Israel, la enésima excusa para no apoyar el Procés.

El procés

En Palafolls (Maresme), contra la procesión fascista de los legionarios. CDR Maresme. 30 de Marzo 2018.

Israel, la enésima excusa para no apoyar el Procés. Contradicciones por la izquierda.

Sí, ya lo sabemos, Carles Puigdemont tiene simpatías por el Ente Sionista de Israel al igual que otras figuras destacadas del PdCAT y de ERC. Era algo que sabía desde el minuto cero del inicio del “procés” y no, a mí personalmente no me supuso ningún problema para apoyarlo incondicionalmente.

Para un marxista-leninista declarado como yo me defino, el apoyo a la República Catalana y al “procés” no se hace porque este de acuerdo con las políticas liberales del PdCAT o los “patinajes ideológicos” de la CUP para con la agresión imperialista que sufre Siria.

“Aunque la dirección del “procés” pertenezca a la pequeña y mediana burguesía catalana cuando subes el enfoque y lo miras dentro de la globalidad del Estado español estamos sin duda antes un proceso objetivamente progresista.”

El apoyo lo circunscribo en algo que escribió Josef Stalin en el Capítulo VI “La Cuestión Nacional” de su obra “Los Fundamentos del Leninismo”, aunque un proceso de liberación nacional este dirigido por la burguesía este puede ser objetivamente progresista. Y eso justo es lo que pasa en Catalunya, aunque la dirección del “procés” pertenezca a la pequeña y mediana burguesía catalana cuando subes el enfoque y lo miras dentro de la globalidad del Estado español estamos sin duda antes un proceso objetivamente progresista que cualquier revolucionario con un mínimo sentido de la táctica y de la estrategia debería de apoyar.

Pero hay mucho más, ese sector de la izquierda que intenta defender de una manera más o menos abierta la “Unidad de España” observa con lupa y mirada inquisitorial cualquier acto o declaración de los independentistas o soberanistas catalanes que le sirva para justificar sus posturas unionistas sin parecer un facha, y el tema de Israel es uno de los mas recurrentes. Puigdemont puede decir lo que le venga en gana, su figura política ya no le pertenece, sin querer se ha convertido ya en un icono de lo que significa la represión política en el Estado español. Me da igual lo que diga o deje de decir, a mí lo que me importa es que mientras pasea por Europa debilita un poco más la postura internacional del Estado autoritario español y además produce mucha bilis entre los mercenarios de la pluma y políticos del régimen y eso, en estos momentos de oscurantismo ideológico en estas latitudes, siempre viene bien.

En cambio, esa izquierda “puritana” que busca el proceso perfecto y sin contradicciones calla ante la experiencia de los CDR (Comités de Defensa de la Republica) porque son un ejemplo a toda la izquierda dormida del Estado de lo que es la autoorganización de la gente calle a calle, barrio a barrio y pueblo a pueblo. Sin las estupideces postmodernas del 15M y sus manitas al aire. Los CDR se declaran abiertamente como una organización política, un instrumento en manos del pueblo para hacer política y no solo política a favor de la República y de la independencia, sino también sirven para autogestionar la acción social, el apoyo antirepresivo e incluso la ayuda psicológica a un pueblo que se declaró rebelde el 1 de Octubre mientras miles de policías y guardias civiles les apaleaban en las calles y en los colegios electorales ante la parálisis de una parte de la izquierda española.

Mientras los CDR llaman a la confrontación política con la acción directa basada en la desobediencia civil con cortes de carretera o apertura de peajes en autopistas, esa parte de la izquierda que se escandaliza y critica el “proces” porque Puigdemont felicita a Israel, proviene de un movimiento político totalmente derrotado como fue el del 15M copado por un partido llamado PODEMOS lleno de niños y niñas pijas dándose puñaladas traperas para tocar un poco de poltrona y vivir del cuento como la casta que dice denunciar. Un partido político lleno de gente de base muy válida y con muchas ganas de trabajar, pero traicionado por los egos de sus dirigentes más mediáticos. Un partido que fue auspiciado por una lucha mediática entre las grandes cadenas y que abandonado por estas ahora ocupa una paupérrima cuarta posición en las encuestas electorales.

Por suerte en otras latitudes del Estado todavía queda gente revolucionaria con ganas de trabajar y que viendo el potencial de una herramienta organizativa como los CDR catalanes los está creando en sus barrios y pueblos demostrando una vez más la capacidad organizativa de la clase obrera. Estamos en un momento de retroceso ideológico y organizativo y que otros intenten avanzar en estos frentes asusta mucho a aquellos izquierdistas que se sienten cómodos en su inmovilismo histórico, por eso primero la tomaron con el Movimiento de Liberación Nacional Vasco y la izquierda soberanista vasca y ahora la toman con el “procés” y la República catalana.

Pablo Gartzia.