Sevilla tuvo un color especial, el rojo.

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Muro de los Navarros, Sevilla. Años 30.

Sevilla tuvo un color especial, el rojo. Sevilla en la Segunda República: Sevilla La Roja, el pequeño Moscú y Casa Cornelio.

A comienzos de los años 30 la situación en la capital andaluza era espeluznante. El incremento de población constante durante años anteriores y la situación de altísimos niveles de paro habían provocado la extensión del hambre y la miseria en prácticamente todos los barrios obreros sevillanos y, especialmente en los arrabales extramuros, fue esta situación la que llevaría a la construcción de un poderoso entramado de solidaridad y de lucha del movimiento obrero representado por sus tres grandes corrientes: comunistas, socialistas y anarquistas. Una lucha que teñiría sus calles con el rojo de su sangre, al igual que su nombre Sevilla, La Roja. Una historia y un nombre que han sido condenados a los cimientos de sus más olvidadas calles y que, al igual que ese “color especial”, ya ni se recuerdan ni se pronuncian.

La crisis agraria y el éxodo rural había provocado que llegasen a Sevilla 71.232 personas entre 1911 y 1920 huyendo del hambre y la miseria que se había instalado en el campo y en el mundo rural. La inmigración sería una constante también durante la década de 1920, pero volvería a alcanzar un punto álgido con la esperada necesidad de trabajadores no cualificados para la construcción de la anunciada y mil veces retrasada Exposición Iberoamericana de 1929. Así, la población de la capital hispalense alcanzó en 1930 los 228.729 habitantes, mientras que su área metropolitana llegaba ya a los 470.000 habitantes. Entre 1930 y 1933 la población se incrementó en 14.672 habitantes.

El 5,51% de la población se encontraba en paro sin subsidios y sin ningún tipo de protección social. El desempleo afectaba a 80.000 personas contando a desempleados, así como a sus familias. 40.000 personas vivían en suburbios y 160.000 personas vivían en “hogares” bajo unas condiciones lamentables. Vivían afinadas en barriadas de aluvión situadas en la zona extramuros de la ciudad, la mayoría de éstas carentes del más mínimo servicio necesario para vivir con dignidad: Amate, La Dársena, El Vacie, Torre Blanca, el Haza del Huesero… y arrabales también extramuros como Árbol Blanco, La Barzola, Bella Vista, Los Carteros, Cerro del Águila, Ciudad Jardín, La Corza, Porvenir, El fontanal, Heliópolis, Barrio de León, Miraflores, Tiro de Línea, Retiro Obrero, San Jerónimo, Torreblanca y Vista Hermoso en 1936.

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Mapa de la Exposición Iberoamericana de 1929. Sevilla.

Los jornales existentes no permitían evadir el hambre. Además, la bajada en el precio de los productos agrarios había provocado que los grandes terratenientes dejasen gran parte de sus tierras sin cultivar, propiciando un incremento de paro en el campo. Se producían continuas riadas del Guadalquivir y sus afluentes, lo que llevaba a empeorar aún más las condiciones de salubridad y habitabilidad en la ciudad, favoreciendo las enfermedades endémicas y/o epidémicas. A esto habría que añadir un altísimo nivel de analfabetismo y de una muy reducida estructura industrial, limitándose a la manufactura del corcho, cerámica, abonos, aceitunas y aceite… y en menor medida industria química, cervecera y de vidrio, además de una modesta industria metalúrgica relacionada en gran medida con los productos agrarios.

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Riada 1930. Alameda de Hércules, Sevilla. Foto: http://derpolingano.blogspot.com.es/2012/10/las-riadas-de-sevilla.html

La Exposición Iberoamericana fue inaugurada el 9 de mayo de 1929 y clausurada el 21 de junio de 1930, con alrededor de 811.975 visitantes, un número muy inferior a las expectativas que las élites económicas y gobiernos habían anunciado fervientemente. Durante la construcción la situación de paro y hambre no se vio aliviada, no al menos en la forma en la que habían previsto las autoridades. En la segunda mitad de 1928 se declaró la huelga en las propias obras de la Expo pidiendo mejoras salariales, a la que se sumaron tipógrafos, panaderos, carpinteros y taxistas. Cuando la exposición finalizó no solo dejó una situación social insoportable, sino que también supuso un brutal endeudamiento de las arcas públicas, especialmente, las del ayuntamiento. Ascendiendo a 105,13 pesetas por habitante.

