Contra el fascismo en Charlottesville, Estados Unidos y España

Charlottesville
Imagen del atentado fascista en Charlottesville.

Lejos de equidistancias: Heather Heyes es la víctima mortal de un atentado fascista en Charlottesville. Una lucha por encima de diferencias de partido, de siglas, de color y del océano.

La situación en USA en estos momentos es tensa tras los ataques de la extrema derecha, movilizada en el Sur contra los defensores de los valores democráticos y el antirracismo. En Virginia han retirado 60 monumentos públicos de los sudistas por denuncias de las organizaciones antirracistas y de izquierda, apelando a que no se puede construir con dinero público tal tipo de monumentos. La batalla por la memoria democrática y antifascista en las calles y monumentos públicos no es exclusiva de España.

Charlottesville se volvió centro de todas las miradas cuando hace unos meses, el concejal y teniente de alcalde Wes Bellamy, electo por el Partido Demócrata, presentó una propuesta de retirada de la estatua del general sudista Robert Lee, considerado un símbolo de la Confederación en la guerra civil norteamericana y en la actualidad un icono de los supremacistas blancos de las distintas organizaciones de extrema derecha; pese a las diferentes tendencias, estos grupos se encuentran muy activos y movilizados contra la izquierda y los activistas antirracistas. Desbordados por su derecha por los neonazis y las «milicias» violentas, algunos antiguos lideres del KKK (Ku Klux Klan) no dudan en aparecer y hacer vida pública, llegando algunos a apoyar a Trump.

La coincidencia entre el KKK sudista y el fascismo, surgió en los años posteriores a 1918, cuando sectores de la élite norteamericana, alarmados ante la revolución rusa y el posible contacto con Europa de los millones de soldados de a pie que combatieron en Francia con ideas izquierdistas les llevó a relanzar el viejo y decadente KKK y a potenciar la Legión Americana que agrupaba a los veteranos. El anticomunismo y el odio a cuanto significara progreso, solidaridad y fraternidad se sumaron al viejo racismo y esclavismo tradicional, todo esto treinta años antes de la histeria macartista de la guerra fría.

La marcha convocada en Charlottesville tenía por lema «Unir a la Derecha» y aprovechaba la retirada prevista de la estatua de Lee, vista como una afrenta intolerable; la convocatoria se publicitó ampliamente y ello llevó a muchos antifascistas a considerar que era necesario movilizarse para defender la retirada de la estatua y dar un mensaje antifascista a todo el país: por eso acudió la gente a hacer frente a los neonazis.

Hubo choques entre las dos manifestaciones. Ha habido 26 heridos en la calle, 16 —algunos graves— en el atropello causado cuando un neonazi arremetió contra la multitud y en el que falleció una muchacha. Hubo también un accidente de un helicóptero de la policia que dejó dos muertos más. La ciudad ha quedado en shock tras la tensión y los choques sufridos.

Se ha acusado a la policía de no haber separado a los dos grupos. En la parte de la extrema derecha acudieron decenas de las milicias con armas automáticas, una imagen que es ya muy habitual y nos habla del doble criterio de las autoridades. Las escenas han sido muy explicitas de las posiciones de unos y otros. Las procesiones nocturnas de antorchas han mostrado juntas la iconografía neonazi y del KKK.

Heather Heyes, la muchacha fallecida a causa del atropello homicida llevaba el lema «Si no estás enojado, no estás prestando atención» y «Always Antifascist», formaba parte de la red que apoyó a Bernie Sanders en Virginia, acudió a apoyar a su concejal en Charlottesville que ha sido amenazado de muerte varias veces por el KKK y es quien había presentado la demanda de retirada de la estatua de Lee. Heather Heyer, era abogada, vivía en Charlottsville. Su madre ha declarado «Mi corazón está roto, pero siempre estaré orgullosa de ella porque hizo lo correcto».

Al grito en castellano de ¡No pasaran! miles de personas venidas de todo el país, con carteles contra el racismo, los nazis y los supremacistas blancos, con banderas de la unión pero también con emblemas y símbolos pacifistas, anarquistas y socialistas, e incluso con la bandera de la REPÚBLICA ESPAÑOLA que defendieron los voluntarios de la Brigada Lincoln, los manifestantes mostraron lo mejor de América y su valor y sacrificio son un gran ejemplo de dignidad. La bandera española legítima, la primera bandera nacional recogida en una constitución en nuestro país, es un símbolo vivo de compromiso por la libertad y el antifascismo mundial pese al dictado de olvido que algunos desean mantener. Su presencia en primera fila en Charlottesville demuestra que su ejemplo de dignidad permanece. Desde España queremos hacerles llegar nuestro respeto y solidaridad, y nuestro dolor por la pérdida de la compañera asesinada.

El presidente Trump ha condenado la violencia y el odio, presentes según él en los dos «bandos», lo que es una muestra más de la miserable condición moral de este sujeto, que incapaz de condenar abiertamente a la extrema derecha y al KKK que le ha dado su apoyo, no duda en igualar a víctimas y verdugos. La derecha española ha demostrado estar en línea con Trump y no ha dudado en presentar en sus medios de prensa todo como violencia entre extremistas y radicales. Incluso en la conservadora norteamérica, a una parte de la derecha les horroriza tal equidistancia e identifican al nazismo y el fascismo como un enemigo contra el que vertieron su sangre en la Guerra Mundial, mientras que en España, la derecha asume como aventura romántica y plenamente justificada la División Azul que vistió el feldgrau del ejercito alemán. Se han oído voces contra las declaraciones de Trump: El Fiscal General de Virginia, Mark Herring escribió: “La violencia, el caos y las [muertes] en Charlottesville no son culpa de «ambos lados». Han sido [los culpables] racistas y supremacistas blancos.”. Ileana Ros-Lehtinen, congresista republicana de Florida, también dejó claro que para ella no hay varios lados con odio y al racismo. Escribió: “Los supremacistas blancos, los neonazis y los antisemitas son la antítesis de nuestros valores americanos. No hay dos ‘lados’ con odio y fanatismo.” Incluso la lider demócrata Nancy Pelosi se dirigió directamente al presidente: “Repita después de mí, @realDonaldTrump: la supremacía blanca es una afrenta a los valores americanos.” Y más, “Los comentarios del presidente fueron moralmente frustrantes y decepcionantes”, dijo el ex presidente de NAACP (Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color) Cornell Brooks, a CNN. “Él quiere hacer América grande para toda la gente… se negó a llamar a los supremacistas blancos por su nombre”. También en España, la derecha acude a una falsa equidistancia para igualar a fascistas y antifascistas cuando la gente que defiende valores democráticos y solidarios marcha en su defensa afrontando el odio y la violencia de los enemigos de la libertad. En cualquier caso, es esta una lucha que nos une por encima de diferencias de partido, de siglas, de color, por encima del océano incluso. Heather Heyes es también nuestra hermana y sentimos su muerte. No la olvidaremos.

Pedro A. García Bilbao.

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