La olvidada Cuenca Minera de Riotinto: Imperialismo Británico, La Compañía (1873-1954)

Riotinto

Muelle del Riotinto donde el ferrocarril procedente de las minas tenía su última estación: el mar. Huelva. Imagen Jesús Pérez López.

La olvidada Cuenca Minera de Riotinto, historia de lucha y resistencia: Imperialismo Británico, La Compañía. Primer artículo de la trilogía.

La Cuenca Minera de Riotinto fue testigo del poder imperial británico, fue víctima de la complicidad del estado y escenario de los mayores crímenes y de las más heroicas de las resistencias, incluso cuando no había lugar para la esperanza. La Cuenca Minera de Riotinto, situada en plena Franja Pirítica Ibérica, fue uno de los enclaves mineros de mayor relevancia en el conjunto del estado. Y como tal, su historia está marcada con la sangre y la carne de los trabajadores que pusieron las montañas de al revés y tornaron de su rojo la roca, la tierra y el agua, pero ante todo su lucha frente a la explotación y el saqueo de la clase trabajadora y de la naturaleza, que suponía la instauración de un régimen colonial.

Riotinto: la explotación de sus minas y de su gente.

La riqueza mineral existente en este marciano pedazo de las tierras onubenses ha sido de sobra conocida por todos los pueblos que han transitado por sus valles y colinas. Hace más de 3000 años, en el calcolítico, los primeros pobladores de la región comenzaron a utilizarla. En el final de la Edad del Bronce (siglos XII-IX a.C.) se establecieron fundiciones primitivas en la Corta del Lago. Durante la Edad del Hierro los tartessos desarrollaron un importante comercio con griegos y fenicios. No obstante, no fue hasta la llegada de los romanos cuando se dio una auténtica explotación de sus recursos minerales. Introdujeron las galerías subterráneas y las norias para el drenaje de las minas, también el trabajo de esclavos, que solían vivir encadenados en los túneles; también los niños, quienes tenían acceso a los lugares más estrechos de las minas (también usados por los ingleses para tal fin pero ya sin cadenas visibles). Fueron ellos los que arrojaron millones de toneladas de escoria, una monstruosa y negra montaña de piedra fundida que hoy en día sigue imponiendo su voluntad sobre el paisaje.

Después del paso del gran imperio, las minas de Riotinto, las legendarias minas del Rey Salomón, cayeron en un profundo letargo. En 1556, Felipe II intentó volver a explotarlas para costear las guerras del imperio, sin embargo, finalmente, se consideró inviable. En 1725, durante el reinado absolutista de Felipe V, el sueco Liebert Wolters Vonsiohielm, quien había sido combatiente en la Guerra de Sucesión, alquiló las minas al gobierno para su explotación durante 30 años, hasta que en 1783 vuelven a ser propiedad del estado, siendo gestionadas por la Real Hacienda por orden de Carlos III, Fueron, de nuevo, cerradas en 1810 debido a la Guerra de la Independencia. Entre 1815 y 1823, únicamente, se aprovecharían las aguas agrias, debido al coste que tendría transportar el mineral hasta el mar al ser el transporte por animales el único existente. En 1828 son arrendadas al catalán D. Gaspar de Remisa hasta 1849, siendo este el primero en implementar las teleras en esta región, y que, luego, serían extendidas hasta un punto insoportable, como veremos.

En 1869 el estado considera que mantener las minas es por completo insostenible y que la única solución es venderlas. Entre diciembre de 1870 y enero de 1871 una comisión creada ad hoc estima el valor efectivo de todas las propiedades mineras, infraestructuras y terrenos en 104 millones de pesetas y el 11 de mayo de ese año se anuncia la venta. Hay pocas ofertas y la mayor la da un grupo encabezado por el escocés Mr. Hugh Mathenson, quien había sido informado por los alemanes Heinrich Doetsch y Wilhelm Sundheim con negocios en Huelva, quienes le advirtieron que mejorando las infraestructuras podrían logar un prolongado éxito económico, como más tarde la historia de los pueblos demostraría con su sudor y con su sangre, su hegemonía y su éxito durarían 81 años. El que sería el primer director de la gran orquesta minera visitó España, junto al ingeniero George Bruce, para evaluar la construcción de un ferrocarril que uniese las minas con el mar, el rojo de la sangre obrera con el silencio de las azules profundidades.