La idea de realizar la Exposición Iberoamericana en Sevilla partió de un grupo privado que no disponía de recursos financieros por lo que se construyó a partir de subvenciones oficiales, promovidas por el Ayuntamiento y apoyadas por Alfonso XIII. El ayuntamiento sevillano adquirió una deuda de 139 millones de pesetas, al hacerse responsable del 50% de los gastos, y tendría que ser intervenido en 1934. Tan solo se recaudaron 1.623.951 pesetas por entradas y 126.851 pesetas por abonos.

A esta situación de endeudamiento provocado por la construcción de la Exposición y a la falta de un tejido industrial hubo que añadir la crisis provocada por el Crack de 1929. El 24 de octubre, el jueves negro, se inició la Gran Depresión, lo que llevaría a la quiebra de unos 2.000 bancos y a alcanzar un 25 % de paro en EEUU. En el caso de España la crisis capitalista tuvo graves efectos debido a la falta de un tejido industrial potente, puso fin a las inversiones extranjeras, las importaciones habían caído un 9% y las exportaciones un 18% en 1931 respecto a los niveles de 1925. Llevó al endeudamiento familiar y al cierre de empresas, propiciando una mayor acumulación capitalista. Se incrementaron brutalmente las cifras de paro sobre todo en la agricultura y en la construcción. Además, se depreció la peseta, que pasó de 5,85 por $ en 1928 a 7,25 por $ en 1929. En consecuencia, se estableció una política de restricción en la inversión pública. En el caso concreto de Sevilla el diputado radical Miguel García-Bravo Ferrer hablaba de entre 10.000 y 15.000 obreros en paro forzoso, de que en muchas empresas tan solo se trabajaba tres días a la semana y que el consumo de carne se había reducido en 400.000 kg. En los últimos años se habían declarado 27 huelgas agrícolas en la provincia.

La vida de los trabajadores y trabajadoras en los barrios intramuros era infrahumana. La mayor parte vivían en los corrales. Estos eran casas de vecinos de una o dos plantas, a veces tres, con un gran patio rodeado por los módulos residenciales con 8 m2 por habitación. Cada familia disponía de dos módulos, aunque frecuentemente una familia (4-6 personas) vivía en tan solo una habitación. Cada módulo tenía una puerta al patio, pero rara vez poseían ventanas. Los servicios (retrete, agua potable, cocina, lavadero…) eran comunes, lo que favorecería la creación de poderosos lazos de solidaridad vecinal sobre todo entre las mujeres, quienes desarrollaban su vida principalmente en el patio.

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Corral de El Conde, calle Santiago. En pleno centro de Sevilla.

Y llegó la República a Sevilla…

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Vecinos y vecinas de Sevilla festejan la proclamación de la República en la calle Alemanes.

Bajo estas condiciones llegaron las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, las elecciones en la que el pueblo español decidió su libertad. En Sevilla la conjunción republicano-socialista obtuvo 32 concejales con un 57% de los votos, la concentración monárquica obtendría 16, un 27 %, mientras que la unión de liberales y reformistas obtuvo 2, un 12 %. Mientras que el Partido Comunista de España (PCE) alcanzó el 3 % de los votos. Así, Sevilla, así el pueblo trabajador sevillano, proclamaría también, junto a otros pueblos y ciudades, la II República Española, los años de la esperanza para la clase obrera de todos los pueblos del estado. Y en la tarde del 14 de abril de 1931 en la Plaza Nueva el pueblo recibiría con el puño levantado a los tres colores de su esperanza, de su libertad, de su igualdad y de su justicia, los tres colores de la República del pueblo. Primero, se alzó la bandera roja del Cantón de Triana, luego se ondeó la tricolor en el Ayuntamiento, se colocó la bandera roja del centro republicano y finalmente a las cinco y media de la tarde la tricolor ondeante en el astil principal del Ayuntamiento sevillano proclamaba la voluntad del pueblo.

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Concentración en la Plaza Nueva, frente al Ayuntamiento de Sevilla, en la proclamación de la República. La mayor manifestación partió del Centro Republicano situado junto a la calla Laraña, avanzando por Sierpes hasta llegar a la plaza. Fuente: Antonio Blanco Freijeiro, Francisco Morales Padrón. Historia de Sevilla. Universidad de Sevilla.

