“Certificamos la sintonía esencial entre la izquierda sistemática (parlamentaria o mediática) y la derecha liberal, tal como, acertadamente, celebraba José María Michavila”

    “¿Qué es lo que motiva realmente la impaciencia de Occidente en conjunto (incluida gran parte de su izquierda)”, a la hora de conceder la credencial democrática, “frente a unos países y ordenamientos políticos nacidos de revoluciones anticoloniales?”

    José María Michavila, extitular de Justicia en uno de los Gabinetes presididos por José María Aznar, del PP, subrayó el consenso mediático en torno a la cuestión de Ucrania con el particular concepto de la democracia que desarrolló en La noche en 24 horas de La 1, al principio de su intervención en el programa, cuando fue presentado por Xabier Fortes (Rtve.es, 10/X/2022)[1]:

    «Yo he estado ahí [en otra parte del plató], simplemente; déjame que te diga: yo he estado allí de espectador, en el principio del programa, y he visto que cuando hablabais de justicia, era como el futbolín, ¿no? Uno quería meter la pelota para un lado, ¿no?, y el otro para el otro lado; o sea, porque cada uno tiene sus posiciones ya preconcebidas e incluso yo sabía ya lo que iba a decir cada uno. Y en cambio, cuando hemos hablado de Ucrania, hay paz, lo cual quiere decir que la democracia, y este libro [el suyo, La edad democrática] va de la democracia, tiene mucha fuerza.»

    Por muy de izquierdas que pueda parecer el discurso general de El Gran Wyoming que abordábamos en otro de nuestros análisis para Revista La Comuna[2], la visión que proyectaba sobre Rusia y China no se separa un ápice de la del centro-derecha español (permítasenos el eufemismo), como revela la intervención de Michavila en TVE; aparición a la que merece la pena seguir refiriéndonos con otro de ellos (Rtve.es, 10/X/2022)[3]:

    «La democracia va a ganar. Yo no tengo duda [de] que en China y en Rusia, no sé si en veinte, en cincuenta o cien años, habrá democracia. La democracia es el futuro y la democracia va a ser donde vivan nuestros nietos. Yo de eso no tengo duda. Ahora vivimos una enfermedad de adolescencia, pero la democracia va a ganar. Y aquí lo habéis demostrado. Cuando hemos hablado de Putin y la autocracia, pues todos, aunque discrepáis en matices pequeñitos, en los temas de valores democráticos habéis estado todos de acuerdo.»

    El carácter paradójico de esta profecía se evidencia, sobre todo, cuando minutos antes ha abogado por “hacer «las siete grandes maravillas de la democracia», igual que hay las siete grandes maravillas de la arquitectura o de la naturaleza”. Para Michavila “Una de ellas sería la Constitución de los Estados Unidos; no hay duda”, y, lo que es más llamativo en este caso, “Otra sería la Constitución Española de 1978, que permitió pasar de una dictadura a una democracia. Permitió quitar los rencores del pasado, mirar con limpieza el futuro y sumar esfuerzos”; etcétera, etcétera. Es curioso el ejemplo que según Michavila ha “demostrado” el glorioso porvenir de la “democracia”, esto es, que en ciertos temas tanto él como el presentador del programa y todas las personas invitadas a la mesa de análisis sin excepción estén “de acuerdo” (ídem)[4], cuando este hipostasiado texto constitucional ya en su primer artículo “propugna” como uno de los “valores superiores de su ordenamiento jurídico […] el pluralismo político” y en el vigésimo, punto tercero, establece que la ley “garantizará el acceso” a “los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público” para “los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad”[5]. Partiendo de ambas premisas deducimos cuatro posibles conclusiones: una, que el conflicto de Ucrania no pertenece a la esfera política; dos, que toda la población del reino de España tiene en torno al asunto la misma opinión, a saber, la misma que la de las personas presentes en el plató de TVE; de acuerdo con la tercera, admitimos que quizá algo malpensada, en realidad no se está respetando el pluralismo de la sociedad garantizando el acceso al programa del medio televisivo dependiente del Estado de alguien que represente una posición diferente a la expresada por las y los presentes en el estudio del ente público (lo que pondría en cuarentena la condición de “Análisis profundo y plural de la actualidad” que nos asegura la propia web del programa); la cuarta queda reservada al sector aún más escéptico y, por aquello de que el papel lo aguanta todo, consideraría que tampoco hay que tomarse demasiado en serio (salvo la indisoluble unidad de la patria, la bandera rojigualda, la monarquía y poco más) eso de la Constitución, dado que, al fin y al cabo, también declara esta otros derechos como el que las personas tendrían al “trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia” (artículo 35)[6], o bien “a disfrutar de una vivienda digna y adecuada” (artículo 47)[7].

