1975: Euskal Herria, las víctimas invisibles (2ª parte)

1975.: Euskal Herria, las víctimas invisibles. Segunda parte de la serie sobre el terrorismo de Estado en Euskal Herria. Pincha aquí para leer la primera parte.

1975 VÍCTIMAS INVISIBLES EUSKAL HERRIA.
Autodenominados el “brazo armado de Fuerza Nueva” también reivindicaron la autoría del atentado contra la Librería Mugalde.

Recortes de prensa de 1975 sobre las víctimas invisibles de Euskal Herria.

1975. Primeros coletazos de los grupos parapoliciales de extrema derecha que supondrían la antesala del terrorismo de estado diseñado para EuskalHerria.

Francisco Franco era a duras penas mantenido con vida. Carrero Blanco había saltado por los aires en un atentado de ETA y “el carnicerito de Málaga”, Arias Navarro, no era sino una figurita a la que se premiaba, en el languidecer del franquismo como tal, con una presidencia que añadir a su curriculum. Así, se había dejado todo atado y bien atado pasando el testigo de la jefatura de estado a Don Juan Carlos de Borbón. La represión política y policial eran una constante este ultimo año de vida del dictador, pero la actividad de GRAPO (cinco victimas mortales causadas), FRAP (cuatro victimas) y sobretodo ETA, también iban en aumento. Los atentados y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad de estos últimos dejaron en 1975 un balance de 13 uniformados, un alcalde franquista (el de Oiartzun) y 2 civiles, acusados de confidentes, muertos. Hasta qué punto eran ultraderechistas que iban por libre o desde el inicio recibían órdenes del estado o de mandos policiales, es una incógnita, pero el hecho es que alguien decidió que no era suficiente con los militares, la Policía Armada o la Guardia Civil, dando paso a los primeros coletazos de lo que pronto se transformaría en las siglas de los grupúsculos que iban a formar el entramado del terrorismo de estado y sus cloacas.

1975: Asesinatos e impunidad en el ocaso del franquismo.

De todos estos asesinatos, apenas cinco vieron iniciar algún proceso judicial, pero todos ellos acabaron en sobreseimiento o absolución.