En Sevilla los barrios obreros se organizaron, destacando dos zonas intramuros: Triana, La Roja, de cierta tradición cantonalista y cuyo movimiento obrero estaba protagonizado por areneros, alfareros, herreros, carpinteros, panaderos, carreros, arrieros… Y el Moscú Sevillano formado por barrios como La Macarena, Feria, Santa Marina, Omnium Santorum, San Román, Puerta de Carmona, Puerta de la Carne y los núcleos de San Roque y San Bernardo, destacando principalmente como corazón de Sevilla, La Roja, los barrios de San Julián y San Marcos.

La actividad obrera en estos barrios sevillanos llevaría a que la ciudad tuviese 6 alcaldes y 16 gobernadores civiles durante los años republicanos. La falta de capacidad de la república para solventar de forma efectiva y rápida los problemas de Sevilla, propiciaron un incremento en la conflictividad social para alcanzar la meta de una vida digna. En noviembre de 1931 los anarcosindicalistas bajo las siglas de la CNT contaban con 25.912 militantes (30,8% de la población activa), los comunistas con su primera base sindical, la Unión Local de Sindicatos (ULS), contaban con 13.970 militantes y la UGT con 3.879, además de 6.118 de las centrales autónomas.

La CNT controlaba los gremios de la alimentación, la construcción y la madera, la ULS predominaba en los obreros portuarios, dependientes de bebidas y similares, metalurgia y química. Los primeros tenían una importante presencia en el barrio de San Julián, mientras que los comunistas lo hacían en el barrio de La Macarena. Y mantuvieron entre ellos una pugna dura y larga por el control del movimiento obrero para llevarlo a la emancipación. Mientras la UGT controlaba las artes gráficas y los empleados de banca y ahorro.

Sevilla, La roja.

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Sevilla terminaría convirtiéndose en el principal foco comunista de España, fue en Sevilla donde el PCE celebraría su única asamblea legal antes de la Guerra Nacional Revolucionaria, el IV Congreso Nacional, presidido por José Díaz en marzo de 1932 al que asistirían 152 delegados. También fue en Sevilla donde se lograría el primer diputado comunista a Cortés, José Antonio Balbontín.

El 15 de abril de 1931, un día después de que el pueblo trabajador recibiese con esperanza a la II República, la CNT convoca una manifestación. Durante su mitin final, se producirían cargas policiales, justificadas en que no estaba autorizado. Esto condujo a que se asaltasen varias tiendas de armas y a que se intentase asaltar el cuartel del Regimiento de Soria con el grito de “¡abajo el ejército!”. 3 muertos y unos 20 heridos. El 16 de abril llegó a Sevilla el nuevo capitán general, Miguel Cabanellas, quien decretaría el Estado de Guerra hasta el 18 de abril. Se asalta la cárcel de Pópulo liberando a los presos políticos y a los presos comunes, la sede de El Correo de Andalucía es destruida y varios centros monárquicos son quemados.

Para el 21 de abril se habían planteado 4 huelgas. El 1 de mayo, día de la clase obrera, en el mitin del PCE se pide el desarme de los cuerpos de seguridad y armar al proletariado, la CNT, por su parte, reclama la jornada de 6 h contra la crisis de trabajo. El 12 de mayo el capitán general Cabanellas vuelve a declarar el Estado de Guerra y se clausuran los locales de ambas organizaciones. Tanto el capitán, como el gobernador y el alcalde prohíben los mítines del PCE y le niegan locales.

Sevilla, la Verde y Blanca.

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Blas Infante, padre de la Patria Andaluza, realizó diversos viajes iniciáticos por el norte de África y el mundo árabe buscando las raíces culturales de Andalucía. Incluida la tumba del Rey poeta sevillano, Al Mutamid.

El 19 de junio de 1931 El Liberal divulgaba la candidatura Republicano Revolucionario Federalista andaluz para las elecciones de las Cortes Constituyentes, formada por Ramón Franco (aviador y hermano de Franco), Antonio Rexach (capitán de la aviación), Pablo Rada (mecánico), Blas Infante, Pascual Carrión, José Antonio Balbontín, Pedro Vallina (anarquista). El día 23 de junio dos avionetas particulares pintadas con un “Viva Andalucía” en rojo sobrevuelan Sevilla, pilotadas por Ramón Franco y Antonio Rexach. Desde éstas se lanzan octavillas firmadas por los candidatos en las que se pedía una revolución para hacer la verdadera República sobre la base del estudio de la tierra, la reforma de la enseñanza y la justicia para el pueblo, bajo el lema de Andalucía Libre.