Riotinto

Acción de la Riotinto Company Limited (RTCL). Hugh Matheson.

Hugh Matheson creó un consorcio con Union Bank of Scotland, Deutsche National Bank of Bremen, Athur Hey Wood, Sons&company, Bank of Liverpool, Smith, Payne&Snuth of London, Clark y Punchard&Company of London. Así, el capital inglés lanzaría su largo brazo imperial ávido de recursos naturales tras el desgaste nacional resultante de la Revolución Industrial, para caer con toda su fuerza y brutalidad contra los pequeños pueblos de la cuenca y también, contra su todavía verde y bella naturaleza. Fue así, como comenzaría la devastación de una comarca, pero también, la heroica resistencia que tuvo lugar, no solo durante el dominio británico sino también durante todos los años en los que la mina seguía latiendo y sus mineros, respirando conciencia de clase y esperanza.

 

La compañía: la Riotinto Company Limited (RTCL).

Las minas de Riotinto, fueron vendidas por el precio de 93 millones de pesetas, menor que el valor tasado e infinitamente menor que el valor extraído de su tierra y de sus pueblos. El acuerdo incluía propiedad de suelo, subsuelo y cielo.

El 14 de febrero de 1873 el presidente de la I República Española, Estanislao Figueras, firmaba el decreto por el que las minas del Rey Salomón, las minas de Riotinto, fueron vendidas por el precio de 93 millones de pesetas, menor que el valor tasado e infinitamente menor que el valor extraído de su tierra y de sus pueblos. Además, contó con otros grandes privilegios: capacidad de expropiar todos los suelos necesarios para la construcción del ferrocarril, así como gozar de la propiedad absoluta a perpetuidad de todo el terreno adquirido y de las construcciones que sobre él se hallasen, es decir, se adquirían suelo, subsuelo y vuelo. Los habitantes de la comarca quedaron automáticamente desposeídos de cualquier elemento de subsistencia, de cualquier medio de vida. Su tierra, su casa y sus manos, ya no les pertenecerían.

Los habitantes de la comarca quedaron automáticamente desposeídos de cualquier elemento de subsistencia, de cualquier medio de vida. Su tierra, su casa y sus manos, ya no les pertenecerían.

El 29 de febrero de 1873 se registró en Londres la Riotinto Company Limited, que sería conocida por todas y todos como La Compañía, la empresa que se transformaría en la más poderosa del país, como escribiría El Cronista “Riotinto es el feudo de una empresa más poderosa que el Zar de las Rusias”, pero hasta el Zar fue derrotado, cosa que no se lograría hacer con la todopoderosa Compañía. Los mojones que limitaron sus extensas propiedades hoy continúan en pie en la Cuenca Minera de Riotinto. Los objetivos de la Compañía estaban claros, extraer todo el mineral de la cuenca y transportarlo hasta Inglaterra, para ello, necesitarían: arrancar el corazón de la tierra, es decir, establecer la minería a cielo abierto (se convertirían en la mayor mina a cielo abierto del mundo en su tiempo), la construcción de un ferrocarril para llegar al puerto de Huelva y extraer el mineral de la forma más rápida posible para transportar volúmenes menores, esto es, la implantación brutal de las teleras, las calcinaciones al aire libre de las piritas ferro-cobrizas.

El Ferrocarril.

Riotinto

Construcción del ferrocarril de Riotinto en julio de 1873 Fuente: https://www.vialibre-ffe.com/noticias.asp?not=4092.

.En solo 25 meses construyeron el que sería el ferrocarril de vía estrecha más importante del mundo entre fines del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX.