Antes de meternos de lleno en la crónica de esas primeras acciones, como contraposición a la actividad de las organizaciones antes mencionadas que operaban mediante su lucha armada por entonces, convendría repasar los fríos números que nos dan una idea de la situación de violencia y represión que podía palparse en las calles. Y es que aparte de la evidente falta de libertades individuales y colectivas implícitas al franquismo, en 1975, seis militantes de ETA murieron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, dos, “Txiki” y  Otaegi, fueron fusilados aquel 27 de septiembre, al igual que los FRAP Baena, Sánchez -Bravo y García , a pesar de la petición de indulto por parte de la ONU y el Vaticano y teniendo como consecuencia la retirada de 16 embajadores de Madrid, la quema de la embajada española en Lisboa o la expulsión de la ONU que para España solicitaría el representante mexicano. En A Coruña fue ejecutado en una emboscada el emblemático militante de UPG Moncho Reboiras. Fueron asesinados varios militantes de base de organizaciones políticas, tales como Antonio González , militante del PUCC detenido por tenencia de material comunista, asesinado a golpes por el inspector Matute, experto karateka que puso en practica sus conocimientos usando al tinerfeño como sparring hasta dejar su cadáver en una cuneta, Koldo López de Guereñu , de 18 años, militante de EGAM asesinado de un disparo en el cuello cuando huía de la Guardia Civil en Beasain , Jesusmari García Ripalda, de EMK, que recibió un disparo a bocajarro en el vientre por parte de un BPS en el transcurso de una manifestación en Donosti, o Victor Manuel Pérez Elexpe, militante del PCE asesinado en Portugalete de dos disparos en la espalda por un Guardia Civil de paisano, cuando repartía octavillas en solidaridad con los trabajadores de una empresa navarra. En Gernika, en una operación contra un comando de ETA, fueron ejecutados en su casa Iñaki Garai y Blanca Salegi, matrimonio que daba cobijo a los fugitivos. Por si esto no fuera suficiente, al menos 20 personas (de todo no hay listados oficiales) sin vinculación alguna con la política, fueron asesinadas aquel año a lo largo y ancho del estado. No parece casual que 15 de ellos lo fueran en Euskal Herria… Los “controles de la muerte” de la Policía Armada y la Guardia Civil se llevaron por delante a un chaval de 13 años en Calella (Barcelona), a una turista alemana en Donosti, a dos jóvenes en Lezama (Bizkaia) y Legutiano (Araba), a un navarro de Luzaide que volvía a casa tras echar la quiniela y que casualmente tenia como inquilinos en su casa a dos miembros de la Benemérita, o a 4 niños de 3 a 7 años y al conductor de la furgoneta en la que viajaban en Erandio (Bizkaia), caso justificado por la prensa franquista con el comodín de que eran gitanos y venían de robar ganado. Un pescador furtivo en Adeje (Tenerife), un chaval de 18 años en Sabadell (Barcelona) que salía corriendo de un portal tras una discusión en casa de su novia e hizo “caso omiso” al alto de un policía, un obrero asesinado por un Guardia Civil en pijama dispuesto a reprimir por su cuenta una manifestación en Vigo con motivo del 1 de mayo, discusiones de bar resueltas a tiros, en Bilbao por un guardia civil y en Madrid por un Policía Armada(casualmente la victima era vasco), un centinela de la base vitoriana de Araca que disparaba al bulto…Kepa Tolosa, estaba dentro del coche con su novia, dándose besitos, en Beasain, cuando vieron acercarse a unos extraños. Puso el motor en marcha y fue acribillado por no adivinar que eran guardias civiles de paisano en vez de ladrones, como pensó. Alfredo San Sebastián fue asesinado a las puertas de una discoteca de Mungia por un guardia civil. Estaba cantando en euskera. Se iba a casar y estaba celebrando su propia despedida de soltero, no la despedida de la vida. Sin salir de Bizkaia, en Ondarroa, murieron dos de sus habitantes en menos de un mes. Francisca Saizar (86 años) en el asalto de su casa por parte de la guardia civil, que buscaba a su nieto. En cuanto a Koldo Arriola, de 18 años, celebraba haber terminado COU. Hijo de los dueños del bar en el que a diario tomaban el cafecito los números de la guardia civil, fueron estos los que le hicieron pasar al cuartel aquella noche. Sus dos amigos, a los que no dejaron entrar, lo vieron salir y desplomarse con un disparo en el corazón. De todos estos asesinatos, apenas cinco vieron iniciar algún proceso judicial, pero todos ellos acabaron en sobreseimiento o absolución. A pesar de tal impunidad, tampoco bastaba con estos métodos. Hacía falta algo más , algo que amedrentase a un pueblo que se resistía a agachar la cabeza ante tal atropello. Algo no tan reconocible como un uniforme oficial, un enemigo que atemorizase sin poder ser identificado. Así las cosas, la maquinaria del terror ultraderechista diseñada para “el norte” se puso en marcha en abril de 1975, cuando la librería Mugalde de Hendaia, descrita un año antes por el ABC como “propiedad de ETA”, sufrió un primer atentado por medio de una bomba que causó además el destrozo de tres vehículos. Un mes después sufriría un segundo atentado similar. En solo seis días del mes de mayo hubo 31 atentados contra vehículos, bares, sedes de colectivos, ikastolas…cualquier cosa que se vinculase al mundo abertzale. En Ondarroa incluso ametrallaron, estando en su coche, a un sacerdote que había sido absuelto de la acusación de colaborar con ETA. En los meses de junio y julio fue “Nafarroa”, otra librería de Iparralde, la que sufrió sendos atentados mediante bomba. En agosto fue ametrallada una furgoneta con 15 refugiados vascos que volvían de Baiona de una manifestación contra el franquismo. Pero faltaba dar un paso más, el de causar víctimas mortales…

1975: Primera víctima mortal.