El día 25 de junio se publicaba en prensa el programa del partido en cuyos puntos destacaban la proclamación del Estado y de la República Andaluzas, la expropiación de los latifundios, la abolición del salariado o la delegación en el Estado Andaluz del Protectorado de Marruecos y de la relación con los pueblos de Oriente. En Lora del Río se produciría el hundimiento del escenario durante la celebración de un mitin, al tiempo que se prohíbe la propaganda aérea. El día 27 el ministro de la gobernación, Miguel Maura, envió a Sevilla al general José Sanjurjo, para emplear todas las medidas necesarias con el objeto de mantener el orden en las elecciones constituyentes del día 28. El general sacó columnas militares el día anterior a las elecciones y ordenó la detención de los cabos de la tropa por la Guardia Civil y el despido de 250 obreros mecánicos de la base de Tablada. De esta forma, la base militar fue pacificada y todos sus elementos más o menos revolucionarios silenciados. Maura afirmó que se preparaba una marcha sobre Sevilla de los obreros del campo y que el comandante Ramón Franco había preparada aviones para sobrevolar Sevilla y lanzar propaganda. Hablaba de un complot orquestado por elementos sindicalistas y otros que se decían comunistas para proclamar la revolución social y el Estado libre en toda Andalucía. Los candidatos del partido denunciaron manipulación en las elecciones y exigieron la invalidación de sus resultados en Sevilla.

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Uno de los orígenes del andalucismo está en el proyecto constituyente en base a los pactos de Antequera en 1883.

Sin embargo, como afirma el historiador Manuel Ruiz Romero, el complot de Tablada no fue más que una maniobra de los elementos más reaccionarios, monárquicos y/o fascistas para boicotear una candidatura que promovía una Andalucía Libre y una revolución social, atacando al pilar fundamental del estado, su unidad. Logrando, a su vez, impedir el avance de la República hacia la izquierda, al tiempo que ensayaban sus movimientos para golpear a la II República Española hasta su caída definitiva tras el desenlace de la Guerra Nacional Revolucionaria.

Pasaron dos meses desde la proclamación de la República y llegó, como una tempestad sobre la pradera, el julio revolucionario de 1931. El día 7 de julio comenzó la huelga de lecheros, al día siguiente la de telefónica y el día 10, los pintores, el día 13 la huelga se extendió a los metalúrgicos. En los días previos albañiles, aceituneros, canteros, marmolistas, cerveceros y obreros de La Dársena y de la Industria química habían acudido a los paros convocados por la CNT. El 18 de Julio de 1936, 5 años antes del golpe militar de estado, de clase y de género, moría un obrero cenetista de La Cruz del Campo, Antonio González Prieto con 26 años, como resultado el día 20 una masa obrera enlutada por el dolor y el sacrificio recorrió las calles sevillanas para despedirse de un compañero. Después de ser disueltos en varias ocasiones, se reagruparon en la calle Relator y comenzó el tiroteo entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad del cuartel de la Alameda. Después de la intervención de los fusiles de la Guardia Civil, los manifestantes se dispersaron, dejando sobre las calles 4 cuerpos ya sin vida. A las 4 de la tarde se alcanza el centenar de presos. Por la tarde, otras nueve gargantas caerían en el eterno silencio de la noche. Al día siguiente ya había 200 presos, cuando esta oleada represiva terminó, se habían alcanzado los mil.

Como respuesta, los anarquistas y los comunistas del ULS convocan conjuntamente una Huelga General. Esta huelga se iniciaría el día 20 y también sería una huelga agraria, por lo que una gran cantidad de pueblos la secundaron: Osuna, La Rinconada, Burguillos, Los Palacios, Carmona, El visio del Alcor, La Algaba, Alcalá de Guadaira, La Campana… En Aznalcóllar se intentó prender fuego al cuartel de la Guardia Civil y en Dos Hermanas se intentó asaltar, mientras que en Utrera se intentó asaltar una fábrica de tejidos y el cuartel de carabineros.

