Régimen del 78 y el proceso catalán. España rota.

Régimen del 78.
Manifestación tras el atentado de Las Ramblas. Agosto, 2017.

En Cataluña también se juega la disyuntiva entre ruptura o continuidad del régimen del 78.

El régimen del 78 debería plantearse como una cuestión fundamental en el debate sobre el proceso en Cataluña sin cuestionar por ello el derecho básico a la autodeterminación de los pueblos.

¿Qué es el régimen del 78?

El régimen del 78 es el desarrollo político y económico del Estado Español, nacido tras la muerte del dictador Francisco Franco y que se perpetúa en base a la Constitución creada y votada en 1978.

El régimen del 78 es por tanto un régimen jurídico delimitado por unas fronteras determinadas. Cuando hablamos de España es imposible separar la noción tangible de lo que es sin atender por tanto al marco jurídico que hoy rige en esta delimitación fronteriza. Ningún país es por tanto un ente abstracto sino el significante para el desarrollo significativo de un régimen y una sociedad. Cuando se produce un proceso de ruptura con un régimen es precisamente la contradicción del marco jurídico lo que se manifiesta de forma más clara, como elemento coercitivo del régimen para su supervivencia o como muestra de ruptura con él a través de la desobediencia. No solo es normal la ilegalidad de cualquier proceso rupturista sino que gran parte de la situación se debe precisamente a que una sociedad concreta desborda el marco jurídico en el que se desarrolla.

El régimen actual ha sido puesto en cuestión por diversos sectores de la izquierda desde sus orígenes. Pero, ¿cómo nace dicho régimen?

Contexto de creación y consolidación del régimen del 78.

Este régimen surge tras el fin de la dictadura franquista y presenta muchos elementos de controversia que incluso lleva a  que algunos lo definan como un régimen de contrarrevolución preventiva.

1. El régimen del 78 y la dictadura franquista.
Régimen del 78
Los tres últimos jefes de Estado en España: Francisco Franco, Juan Carlos de Borbón y Felipe de Borbón.

Tras el afamado “he dejado todo atado y bien atado” pronunciado por el dictador… ¿Qué quedó del franquismo en el nuevo régimen?

Uno de los puntos que resulta especialmente significativo fue la no depuración de cargos de responsabilidad de la dictadura. La cúpula militar, por ejemplo, tras una dictadura militar se mantuvo intacta. A su vez las fuerzas del orden mantuvieron los métodos previos, naturalizados tras 40 años de represión directa. Las torturas e irregularidades de las fuerzas del orden han sido cuestionadas no solo por sus víctimas sino también por múltiples organismos internacionales. En 1975, se aprueba la primera ley de Amnistía parcial, y dos años después en 1977 la segunda, que muchos consideraron de Amnistía total. No obstante, esa segunda ley mantuvo la prohibición y persecución de organizaciones y partidos políticos que se negaron a entrar por el aro de la “conciliación nacional”, mantuvo sus penas y mantuvo a su vez la legalidad de las condenas franquistas. Además destacar que se consolida el legado franquista asumiendo como máximo representante al heredero señalado por Franco: el rey Juan Carlos de Borbón. Línea hereditaria que se consolida tras la abdicación de Juan Carlos en su hijo Felipe de Borbón. Las oligarquías creadas durante el régimen, en muchos casos a través de expolios directos a los vencidos tras la guerra o usando mano de obra esclava de los múltiples presos políticos de la dictadura, tampoco fueron cuestionadas, incluso, más bien al contrario fueron un elemento fundamental de apoyo en la creación y consolidación del nuevo régimen.

2. Las relaciones internacionales y el régimen del 78.
Régimen del 78
Manifestación en Reinosa (Cantabria) contra las reconversiones industriales exigidas para el ingreso en la UE.

Dos elementos claves para el desarrollo del régimen del 78 son la entrada en la Unión Europea; y el referéndum de la OTAN y la consolidación definitiva del acuerdo con el Tratado del Atlántico Norte.

La introducción de España en la Comunidad Económica Europea en 1986, supuso un plan de reconversión del sector productivo y agrícola que nos hizo aún más dependientes de lo externo, y sobre todo dependientes de los intereses económicos de la UE (controlada fundamentalmente por la banca alemana). Y que condenó a la economía del Estado Español bien hacia el funcionariado o bien hacia el tercer sector económico (sobre todo a través del desarrollo del turismo) con sus correspondientes contratos precarios y temporales.

Muchas fueron las irregularidades en el referéndum de la OTAN, denunciadas desde hace años. Un acuerdo que suponía la concesión del territorio para uso militar externo y un compromiso con la defensa de los intereses  imperialistas de EEUU.

