El aumento de la polarización política también viene acompañado del aumento de la desigualdad social

    “ Las derivas antidemocráticas de la derecha latinoamericana se han intensificado en los últimos años. Es evidente que alguien saca rédito de una polarización ideológica marcada por las premisas de los sectores más reaccionarios”

    El 8 de enero de 2023 los seguidores de Jair Bolsonaro tomaron el Congreso Nacional del país e intentaron ocupar edificios de otros organismos públicos. Bajo el pretexto de forzar al ejército a culminar un golpe de Estado contra el gobierno, recientemente elegido, de Luiz Inácio Lula da Silva.

    Estas acciones violentas no han sido una excepción, sino que se han ido produciendo ya en campaña electoral, pero sobre todo tras la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el 27 de octubre que confirmaron la victoria del líder del Partido de los Trabajadores (PT). Recordemos, por ejemplo, el intento de explosión de un camión cisterna en el aeropuerto de Brasilia el 26 de diciembre. (1) El autor de los hechos se encontraba acampado, junto a un grupo de simpatizantes del ex presidente Jair Bolsonaro, frente al cuartel general del Ejército en Brasilia. Fue desde este mismo lugar desde donde partió la comitiva que inició las incursiones en los edificios públicos durante la jornada de ayer. Hasta el día de hoy, 9 de enero de 2023, no se producía finalmente el desalojo de este campamento.

    Jair Bolsonaro, ex militar, llegó al poder aprovechando la situación creada por el Law Fare contra Dilma Rousseff y la persecución judicial contra Lula Da Silva. En un contexto de crisis, completamente provocada, el discurso emocional y de falsa “rebeldía” antisistema de Bolsonaro se aupó haciéndose con el poder. Sus salidas de tono, al estilo Donald Trump, sirvieron entre otras cosas para convertir al país del cono sur, otrora potencia emergente latinoamericana y referente multilateral por su participación en el grupo BRICS, en un paria internacional sin ningún tipo de relevancia en el terreno de las relaciones internacionales.

    El aumento de la polarización política también viene acompañado del aumento de la desigualdad social. Según datos del Banco Mundial la incidencia de la pobreza aumentó desde 2019. Como factores podemos indicar el desempleo y la inflación sobre todo a partir de 2021.

    El impacto de la desigualdad y la pandemia ha dejado a miles de personas en la calle, sobre todo en las grandes ciudades. Atendiendo a datos oficiales el 24% de la población urbana de Brasil está en condiciones de pobreza. Pese a que en años anteriores 28 millones de personas habían salido de la pobreza, la pobreza extrema alcanzó su récord en 2021.

    Las derivas antidemocráticas de la derecha latinoamericana se han intensificado en los últimos años (2). Es evidente que alguien saca rédito de una polarización ideológica marcada por las premisas de los sectores más reaccionarios. El presidente Evo Morales, depuesto tras el golpe de estado en Bolivia en 2019, incluso llegó a denunciar que se estaba implementado un nuevo Plan Cóndor contra América Latina. (3)

    Por otra parte, vemos a una derecha antidemocrática, profundamente reaccionaria (me guardaré para otra ocasión analizar si podemos o no hablar de fascismo), completamente organizada a nivel regional e internacional, como quedó manifiesto en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), la mayor cumbre de la ultraderecha, que tuvo lugar en 2022 en la ciudad de México y en la que se acordó impulsar una agenda contra lo que consideran una “expansión del socialismo” en América Latina. (4).

    La actitud en el día de ayer de la policía local del distrito federal de Brasilia, vimos imágenes donde la connivencia e incluso el apoyo directo a las hordas bolsonaristas, debe ser muy tenida en cuenta. Una actitud que llevó al gobierno central a tener que intervenir en las fuerzas de seguridad de la capital. Así como la actuación del ejército de Brasil que prácticamente pareció mantenerse a la espera de los acontecimientos. Es evidente, como ya hemos visto en otras ocasiones, que el no control sobre las fuerzas de seguridad del estado y el ejército han sido un elemento utilizado tradicionalmente por los sectores más reaccionarios para imponerse en América Latina. Sin embargo, debemos ser muy conscientes de la debilidad del gobierno de Lula. Un gobierno que viene tras la experiencia traumática de la persecución política, mediática y judicial, con unas alianzas necesarias, pero nada fáciles en su desarrollo y con la necesidad imperiosa de sacar al pueblo brasileño, a su clase trabajadora y a los sectores más dañados por las políticas destructivas de Bolsonaro de su situación de precariedad y miseria.

    Para muchos lo acontecido el 9 de enero en Brasilia es una mala copia de lo ocurrido en el capitolio de EEUU el 6 de enero de hace dos años. No obstante, hay una clara diferencia entre ambos, la solidez del estado, su propia soberanía interna y el control efectivo sobre sus fuerzas armadas no está presente, desgraciadamente, en el escenario brasileño.

    El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lanzó un comunicado poco después de conocerse los hechos donde transmitía la esperanza en la capacidad de acción del pueblo brasileño para revertir la situación. En efecto, será la organización de ese pueblo el único elemento más poderoso que todo lo anteriormente señalado. Qué así sea.

    Notas: 

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    Autor

    Directora Revista La Comuna

    Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Sevilla. Gestora cultural, escritora, poeta y analista internacional en distintos medios escritos o audiovisuales. Autora de la compilación poética “La Generación de la Sangre I” para Editorial Ultramarina Cartonera, a través de la Plataforma de Artistas Chilango-andaluza.

    “Arquitecturas y Mantras” de la Editorial Bucéfalo fue su primer libro de poesía en solitario. A su vez, actualmente colabora en Hispan TV y otros medios internacionales en habla hispana analizando la actualidad política. Miembro de la Asociación Cultural Volver a Marx. Milita en Trabajadoras Andaluzas.