lugar.  Hubo un aviso de bomba, pero no se desalojó. Un joven de jersey rojo y pelo rubio ¿el cachorro del Frente Jesús Barranco? bajó corriendo las escaleras de los servicios y salió a toda prisa .

¡Bummmmm! 9 muertos y 61 heridos. Que cosas, ninguno de los ultras habituales de cada día. En unos minutos, 3.000 amantes del Franquismo la liaban allí mismodebían de estar cerca y con sus vestimentas, simbología y megáfonos preparados. Otros atacaban a la misma hora sedes del PCE(r) y  CNT. El argentino Jorge Cesarsky, asesino de Arturo Ruiz dos años antes, no sólo estaba libre, sino que daba una rueda de prensa, con un par y otros siete pares de un Estado que les reía las gracias. Luego se supo que el explosivo era Amonita, de uso militar y también habitual de los grupos ultras paramilitares, nunca de ETA o GRAPO que acostumbrados a reivindicar autorías, la negaron sin embargo con rotundidad Incluso entre los mismos grupúsculos de extrema derecha se acusaron entre ellos. Que más dará, si para cuando se celebró el juicio, a base de torturas, ya habían confesado los GRAPO  Sánchez Casas y López Anguita, que ya sin un torturador apretándoles cada hueso, insistieron en la autoría  ultraderechista.  Fueron condenados a 270 años. Otros dos miembros, lo fueron a 8 años por colaboración. Como anécdota, la serie “Cuéntame”, generó mucha polémica al referirse a este caso en los mismos términos que acabo de exponer.

Entretanto, volviendo al grupo de De Las Heras, se habían “entrenado” con sendos explosivos en la Asociación Pro Derechos Humanos y el complejo Aurrerá, en marzo y abril respectivamente, hasta que el 14 de julio de 1979, estallaba en un contenedor de basura junto al bar El Parnasillo, en Malasaña, una bomba que dejó una decena de heridos y acabó con la vida de Salomé Alonso Varela, coruñesa de 28 años y pareja del herido más grave, el abogado laboralista Jesús Cañada. El Parnasillo era un local frecuentado por gente de izquierdas, o un “nido de marxistas, anarquistas y drogadictos”, a ojos de los autores.  Ese fue el móvil del atentado llevado a cabo por Rafael Alfredo Gómez Borlado, Pedro Bel Fernández y los demás del grupo en sus diferentes grados de participación previa.

«Tenga usted cuidado de todas formas, no vaya a ser una bomba», dijo Ramiro Alejandro Rodríguez-Borlado Zapata a la portera del Club de Amigos de la Unesco, mientras le entregaba un paquete el 26 de enero de 1980. Y efectivamente, era una bomba de amonita. Luis Enrique Esteban Barahona, interventor, acabó perdiendo las dos manos, mientras María Dolores Martínez Ayuso, bibliotecaria, quedó ciega. Ambos eran militantes del PCE. Durante el resto del año, este grupúsculo debió de tomarse unas vacaciones, lo cual no significa que la ultraderecha madrileña dejase de asesinar, tomando el relevo sus primos-hermanos de Fuerza Nueva, que asesinarían a Yolanda González y  Vicente Cuervo en febrero.

Otros miembros del Frente de la Juventud si que realizaron algunas acciones, como cuando un tal Luispe organizó un grupo que maniató a la portera y dos asistentas de una marquesa de Madrid a la que propinaron un culatazo para perpetrar un robo. Aquel ultra no es otro que el malagueño Luis Pineda Salido, presidente de Ausbanc, multimillonario a posteriori a base de estafar y extorsionar incluso a la infanta, lo que le costó a él y al presidente de Manos Limpias, acabar encarcelado por fin. Del asalto a la marquesa salió bien parado, condenado a sólo 3 meses, al no haber cumplido los 18 aún. En 1982 volvería a liarla lanzando cocteles Molotov para conmemorar el primer aniversario del intento de golpe de estado.