Por su Parte en Sevilla, los tranvías eran custodiados y conducidos por soldados, no había taxis ni vehículos particulares. El día 21 aviones con ametralladoras sobrevolaron la ciudad para evitar que los obreros y obreras agrediesen a quienes patrullaban las calles desde los edificios. En las azoteas más altas los soldados pusieron puestos de vigilancia militar. Se cacheaban a los viandantes y la cárcel tuvo que ser protegida con ametralladoras. El día 22 Leopoldo Ruiz Trillo, General de la División, declaró el Estado de Guerra en toda la provincia hispalense. La CNT es declarada fuera de la ley, sus locales son clausurados, los miembros de sus comités perseguidos… Se crea la Guardia Cívica para “preservar el orden”, el gobernador les permite ir armados a pesar de ser elementos fascistas y antirrepublicanos como Ramos Paúl, Murube, El Algabeño, Parias, Parladé, Galnares, Ibarra

Entre los muertos, a al menos 4 personas se les aplicó la “Ley de Fugas”, aunque en la versión oficial fue el producto de un tiroteo contra quienes pretendían liberar a los presos durante un traslado. El responsable del traslado fue el capitán de infantería Manuel Díaz Criado, de la Legión, actuando como guardia cívico y vestido de paisano, años más tarde sería delegado de Orden Público bajo el mandato de Queipo. Con 800 presos en la Prisión del Pópulo (doble de su capacidad), los sótanos de la plaza de España tuvieron que convertirse en prisiones, al igual que el vapor Vizcaya, de la Cía. Ybarra.

El julio revolucionario se cobraría la vida de 22 personas y la represión del movimiento obrero sevillano, especialmente en los barrios del Moscú Sevillano, destacando el caso de la Casa Cornelio, taberna mítica que estaba situada en la Macarena y que se había convertido en el lugar de reunión de comunistas, socialistas, anarquistas y muchos otros colectivos de izquierda, contando entre sus filas al propio José Díaz, histórico dirigente del Partido comunista.

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Casa Cornelio, lugar de referencia de Sevilla La Roja, destruido a cañonazos.

La taberna fue creada a finales del siglo XIX por Cornelio Mazón, procedente de Santander. Ya en los años de la república había pasado a mano de sus hijos: Ramón Mazón, que en los años 20 sería director de Solidaridad Obrera y un importante militante del PCE y que terminaría exiliándose; y Francisco Mazón, quien sería fusilado con 40 años el 19 de julio de 1936 al intentar salvar a un camarero.

El 21 de julio de 1931 se exige al ministro de la Gobernación, Manuel Maura, que dé una solución a los conflictos sociales, laborales y políticos que están teniendo lugar en Sevilla, especialmente durante la Huelga Revolucionaria. Así, el 23 de julio de 1931 se recibió el aviso para hacer desaparecer de la historia la Casa Cornelio, donde se habían refugiado varios anarquistas durante la huelga. Estos fueron detenidos. A las pocas horas se avisa a la familia propietaria de la taberna para que lleven a cabo el desalojo de todo lo que tenga valor, algo que tuvieron que hacer en muy poco tiempo, y el gobernador militar, Ruiz Trillo, da la orden, por lo que a las 16:00 h del día 23 de julio de 1931 las calles son cortadas y ocupadas por la Guardia Civil y la caballería del Ejército, y a las 17:25 h comienzan a lanzarse cañonazos contra el edificio, las granadas rompedoras rápidamente hacen sus efectos y después de al menos 22 cañonazos, el mítico lugar de encuentro del movimiento obrero sevillano desapareció de sus calles, se desvaneció de su memoria y quedó sepultado bajo la noche del olvido. Curiosamente, el lugar que ocupaba aquella taberna de ideas y de esperanzas hoy está ocupado por una poderosa basílica de honda raíz y más profunda sangre, ese mismo lugar que hoy da sepultura al asesino y al monstruo Gonzalo Queipo de Llano.

En mayo de 1932 la CNT convocó una nueva Huelga General. En la provincia de Sevilla 27 pueblos levantaron su garganta y su bandera. Entre los días 16 y 26 de mayo se descubren depósitos de armas y explosivos en la capital hispalense. La huelga termina el 31 de mayo. La Guardia de Asalto había sido desplegada, todos los centros anarcosindicalistas fueron cerrados en todos los pueblos de la provincia y todos sus dirigentes fueron arrestados. La supremacía anarcosindical en el campo andaluz se vio fuertemente mermada. El 16 de junio de 1932 estalló otra huelga de breve duración.

La Sanjurjada.