Las obras del ferrocarril comenzaron el 11 de junio de 1873 y terminaron en julio de 1875, en tan solo 25 meses se levantaron 84km de vías de tren que unían las minas con el mar. En tan solo 25 meses los obreros explotados construyeron 84km de vías que discurrían en compañía de aquel río legendario que aún tendría que teñirse de un rojo más intenso que la sangre minera de la que nace, en tan solo 25 meses construyeron 8 puentes, 5 túneles y 12 estaciones. En solo 25 meses construyeron el que sería el ferrocarril de vía estrecha más importante del mundo entre fines del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Al mismo tiempo sobre las todavía inocentes aguas de Huelva, entre septiembre de 1874 y marzo de 1876, se levantaba el muelle, un gigantesco entramado de hierro por el que la sangre y el sudor mineros se despedían para siempre de su tierra. Y se hizo 3 meses antes de lo previsto y con un coste inferior, 767190 libras esterlinas. Sin embargo, la inmensidad de estas minas iría mucho más allá, porque también se construyeron 264 km de ramales de vías que servían de unión entre los talleres, los almacenes, los tajos, las distintas poblaciones y los poblados mineros. Se usaron 147 locomotoras de vapor, 9 locomotoras diésel hidráulicas, 6 automotores de tipos diversos, 21 locomotoras eléctricas de varias clases y 1 locomotora de aire comprimido. Y también 1300 vagones, 2000 vagonetas y 36 coches de viajeros. El objetivo estaba claro, extraer todo el mineral, vaciar las montañas hasta sus mismísimas raíces, eso sí, solo con el sudor, la sangre y el dolor de los trabajadores.

Riotinto

Muelle del Riotinto en Huelva en la actualidad. Imagen Manuel Hernández Gómez.

El  tren de transporte de mineral, podían alcanzar los 400 m de longitud con 50 vagones, que podrían albergar 30 t de mineral.

Las Teleras.

Riotinto

Teleras de Riotinto. Fuente: Wikipedia. Extensión de las teleras de Riotinto. Fuente: http://amigosdetharsis.blogspot.com.es/2014/05/la-mina-de-rio-tinto-y-sus.html

Y los humos, dantesco aliento de la muerte, cubrieron el azul del cielo, destrozaron el verde de los campos y viciaron la sonrisa y la salud de todos los habitantes de la cuenca, de todos los nativos, los ingleses procuraron mantenerse a salvo en su paradisiaca isla de Bellavista.

Las teleras es el nombre que recibían las monstruosas pilas donde se calcinaba el mineral para la extracción del cobre. De 11m x 6,5m de base y más de 1m de altura, fueron la auténtica puerta del infierno, 4000 quintales de mineral sobre 1125 arrobas de leña, que se mantenían en combustión durante 6 meses. Se habían implementado antes de la llegada del capital británico, pero tras esto, su extensión llevó a convertir la Cuenca Minera de Riotinto en el infierno de Dante. Se quemaban 907 toneladas de piritas diarias, lo que provocaba la liberación de 272 tm de azufre en forma de anhídrico sulfuroso a la atmósfera. Estas calcinaciones al aire libre provocaron la brutal deforestación del entorno para obtener leña, además de la introducción de otras especies de crecimiento rápido como los eucaliptos. Y los humos, dantesco aliento de la muerte, cubrieron el azul del cielo, destrozaron el verde de los campos y viciaron la sonrisa y la salud de todos los habitantes de la cuenca, de todos los nativos, los ingleses procuraron mantenerse a salvo en su paradisiaca isla de Bellavista. En 1875 se extraían 112000tm piritas/año, de las que se exportaba el 48% y se trataba (calcinaba) el 52%. En 1877 llegan las primeras quejas al gobierno, pero la ya todopoderosa Compañía amenaza con marcharse, lo que llevó a que Cánovas del Castillo publicase la resolución 22/07/1879, en la que, en realidad, se legaliza la utilización de las teleras (su uso estaba prohibido en Inglaterra), con algunas diminutas indemnizaciones por perjuicios.

Con el proyecto de ley del 28 de enero de 1880 se habrían declarado los humos como utilidad pública, sin embargo, un cambio de gobierno permitió que éste no entrase en vigor. La situación ambiental en la cuenca era insostenible, se estima que morían 200 hombres, 100 mujeres y 300 niños y niñas al año. Pero el poder de La Compañía se extendía mucho más allá de la cuenca minera y una gran parte de la prensa, sobre todo onubense, llegaba a publicar artículos sobre los grandes beneficios para la salud de los humos sulfurosos, afirmando, incluso, que permitían prevenir el cólera. La tos, la enfermedad y la muerte eran el día a día de la cuenca minera. En 1886 se extrajeron 1650000tm de piritas, de las que solo se exportó el 30%, mientras que el resto, es decir 1155000tm fueron calcinadas in situ. Cuanto mayor fuera el mineral beneficiado in situ menor serían los costes en el transporte, y se saltaron la legalidad en el acuerdo de compra-venta con estos porcentajes de tratamiento in situ, pero ya eran más poderosos que el estado, quien solo era su instrumento.