Jorge Caballero en marzo por llevar un pin con la clásica A anarquista, Arturo Pajuelo  el Primero de Mayo, Juan Carlos García Pérez  cinco días después, se sumaban a la lista de asesinados por elementos falangistas o de Fuerza Nueva  sin salir de Madrid, con el denominador común del aprovechamiento, por parte de los autores materiales, de esas ofertas especiales que ofrecía el Estado para viajes-huida.

De estos casos hablaremos más profundamente en siguientes artículos, así que retomemos las andanzas del Frente de la Juventud. El 12 de diciembre fue asesinado, de 4 tiros en el portal de su casa, el secretario general,  el líder de toda esta gentuza, Juan Ignacio González Ramírez. Tenía 28 años. Ellos atribuyen el atentado a conspiraciones varias, pero me temo que el enemigo lo tenían en casa y en sus estrechos cerebros, de cuya bilis sale apología fascista de la buena sin que nadie les tosa.

El grupo de De Las Heras al completo.

El grupo de De Las Heras al completo.

Uno de los que escribe homenajes a su líder caído es Juan Antonio López Larrea, por entonces secretario del Frente de la Juventud en la zona de Levante y ahora líder del MSR en Valencia. Ha escrito un libro sobre el grupo y fue condenado a 16 años, de los cuales cumplió 7 y 3 meses milagro, ya  que el grupúsculo valenciano del Frente fue autor de al menos 6 atracos y 2 atentados antes del que iba a ser el siguiente asesinato de esta organización. Fue el 28 de diciembre en Valencia, cuando un grupo de ultras se cruzó con una cuadrilla de jóvenes cuyas pintas no les gustaron mucho. Tras seguirles unos metros, uno de los fascistas gritó “¡apartaos!” y empezó a disparar desde menos de 10 metros de distancia, matando de 8 balazos a Francisco José Rodríguez López, de 21 años, que estaba de permiso en su ciudad, ya que hacía, por entonces, la mili en Almería. Resultaron heridos de bala tres jóvenes más. El autor de los disparos, José Palazón Sánchez, “el palas”, de 20 años, ya había sido detenido en 1977 por tenencia ilícita de armas y también 6 meses antes de matar a Francisco, por robar una joyería, a pesar de lo cual ya estaba en la calle de permiso. La pistola se la encontraron a otro ultra de 16 años, aunque según el asesino, la había arrojado al Turia. El tal “palas” es otro de la interminable lista de fascistas huidos a Latinoamérica sin poder ser juzgados.  El grueso del grupo fue detenido en enero de 1981, caso del tal Larrea antes mencionado y también de varios integrantes del grupo en Madrid, entre ellos  María Guadalupe Carrasco Serrano, que tiene hoy en día título de marquesa y que meses después fue detenida otra vez en una brutal pelea entre ultras, a los que se les volvieron a encontrar numerosas armas.  Y allí estaba también, entre los detenidos, el mismísimo presidente del Frente, José De Las Heras, quien a su vez dirigía al grupo más activo y sanguinario, del que retomamos su actividad en su sprint final antes de ser desarticulado. Dado que no bastaba con la docena de atentados que sus chicos habían cometido, para dar, por lo visto, con ningún indicio de criminalidad, De Las Heras puso la pasta de la fianza y salió libre en escasos días.

 Y allí estaba también, entre los detenidos, el mismísimo presidente del Frente, José De Las Heras, quien a su vez dirigía al grupo más activo y sanguinario, del que retomamos su actividad en su sprint final antes de ser desarticulado. Dado que no bastaba con la docena de atentados que sus chicos habían cometido, para dar, por lo visto, con ningún indicio de criminalidad, De Las Heras puso la pasta de la fianza y salió libre en escasos días.