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Sanjurjo, el 20 de julio de 1936, minutos antes de abordar, en Estoril, Portugal, la avioneta Puss Moth, en la que después se mataría.

En la madrugada del 10 de agosto de 1932, se produjo el primer intento y ensayo de golpe militar contra la república, la conocida como La Sanjurjada. Esta intentona también fracasa, especialmente porque el gobierno de la República contaba con información sobre el desarrollo del mismo. En Madrid los regimiento no se sublevarían. Franco a última hora decidiría no sublevarse en La Coruña. Sevilla es la única ciudad donde la intentona golpista perdura durante más tiempo, pero también sería el pueblo sevillano el primero en entregar su sangre para defender la libertad y la democracia de la República frente a los elementos fascistas, militares, terratenientes y burgueses.

El golpe fue dirigido en Sevilla por el general José Sanjurjo y por el general García de la Herrán, además de otros oficiales. Inicialmente, trataron de convencer al gobernador civil y a uno de los regimientos de la ciudad, pero fracasarían. En la Plaza de España lograrían sublevar a sus guardias civiles y harían lo mismo con las fuerzas del cuartel de zapadores, al cabo del tiempo el resto de las unidades militares destinadas en Sevilla se van uniendo al golpe de estado, salvo el aeródromo de Tablada, el mismo aeródromo que jugaría un papel crucial en los bombardeos y las derrotas de los pueblos andaluces que intentarían resistir frente al avance fascista 4 años después. En la mañana del 10 de agosto, Sanjurjo declaró el Estado de Guerra en toda la región andaluza y se hizo con el control de la ciudad de Sevilla.

El bando militar del general decía: “Queda declarado el estado de guerra en toda la región andaluza, con las consecuencias que dicho estado lleva consigo. Como Capitán General de Andalucía, asumo el mando concentrado en mi autoridad de todos los poderes. Así como Dios me permitió llevar al Ejército español a la Victoria en los campos africanos, ahorrando el derramamiento de sangre moza, confío en que también hoy me será permitido, con mi actitud, llevar la tranquilidad a muchos hogares humildes, y la paz a todos los Espíritus. ¡Viva España Única e inmortal!”

Sin embargo, el pueblo trabajador sevillano supo reaccionar como siempre lo había hecho, e inmediatamente en el momento en el que se tuvieron noticias de la sublevación militar y fascista contra la República, comunistas y anarquistas declararon la Huelga General, una huelga general que ni siquiera Sanjurjo fue capaz de controlar. Y resonó la voz de un pueblo que hacía demasiado poco que había empezado a hablar y su grito fue unánime, aún antes de que el gran grito de Madrid de 1936 fuese escrito y forjado sobre los cuerpos de los pueblos de España, en Sevilla se gritó sin pronunciarlo: No pasarán, lo dijo ya un pueblo del sur en 1932 y lo sembró con su sangre, la sangre de 10 muertos y 18 heridos.

Desde Madrid el gobierno de la República envió columnas militares para acabar con los facciosos en Sevilla. A la 01:00 h del 11 de agosto de 1932 los oficiales de la guarnición le comunican a Sanjurjo que no se enfrentarían a las columnas gubernamentales. Sanjurjo, García de la Herrán y el teniente coronel Emilio Esteban, intentan huir a Portugal, pero son detenidos en Ayamonte (Huelva). Sanjurjo sería condenado a muerte por un consejo de Guerra, pero la pena sería conmutada por la de cadena perpetua por decreto del presidente de la República, Manuel Azaña. Sin embargo, más tarde, tras la victoria en noviembre de 1933 de las derechas y la reacción, el gobierno de Lerroux concedería la amnistía a todos los militares implicados en la Sanjurjada. Sanjurjo se habría convertido en el “jefe” de la sublevación militar y fascista contra el pueblo en 1936, pero el 20 de julio de 1936 la avioneta en la que volaba hacia Burgos, donde asumiría el mando del golpe de Estado, clase y género, sufriría un accidente en el que Sanjurjo moriría.

Con las elecciones del 19 de noviembre de 1933 la Unión de Derechas con la CEDA en la cabeza alcanzaban el gobierno de la República. Este acontecimiento supuso el fin de la esperanza reformista de la II República, una brutal represión del movimiento obrero y el favorecimiento de los grupos fascistas en las calles.

