Presente y futuro de la izquierda mayoritaria organizada.

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Pablo Iglesias y Alberto Garzón. Imagen de BALLESTEROS a través de El diario de León.

Presente y futuro de la izquierda mayoritaria organizada.

Mucho se ha hablado del papel de lo que hay a la izquierda del PSOE tras la irrupción de Podemos, que fue el primero de varios actores políticos que han subido al escenario del circo parlamentario (alguno pronto lo hará) llenándolo de luz y de color; luz tenue y color negro. No voy a hacer otro análisis del porqué de la situación actual, bastantes hay ya, sino que me gustaría centrarme, sobre todo, en el presente de la izquierda, los de abajo, los de abajo a la izquierda o los de izquierda de abajo (no sabe uno ya…).

Las elecciones andaluzas han dado otra sacudida al panorama político actual, el cual, como todos ya sabemos, ha supuesto la entrada en el parlamento andaluz parte del ala más a la derecha del PP que no tiene complejos. Digo parte porque todavía quedan en el PP, no hay más que oír a su secretario general, que está haciendo méritos para parecerse todo lo posible al líder de la escisión.

El PSOE, por otra parte, se ha pegado un hostión del quince. Ni la red clientelar tejida durante 40 años por todos los municipios de Andalucía le ha servido para mantener el gobierno de la Junta; el cajón del pan mengua para los/as que no han hecho más que mendigar en la puerta del PSOE para garantizar su futuro. La corrupción y el continuo compadreo con la derecha, tenga el nombre de PP o C’s, y sus políticas, no podían aguantar más una organización que, pese a tener el mismo ideario económico que los anteriormente nombrados, si tiene una parte de bases y electorado progresista.

A la izquierda del PSOE se encuentra Adelante Andalucía, la versión evolucionada de Unidos Podemos en la comunidad andaluza. Una marca con la que las direcciones de Podemos y el Partido Comunista de Andalucía pretenden trascender a Podemos e IU asentando ese nuevo sujeto político. En el caso de IU, su desaparición como organización es el fin del Partido Comunista para avanzar en el nuevo sujeto político, tal y como afirman (de nuevo) en un escrito tras analizar su dirección el resultado de las elecciones:

  • Hay que avanzar en el proceso unitario, el Partido sigue apostando por Adelante Andalucía.
  • La superación de IU un proceso que se ha de realizar de forma paulatina para la que debemos fortalecer la presencia del Partido en este marco.

El PC lleva un tiempo preparando la voladura controlada de IU mientras se asientan en un proyecto que lideran los/as trotskistas de Izquierda Anticapitalista. Así se garantizan que IU no quede pululando con miles de militantes que les sirven para hacer las campañas. Además, eliminaría la posibilidad que esa media Izquierda Unida (otros partidos de la coalición o personas que no están adscritos más que a IU) siguiera organizada en torno a esta y sirviera de contrapeso en Adelante Andalucía, en caso de que quisiera entrar; otro elemento más con el que competir a la hora de elegir candidatos/as o puestos organizativos en caso de haberlos en el futuro. A nivel del Estado el escenario es el mismo, sólo que Podemos no está controlado por Izquierda Anticapitalista.

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Teresa Rodríguez (PODEMOS) y Antonio Maíllo (IU) fueron las cabezas visibles de la coalición de Adelante Andalucía para las elecciones andaluzas.

A todo este tejemaneje lo han llamado Confluencia. Acuerdos por arriba que, sin embargo, no se traducen, en el mayor de los casos, en el trabajo diario en los municipios, puesto que Podemos no tiene apenas estructura organizativa en ellos y en donde los tiene, en algunos municipios hay buena sintonía y en otros se llevan a matar. Se decreta la “confluencia” independientemente del caso concreto de cada municipio.

La confluencia, unidad popular le llaman algunos/as (cínicos/as a mi entender), tal y como se ha construido no es sino pensando en los comicios electorales (a distintos niveles), y poco tiene que ver con la unidad popular, unidad de la izquierda o la construcción de un movimiento claro, de clase, necesario para defendernos de cualquiera de los ataques que nos tienen preparados los que mandan y para avanzar en la consecución de nuestros intereses.

Si bien las direcciones de ambas organizaciones dicen que no es tal y como yo planteo, no se puede decretar la unidad popular, por mucho que sea ratificada por los inscritos/as, afiliados/as o simpatizantes, y menos desde el sofá apretando un botón. O se hace desde abajo, de manera natural, o se está engañando al personal. Abro un paréntesis para comentar algo sobre la participación en ambos partidos:

[Si bien fue y es una de las banderas de Podemos, la participación se basa en el simple hecho de votar online las propuestas que se les ocurra a su dirección, sin debate ni posibilidad de que elementos críticos puedan rebatir nada. Asimismo, la visión mediática de sus líderes les ayuda en la consecución de sus intereses, sirviendo dicha participación más que para ratificar algo que ya está “decidido”. Así mismo pasa con la elección de candidatos/as o responsabilidades orgánicas. IU, que tenía un modelo organizativo muy diferente, tras la llegada del actual Coordinador General, Alberto Garzón, ha avanzado en un modelo similar; confrontación de propuestas y nombres sin que medie debate. Esto ha generado aquello que pretendían, según ellos, parar: desmovilización y desmotivación].

