“Cuando el público que consume las noticias no conoce sobre una realidad y no se explica un contexto, los vacíos se van a llenar a través del tópico, los prejuicios y los estereotipos”

 

    “Asumir la necesidad de un periodismo independiente, supone en primer término que hemos asumido la realidad de un periodismo mayoritario dependiente del poder realmente existente. Teniendo en cuenta que, el periodismo se presenta como un arma democrática a favor de los intereses del pueblo y de su derecho a obtener una información veraz, está asunción supone la aceptación de una lucha contra una dictadura global de la información”

    Nota: Reproducimos el texto de la ponencia de Carmen Parejo Rendón en el webinario “El papel de los medios frente a los procesos de liberación nacional” realizado en Quito el jueves 25 de abril del 2024, como parte de las actividades por el 25 aniversario de la creación de la agencia Sahara Press Service (SPS). Puedes acceder a la presentación de la actividad y el desarrollo de las demás ponencias a través de este enlace. Pinche, AQUÍ. 

    Decía el viñetista argentino Quino que lo que no sabía la opinión pública es que su opinión está en manos privadas. En efecto, así es. Y los grandes medios de comunicación, desgraciadamente, hace tiempo que dejaron de hacer periodismo y entraron al mercado de la propaganda. No por casualidad a los medios se les llama “el cuarto poder”.

    Lo cierto es que no estamos ante un fenómeno novedoso. Julio César escribe la Guerra de las Galias precisamente para dotar de un argumentario a ese conflicto que era bastante cuestionado en Roma. La propaganda ha existido siempre. Sin embargo, en el contexto actual por la expansión de las comunicaciones sus formas de actuación tienden a ser más sutiles que en la época de Julio César.

    Analizando la situación del periodismo en la actualidad, es especialmente reseñable el fenómeno de concentración de los medios de comunicación. En el caso del Estado Español el poder cultural, en sentido extenso, lo ostentan fundamentalmente cinco grandes grupos mediáticos y tres grupos editoriales; bajo su control quedan la mayoría de los medios de información y publicaciones escritas y en algunos casos también ejercen como productores y promotores de creaciones artísticas y de entretenimiento, producción de películas, series, productos musicales, programas de televisión etc.

    Debemos también atender a cómo se financian estos grandes medios de comunicación y de producción cultural. Entre los mecanismos clásicos que aún se mantienen se encuentra la publicidad y también el accionariado, donde se destacan normalmente entidades bancarias o grandes empresas. En los últimos años, a su vez, podemos constatar el ascenso, con cada vez una mayor importancia en la financiación de los grandes medios, de los Fondos de Inversión. La participación de estos Fondos, aunque también ha afectado en algunos casos a la línea editorial de los medios, de entrada, tiene un efecto directo perverso en la gestión. Se pone de manifiesto el aumento de despidos de periodistas, y sobre todo la profundización de la precariedad en la profesión. Un Fondo de inversión prima los beneficios y no el servicio que se ofrece, por lo que esto, habitualmente, también afecta a la rigurosidad y calidad de la información.

    Pocos periodistas, mal pagados, con poco tiempo para formarse, profundizar o ser rigurosos, que trabajan, normalmente, con una relación contractual precaria, para unos pocos grupos mediáticos que, además, defienden unos intereses políticos determinados. Este sería el escenario general de la situación en la que nos encontramos.

    En este sentido, cuando hablamos de contrainformación en la actualidad, habitualmente nos estamos refiriendo a la labor que realizan periodistas o medios independientes que enfrentan el escenario desolador anteriormente presentado.

    Asumir la necesidad de un periodismo independiente, supone en primer término que hemos asumido la realidad de un periodismo mayoritario dependiente del poder realmente existente. Teniendo en cuenta que, el periodismo se presenta como un arma democrática a favor de los intereses del pueblo y de su derecho a obtener una información veraz, está asunción supone la aceptación de una lucha contra una dictadura global de la información. Así, pese a los embistes del capital, podemos decir sin temor a equivocarnos que el periodismo sigue siendo una actividad profundamente revolucionaria.

    El capitalismo es el único modo de producción que se desarrolló – y se desarrolla- a nivel internacional. La tendencia natural de este sistema es hacia la creación de monopolios, la máxima acumulación posible en cada vez menos manos. En ese sentido, no es de extrañar que, en la información de mercado, el llamado periodismo mainstream, se produzca este mismo fenómeno. Grandes grupos transnacionales de la información concentrados entorno a los grandes polos de poder del centro imperialista. Así, no es de extrañar que los grandes medios enfoquen campañas para defender esos intereses en detrimento no solo del interés de la mayor parte de los pueblos del mundo, sino incluso del derecho a recibir una información veraz de su propia población. Con un modo de producción internacionalizado, la propaganda también se articula de manera global.