Ya en 1932, en el mitin celebrado en la Sevilla Roja el 21 de febrero, José Díaz se convertía en el primer comunista español y en la primera persona en lanzar una clara advertencia desde un estrado frente a la seria amenaza del peligro fascista, antes de que Hitler llegase a la cancillería alemana. Y no se equivocaba como la historia demostró. Desde la creación de la Falange Española en 1933 y especialmente desde su fusión con las JONS en 1934, la dialéctica de los fascistas españoles era la de las pistolas y la violencia extrema tratando de crear el clima propicio para un golpe de estado. En Sevilla la situación no fue menos y, sobre todo entre 1935 y 1936 los ataques fascistas contra las organizaciones obreras fueron continuos, pero estas no duraron en ejercer su autodefensa. Eduardo Rivas López y Jerónimo Pérez de la Rosa, dos fascistas de historial, murieron a tiros en la calle San Vicente el 6 de noviembre de 1935. Un historial tan fascista que la calle dedicada a Eduardo Rivas en Sevilla ha cambiado de nombre con el voto de PSOE, Participa Sevilla, IU y ¡PP y Ciudadanos!

En 1934 las organizaciones obreras decidieron pasar a la acción conjunta en todos los pueblos del estado, sin embargo, la situación insoportable en el campo llevó a que el llamamiento a la huelga se adelantase a junio en una Huelga General Agraria que duraría desde el 5 al 17 de junio para aprovechar que era el tiempo de la cosecha. Las consecuencias fueron la brutal represión de los obreros y obreras de la tierra y el desmantelamiento de sus organizaciones de clase, principalmente de la Federación Española de Trabajadores de la Tierra (FETT). En algunas ciudades los obreros industriales se unirían en una huelga en solidaridad con el campo andaluz, este fue el caso de Sevilla capital en el que UGT, CNT y los comunistas se unirían en un llamamiento conjunto para tratar de apoyar a sus hermanos proletarios del campo. En el campo andaluz y extremeño se podría decir que en 1935 se había vuelto al viejo orden rural que se había intentado subvertir y logrado en una pequeña parte.

El gobierno de contrarrevolución preventiva había propiciado el clima necesario para que germinase la temida y deseosa unidad del proletariado, como se demostró en la Revolución de Asturias. La amenaza contra la libertad, la democracia y la justicia social de la República se había mostrado tal y como era: miles de presos, muertos, asesinados, miseria, hambre, injusticia, persecuciones, clausuras de las casas del pueblo, contrarreformas… Así, en enero de 1936 del mismo corazón de todos los pueblos del estado brotaba como una espléndida primavera sobre la escarcha del invierno y como una tempestad contra los yugos y las cadenas, el Frente Popular. Y en las elecciones del 16 de febrero de 1936, las últimas elecciones libres, el pueblo trabajador, bajo su nuevo nombre, alcanzaba la victoria. En Sevilla capital, con una participación del 90,1% (en 1933 había sido del 55,6%) al no pedir la abstención los anarquistas, el Frente Popular obtendría 74.125 votos, el 62,9%, mientras que las derechas lograrían 43.214 votos, el 36,9%.

Tras la victoria del Frente Popular y durante los meses hasta el golpe fascista contra el pueblo en 1936 se declararon en la provincia tan solo 22 huelgas, frente a las 75 realizadas en 1932 y las 60, en 1933. Y en la capital hispalense 13 en 1936, frente a las 67 de 1931, 23 de 1932, 27 de 1933, 9 de 1934 y 4 en 1935. En cuanto a los niveles de afiliación encontramos que, a la altura de 1936, la ULS se convertía en el líder de la sindicación sevillana, junto a la CNT, con 15.000 afiliados, alcanzándose los 30.000 si sumamos las agrupaciones autónomas afines, mientras que la CNT contaba con 18.651 militantes.

El 12 de mayo de 1936 José María Varela Rendueles pasaría ser el decimocuarto gobernador civil de Sevilla durante la República. Cuando le fue anunciado dicho traslado, se alarmó: Sevilla era por entonces la provincia más conflictiva y su gobierno el de mayor responsabilidad. Había una multitud de huelgas: la de los inquilinos contra los alquileres, la de los usurarios de la luz eléctrica, la de los viajeros de tranvías, la de los obreros de CAMPSA, la de los empleados de espectáculos y de operadores cinematográficos, la de los metalúrgicos, la de los campesinos, la de los pastores… Si se pedía ayuda a los bomberos a intervenir en la huelga de inquilinos, se negaban porque ellos también vivían de alquiler, cuando se les pedía a los Guardias de Asalto, tenían que amenazarles con el despido para que cumpliesen… La clase obrera se sentía con capacidad para alcanzar el poder real y trató de forzar a su nuevo gobierno a no dar ni un paso atrás frente al chantaje y la intimidación de la burguesía y de los sectores reaccionarios y fascistas.

