Nina Simone, el odio y la legitimidad

Nina

Nina Simone

El 17 de agosto de 1969 Eunice Kathleen Waymon, conocida artísticamente como Nina Simone, cuyo nombre real era Eunice Kathleen Waymon, recitaba el 17 de agosto de 1969, ante los miles de asistentes al festival Harlem Renaissance un poema de David Nelson -componente de The Last Poets- titulado “Are you ready, black people?”. Decía así:

“¿Estás listo pueblo negro?
¿Estáis listos para convocar la ira de los dioses negros y la magia negra?
¿Para cumplir su mandato?
¿Estáis listos para hacer lo que sea necesario?
¿Estás listo, hombre negro?
¿Estás lista, mujer negra?
¿Estáis listos para matar si es necesario?
¿Estáis listos para aplastar cosas de blancos y quemar edificios?
¿Listos para construir cosas de negros?”

Si Nina recitase hoy en el Estado Español dicho poema lo más probable es que acabase entre rejas, pero como mínimo seguro que se daría un paseo por la Audiencia Nacional bajo la acusación de enaltecimiento del terrorismo, o quizás acusada de un delito de odio contra los blancos.

Si Nina recitase hoy en el Estado Español dicho poema lo más probable es que acabase entre rejas, pero como mínimo seguro que se daría un paseo por la Audiencia Nacional bajo la acusación de enaltecimiento del terrorismo, o quizás acusada de un delito de odio contra los blancos, quién sabe cómo lo “afinaría” el fiscal de turno y tampoco sería el primero ni el último, desgraciadamente, esperpento/aberración judicial “made in Spain”. Y si además Nina apoyase abiertamente a una organización política armada activa en las calles, como en el caso de Estados Unidos en 1969 con el Black Panther Party y su movimiento de autodefensa en pleno auge, no tengáis duda alguna de que Miss Simone estaría ya en prisión preventiva en régimen FIES, como a los/as militantes del PCE(r) o los cientos de imputados en el macroproceso 18/98. Probablemente también le habrían arrancado una falsa confesión inculpatoria bajo tortura, como a Beatriz Etxebarria y quién sabe a cuantas personas más.

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Huey Newton, cofundador y líder inspirador de los Panteras Negras, con el puño alzado

Pero la cuestión es: por qué Nina hizo ese llamamiento, por qué quería matar si fuese necesario para aplastar cosas de blancos, por qué los miles de asistentes (entre ellos también personas blancas) vitoreaban y secundaban cada uno de los llamados. Sencillamente porque todas esas personas odiaban profundamente el sistema de dominación racial estadounidense, criminal y genocida, lo odiaban porque habían sufrido ya 400 años de esclavismo, después el Ku Klux Klan, más tarde el Jim Crow, etc. y querían aplastar todas esas “cosas de blancos” si fuese necesario matando (a racistas) para ello. Simone llegó a manifestar en una de sus incendiarias entrevistas que solamente mediante una (sangrienta) revolución
armada el pueblo afroamericano conquistaría un Estado propio, la única forma de garantizar sus derechos.

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Miembros del KKK simulan el linchamiento de un afroamericano

Así como el primer deber de todo preso/a es fugarse, el primer deber de todo oprimido/a es liberarse; y en esta cuestión de la emancipación el odio a la dominación juega un papel principal; como bien expuso Ernesto “un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”, y quien dice pueblo dice también clase social, raza, género, sexualidad. No se puede triunfar sobre los brutales opresores capitalistas, racistas, machistas, homófobos, xenófobos sin profesar un intenso y profundo odio hacia lo que éstos representan. Odio legítimo, por supuesto. Odiar a quien te esclaviza, te compra, te vende, te viola, te explota, te maltrata, te mata, etc., es lo lógico y natural; lo ilógico y artificial es la alienación. En definitiva odiar la injusticia de la dominación, y por tanto a quienes la ejercen, es uno de los requisitos básicos para la toma de conciencia necesaria para acabar con dicha injusticia. El odio no es necesariamente perjudicial y destructivo, es decir “malo”; esa interpretación maniquea y superficial dejémosla para los trasnochados
productos de entretenimiento Disney.

