Prostitución: no es (sólo) un problema feminista

“Las prostitutas de la tele que dicen poder elegir a sus clientes es como escuchar a Amancio Ortega decir lo bueno que es el capitalismo.” Artículo de Andoni Suárez

Más del 99% de las prostituidas en el mundo está copado por mujeres prostituidas, por tanto, es normal que sea una cuestión que atañe al feminismo y hay tanto posturas a favor, como en contra de que este ¿negocio? Sea legal. Como por motivos biológicos hacer la lucha feminista no me corresponde a mí, trataré el tema desde el punto de vista de la lucha de clases con una mirada que os os anticipo, será abiertamente anticapitalista.

El precio del deseo

Se alude habitualmente a la libertad de cada individuo para hacer lo que quiera con su cuerpo. Este argumento a menudo esgrimido por gente autodenominada de izquierdas, pero con una evidente falta de formación, serviría para justificar desde la prostitución, hasta los vientres de alquiler o la compraventa de órganos humanos. Es una trampa capitalista para ponerle precio a todo.

Creo que coincidiremos en que el sexo es un acto que debe ser no sólo consentido, si no además deseado por ambas partes. En el momento en que una de las partes tiene que poner dinero para que exista consentimiento por parte de la otra, el sexo deja de ser sexo para convertirse en otra cosa, en un negocio, en mercancía. Y lo que se mercantiliza no es la fuerza de trabajo, si no el propio cuerpo de la mujer. Es por tanto absurdo que desde el respeto a los derechos humanos podamos plantearnos si quiera, que una mujer aunque sea “voluntariamente”, pueda ejercer la prostitución. Porque pese a ese halo de “empoderamiento femenino” que le quieren dar, lo único que venden es postmodernismo capitalista. Ni hay empoderamiento en vender un riñón, ni lo hay en poner al servicio de otros un cuerpo para ser penetrado.

Un ejemplo claro que se me ocurre de que realmente el deseo, el sexo, es algo más que un acto físico es el siguiente:

Un hombre llama a su casa y dice a su pareja, oye cariño, que acabo de salir de la oficina y tengo hambre, voy a parar de camino a casa a picar algo. Y es algo que todo el mundo entiende. Ese mismo hombre llama a su casa y dice a su pareja, oye cariño, que estoy cachondo y voy a parar a la salida del polígono a echar un polvo con la chavala que hay allí. Oh vaya… ¿Ya no es lo mismo, no? ¿Cuál es el motivo, no era un servicio más?.

Obviamente no, el sexo no es un negocio, porque no es algo meramente físico, el sexo conlleva consigo una carga emocional y no podemos comprar el argumento de que el consentimiento a cambio de dinero es válido.

La prostitución como negocio.

Cuando nos hablan de legalizar la prostitución, siempre nos ponen la cara amable de las consecuencias que tendría. Las mujeres lo harían libremente, tendrían controles sanitarios, bajas, cotizarían a la seguridad social. Vamos, convertirlo en un trabajo más. Pero como decía Jack el Destripador, vamos por partes.

● Ejercer la prostitución libremente:

La única manera que existe de saber si una mujer está en la prostitución de manera voluntaria o no, es preguntárselo, y aquí empiezan los problemas… ¿Acaso una mujer que ha sido secuestrada o engañada en Nigeria, que tiene a su familia amenazada por la mafia va a decir que no ejerce la prostitución libremente? Me parece difícil creer que esto pueda ser así. Legalizar la prostitución supone dar carta blanca a las mafias para operar, porque las mujeres prostituidas tendrán sanidad, lo cual será bueno, sí, pero para los puteros que no tendrían que preocuparse por su higiene. Pero nadie garantiza que esas mujeres estén ejerciendo la prostitución por voluntad propia. Legalizar la prostitución supone dar carta blanca a la trata como demuestran los datos en Alemania u Holanda. Por cierto, por aportar un dato, más del 30% de las prostitutas en Italia son mujeres y niñas huyendo de Boko Haram que proxenetas captan para explotarlas sexualmente.

● La prostitución como salida laboral:

El defender la prostitución como una salida laboral digna es algo que realmente me tiene impresionado, sobre todo porque casi toda la gente que conozco que lo hace, lo defiende para otras personas, para quienes quieran hacerlo… nunca para sí mismas. Lo que estas personas no tienen en cuenta, es que si la prostitución es un trabajo más, podrías estar en paro, en el INEM te llamarían para una entrevista de trabajo y resultar que el puesto es para prostituirse. O aceptas el trabajo o te quedas sin prestación por desempleo (y ojo que esto no es ficción: “Pierde sus derechos laborales por no aceptar empleo de Prostituta”). Aquí es cuando a la gente empieza a caérsele la careta y ya empiezan a poner cortapisas de que tendría que ser sólo para quien quiera ejercerlo, como si ellos tuviesen su trabajo soñado y no el que les ha tocado…

Hace tiempo tuve un debate por Twitter con Giorgina de AMMAR, conocida activista pro-prostitución, tras un par de intercambios, le pregunté que si ella animaría a una chica de 16 años a ejercer la prostitución, a esa edad en España se tiene edad legal para trabajar y para tener relaciones sexuales. Su respuesta fue el bloqueo… Se ve que ni siquiera ella lo ve realmente como un oficio más.

Resumiendo…

Por muy transgresor que pueda sonar lo de el derecho a ser prostituta, es un argumento que defiende un mínimo de privilegiadas que no buscan más que el propio beneficio. El mayor número de relatos que podemos encontrar de ex-prostitutas y de muchas de ellas en activo, están muy lejos del modelo “Pretty Woman” en el que las prostitutas de la tele dicen poder elegir a sus clientes. Escuchar a esas mujeres lo buena que es la prostitución, es como escuchar a Amancio Ortega decir lo bueno que es el capitalismo. Es bueno para cuatro privilegiadas y muchos proxenetas.

Quien defienda que quien quiera ejercer la prostitución libremente debe tener derecho a hacerlo. Está defendiendo que como hay gente dispuesta a trabajar 7 días a la semana, 12 horas al día, por 600€ al mes, deberíamos legalizar esa situación, porque lo hacen libremente.

Andoni Suárez

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