    Si Michavila ha señalado que los integrantes de la tertulia de análisis han estado “todos de acuerdo”, entendemos que los del cupo socialdemócrata han coincidido en lo fundamental con los (neo)liberales, grupo al que pertenece el exministro aznariano, antiguo alumno de la universidad estadounidense de Harvard y de la institución académica británica London School of Economics”[8]. Pero la adscripción de Michavila al campo anglosajón no termina ahí, dado que de 2010 a 2016 fue asesor del fondo de infraestructuras JP Morgan IF; JP Morgan, con sede en Nueva York, es el banco más grande de Estados Unidos y una de las mayores empresas financieras del mundo. En esa etapa representó a la entidad en el consejo de la transnacional de servicios marítimos, logísticos y portuarios, que es la  antigua Dragados SPL, filial de puertos de ACS, adquirida por la citada JP Morgan (Europapress.es, 13/V/2011)[9]. Pero es que en esas mismas fechas fue miembro de la junta asesora mundial de otra empresa norteamericana, la consultora Oliver Wyman, fundada también en Nueva York (Elespanol.com, 17/VII/2019)[10]. Eso explica muchas cosas.

    Y por cierto la entrevista a Michavila tenía lugar con motivo, entre otras cosas, de la aparición de su último libro, titulado La Edad Democrática, publicado justamente por Planeta[11], el grupo para el que trabaja El Gran Wyoming en tanto presentador de La Sexta. La democracia, dice Michavila en su libro, “ha dibujado el mapa de quienes han crecido en el bienestar y de quienes se han quedado atrás. Su fuerza ética ha protagonizado la lucha por los derechos humanos, la igualdad entre hombres y mujeres, la abolición de la esclavitud, la superación de la violencia, la protección del medio ambiente y la erradicación de la miseria”[12]. “La vida me ha dado oportunidades increíbles. […] He tratado a centenares de personas anónimas extraordinarias y también a otras nada anónimas de las que he aprendido muchísimo”, contaba el extitular estatal de Justicia. También agradecía haber “hablado de los problemas de nuestros días con políticos como George Bush, Tony Blair, Mijaíl Gorbachov, Boris Yeltsin, Helmut Kohl, Nelson Mandela, Mário Soares, Jacques Chirac, Valéry Giscard d’Estaing, Nicolas Sarkozy, Giuliano Amato, José Manuel Durão Barroso, António Costa, Andrés Pastrana, Vicente Fox, Felipe Calderón, Álvaro Uribe y, claro está, con todos los presidentes del Gobierno de España y con innumerables líderes políticos, sociales y económicos” de dicho Estado[13]. Entre tanto egregio referente, aunque no lo cite, también se podría haber acordado de Francisco Camps, expresidente de la Comunidad Valenciana y exlíder del PP en esa comunidad autónoma, para cuyo juicio por presunta corrupción la Audiencia Nacional puso fecha para enero de 2023. Camps afrontaba una petición de la Fiscalía de dos años y medio de cárcel por prevaricación y fraude en una de las ramas del caso Gürtel (Elpais.com, 11/III/2022)[14]. De hecho, la incorporación de Michavila a Noatum tenía lugar después de que este dejara su cargo de diputado del PP del Valencia tras publicarse varias noticias sobre sus implicaciones en el caso Gürtel, las cuales Michavila siempre desmintió. Poco después de dicha incorporación Michavila abandonó el despacho de abogados Eius, firma que había trabajado con varios ayuntamientos gobernados por el PP ligados a la presunta trama ilegal, pero montó el suyo propio, MA Abogados, para continuar con su profesión de letrado, amén de la de asesor de empresas y gestión de patrimonios con exdirectivos de JP Morgan. Esta lo contrató como consejero para su división JP Morgan Asset Management pese a no tener experiencia empresarial en grupos industriales, aunque sí contactos con el PP de Valencia, donde Noatum Ports había instalado su nueva sede social; no en vano esta última empresa contaba en el puerto de la ciudad del Turia con el 60% de su negocio, conseguido vía concesiones. Por otra parte, la propia hermana de Michavila, Ana, fue durante varios años mano derecha del mentado Francisco Camps (Elconfidencial.com, 13/V/2011)[15].

