Venezuela un país asediado

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Venezuela un país asediado

“La paz y la integridad de la República Bolivariana de Venezuela es la paz de América del Sur”

Llegó el tan esperado 7 de enero como lo hacían ver la mediática opositora a nivel mundial, ese día, por el mandato democrático del pueblo venezolano se posicionó nuevamente como presidente Nicolás Maduro, entre otro día de ires y venires de miles de caraqueños y caraqueñas, como todos los días, las madres en la tarde trajeron a los niños de sus Simoncitos- escuelas para los más pequeñitos-las madre pasan trabajos para resolver la alimentación pero sus muchachos crecen fuertes; en las calles hay trancones, aunque en los últimos años han construido puentes y vías alternas, hay demasiados vehículos y el tráfico en las horas pico se congestiona, en Venezuela contrario a lo que pintan los medios y redes todo funciona a pesar de la devaluación de la moneda, y aunque todos los días amanecen las cosas más caras aún así la gente se las arregla para vivir trabajando, tampoco hay la tal represión, hay paz.

El 7 de febrero, recibimos una noticia nefasta al culminar en Montevideo la conferencia sobre Venezuela, convocada por México y Uruguay; a la que se hizo invitar el Grupo de Contacto de la Unión Europea los asistentes no lograron una conclusión común, aún así, los delegados de la Unión Europea, junto a otros pocos países Latinoamericanos dentro de los que están Uruguay y Ecuador, expidieron un comunicado desconociendo que en la República Bolivariana de Venezuela, existen instituciones legitimas funcionando al mando del presidente Nicolás Maduro como Jefe de Estado.

El llamado Grupo de Contacto anunció: 1) que se proponen restaurar la plena democracia y para ello afirman que van a hacer contactos con actores venezolanos relevantes y a nivel internacional, con el objetivo establecer garantías para un proceso electoral creíble en el menor tiempo y; 2) permitir la urgente entrega de ayuda humanitaria.

Lo anterior es otra cara de la política injerencista que desde hace 20 años ha implementado el gobierno de los Estados Unidos en contra de la República Bolivariana de Venezuela, parten de calificar al gobierno y a todas las instituciones de este país como dictatoriales. No porque las mayorías del pueblo venezolano lo sientan así, si no porque la oposición política junto a los más rastreros intereses imperiales así lo califican. Dignamente México y Bolivia no firmaron esa declaración.

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Nicolás Maduro divulgó en su cuenta de Twitter la imagen de su encuentro con AMLO, en la Toma de protesta del presidente mexicano

La ofensiva imperial de la insidiosa “ayuda humanitaria para la restauración de la Democracia” es un momento más en una larga historia de injerencia iniciada desde el 2 de febrero de 1999, día en que Chávez asumió como presidente. La acción desestabilizadora, golpista y de agresión a la soberanía se debió a que la Revolución Bolivariana  trazó el propósito de independencia y soberanía; refrendadas en la Constitución que rige la democracia e institucionalidad Venezolana desde el 20 de diciembre de 1999.

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En aquellos primeros días del siglo XXI, Chávez, apoyado en el espíritu nacionalista de la Constitución, el 13 de noviembre del 2001 logró que la Asamblea Nacional aprobara 49 leyes habilitantes, una de ellas, la Ley de Hidrocarburos le ocasionó un paro petrolero y un golpe de estado de 48 horas el 11 de abril del 2002; operación intervencionista instigada por el gobierno George W. Bush, que fue apoyado con prontitud por los gobiernos de José María Aznar y Andrés Pastrana. Desde entonces no cesan las acciones de los Estados Unidos y sus acólitos para subvertir el orden interno de Venezuela, obstruyendo la gobernabilidad con acciones ilegales realizadas a través de entes encubiertos y medidas legales abiertas.

La hostilidad contra Venezuela la endureció el presidente Barak Obama, el 9 de marzo de 2015, expidió un decreto que “Determinó que la situación en Venezuela, incluida la erosión de garantías de derechos humanos por parte del Gobierno, la persecución de opositores políticos (…) constituye una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE.UU” ese decreto sustenta las medidas obstructivas para las actividades comerciales y financieras de Venezuela que acompañadas de las acciones especulativas patrocinadas por la oligarquía venezolana en asocio con el poder económico mundial causan la devaluación y el desabastecimiento que desmejoraron las condiciones de vida de los Venezolanos.

El presidente Trump, el 21 de mayo de 2018, ratificó la orden ejecutiva; con ella “prohíbe a cualquier ciudadano, institución o empresa estadounidense adquirir deuda venezolana o activos y propiedades pertenecientes al Gobierno de Venezuela en Estados Unidos, incluidas aquellas inversiones derivadas de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA)”. Además, Mike Pompeo en esa fecha ya señalaba que Washington tomará veloces acciones económicas y diplomáticas dirigidas a restaurar la democracia venezolana.

Por eso ahora, no nos sorprenden las declaraciones de altos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos, o de sus lacayos latinoamericanos afirmando que en Venezuela está roto el orden constitucional, esas declaraciones las han hechos desde el año 2002 cuando todas las instituciones, igual que las actuales, estaban funcionando en el marco constitucional. En Venezuela millones de ciudadanos están claros que las potencias europeas y los Estados Unidos no están interesados en que haya un gobierno que proteja a sus ciudadanos; están interesados es en revertir las leyes que establecen soberanía y así poder despojar de sus riquezas a Venezuela.

Ahora todos los gobiernos injerencistas desataron una ofensiva diplomática, un agresivo embargo, con la confiscación de activos por 7.000 millones de dólares y al pago del petróleo que Venezuela le vende a los Estados Unidos. El objetivo es estrangular, asfixiar y arruinar a Venezuela y si aun así no se doblega entonces invadirla, así de cruda es la realidad.

Maduro dijo en su discurso de posesión que buscará mantener la paz a través del diálogo entre venezolanos; la paz y la integridad de la República Bolivariana de Venezuela es la paz de América del Sur, de la estabilidad de Venezuela, depende la paz de los pueblos hermanos. Los gobiernos vecinos están totalmente alinderados con los Estados Unidos con la ilusión de que les dejen una parte del botín petrolero y minero.

Los venezolanos y latinoamericanos valoramos indispensable para la paz, el reconocimiento a la institucionalidad Estatal presidida por el Presidente Maduro y el rechazo a la injerencia extranjera, que han expresado diversos movimientos políticos, sociales y culturales de Europa.

José Aníbal Montes de Oca, activista social colombo-venezolano, residenciado en San Cristóbal, Táchira. Venezuela.

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