Feminismo y cuestión de la mujer aplicado al debate sobre prostitución.

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Milicianas comunistas en Asturias durante la guerra civil Española.

Feminismo y cuestión de la mujer aplicado al debate sobre prostitución.

Esta semana nos enterábamos de la anulación de los estatutos del sindicato OTRAS por la Audiencia Nacional. La compañera Aida Muel y yo ya reflexionamos sobre la nueva oleada de creación de sindicatos supuestamente para trabajadoras de la prostitución y la contradicción inherente que esto producía, ya que en la actualidad no está permitido ser trabajador por cuenta ajena en la realización de la actividad prostitucional. No obstante desde una perspectiva marxista es fundamental establecer algunas aclaraciones que quizás no podemos poner en relieve habitualmente en los debates ya que estos están marcados desde fuera y según otros intereses.

Feminismo y Cuestión de la mujer.

“Cuando hablamos de pensamiento liberal-burgués, no se trata solo de perteneciente a las mujeres de la burguesía, sino más bien que sus motivaciones y aspiraciones se enmarcan dentro del espectro ideológico liberal.”

No he querido nunca entrar en la cuestión de los significantes ya que asumí que el uso extensivo del término feminismo, más allá de una cooptación que siempre he considerado que se podía más o menos combatir con otras herramientas, no tenía porqué ser en sí perjudicial. Sin embargo si no se aclaran determinadas cuestiones si podemos caer en incorrecciones que sí  que nos pasen factura.

No hay que confundir feminismo y la cuestión de la mujer. El feminismo como movimiento político surge tras las revoluciones liberales y es de carácter burgués. Anteriormente hay experiencias de luchas de mujeres en base a su explotación específica pero como movimiento político surge entonces y motivado por el pensamiento liberal—burgués.

Cuando hablamos de pensamiento liberal-burgués, no se trata solo de perteneciente a las mujeres de la burguesía, sino más bien que sus motivaciones y aspiraciones se enmarcan dentro del espectro ideológico liberal. Esto no quiere decir que puntualmente estas luchas no sean objetivamente progresistas y que por tanto no haya que apoyarlas, algo que ocurre también con otras luchas de carácter liberal. Pero sí es fundamental dejar clara que la cuestión de la mujer, en sentido estricto e histórico, para las luchas revolucionarias era parte integrada en las mismas y cuyas aspiraciones no eran de carácter liberal sino como parte de un proceso revolucionario de transformación social radical. El mantra absurdo y repetido mil veces de que los comunistas dejamos la cuestión de la mujer para cuando hagamos la revolución es una falsedad histórica, la integración de la mujer trabajadora en la lucha para la revolución y por tanto el incesante trabajo para acabar con las divisiones sexuales dentro de la clase trabajadora ha sido una constante. Los mismos procesos revolucionarios que se han llevado a cabo han trabajado de forma constante esta cuestión, así la revolución soviética o la revolución cubana pueden servir de ejemplo.

Dentro de los movimientos revolucionarios por tanto también se ha abordado la cuestión de la mujer, llegando incluso a trabajar conjuntamente con el feminismo cuando ha sido posible e incluso necesario como con el sufragio. La cuestión de la mujer abordada desde los movimientos revolucionarios ha sido y es más potente o como mínimo igual de potente (en sentido de que tienen como hemos dicho aspiraciones diferentes) para conseguir sus objetivos.

Hoy en día se pone el foco en dos cuestiones. Por un lado el problema con el feminismo posmoderno, un problema que también está viviendo y de forma dramática el propio feminismo clásico, quien puede ser en efecto su principal víctima. Por otro lado un supuesto divorcio histórico entre el feminismo y el comunismo (o los movimientos revolucionarios en general, aunque sobre todo se hace hincapié en el comunismo), un divorcio que es real con matices en tanto al feminismo liberal pero que es completamente falso en tanto a la lucha efectiva por la emancipación revolucionaria de las mujeres. Y es precisamente por esto por lo que me parece muy pertinente hacer la aclaración terminológica entre feminismo y cuestión de la mujer.

El problema del posmodernismo para la izquierda revolucionaria, no es ya qué ha hecho con el feminismo (que también ha sido muy destructor ahí) sino qué ha hecho con las luchas revolucionarias para que olvidemos nuestra propia historia y nuestros propios objetivos y asumamos que otros con otros objetivos, que aunque puedan unirse puntualmente no son los nuestros, son los únicos que han existido a lo largo de la historia.

¿Por qué comprar el discurso y la praxis burguesa mientras se echa por tierra nuestra historia y teoría? 

¿Por qué asumir que el divorcio entre el comunismo y el feminismo burgués es un divorcio entre el comunismo y la cuestión de la mujer?

¿Por qué militantes de organizaciones comunistas conocen a la perfección la historia de las olas del feminismo liberal y no por ejemplo los enfrentamientos que las revolucionarias comunistas tuvieron con este?