Y llegó la voz de la muerte anunciando la negra noche sobre España en la madrugada del 18 de julio y sobre Sevilla pasaron desolándola, arrastrando la voz y la palabra, la razón y la justicia, las lágrimas y la vida. Sevilla la Roja: el Moscú Sevillano y Triana la Roja trataron de resistir como pudieron, pero en Sevilla la traición y la mentira se combinaron y entretejieron con el factor sorpresa y el retraso en el paso a la acción del gobierno de la República, junto con el desgaste que habían sufrido todas las organizaciones obreras se tradujo en una rápida victoria para los facciosos y en una amarga y cruel derrota para el pueblo trabajador y leal de Sevilla.

Aunque esto ya es parte de otra historia Queipo de Llano consiguió engañar a muchos y en poco tiempo consiguió expulsar a los militares leales y subvertir a las tropas, al poco tiempo llegó a contar con 3.600 hombres: 681 de artillería, 219 de intendencia, 307 zapadores, 138 guardias civiles, 424 de caballería… 1.500 falangistas, 900 requetés. Sin embargo, el único cuerpo armado sevillano que se mantuvo activamente a favor de la República fue la Guardia de Asalto, cuyo cuartel se encontraba en la Alameda de Hércules, y que contaban con 500 hombres quienes no solo trataron de impedir el avance fascista, sino que también entregaron armas al pueblo organizado para tratar de permitir la resistencia y frenar el golpe, para no solo salvar Sevilla de ese monstruo sino para salvar a todos los pueblos del estado.

No obstante, el sueño de resistir se quebró definitivamente cuando la última esperanza para Sevilla y para todos los pueblos de España y también para todos los pueblos del mundo, que vieron en esta resistencia la suya propia, fue traicionada y la columna minera de los héroes de Riotinto derrotada en una emboscada tramada por Halo Lumbreras, quien se había unido a ella junto a otros guardias civiles para supuestamente defender la legalidad republicana. Ellos, los nuestros, cayeron sobre el cielo ya muertos, cayeron sin nombres sobre los grandes y legendarios barrios de Sevilla, ellos no pudieron salvar Sevilla y Sevilla murió junto a su pueblo de héroes y heroínas el día 22 de julio de 1936 y tanto su nombre como su color fueron borrados con luto y amargura.

Sevilla

Monolito de homenaje a los asesinados por el fascismo en la muralla de La Macarena, Sevilla

Sevilla tuvo un color especial, el color de las amapolas y de la sangre, un color que los fascistas de entonces trataron de borrar y que los de ahora tratan de mantener oculto. Un color bajo los adoquines y las fachadas, un color que grita y que muere por germinar entre las gargantas sevillanas. Un color tan temido por los facciosos que tuvieron que asegurarse de cultivar el terror más absoluto en todos y cada uno de los barrios rojos convirtiéndolos en lugares de fusilamiento: las murallas de la Macarena, Triana, en el Pumarejo con el asesinato de Isabel Atienza, Amate, Ciudad Jardín… Un color que estuvo tan impregnado en sus calles y edificios, que estos tuvieron que desaparecer. Por ese color donde antes estuvo el sitio de reunión del movimiento obrero, Casa Cornelio, hoy se levanta la Basílica de la Macarena y la tumba del asesino Queipo. Por ese color no queda rastro del cuartel del Grupo 5º de la Guardia de Asalto en la Alameda. Por eso color el franquismo trató de demoler el Moscú Sevillano, especialmente y casi en su totalidad el barrio de San Julián, para hacer desaparecer aquel emblema de la resistencia sevillana, para hacer desaparecer a la clase obrera del centro sevillano trasladándola y dispersándola en nuevas barriadas. Ese color que fue desterrado a los subsuelos de una ciudad, una ciudad que parece haber perdido la conciencia de su propia historia, pero que al menos aún recuerda que tuvo un color especial, un color hecho de nombres y de historias.

Jesús Pérez López.

 

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