En 1886 el Ayuntamiento de Cortegana prohibió la utilización de las teleras, pero el gobierno civil de Huelva revocó esta prohibición, fueron muchos los ayuntamientos que intentaron prohibirlas, pero la historia volvía a repetirse. También lo haría Nerva, tras lograr su independencia respecto de Zalamea, pero volvió a ser revocada. Los humos, negros y letales para bosques, pueblos y agricultura extendían sus efectos en 200000 Has, y con ellos, llegaba también la lluvia ácida. Esta deterioraba las infraestructuras, lo que a su vez hacía que la clase obrera tuviera que echar “horas extras”. Las tinieblas y sus secuelas llegaban incluso a Portugal.

Cuando las tinieblas hacían imposible acudir al tajo la Compañía recortaba el jornal de sus trabajadores, entre la mitad y un tercio.

Los conocidos como días de manta, el humo se depositaba sobre los pueblos y sobre los valles, oscureciendo el día por completo, hasta tal punto que llegó a provocar el choque de dos trenes. Esos días, en los que el día se cubría de tinieblas, era imposible acudir al tajo, por lo que la Compañía recortaba el jornal de sus trabajadores, entre la mitad y un tercio. Además, esos fatídicos días las familias enteras estaban obligadas a buscar refugio en las cumbres de las colinas, allí, por encima de los valles, donde podían respirar el aire que quedaba por arriba de los humos sulfurosos. Fueron estos humos, junto con las terribles condiciones laborales existentes lo que llevaron al suceso más trágico de la cuenca minera de Riotinto, unos hechos silenciados por La Compañía y por el Estado, unos acontecimientos que hoy están más allá del olvido y del desconocimiento, el Año de los Tiros, el que sería el mayor crimen cometido en la cuenca hasta la llegada de la Guerra Nacional Revolucionaria, casualmente en ambos casos el derramamiento de la sangre obrera quedaría completamente impune.

Bellavista: la isla de los colonos.

Riotinto

Barrio inglés de Bellavista en Riotinto. Fuente: http://elaticodejepane.blogspot.com.es/2010/02/ingleses-en-riotinto-heroes-o-villanos.html

Sus casas, enormes mansiones victorianas, con verdes, ordenados y hermosos jardines, lejos del sudor y el sacrifico; sus calles, pavimentadas y limpias, con sus flores, sus parques, su Iglesia Anglicana, lejos de los barracones donde encerraban a los obreros, lejos de las calles rotas y de la tierra levantada; sus pistas de tenis y de fútbol, su mítico y patriarcal salón “Men Only”, lejos del trabajo constante y de su miseria, lejos del mundo donde el recreo no existía.

Los ingleses, con sus elegantes trajes y sus rectos modales, se construyeron con las callosas manos de nuestra clase, una isla paradisiaca, separada de los nativos, como llamaban a la gente de la cuenca, por un infranqueable muro custodiado día y noche por guardias. Ningún nativo pasaría las puertas del muro hasta la llegada de la República y ninguno volvería hacerlo hasta 1954, con la partida definitiva del dominio inglés, lo que no supuso el fin del dominio del capital y la terrible explotación de la carne obrera en las minas de Riotinto. Sus casas, enormes mansiones victorianas, con verdes, ordenados y hermosos jardines, lejos del sudor y el sacrifico; sus calles, pavimentadas y limpias, con sus flores, sus parques, su Iglesia Anglicana, lejos de los barracones donde encerraban a los obreros, lejos de las calles rotas y de la tierra levantada; sus pistas de tenis y de futbol, su mítico y patriarcal salón “Men Only”, lejos del trabajo constante y de su miseria, lejos del mundo donde el recreo no existía. Allí en Bellavista, donde el cielo era azul, donde el sudor no llegaba, lejos del humo y de los nativos, allí se dirigía el día a día, el minuto a minuto, de todos los mineros, allí se dirigía el futuro mismo de los pueblos de la cuenca minera. En Bellavista se encendió la luz eléctrica antes que en las calles de cualquier otro pueblo. En Bellavista, con su alto muro, vivieron los directores de la orquesta, los ejecutores, los explotadores, allí estaba el corazón, si lo hubiera tenido, de la todopoderosa Compañía. Allí vivían, con sus elegantes trajes y sus rectos modales, y allí morían, en su cementerio, más lujoso que cualquier otra casa de sus obreros.