 

Insisto ahora en que me sería indiferente el nombre que queramos darle si no fuese porque creo que el uso como palabra baúl del término feminismo está teniendo mucha responsabilidad en esta confusión que se está creando.

Dentro de las luchas de las mujeres hoy, y a mi experiencia me remito, se sigue dando un debate incesante entre una forma liberal de ver la cuestión y una forma integral y revolucionaria de abordarlo. A las mujeres que combatimos desde la lucha de clases al final nos estáis dejando solas para comprar un discurso ajeno o para rechazar toda lucha por la cuestión de la mujer. Y esto sí que debería ser la autocrítica que desde la izquierda revolucionaria debería darse a este respecto.

Como dato algunas de las grandes conquistas que hoy se recuerdan y han sido apropiadas por la burguesía no surgieron del feminismo (entiéndase como movimiento político determinado) sino del movimiento obrero, sin ir más lejos el propio 8 de marzo, que hoy en día es más reivindicado por los movimientos feministas que por los movimientos revolucionarios. Lo cual es muy peligroso porque las mujeres trabajadoras necesitan de esta lucha, y la lucha necesita de las mujeres trabajadoras.

¿Qué ocurre con las mujeres trabajadoras?

Ante la más que obvia precarización del empleo, el aumento de la violencia estructural debido sobre todo a la crisis capitalista y al avance imperialista, las mujeres trabajadoras se encuentran en una posición especialmente vulnerable. Hace falta hacer mucho trabajo de campo interno y externo, el auge del racismo y la división racial o étnica de la clase, se une al auge del machismo y la división sexual de la misma. Por lo que es fundamental trabajar la solidaridad de clase, que implica entre otras cosas trabajar por la camaradería entre hombres y mujeres trabajadoras, insisto las mujeres necesitan de la lucha revolucionaria y la lucha revolucionaria necesita de las mujeres. El posmodernismo nos atomiza constantemente si no lo enfrentamos acogiendo una lucha internacionalista y de solidaridad de clase nos acabará venciendo. Por tanto, ¿y si en lugar de asumir los preceptos de la ideología burguesa recuperamos nuestra propia lucha sobre la cuestión de la mujer? Una lucha revolucionaria, solidaria y conjunta.

¿Por qué el debate sobre prostitución persiste en separar a la clase trabajadora?

Los comunistas debemos abolir la “Comunidad de las mujeres” o la “Comunidad de las esposas” un sistema de propiedad heredado del patriarcado y reforzado por los capitalistas. Esto está recogido ya desde el Manifiesto Comunista. En la productividad de la clase trabajadora reside su capacidad para la transformación social, la comunidad de las esposas y la prostitución relega a las mujeres a meros medios de producción, es decir, anula su capacidad para la lucha política, ya que las anula como sujetos. Así Lenin en su entrevista con Zetkin insistía en que la función que debían tener los comunistas al respecto de la prostitución era ayudar a esas mujeres a introducirse en la productividad.

La inactividad de la mujer burguesa es asumible y deseable por el sistema, su función tradicional se limitó al matrimonio y la creación de herederos legítimos, no es de extrañar que ahora dentro de esa misma ideología defiendan una prostitución “empoderante”, el matrimonio burgués siempre fue una prostitución empoderante.

Sin embargo son miles de mujeres trabajadoras las que pasan a ser propiedad de los capitalistas a través de la comunidad que crea la prostitución y que las convierte en meros medios de producción. Además de en objetos de consumo para sus iguales lo que impide la camaradería a la que aspiramos y la solidaridad de clase.

Si no hubiésemos asumido un análisis de la cuestión de la mujer basado en los principios del feminismo burgués veríamos claro que el debate que están planteando hoy en día sobre prostitución es sobre todo un ataque a la clase trabajadora.

Los comunistas por tanto, en cuanto nos va la lucha en ello, debemos apostar por la abolición de un sistema que ante todo va contra nuestra clase y nuestra lucha. De hecho el aumento de la prostitución masculina va en sintonía con esta estructura de propiedad y clase, y que demuestra que la guerra es de clases y no de sexos y que la propia división sexual favorece a la clase dominante.

A su vez debemos aprovechar las contradicciones, que gracias a la hipocresía del sistema burgués, se abren ante esta cuestión. El otro día me preguntaban, ¿estarán celebrando las prostitutas la sentencia de la Audiencia Nacional al respecto de OTRAS? Pues claro que será celebrada por las mujeres que ejercen la prostitución, no olvidemos que esta sentencia dice que no puedes tener un patrón, nadie puede por tanto  lucrarse por una actividad que realizas tú, así que en lugar de sindicarte y conseguir una multa administrativa para tu explotador puedes denunciarle y que se chupe varios años de cárcel por proxeneta. ¡Ojalá esta misma legislación para todos los patrones! Para eso trabajamos.

Carmen Parejo.

 

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