Así, el 23 de febrero varios ultras participaron en el asalto al “Alekos”, un local frecuentado por africanos. El acusado principal del caso, Jesús Javier Blanco García, colocó una pistola en la cabeza de un joven guineano y disparo al grito de “viva el Ku Klux Klan”, pero un movimiento instintivo del chico, permitió que la bala no le entrara en zona crítica y lo mandase al huerto. El tal JJ, después se sabría, era uno de los miembros del subgrupo autor de una veintena de atentados. Fue detenido pasados unos meses y cuando parte de los participantes del asalto a la discoteca habían efectuado también  el asalto al Banco Central de Barcelona en mayo. Entre los que repitieron en estas dos acciones, estaban dos ultras,  primos entre ellos, a los que les incautaron un revólver y 15 kilos de munición. Uno de ellos, Ignacio Maldonado Gómez-Aparicio, ha sido despedido no hace mucho, por irregularidades en la gestión, de su puesto como director de patrocinios del BBVA… de asaltar bancos y militar en la ultraderecha a un puesto de responsabilidad en un banco…vaya! Su primito, Rafael Gómez-Aparicio Llanos, alias “Potas”, en febrero del año siguiente fue detenido por las celebraciones violentas que con motivo del 23F llevaron a cabo los de su panda. Él fue quien dirigió la acción tras confeccionar 6 explosivos y otros tantos botes de humo.

El 7 de junio de 1981, Carlos Javier Idígoras Navarrete, de 22 años, celebraba haber aprobado las oposiciones para un puesto en la Renfe. El ir borracho y su pelo largo fue la disculpa para considerarlo un “rojo drogadicto” que merecía morir. Gómez Álvarez, Bel Fernández y algún otro que se sospecharía pudo ser  JJ , lo metieron en un coche y tras dispararle el primero de ellos dos veces en la cabeza, lo dejaron tirado en un descampado. “Ajuste de cuentas entre drogadictos”, dieron por hecho esos sesudos policías que no se querían enterar de las que les estaban liando desde hacia años.

Luis Arribas Santamaría era sólo un mendigo que dormía en un banco de la madrileña calle Albuquerque. El 5 de Julio de 1981, Gómez Álvarez y Bel Fernández, lo asesinaron de un disparo según estaba tumbado, ya que les molestaban sus piernas extendidas. En esta ocasión se cambiaron los papeles con respecto al caso anterior, ya que fue el segundo quien hizo el disparo.

Tras los asesinatos de Carlos Idígoras y Luis Arribas en menos de un mes, llegaron las fiestas de Chamberí. Varios fascistas desfilaron como militares por la plaza Olavide, poco después estallaba una bomba colocada por Gómez Álvarez y Rodríguez-Borlado que hirió a 6 personas, entre ellas la joven de 17 años que acababa de ganar el concurso de disfraces y que sería herida de gravedad.  Tras un ataque con cóctel molotov a una librería y la colocación de un explosivo en el coche de un ciudadano francés, la sensación de impunidad del grupo era tal,  que a finales de julio de 1981 tenían el coche obstaculizando el tráfico, un joven les pidió que lo retirasen y Gómez, que estaba completamente fuera de control ya, le pegó un tiro en la zona maxilar. Testigos se quedaron con la matrícula y se les acabó el rollito, siendo detenidos dos días después. Es curioso comprobar a través de la prensa, como, de repente, la policía parecía saber toda su trayectoria terrorista, que hasta entonces se había desarrollado con absoluta impunidad.  Con el veterano ultra, traficante de armas y estafador alicantino Tomás Antón Torregrosa  suicidándose al saltar por la ventana cuando iba a ser interrogado,  Pedro Bel e Iñigo Aragonés a saber donde y Jesús Javier Blanco  en prisión por el asalto a la discoteca Alekos, eran encarcelados el resto de integrantes del grupo. Un año después, con dos de ellos en paradero desconocido, fueron procesados.