Obviamente las personas racializadas están en su legítimo derecho de odiar el racismo, al igual que las mujeres tienen toda la legitimidad para odiar al patriarcado o la clase obrera al Capitalismo. Por supuesto que los/as antifascistas del Estado Español estamos en nuestro legítimo derecho, diría que obligación, de odiar profunda e intensamente a un régimen heredero del fascismo nacional-católico (criminal y genocida también), tanto como Nina Simone odiaba el racismo estructural que dominaba y domina en Estados Unidos. La diferencia en este caso es que Nina nunca tuvo que pisar un juzgado, no digamos ya una cárcel, por recitar este poema ni ningún otro; eso sí, fue vetada en los medios de comunicación, apartada de la escena musical mainstream de la época y excluida de los libros de historia del jazz durante décadas. En cambio, en el Estado Español en el año 2018 el rapero Valtonyc se ha exiliado para evitar su entrada en prisión -condenado a tres años y medio-, Pablo Hasel espera que el Tribunal Superior resuelva sobre su
recurso -condenado a cinco años y medio-, los doce raperos de La Insurgencia ídem -condenados a dos años-; todos ellos/as artistas con un explícito mensaje antifascista condenados a prisión por el contenido de sus letras en el único Estado de Europa que no consiguió vencer al fascismo, como bien dice el compañero Willy Toledo.

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Los raperos Pablo Hasel y Valtonyc. Ambos, perseguidos por la “Justicia” del Estado Español por rapear

No pretendo iniciar un debate acerca de los límites de la libertad de expresión, está claro que tal cosa no existe en el Estado Español, no hay debate en ese sentido; es más interesante plantear el debate sobre la legitimidad de los oprimidos/as para odiar a los opresores, me refiero a la legitimidad que tenía Timoteo Buendía, la primera persona juzgada en el Tribunal de Orden Público (TOP), condenado a diez años de prisión por gritar “¡me cago en Franco!”. Esta legitimidad nace de la condición de oprimido/a y es la misma que representa Valtonyc al rapear contra una monarquía impuesta por el fascismo o Pablo Hasel al denunciar la brutalidad de las Fuerzas de Seguridad del Estado o el exterminio de presos políticos en los centros penitenciarios. El odio legítimo de Nina Simone y la comunidad afroamericana es el mismo que el de Pablo Hasel, Valtonyc, La Insurgencia y el movimiento antifascista del Estado Español, con la diferencia de que la legislación estadounidense no condena que este odio sea expresado. Debemos hacer del odio al opresor un acto de empatía y solidaridad entre oprimidos/as y no caer en la trampa del falso discurso de la moderación -dicha moderación implica tolerar la barbarie de los opresores y garantizar su impunidad-; todas aquellas personas que queremos aplastar “cosas” de fascistas, de racistas, de machistas, de homófobos y demás no deberíamos cuestionar la legitimidad de nuestro odio ni el de nuestros compañeros/as de trinchera, sino cuestionar el establishment político y judicial que a través de su legalidad persigue y condena nuestra libre y legítima expresión.

“No es síntoma de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”

“No es síntoma de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”, o lo que es lo mismo, no odiar el sistema de dominación que te oprime a ti y a tus iguales es un síntoma de alienación, la colonización mental de los opresores; una grave enfermedad muy extendida hoy día entre los oprimidos/as. Una suerte de síndrome de Estocolmo global y masivo que Miss Simone ya denunció hace prácticamente cincuenta años con su habitual vehemencia poética.

Ama la música y odia el fascismo. Ama a Nina Simone y odia a los Borbones.

PD. Aprovecho para recomendar el documental ‘What Happened, Miss Simone?’de Liz Garbus, el cual ha motivado en gran parte este artículo.

Nikone Cons