    Como hemos reseñado, el entrevistado en La noche en 24 horas loaba como una de las indudables “siete grandes maravillas de la democracia” la Constitución de Estados Unidos recreando por enésima vez la asumida identidad entre ese país, con el que el exministro mantiene tantos vínculos académicos y profesionales, y el gobierno del pueblo por antonomasia; ya se sabe, por aquello de “Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos”, según reza su preámbulo. El Gran Wyoming, como veíamos, no consideraba oportuno incluir a EE.UU. en su lista de “los diez países productores de gas natural” que concebía como “dictaduras o pseudodemocracias que gracias a los ingentes ingresos que les proporciona el gas o el petróleo han ido acumulando dinero, que es tanto como decir poder”. En esto certificamos la sintonía esencial entre la izquierda sistemática (parlamentaria o mediática) y la derecha liberal, tal como, acertadamente, celebraba José María Michavila. Y tal concordancia nos revela el mecanismo merced al que se lleva a cabo, recuperando el título original en inglés de la obra señera del lingüista Noam Chomsky y el economista Edward S. Herman, la fabricación del consenso (Chomsky y Herman, 1995)[16].

    La pega es que ese “We the People of the United States” no incluía ni a la población originaria americana ni a la negra esclavizada. A pesar de que “La república norteamericana, alentada también por la alta cultura, puede dedicarse al autobombo y hacer una contraposición maniquea con la República Popular China”, como hacía Michavila (al pronosticar en TVE que “en China y en Rusia […] habrá democracia”, lo que es lo mismo que decir que hoy no la hay, o al asociar Estados Unidos a la democracia y logros como “la abolición de la esclavitud”, según la reseña promocional de su libro) lo cierto es que quienes la fundaron eran en importante proporción propietarios de esclavos, en un momento en el que el movimiento por la abolición de la esclavitud ya estaba muy extendido a ambos lados del Atlántico. Y es que, “Colocada en su justa perspectiva histórica, la guerra de independencia contra Gran Bretaña es […] la más importante […] de las insurrecciones de colonos que trataban de sacudirse el control del poder central o de la Iglesia para acabar de una vez por todas con el problema de los nativos: no en vano el periodo más trágico de la historia de los amerindios empezó con la fundación de Estados Unidos”. Así, “El Estado surgido de la rebelión de los colonos avanzaba en sentido contrario a la corriente principal”, ya que “En la república norteamericana la esclavitud se abolió treinta años después que en las colonias del país contra el que se había rebelado” y persistió en su camino “a contracorriente en las décadas siguientes, aferrándose obstinadamente a una institución de la esclavitud que ya se había liquidado en Santo Domingo-Haití bajo el impulso de la revolución francesa y en gran parte de Hispanoamérica bajo el impulso de la revolución antiespañola”. De hecho “Washington, Jefferson y Madison fueron propietarios de esclavos”; el segundo, por ende, se distinguió como “inflexible antagonista” del citado “país nacido de la revolución de los esclavos negros”, amén de “estadista que respaldó el intento de Napoleón de reintroducir mediante el terror” en la mencionada república caribeña “el dominio colonial y la esclavitud”. A pesar de todo ello, “la ideología dominante evita enfrentarse a esta realidad; y, lamentablemente”, como decimos, “hasta la alta cultura adopta esta posición”. Del mismo modo esta evita toda alusión a “la expropiación, deportación y exterminio de los nativos”, el otro colectivo humano excluido del We the People, “para