“Gestación subrogada”: una cuestión de clase.

subrogada

“Gestación subrogada”: una cuestión de clase.

Me he dado cuenta que hay ciertos temas que pese a su aparente banalidad inicial, adquieren un auge relevante y se instalan en la cotidianidad para acompañar nuestras tertulias durante largo tiempo, tanto como interese a los medios de comunicación prolongar el debate al respecto en su agenda y a la bancada política mantenerlo vivo en su continua búsqueda del rédito parlamentario.

Tal es el caso del asunto de los vientres de alquiler o “gestación subrogada”, como nos incitan a denominar esta práctica para, eufemismos mediante (ya nos advertía Marat en su blog sobre el uso de la neolengua para debilitar el pensamiento e imponer un totalitarismo elitista), disimular su naturaleza violenta, la de una actividad comercial con carácter lucrativo cuya agresiva fórmula se extiende ya por diferentes países como Ucrania, México, India o Tailandia, (en base a una política de marcado acento colonial, se pretende expandir el mercado en aquellos países sometidos por las políticas economicistas de Occidente donde resulte mas fácil encontrar mano de obra gestante a bajo costo) desde mucho antes de que la biotecnología nos permitiese acceder a un mercado de niños a la carta para regocijo de clínicas y agencias que los ofertan en “packs” de diferentes características, en función del poder adquisitivo del demandante (comprador).

subrogada

 

Uno u otro término, hacen alusión en resumen a la implantación de un embrión en una madre gestante, que previamente y bajo contrato, renuncia a su hijo venidero en favor de los padres de intención. En caso de que el “pedido” no sea del agrado de estos, existe un alto grado de posibilidades de que termine en un orfanato.

Aceptar la “gestación subrogada” es aceptar por tanto la disociación de los conceptos maternidad y gestación, con todo lo que ello implica.

Bajo el precepto simplista del derecho a la maternidad, el capital apuntala su estrategia de dominación para robar la fuerza de trabajo reproductiva a la clase obrera, relegando por consiguiente el futuro bebe, el cuerpo de la mujer y especialmente su útero al status de mercancía, síntoma de la descomposición de un sistema que se alimenta de la explotación humana hasta un punto que sobrepasa ya hace tiempo todos los límites imaginables.

Cuando nos hablan del derecho a la maternidad, se olvidan de mencionar que ese derecho solo corresponde a un sector privilegiado, pues en ningún caso imagino (aún a riesgo que resulte tópico) a una “empoderada” mujer de posición acomodada pasando un calvario enorme durante nueve meses y durante el parto, para posteriormente vender a precio de saldo a su primogénito a una humilde familia con idénticos problemas para engendrar que para llegar a fin de mes con cierta solvencia.

Lo que si responde a hechos objetivos, es que las mujeres pobres se alquilan para familias adineradas en beneficio de las empresas intermediarias, podemos afirmar por tanto, que tras la problemática inherente a la “gestación subrogada” también  subyace una cuestión de clase.

Hablar de derecho a la maternidad en una sociedad en la que millones de mujeres se ven obligadas a renunciar a ella azotadas por una situación de enorme precariedad, me parece un tanto frívolo, cuanto menos.

La aceptación de estas contradicciones y la normalización de este espurio negocio en alza (como demuestra la proliferación de empresas en el sector) caminan de la mano con una fuerte planificación comercial, en la que la figura de diferentes personajes públicos pertenecientes a ámbitos tan dispares como la aristocracia, el deporte o la televisión, se antoja fundamental para dotarlo de un cierto aire de modernidad que favorezca la instauración de esta tendencia como cualquier otra moda.

Que famosetes de medio pelo abanderados del consumismo neoliberal recurran a estas prácticas y publiciten sus bondades, da cuenta de lo que escribo en el último párrafo. Que algunos de los que se lo han planteado además, hicieran campaña contra el comercio de animales en favor de la adopción resulta histriónico a estas alturas.

subrogada

¿Qué sociedad es esta en la que un ser humano se convierte en objeto de explotación para satisfacer los caprichos hedonistas de otro mientras todos aplauden?

Según establece la legislación española vigente, estas actividades son nulas de pleno derecho y están tipificadas en el Código Penal como conducta criminal, pero de eso poco o nada interesa hablar, toda vez hecha la trampa que permite llevar a cabo el proceso de alquiler de vientres en otros lugares enmarcados dentro del mapa del “turismo reproductivo”, y registrarlos aprovechando el limbo legal creado de facto por una instrucción de la Dirección General de Registros y del Notariado del 5 de octubre de 2010.

No nos engañemos. Regular el comercio de recién nacidos no es un planteamiento emanado de la demanda de una amplia mayoría de la sociedad civil, sino del debate estéril y elitista de un sector poblacional minoritario, que empresarios de dudosa reputación ponen encima de la mesa respaldados por movimientos liberales y partidos que como Ciudadanos, ven en ello un filón económico.

La mercantilización dentro del sistema capitalista se da en un contexto de presunción de la existencia de derechos de propiedad sobre todos los procesos, poniéndolos precio y convirtiéndolos en objeto de comercio sujetos a la ley, como ya explicaba en artículos anteriores.

subrogada

La vinculación mercantil adscrita al proceso reproductivo, entra dentro de la lógica capitalista para reinventarse y acceder a nuevas formas de acumulación de capital. Obviar esto es ignorar la clave de la cuestión.

Nandu de Diego.

Sitio web del autor: Cuestión de Clase.

(Visited 337 times, 1 visits today)