En el nombre de la Reina Victoria.

Durante 81 años se celebró el cumpleaños de la Reina Victoria, ese día no había trenes, no había barrenos, ni muertes en el tajo, pero mientras la alta bandera británica ondeaba con el aire imperial, la miseria y la enfermedad diezmaban a la clase trabajadora. Introdujeron una gran cantidad de deportes a los que en principio solo jugaba el Staff británico (golf en el Filón Norte, el polo, el corquet, el squash, el tenis, el billar, el fútbol y el bádminton…). El fútbol y el bádminton arraigaron por la zona y el primero se extendió rápidamente. Se jugaban partidos bajo el control de La Compañía, pero también fue aprovechado para la organización obrera, cómo iban a sospechar que de un partido de fútbol podría nacer la próxima huelga. También se crearon los grupos de boy-scout para enseñar una moralidad decente y correcta a los hijos de los trabajadores.

No solo de pan vive el hombre y la Compañía no solo usurpó tierra, hogares, aire, aguas y fuerza de trabajo. También implementó el sistema de carros: todos los habitantes de todos los pueblos de la cuenca, al menos de sus pueblos centrales, tenían que llevar sus deposiciones hasta unos depósitos, cuyo contenido era vaciado cada cierto tiempo y transportado hasta los huertos de la Compañía, situados en el entorno del Zumajo, donde se usaban como fertilizantes para producir alimentos que en muchos casos serían vendidos a la población nativa en los distintos economatos creados por la Compañía.

Dentro del término municipal de Riotinto, la Compañía jamás dio permiso para que ningún individuo realizase una construcción y jamás fue construido nada que no fuese ordenado por ella.

Dentro de la estrategia hegemónica de la Compañía no solo estaba el látigo contra los obreros, sino que también quiso y consiguió dar a conocer que era ella la mano que daba de comer a toda la cuenca, mediante un sinfín de maniobras paternalistas. La Riotinto Company Limited (RTCL) controlaba la vida económica, la política, la distribución de bienes de consumo, el transporte de la población, el espacio común, la educación… Absolutamente, todos los aspectos de la vida cotidiana estaban bajo su dirección. Dentro del término municipal de Riotinto, la Compañía jamás dio permiso para que ningún individuo realizase una construcción y jamás fue construido nada que no fuese ordenado por ella. Miguel Cigues Aparicio publicaba un artículo titulado “El Giblaltar Minero” en El Mundo en 1908, en el que decía “España solo ejerce en Riotinto nominal imperio: suelo y subsuelo, hombres y casas, las autoridades mismas, dependen de los ingleses.”

Construyó escuelas, evangelistas por supuesto, necesitaba acabar con el obrero mixto y crear un obrero que hubiese aprendido qué debía pensar. Construyó hospitales, necesitaba obreros con la salud suficiente para trabajar, pero el servicio médico era descontado del jornal de los trabajadores (peseta facultativa). Construyó economatos, con descuentos para sus trabajadores frente a los comercios locales. Construyó pueblos (Peña del Hierro, La Naya, El Alto de la Mesa, El Valle, Marin, La Atalaya, La Estación de En Medio o La Dehesa…) para que los obreros viviesen cerca de sus tajos, pero muchos desaparecerían devorados por la monstruosa e insaciable mina (La Atalaya, el viejo y auténtico pueblo de Minas de Riotinto), otros serían literalmente desmontados para reutilizar sus piezas (La Naya, La Estación de En Medio, Marin…) y otros, simplemente se convirtieron en ruinas en los más recónditos rincones del olvido (Peña del Hierro). Así, la vida, los pueblos y el color del cielo fueron decididos por los intereses mineros de la Compañía, pues todo estaba a su servicio: el aire, el agua, la tierra, el fuego y, sobre todo, la gente.