Es curioso comprobar a través de la prensa, como, de repente, la policía parecía saber toda su trayectoria terrorista, que hasta entonces se había desarrollado con absoluta impunidad.  Con el veterano ultra, traficante de armas y estafador alicantino Tomás Antón Torregrosa  suicidándose al saltar por la ventana cuando iba a ser interrogado,  Pedro Bel e Iñigo Aragonés a saber donde y Jesús Javier Blanco  en prisión por el asalto a la discoteca Alekos, eran encarcelados el resto de integrantes del grupo. Un año después, con dos de ellos en paradero desconocido, fueron procesados.

La post-historia del grupo del Frente de la Juventud que sembró las calles de Madrid de terror fascista entre 1978 y 1981, se iba a desarrollar de la siguiente forma.

Rafael Alfredo Gómez Álvarez fue quien efectuó los dos disparos en la cabeza de Javier Idígoras  y estuvo presente en los otros tres atentados mortales. Se pidieron 179 años de condena.  De 103 años que le cayeron por 4 asesinatos 30 por el de El País, en juicio diferenciado del resto y un sinfín de delitos más, cumplió  14 años y 3 meses, a pesar de que esos 103 años son el resultante de una ampliación de condena por parte del Supremo.  Gómez estaba tan zumbado que llegó a disparar en la cabeza  a Pedro Bel, otro integrante del grupo, por una discusión. Desde un inicio pudo disfrutar de ciertos beneficios penitenciarios que jamás se han aplicado tan prontamente a presos de otra ideología.

Ramiro Alejandro Rodríguez-Borlado Zapata fue condenado a 81 años, cumpliendo en prisión  14 años y 7 meses. Autor material junto a Gómez y Bel del atentado de El País, ellos eran los tres miembros más activos. En el caso del atentado de Malasaña, su participación fue la de transportar la goma2 de Alicante a Madrid, no estando presente después como autor material del atentado. Fue él quien meses después entregó en mano el paquete bomba que amputó las manos a uno y dejó ciega a otra de los dos heridos graves del club de amigos de la Unesco.

Pedro Bel Fernández  se escapó a Venezuela cuando detuvieron a sus compinches. Fue localizado, extraditado y condenado a 30 años en 1988 por el atentado de El País, en un juicio en el que cada uno de los tres implicados pasaba la pelota a los otros dos, y a más de 81 por el resto de acciones principales, además de un año por el atentado contra el BOE. Tras cumplir 12 de esos casi 113 años se portaría muy bien en el trullo, en 2005 se colocó de carcelero. ¿Su currículum? ¿Habrá que suponer que este espécimen no torturaba presos?

José de las Heras Hurtado, el abogado que movía los hilos en el grupo, ya había sido detenido en enero del mismo 1981, pero pagó 400.000 pesetas de fianza y salió en 10 días. Tras la detención en julio de todo el grupo y ser liberado nuevamente, el 17 de junio del 1983 volvió a la cárcel, pero para el 25 de Agosto ya estaba fuera otra vez tras pagar 600.000 pesetas y salir de permiso, así que no tuvo más remedio que aprovechar lo que le habían puesto tan en bandeja  y para el juicio de febrero de 1984 estaría en Brasil, donde ha sido localizado casi 30 años después, viviendo tan ricamente.  Confidente policial durante el franquismo, puso en contacto a los autores materiales de los atentados con Torregrosa, suministrador de los explosivos, y con el tal Agapito. La Fiscalía iba a solicitar una condena de 163 años para él.

José de las Heras Hurtado, abogado y lider del grupo más activo del Frente de la Juventud, junto a Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva, de quien era guardaespaldas.

Tomás Antón Torregrosa, ultra alicantino de 57 años que facilitaba explosivos a la banda, se suicidó tirándose por la ventana una vez fue detenido. Contactado por De las Heras, ya en 1978, además de facilitar los explosivos para numerosos atentados, había encargado un auto-atentado en el edificio, de su propiedad, en el que se encontraba la sede de Fuerza Nueva en Elche, con el fin de cobrar el  seguro, una indemnización como víctima de terrorismo y así volver a construir en el mismo lugar. Leocadio Jiménez, el ex legionario, le hizo este trabajo y de correo para transportar explosivos de Alicante a Madrid. Leocadio Jiménez Caravaca, ex legionario que había sido ya condenado a 4 años y 2 meses por el atentado de Atocha 1977, 5 muertos, por lo que se supone debía estar en la cárcel,  sin embargo estaba libre participando en nuevos atentados. Era, como en aquel caso, quien transportaba los explosivos al grupo. Murió en 1985.