En lo que a lo electoral se refiere, los datos están ahí: un millón menos de votos en las elecciones generales de 2015 y 300.000 votos menos en las elecciones andaluzas. La suma resta. Objetivamente es así. Otra cosa es las especulaciones que podamos hacer sobre si las dos organizaciones concurrieran por separado en el momento actual. Pero hay algo que si puedo asegurar, y es que militantes y votantes de ambas organizaciones no han votado a AA porque unos/as no pueden con Podemos y otros/as no pueden con IU. Para saber eso hay que hablar con la gente, no hacer análisis desde las alturas.

Pero más allá de los apoyos que gane o pierda lo que hay a la izquierda del PSOE con sus confluencias en lo electoral, hay algo que preocupa más: su escoramiento a la derecha.

Que Podemos sea la fuerza mayoritaria es uno de los elementos por los que el nuevo sujeto político, sea en Andalucía o a nivel del Estado, ha virado a la derecha y arrastrado a IU (que tenía un discurso más de clase), a ese espacio.

Debates que en IU estaban superados, como la abolición de la prostitución, vuelven a caer en el cajón de la ambigüedad, el cual Podemos tiene lleno de debates incómodos que la derecha y sus medios de propaganda suelen utilizar como armas en vista de la cobardía con la que se afrontan.

Se deja de hablar de la nacionalización de los sectores estratégicos para ponerlos al servicio de la mayoría y se manifiesta la voluntad de limitar sus ganancias, lo cual generaría que la mayoría no asumiría tanto coste, como si ese fuera el problema real.

Un discurso que avanza en la defensa de las identidades, pero que a la vez reniega y rompe el hilo de clase, el elemento transversal que atraviesa a estas y que determina nuestras condiciones materiales más allá de los elementos concretos e individuales. Identidades en las que gran parte de la izquierda ha visto un caladero de votos y la manera de llegar a ciertos colectivos, muchos de los cuales tienen reivindicaciones que, al fin y al cabo, no suelen molestar mucho a los que tienen el poder pero suman a la hora de poder sentarse en los parlamentos.

Argumentos que rompen con el sindicalismo de clase, una de las mayores herramientas de lucha de los/as trabajadores, que si bien los sindicatos mayoritarios han sido partícipes de la situación actual de descrédito gracias a sus dirigentes, este ha sido el contrapeso a patronal y gobierno del Estado, así como son los que tienen potestad para convocar huelgas. Huelga, asimismo, palabra que gran parte de la izquierda está prostituyendo de tal manera que está perdiendo su significado y que va a hacer que olvidemos otra de las herramientas que ha servido para avanzar en nuestros derechos y protegerlos.

El repliegue ideológico está llevando a que se reniegue de la lucha de pueblos dignos que están peleando contra el imperialismo, sufriendo, más allá de las consecuencias “normales” del capitalismo, el ataque que estos cometen contra quienes no ponen sus recursos al servicio de sus negocios. Poniendo lo que debiera ser un ejemplo para el mundo como un elemento que perjudica la vida de la mayoría de su pueblo y, por lo tanto, de los diferentes pueblos a los que se pudiera exportar medidas o sistemas similares. Y, claro, cagándose en uno de los valores más universales y que siempre ha reivindicado la izquierda: la solidaridad.

Una izquierda que está más centrada en entrar a las instituciones que en construir un contrapoder en la calle que es el único que puede defender cualquier medida que pueda acometer un gobierno que apueste por el socialismo y que tenga claro que va a tener que resistir los embistes del capital. Una izquierda que teoriza y dedica sus esfuerzos a hacer lo primero y no lo segundo. Y una parte de esa izquierda organizada que criticaba esta situación ahora hace lo mismo, demostrando un cinismo sin límites.

Las próximas citas electorales son las Municipales y las Europeas. En los municipios la realidad es diferente y entran otros factores ajenos a otros niveles, pero en las Elecciones Europeas se va a dar otra paradoja: dos organizaciones como IU y Podemos con una posición totalmente distinta en materia internacional van a concurrir juntos de nuevo. Da la impresión, sobre todo en este caso, que la “confluencia” está más enfocada a garantizar recursos para si mismos y algunos puestos dentro de las organizaciones que de tener posiciones críticas, utilizar los recursos de estas instituciones para llegar a más gente y dar voz a aquellos pueblos que sufren la injerencia de potencias extranjeras, ataques y crímenes en diferentes puntos del mundo.

Una izquierda que va a llevar otro varapalo en las Elecciones Europeas y que va a afrontar las Generales, si no las convocan antes, perdiendo más apoyos dentro y fuera. Esperemos, por lo menos, sirva de acicate para que la izquierda recapacite y entienda que cambiar el discurso para llegar a más gente no hace más que escorar a la sociedad a la derecha.

No se trata de amoldar el discurso a la gente, sino de convencerla.

Juani Boto Garrido.

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Redacción La Comuna Andalucía.

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