    Hace unos años en la universidad una profesora nos explicaba sobre los estereotipos, las imágenes que tenemos en nuestra cabeza y nos sirven de referencia. Para ello nos invitó a coger un folio en blanco y a dibujar una serie de cosas: una niña, una flor, una casa, un coche, un chino, un indio o un europeo. No por casualidad, prácticamente toda una clase de más de cincuenta personas dibujamos exactamente lo mismo para describir estos conceptos. La niña con su vestido; la flor, una margarita (salvo algún romántico que pintó una rosa); la casa, la de los cuentos, con su chimenea y su tejado para la nieve (aunque estábamos en Sevilla); el coche, el de las señales; el chino, el de los arrozales, con su sombrero y su cabeza gacha, la imagen colonial de las huchas del Domund; el indio, el americano, en concreto el de las películas del oeste; y el europeo… Recuerdo que eso fue lo que me resultó más difícil. Finalmente, pinté a un hombre, vestido de traje de chaqueta, con un maletín y un teléfono móvil. Cuál fue mi sorpresa al descubrir que toda la clase asumía, al igual que yo, que un europeo es un yupi, un hombre de negocios.

    Hace un tiempo tuve la suerte de entrevistar a dos periodistas que han desarrollado una intensa labor profesional durante años. Con ambos hablé sobre la idea de “desinformación”. Pablo Sapag, de origen sirio-chileno y experto en propaganda; y Rosa Moro, periodista especializada en el continente africano y en concreto en el África negra.

    Tanto en un caso como en el otro, ambos denunciaban que una forma de desinformar era precisamente la de relatar los hechos ajenos a un contexto. Cuando el público que consume las noticias no conoce sobre una realidad y no se explica un contexto, los vacíos se van a llenar a través del tópico, los prejuicios y los estereotipos.

    Esto lo vemos muy claramente en los escenarios trabajados por los expertos que anteriormente mencioné. El desconocimiento sobre la realidad siria ayuda a que los vacíos descontextualizados se rellenen mediante el tópico orientalista, paternalista, sobre el mundo árabe. Los prejuicios -por tradición racistas- ayudan a que se plantee como un conflicto local, fruto de su propia idiosincrasia. Esto genera una percepción sobre quién recibe esta información que anula su capacidad de empatía ya que acaba por ver el conflicto como algo ajeno a lo humano, más próximo a lo literario o al visionado de una película sobre “moros matándose entre sí”. Y, en última instancia, sirve como un método de ocultación sobre los intereses internacionales relacionados con ese conflicto. El papel de las potencias occidentales, por ejemplo.

    Lo mismo ocurre con el continente africano. La racialización de la esclavitud como sabemos se fortalece por el desarrollo de un discurso durante siglos que ha creado la imagen del negro como un ser ajeno a la racionalidad, salvaje. Este tópico creado, insisto, al albor de las necesidades de explotación y posteriormente de colonización del continente africano, e iniciado tras el secuestro de parte de su población para la esclavitud en América y Europa, facilita la idea de que entender lo que ocurre en África es muy difícil, al fin y al cabo, estamos ante “cosas de salvajes”.

    De nuevo se anula la capacidad de empatía y se convierte a seres humanos en objetos, recreando un tipo de ficción que además nos resulta muy ajena, y representa una otredad. Y de nuevo también sirve como ocultación. Oculta los jugosos intereses de países como Francia o EEUU en dominar y saquear los recursos del Congo, por ejemplo. O el papel que han jugado en el proceso para los distintos genocidios que se han producido allí.

    Cuando hablamos de Medio Oriente, un término de por sí de desarrollo colonial, nos referimos a la zona de Asia Occidental y la Península arábiga, y en ocasiones, a parte del Magreb y el norte de África. Una zona geoestratégica fundamental, la conexión entre tres continentes: Europa, Asia y África; las vías comerciales más relevantes de contacto entre el Mar Mediterráneo y el Mar del Sur de China. Además, de una zona con presencia de múltiples recursos naturales y energéticos. El control de esta región supone, por tanto, controlar el corazón del mundo.

    En este sentido la contrainformación hoy es cubrir una necesidad urgente de rellenar los vacíos, los vacíos de una de una profesión periodística llevada a la decadencia por el mercado que se concentra en pocas manos con intereses determinados, y los vacíos de un sistema de noticias de titular que deliberadamente y a veces por incapacidad técnica deja el contexto en el vacío facilitando que todo el sistema de creencias inculcado por la clase dominante a nivel mundial durante siglos rellene esos vacíos en beneficio de esa misma clase dominante.

     

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    Directora Revista La Comuna

    Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Sevilla. Gestora cultural, escritora, poeta y analista internacional en distintos medios escritos o audiovisuales. Autora de la compilación poética “La Generación de la Sangre I” para Editorial Ultramarina Cartonera, a través de la Plataforma de Artistas Chilango-andaluza.

    “Arquitecturas y Mantras” de la Editorial Bucéfalo fue su primer libro de poesía en solitario. A su vez, actualmente colabora en Hispan TV y otros medios internacionales en habla hispana analizando la actualidad política. Miembro de la Asociación Cultural Volver a Marx. Milita en Trabajadoras Andaluzas.