Jesús Javier Blanco García, ”JotaJota”, ingresó en prisión 3 años después de desarticularse el grupo. Curioso, ya que cuando fueron detenidos los demás, él ya estaba en el trullo por pegar un tiro en la cabeza a un africano al grito de ¡viva el Ku Klux Klan!”. En cambio estaba en paradero desconocido mientras se instruía el caso de esta banda. Acusado de pasar dos pistolas a Gómez Álvarez para otros atentados, de ser autor del atentado contra la CNT y de participar en el asesinato de Salomé Alonso y Javier Idígoras, se pedían entre 8 y 20 años contra él. Absuelto por falta de pruebas de estos dos casos con víctimas mortales, pero condenado a 7 años por otros de los cargos, recurrió, se le denegó el recurso en 1991… y en 1992 fue indultado.

“Agapito” fue un nombre que se repitió a lo largo del juicio. Se supone era el sobrenombre con el que se conocía en el grupo a un Guardia Civil al que De Las Heras puso en contacto con los autores materiales de los atentados. Nunca se supo su identidad real. Joaquín López Martínez se encargaba en el grupo de hacer entregas de munición y explosivos, haciendo algún viaje para este menester desde Alicante a Madrid junto a Rodríguez-Borlado. En 1979 había sido detenido como uno de los dirigentes del Frente de la Juventud firmó el acta de constitución del mismo que organizaron el asalto la facultad de derecho de la Complutense.

Pedro de Haro Pavón, ex funcionario de prisiones que había sido condenado a un año por agredir brutalmente a un recluso en 1976, vigilante en la central de Valdecaballeros, en el grupo facilitó munición, recibió un rifle para cometer alguno de los atentados y se le incautaron 9 armas sin registrar.

José Luis Sáez Alonso hizo de puente con alguna de las armas utilizadas. Iñigo José Aragonés Sampedro, al igual que De Las Heras, había sido detenido medio año antes como miembro del Frente de la Juventud, tras varios asaltos y atracos cometidos, así como por tenencia de arsenal militar. Sin embargo no sólo estaba libre, sino que iba a desaparecer del mapa cuando el resto de los mencionados fueron detenidos, siendo sospechoso de participar en los últimos atentados del grupo.

El Frente de la Juventud se dio por desarticulado en febrero de 1982. La mayoría de sus victimas no aparecen en los listados de la AVT. Las que si están, sería preferible que no estuvieran, ya que lo hacen, sin rubor alguno por parte de esta asociación cuyo fin es lucrarse y manipular, ¡como victimas de ETA! Nueva muestra de lo que importan las victimas, especialmente si lo fueron de la ultraderecha.  No nos recuerdan estos crímenes ni la condición de miembros de las fuerzas de seguridad o la vinculación con las mismas de la mayoría del resto de ellos. Su historia se escribe con actuaciones impunes para la mayoría de ellos y grandes condenas, de largo incumplidas, para unos pocos, con fugas consentidas bajo la apariencia de una extraña dejadez policial y judicial. No hay exigencias de perdón, pues son muchos y demasiado influyentes quienes tendrían que hacerlo, pues financiaban o protegían a estas fuerzas de choque ultra fascistas. Se oculta y se olvida. Se blanquea. Y así se construye ese relato  manipulado con el que crean corrientes, maremotos de opinión de un pueblo desinformado que termina por condenar lo que se le exige que condene y borrar de su memoria aquello que necesitan se olvide. No debemos permitírselo.

Un artículo de Eder Mitxelena Foronda para Revista La Comuna

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