apropiarse de una tierra que a menudo se cultivó con el sudor de los esclavos negros llevados desde África en viajes con una altísima tasa de mortalidad”, capítulo histórico que “inspiró a Hitler, para quien los «indígenas» de Europa Oriental eran como indios a los que se podía expropiar y diezmar para proceder a la germanización de los territorios conquistados, mientras los supervivientes eran obligados a trabajar como esclavos negros al servicio de la raza de los señores”. No debe pasarnos desapercibido que “a mediados del siglo XIX, en el Texas arrancado a México, Estados Unidos reintrodujera la esclavitud abolida por la revolución contra España”. Pero incluso “tras la abolición de la esclavitud al término de la Guerra de Secesión (con décadas de retraso respecto de las colonias británicas y gran parte de América Latina) se impuso un régimen de white supremacy terrorista que más tarde fue el modelo del Tercer Reich, dedicado a reanudar y radicalizar la tradición colonial y a fundar un Estado racial”. Teniendo en cuenta que en 1787, en vísperas de la promulgación de la Constitución federal norteamericana, tan idolatrada por Michavila, el propio padre fundador Alexander Hamilton “explicaba que la limitación del poder y la instauración del estado de derecho habían tenido éxito en dos países de tipo insular, Gran Bretaña y Estados Unidos, protegidos por el mar de las amenazas de las potencias rivales”, y que Estados Unidos, “pese a disfrutar de una situación geopolítica excepcionalmente favorable”, ha requerido para su proceso de democratización un par de siglos (habiendo perdurado el Estado racial durante algún tiempo tras la caída de la Alemania nazi), cuando figuras mediáticas como El Gran Wyoming clasifican a China como dictaduras o pseudodemocracias cabe preguntarse: “¿Qué es lo que motiva realmente la impaciencia de Occidente en conjunto (incluida gran parte de su izquierda)”, a la hora de conceder la credencial democrática, “frente a unos países y ordenamientos políticos nacidos de revoluciones anticoloniales?”. Tómese igualmente en consideración, en relación con ello, que “La tranquilidad geopolítica sobre la que Hamilton llama la atención es solo una de las condiciones esenciales para el desarrollo del gobierno de la ley y la democracia” porque “la otra es la falta de conflictos internos lacerantes y estar a resguardo de una condición de miseria generalizada”. Podemos llegar a ser conscientes de las dimensiones olímpicas del sarcasmo que subyace al discurso euroccidentalista cuando repasamos el historial de acoso geopolítico de la superpotencia planetaria a la República Popular China hasta el día presente desde que el Gobierno de Harry Truman decretara el embargo contra ella para situar a su población por debajo del nivel de subsistencia, provocar desórdenes populares, caos, desastre y colapso. “Es como si los paladines de la cruzada democrática, al amenazar con un terrible aparato de destrucción y muerte a determinados países, al tratar de reducirlos por hambre o maquinar para desestabilizarlos desde dentro, hicieran todo lo posible para impedir el éxito real de su empresa”. Si la China moderna, nación contra la que va dirigida la doctrina estadounidense del «pivote», “ha nacido de la mayor revolución anticolonial de la historia”, el país que promueve dicha maniobra geoestratégica “es el que mejor ha sabido dar una apariencia anticolonial a su expansión colonial y neocolonial”; para empezar, “por el modo de contar la fundación de Estados Unidos, que no surgió de una revolución anticolonial, como se lee a menudo, sino de una contrarrevolución colonialista” (Losurdo, 2015: 78-79, 179-180, 194, 196-197, 249-251, 268)[17].