Es decir, dos elementos claves del sostenimiento de este régimen se basan en concesiones en el plano militar y económico a intereses de potencias imperialistas.

3. Los Pactos de la Moncloa. Confirmación del acuerdo.
Régimen del 78
Firmantes de Los Pactos de la Moncloa.

Fundamental para la transmisión de la idea de conciliación nacional fue contar con apoyos de partidos políticos asociados a la izquierda como el PSOE o el PCE y de sindicatos como CCOO y UGT.  Un hecho clave del proceso de agrupación de la izquierda dentro del régimen que se estaba consolidando fue la firma de Los Pactos de la Moncloa. Pero no solo, la derecha regionalista o independentista de Euskal Herria (PNV) o Cataluña (CIU) también se adscriben al pacto.

Los firmantes fueron Enrique Tierno Galván (PSP), Santiago Carrillo (PCE), Josep María Triginer (PSC), Joan Reventós (CSC), Felipe González (PSOE), Juan Ajuriaguerra (PNV), Adolfo Suárez (UCD), Manuel Fraga (AP), Leopoldo Calvo-Sotelo (UCD) y Miquel Roca (CiU).

A su vez contó con el apoyo de CCOO (pese a críticas en su propio seno) y de UGT (aunque lo rechazó inicialmente). CNT se mantuvo en su posición contraria al pacto.

Dicho pacto proponía una reforma política y una reforma económica. La reforma económica suponía la venta de los derechos de la clase trabajadora por el bien del avance en la consolidación del nuevo régimen. El argumento de los partidos de “izquierda” y los sindicatos fue el miedo al retroceso, a volver a la dictadura o a un golpe militar. Había ruido de sables en aquella época, y atentados, y represión y mucha sangre corriendo por las calles. La idílica transición fue de todo menos pacífica. Con este argumento no pretendo justificar a nadie, sino que trato de explicar un elemento clave que sirvió para contener el revuelo popular ante tanta traición. La transición fue un período violento tras cuarenta años de dictadura, todo pacto firmado bajo estas condiciones al menos debería ser cuestionado.

4. “El café para todos” o como “solucionar” la cuestión territorial.

Algo tiene que cambiar para que nada cambie, y es mejor controlar el cambio.

Considerar que la cuestión territorial es un asunto baladí en la construcción y consolidación del Régimen del 78 es desconocer la historia de España. La conflictividad entre centralismo y otras opciones de relación entre las distintas nacionalidades que integran el Estado Español se encuentra presente a lo largo de toda la historia. Las soluciones al conflicto son diversas. Desde los planteamientos conciliadores como los de las etapas republicanas: la República Federal (1874), o las regiones autónomas reconocidas en la Constitución republicana de 1931; hasta el centralismo como forma de control del Estado. Recordemos el “España una, grande y libre” para no olvidar que el régimen franquista tuvo entre sus pilares ideológicos la defensa de la unidad centralista de España, y no fue un capricho sino que atendía a una situación previa. Es importante recordar, por tanto, que durante la segunda república se reconocería la autonomía catalana, durante la guerra se aprobó también el estatuto vasco y quedaron pendientes de aprobación, pero presentados en cortes, el estatuto gallego y el andaluz. A su vez, en 1934, en plena oleada revolucionaria y con el gobierno reaccionario de la CEDA paralizando todas las reformas republicanas y reprimiendo toda contestación, es proclamada la República Catalana por Companys. Hablar de la cuestión territorial es explicar la relación histórica entre España  (como país) y sus periferias. Una periferia diversa con tradiciones e historia propia y  que han sido zonas de especial contestación en situaciones de pérdida de legitimidad de los regímenes, precisamente por esta circunstancia. No es casual que la cuestión territorial en muchas ocasiones haya servido para poner sobre la mesa las carencias del estado, no siempre acertado, llamado España. Por eso no es de extrañar la relevancia que ha tenido esta cuestión en momentos de mayor libertad, como son los casos de las dos experiencias republicanas desde la conciliación; y al contrario ha servido como elemento represivo en otros momentos. Incluido el bienio de derechas de la segunda república, momento de retroceso durante el proceso republicano.

Es decir, separar la cuestión territorial de los distintos regímenes es un disparate en el contexto español y por tanto considerar que se debe abordar desde planteamientos generalistas sacados de contexto nos puede conducir a no hacer una lectura adecuada de la situación.

Régimen del 78
Manifestación del 4 de diciembre de 1977 en Sevilla (Andalucía).

