Buena parte de los problemas de los agricultores europeos provienen del sometimiento de los dirigentes de la Unión Europea plegados a las necesidades de funcionamiento del sistema capitalista global

    “Mientras la cooperativa de jornaleros de Marinaleda corre peligro de desaparición en la sierra sur sevillana, las subvenciones de la Política Agraria Común PAC se concentran en las grandes cooperativas (como Oleo Estepa), o son captadas por fondos de inversión y por los terratenientes de toda la vida como la Casa de Alba. A los que beneficia uno de sus criterios de otorgamiento: el peso de la superficie determina en gran medida las ayudas a las explotaciones agrarias”

    El mundo actual a través de INTERNET se mueve en dos direcciones opuestas, la de la información y la de la desinformación. Las recientes protestas de los agricultores andaluces, españoles y europeos son un buen ejemplo.

    Dentro de los grupos de desinformación de todo el orbe han ido cobrando fuerza determinados movimientos que se oponen a lo que llaman la verdad oficial, ya se trate de la forma de la Tierra (terraplanistas) o del cambio climático (negacionistas). Uno de los movimientos más recientes es el que pone en duda el cambio climático mundial, y las iniciativas de economía sostenible aprobadas por la ONU (año 2015, Agenda 2030) y la Unión Europea (año 2019, Pacto Verde). Iniciativas que se han ido poniendo en marcha para evitar el calentamiento global del Planeta y la crisis ecológica (mediante su apuesta por la agricultura sostenible) y, además, asegurar el bienestar animal (movimiento animalista).

    Los grupos de la ultraderecha española y europea han ido filtrando un conjunto de noticias falsas (fake news) contra ambas, en las protestas de los agricultores que se han expandido por diversos países de la Unión Europea desde el año 2023. Para ellos, La agricultura y ganadería sostenible son un camelo, pues no hay alternativas fiables a los actuales modelos de agricultura y ganadería intensiva. Por ejemplo, no es posible dejar de usar de manera masiva determinados pesticidas en sus campos, como quiere la Unión Europea. Otra de sus quejas son los denominados eco regímenes de la Política Agraria Común, en tanto exigen una gran cantidad de papeleo y burocracia, que desborda la capacidad de un pequeño o mediano agricultor, que deben recurrir, en muchos casos, a asesores externos.

    Mientras la cooperativa de jornaleros de Marinaleda corre peligro de desaparición en la sierra sur sevillana, las subvenciones de la Política Agraria Común PAC se concentran en las grandes cooperativas (como Oleo Estepa), o son captadas por fondos de inversión y por los terratenientes de toda la vida como la Casa de Alba. A los que beneficia uno de sus criterios de otorgamiento: el peso de la superficie determina en gran medida las ayudas a las explotaciones agrarias.

    Pero el reciente movimiento de revuelta de los agricultores hace caso omiso a las anteriores problemáticas sociales y está poniendo el acento en que las iniciativas de la Unión Europea convierten a ésta en el nuevo “inquisidor” ambiental del siglo XXI.

    Influidos por las ideas que les filtran sus líderes ultraderechistas, los pequeños y medianos agricultores españoles se quejan de que quién no comulgue con el credo ecologista y animalista de la UE deberá abandonar el campo, es decir, será su condena a muerte y perecerán en esta nueva hoguera que se les ha montado. Los agricultores propietarios de mayor edad y con explotaciones agrícolas o ganaderas de tamaño más modesto se ven, en muchos casos, atraídos emocionalmente por esta ideología ultra neoliberal, anti ecologista y anti animalista.

    Sin embargo, la cuestión agraria no es tan simple como estos movimientos de ultraderecha pretenden presentar.

    Buena parte de los problemas de los agricultores europeos provienen del sometimiento de los dirigentes de la Unión Europea, que se ha plegado a las necesidades de funcionamiento del sistema capitalista global.

    Para ello se han firmado tratados de libre comercio con Marruecos (año 2000), y cuyos camiones llenos de tomate se vuelcan con cada vez mayor frecuencia, y con los países sudamericanos integrados en Mercosur.

    Estos países han inundado de producciones foráneas los mercados europeos, ya que sus alimentos son de más barata producción y no se les exigen los requisitos ambientales de las producciones agrarias propias. Lo que se ha saldado con la ira y el enfado del pequeño agricultor que no ve fácil salida para sus producciones.

    Una última y trascendental cuestión a solventar es el desequilibrio de la cadena de valor de los productos alimentarios en los países europeos. A un agricultor malagueño se le compran a algo más de veinte céntimos los limones y en los supermercados de su capital se venden a dos euros. Los mayores beneficios (entre el 75 y 80 por ciento) van a parar a las plataformas de distribución y las cadenas de supermercados.

    Se puede concluir que la aplicación de las dos políticas neoliberales arriba citadas es la raíz del grave problema de supervivencia de muchas explotaciones agrarias españolas pequeñas y medianas.

    Sin embargo, los movimientos ultraderechistas que han impulsado las protestas de los agricultores (las denominadas tractoradas) pasan de puntillas sobre la injusticia de ambas medidas neoliberales, y prefieren atacar la ideología ecologista y animalista que, según ellos, ha contaminado a las disposiciones más recientes de la Unión Europea y en concreto a la Agenda 2030 y el Pacto Verde. Normativas redactadas por burócratas que jamás han pisado el campo, concluyen.

    Autor

    Carlos Parejo Delgado (año 1958) es Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Sevilla. Sección de Geografía. Año 1979.

    Desde el año 1980 ha desarrollado su labor profesional como consultor en temas de urbanismo, ordenación del territorio y medio ambiente.