    Ese mensaje de matices en lo accesorio, pero consenso en lo fundamental, del que se felicitaba Michavila, articulado en torno a la santificación de Estados Unidos como esencia de la democracia y la concepción de la guerra de Ucrania como una mera invasión iniciada por Rusia en 2022, es transversal al resto de televisiones generalistas, lo que nos lleva a la diferencia entre el mensaje coyuntural y el estructural, como analiza Reig (2010: 143)[18]. En el ejemplo que nos ocupa, el primero sería el relativo a las batallas domésticas dentro del Estado español entre PSOE y PP a cuento de la renovación de los jueces integrantes del Consejo General del Poder Judicial; el segundo, el citado acuerdo esencial entre el mensaje mediático socialdemócrata y el conservador de centroderecha en lo relativo a Ucrania. Ya se sabe: podemos pedir huevo frito, huevo pasado por agua, revuelto o tortilla, pero el menú mediático en cualquier caso será huevo, como ilustra gráficamente el mismo autor (Reig, 2000: 125)[19].

    Si, según la sentencia atribuida a Albert Einstein, una velada en que todos los presentes estén absolutamente de acuerdo es una velada perdida, no ocurre así para las instancias que tratan de inocular en la población una serie de ideas-fuerza determinadas cuando esa velada se cuela en las casas de los millones de telespectadores a quienes hay que adoctrinar.

    Notas:

     

    [1]   Minuto 17:32. 

    [2] Pinche Aquí para enlace web. 

    [3]     Minuto 48:57.

    [4]     Minuto 25:57.

    [5] Pinche Aquí para enlace web. 

    [6]  Pinche Aquí para enlace web. 

    [7]  Piche Aquí para enlace web. 

    [8]  Presentación libro de José María Michavila. 

    [9] Michavila se incorpora al consejo de Noatum.

    [10] Pinche Aquí para enlace web. 

    [11] Presentación del libro de José María Michavila.

    [12] Presentación del libro de José María Michavila.

    [13]Página 24.

    [14] Pinche Aquí para enlace web. 

    [15]  Pinche Aquí para enlace web. 

    [16]CHOMSKY, Noam y HERMAN, Edward S. (1995): Los guardianes de la libertad. Propaganda, desinformación y consenso en los medios de comunicación de masas. Barcelona: Grijalbo Mondadori.

    [17]LOSURDO, Domenico (2015): La izquierda ausente. Crisis, sociedad del espectáculo, guerra. Barcelona: El Viejo Topo.

    [18]   REIG, Ramón (2010): La telaraña mediática. Cómo conocerla, como comprenderla. Sevilla-Zamora: Comunicación Social Ediciones y Publicaciones.

    [19](2000): Periodismo de investigación y pseudoperiodismo. Realidades, deseos y falacias. Madrid: Ediciones Libertarias/Prodhufi.

    Autor

    Manuel Rodríguez Illana (1975, Sevilla, Andalucía), es doctor en Periodismo, licenciado en esa especialidad y en Psicología y profesor de Lengua Castellana y Literatura en la enseñanza secundaria. Como analista mediático es autor deEl españolismo sonriente (2017),Por lo mal que habláis (2019) y Andalucía, basurero del Estado español (2021) en Editorial Hojas Monfíes, así comoEl esclavo feliz (2022) en Secretolivo Ediciones. Es miembro del Laboratorio de Estudios en Comunicación (Ladecom) de la Universidad de Sevilla y del Grupo de Análisis de Noticias sobre Divulgación Lingüística, las Lenguas de España y sus Variedades (Lengua y Prensa) de la Universidad de Málaga.