En la transición, el discurso de la conciliación y el miedo, impiden un planteamiento serio de ruptura con el régimen anterior. Que hubiese llevado entre otras cosas a su ilegalización y a la vuelta al marco jurídico previo, el de la república. En ese sentido los pueblos periféricos salen a la calle a exigir su autonomía perdida (Cataluña o Euskal Herria) o su proceso autonómico (Andalucía). Luchas donde la policía, aún franquista, asesinaría a Carlos Gustavo Frecher en Barcelona y a  Manuel Jesús García Caparrós en Málaga. Unos policía que serían amnistiados de facto por no investigarse siquiera esos asesinatos.

La cuestión andaluza puso en jaque al Estado Español, dentro de la Constitución y sus distintos pactos (como los Pactos de la Moncloa) se había incluido a la política independentista o regionalista de Euskal Herria o Cataluña, pero no a la andaluza. Pero lo que ocurrió en Andalucía era más difícilmente controlable que los casos anteriores, ya que era un movimiento de masas reclamando el mejor café de los disponibles, el artículo 151. Que dotaba a Andalucía de una mayor autonomía y el reconocimiento de nacionalidad histórica como Cataluña y Euskal Herria. Andalucía podía crear un problema en el resto del Estado Español y es así como se inventan el café para todos, al pueblo andaluz se le neutralizó en dicho café.  Un café aguado, un nuevo pacto de mínimos ante el miedo y la violencia, aceptado por traidores. Aunque inicialmente las distintas fuerzas políticas en Andalucía (incluyendo a miembros de la UCD) tuvieron que hacerse a la proclama popular de las masas, acabaron (todas ellas) llegando a un acuerdo para asumir el discurso de Estado del “café para todos” y vendiendo con ello la lucha del pueblo andaluz. Gracias al café para todos se abandonaba la idea de ilegalizar el franquismo y volver la vista al régimen previo  y su marco legal pero a su vez se modernizaba el “España una, grande y libre” haciéndola más digerible. Algo tiene que cambiar para que nada cambie, y es mejor controlar el cambio.

El proceso catalán y el régimen del 78.

No podemos decir que para el régimen del 78 la cuestión territorial haya sido en ningún momento secundaria. Las alianzas políticas con los sectores oligárquicos de las periferias ha sido un sustento básico, prueba de esta relación de necesidad entre ellos fue la amenaza de Jordi Pujol: “sí se toca una rama de un árbol  caerán todas”. Como elemento fundamental para el desarrollo del régimen también es un elemento fundamental para su desestabilización y Jordi Pujol (imputado por corrupción) era muy consciente de ello cuando dijo esa frase. La represión directa mediante el uso de todos los elementos coercitivos del Estado Español en Cataluña tras el inicio del proceso lo confirman.

Muchos nos dicen “la izquierda catalana se ha alineado con su burguesía” y es cierto; al igual que la izquierda (institucional) del resto del Estado Español se ha alineado con la suya (a veces solo por omisión u ambigüedad). La principal diferencia es que una de esas alianzas abre un escenario rupturista y la otra alianza persiste en la continuidad de un régimen dañino, corrupto y represivo. Abrir ese escenario de ruptura no garantiza el desarrollo de una república social ni en Cataluña ni en el resto del Estado Español pero abre la posibilidad a la destrucción del régimen actual y por tanto a la posible construcción de otros modelos. Eso ya dependerá de nosotros y de nuestro trabajo y lucha.

Llegados a este punto y más allá del legítimo derecho a la autodeterminación de todo pueblo, quizás deberíamos enfocar el conflicto desde una perspectiva de clase. Independientemente de las alineaciones con burgueses, la clase trabajadora de este país necesita romper los atados y bien atados del régimen del 78, que conlleva privatizaciones, reconversiones, pérdida de soberanía (UE, OTAN), continuismo con el franquismo (los muertos que aún siguen sin enterrar pero también la propia jerarquía del Estado, los reyes, la oligarquía económica…), corruptelas, acuerdos y traiciones…

Cuándo es más legal detener políticos por defender poner urnas y detener trabajadores de imprenta por imprimir papeletas (ocurrido todo esto hoy mismo), que hacer una consulta al pueblo deberíamos plantearnos seriamente a qué interés corresponde nuestro marco jurídico.

La apuesta por la continuidad, reforzada una vez más por la izquierda institucional, es una traición a la historia (ilegalizar el régimen del 78 para poder ilegalizar el franquismo); pero sobre todo una nueva traición de clase.

Carmen Parejo.

 

 

 

 

 

 

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