Era La Compañía la que sustituyó al terrateniente en sus poderes caciquiles, no sin pocos enfrentamientos entre ellas. Era La Compañía, su director, quién decidía quién era el alcalde, el concejal y el funcionario del Ayuntamiento, llegó a elaborar listas con las personas a las que sus obreros tendrían que votar en las próximas elecciones. Además, creó La Guardiña, un cuerpo de seguridad y represión que velaba por la protección de las propiedades de la empresa e informaba a sus directivos de cualquier movimiento sospechoso entre los mineros más comprometidos y activistas, vigilando también los comportamientos “indebidos”, como podría ser invitar a alguien a tu propia casa sin haber solicitado y recibido el permiso de La Compañía. Ella lo veía todo, lo sabía todo y trataba de controlarlo todo, pero ¿cómo se doma a un minero con conciencia de clase? Los ingleses no lo consiguieron en sus casi 100 años de dominios y a pesar de la multitud de derrotas que sufrieron, nunca consiguieron su rendición.

Todas las casas de aquellos pueblos que estaban sobre los suelos de la Compañía eran también de su propiedad. Ella tenía la potestad de decidir quién vivía en ella, ella era la única que tenía la capacidad de decir si se podía construir o no. Su poder era absoluto en todos los aspectos de la vida cotidiana. Podía expulsar del hogar a cualquiera, porque lo necesitase para otro, porque el rendimiento de sus habitantes no fuese el deseado, porque se hubiese significado políticamente o corriese ese rumor, pero también podría expulsarles de la Cuenca Minera de Riotinto, obligando al exilio a familias enteras. Muchos de los mineros combativos se trasladaban a Nerva, pueblo que tenía una relativamente mayor independencia respecto a la Compañía, por lo que se convirtió en el pueblo con mayor población de la cuenca; y también al Campillo, aunque en menor medida. Por eso, Nerva llego a tener el apodo de Villa de la Libertad y el Campillo, en la II República, recibió el nombre oficial de Salvochea.

La Cuenca Minera de Riotinto alcanzó su máximo poblacional en 1910 con 45.646 habitantes, de los cuales 16.087 vivirían en Nerva, aunque este pueblo alcanzó su mayor población en 1934 con 17.797 habitantes. En 1914 La Compañía tenía 14.208 trabajadores, de los cuales 6.598 eran mineros. Durante los 81 años que duró el colonialismo inglés se extrajeron 112.705.485tm de mineral, casi 6 veces más de lo que reflejó los cálculos en el momento de la compra, de estos se exportó el 37% y se trataron in situ el 63%. Obteniendo beneficios cercanos a los 54 millones de libras, de los que se repartieron a los accionistas hasta 48 millones. Mientras que los obreros a partir de 1887 fueron contratados mensualmente y el jornal se estipulaba según la riqueza del suelo, siendo la media de jornada en ese año es de 16,8 reales diarios con una jornada de 12 horas.

Así, es cómo se forjó la historia de la siempre sangrante Cuenca Minera de Riotinto, aquel lugar donde el rojo de la sangre obrera tiñó un río, que elevó hasta estandarte de la lucha y la memoria. Un río de pueblo que trató de enfrentarse al cielo, una vez tras otra, un pueblo de obreros capaces de mover montañas y de obreras capaces de hacer la huelga cuando los mineros no la hacían, un pueblo con tanta fuerza en su garganta que fue temido y sometido a partes iguales, pero al que no lograron hacer ondear una bandera blanca, porque el blanco nunca ha existido en este lugar del mundo. Ahora que su leyenda es desconocimiento y es olvido, evocar el nombre de su río, Río Tinto, es recordar a todos los nombres que cayeron bajo los insondables escombros del olvido, donde todavía en sus pechos late la esperanza, porque en la Cuenca Minera de Riotinto, las heridas siguen abiertas y son visibles en el corazón vivo arrancado de la tierra.

 El Río Tinto marca el paisaje con la sangre de la historia.

Próximamente “La olvidada Cuenca Minera de Riotinto, historia de lucha y resistencia: El año de los tiros.”

Jesús Pérez López.

Bibliografía:

Carlos Barranco Molina. “Los Puertos Perdidas del Tinto”. Huelva, Universidad de Huelva, 2017.
Emilio M. Romero Macías. “Patrimonio Geológico y Minero. Una apuesta por el desarrollo local sostenible”. Universidad de Huelva.
Mª Paz Díaz Domínguez. “La revolución a través de la Imprenta. Los comienzos de la prensa obrera de Huelva en el siglo XX”. De Re Metallica, 17, 2011, pp 67-74.
Miguel Ángel Collado Aguilar. “La Guerra Civil en Nerva. El drástico final de un proceso de generación de conciencia de clase”. Sarrión, España: Muñoz Moya Editores, S.L, 2015.