Tras alrededor de 50 atentados ultras en Euskal Herria en 1975, nadie fue detenido, juzgado ni condenado.

1975 EUSKAL HERRIA VÍCTIMAS INVISIBLES.
Iñaki Etxabe Orobengoa.

El “Etxabe-enea”, en el alto de Kanpazar, entre Elorrio y Arrasate, ya había sufrido dos explosiones previamente, el 12 de mayo y a finales de julio. El restaurante que llevaban otros dos hermanos Etxabe en Baiona, había corrido la misma suerte en junio. El 4 de octubre incendiaron el coche de Juanjo Etxabe en Donibane Lohitzune. Era el precio por estar vinculado a ETA. Precio a pagar por uno mismo o por cualquier familiar. Solo un día después, el 5 de octubre de 1975, tras un atentado de ETA contra la Guardia Civil de Oñati, tres encapuchados entraron en el Hostal- Restaurante que regentaban Luis e Iñaki, echando botes de humo al grito de”¡todos al suelo!”. Se dirigieron hacia Luis diciéndole “venimos a por vosotros” mientras ametrallaban el local. Luis escapó, pero en ese momento, su hermano, Iñaki Etxabe Orobengoa (39 años, tres hijos de corta edad) salió de la cocina y fue ametrallado. La acción fue reivindicada un año después por el comando Beldarrain del grupo paramilitar ultraderechista BVE (batallón vasco-español). En el entierro, la familia y allegados tuvieron que acompañar el cadáver mientras eran apuntados, metralleta en mano, por un grupo de guardias civiles. Y así, como chiste malo del franquismo, resulta que un mes después a la familia Etxabe le llegó la factura de la autopsia de Iñaki, aunque la propia autopsia ni les dejaran verla. El gobierno español jamás ha reconocido como víctima del terrorismo a Iñaki. En 2013 su familia seguía solicitándolo, pero se toparon con una nueva negativa, lo cual significa que además de ver como nada se ha hecho por esclarecer el caso, no recibirán ninguna indemnización. El calvario para la familia Etxabe no queda ahí. En 1978, en Donibane Lohitzune, tres mercenarios bajo las siglas de la Triple A, ametrallaron a Juanjo y a su pareja, Agurtzane Arregi. Etxabe pudo salvar la vida, no así ella, muerta en el acto con 11 impactos de bala alojados en su cuerpo. Este primer asesinato en el haber de los grupos de ultraderecha trajo consigo el segundo. Fue solo una semana después, el 12 de octubre. Germán Agirre Irualegi (38 años, dos hijos) era natural de Bergara pero taxista en Arrasate- Mondragón. Era cliente del “Etxabe-enea” y reconoció entre los autores del atentado al menos a un guardia civil que conocía de vista. Seria encontrado cerca del cuartel de Legutiano, Araba, en el interior de su taxi y con tres disparos en la cabeza. Otro chiste malo resultaría el hecho de que el amago de investigación del asesinato de Germán corriese a cargo del señor Antonio Tejero…sí , el del 23f. Curiosamente, en los listados de la AVT aparece como víctima de ETA, aunque en el alto Deba se sepa muy bien el color de quien lo mató y porqué. Será, por tanto, uno de esos 300 sin esclarecer de los que tanto hablan algunos, omitiendo, que si no se esclarece, seguramente sea porque los autores gozaron y gozan de la protección del estado, como deja bien claro el hecho de que tras alrededor de 50 atentados ultras en Euskal Herria en 1975, nadie fuese detenido, juzgado ni condenado.

Eder Mitxelena Foronda.

Segunda parte de la serie sobre Víctimas invisibles en Euskal Herria. Pronto más artículos.

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