La opción de respetarnos, caminar juntos y asociarnos por el bien de América sin vulnerar las soberanías”

Cuatro años después de casi ninguna instancia multilateral regional con capacidad de entenderse, respetarse, dialogar y debatir sobre agendas de cara a los pueblos de América Latina, teniendo en cuenta el carácter de utensilio ideologizado e ideologizante de la OEA, la Alianza Pacífico y el fracasado Grupo de Lima, la diplomacia de los Estados Unidos Mexicanos hizo un extraordinario esfuerzo para consensuar a toda la región en torno al relanzamiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) bajo principios muy claros de respeto a la autodeterminación de los pueblos y en especial lanzar una agenda común de desarrollo y protección de los pueblos en lo social y económico.

El propio Andrés Manuel López Obrador fue enfático al afirmar: “Me parece que es tiempo de sustituir la política de bloqueos y malos tratos por la opción de respetarnos, caminar juntos y asociarnos por el bien de América sin vulnerar las soberanías”, sin duda apegándose al carácter genuino de un mecanismo inaugurado en 2010 y cuya primero Cumbre fue en diciembre de 2011 con el liderazgo del entonces Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Chávez, quien entonces expresó: “Nosotros —los que estamos al frente de las instituciones de nuestros Estados— tenemos que hacer un esfuerzo mayor para incrementar la conciencia, para darnos cuenta de que este camino es el único camino, con sus variantes, con sus diversidades. La unidad entre nuestros pueblos, entre nuestros Estados, nuestras repúblicas, nuestros gobiernos, aceptando y respetando nuestras diferencias, sin permitir que la intriga cunda entre nosotros, sin permitir que la cizaña venenosa vaya a impedir una vez más el esfuerzo unitario”.

Sin duda en México, y en otros espacios territoriales, sobraron las cizañas para descarrilar el buen éxito de esta Cumbre del 18 de septiembre de 2021. La presencia del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro Moros en la misma dejó a sus enemigos bajo el manto de la derrota política definitiva teniendo que aceptar el paso errado que significó jugar a la aventura de la dualidad de poder y respaldar un gobierno espurio e inexistente cuyo único logro hasta la fecha es el daño inmenso causado al patrimonio nacional y a la sociedad venezolana amparando y apoyando medidas coercitivas unilaterales que básicamente se constituye en genocidio contra todo el pueblo de Venezuela.

Los Presidentes de Paraguay, Mario Abdo Benitez, y de Uruguay, Luis La Calle Pou, pretendieron colocar en la mesa de la Cumbre cuestionamientos a la presencia del mandatario venezolano, en unas torpes intervenciones que solo dejaron pie al Presidente de Venezuela para responder, con sabiduría, altura y paciencia, solicitando abiertamente un debate político sobre la democracia y cualquier otro tema, emplazando a ambos mandatarios a poner fecha y hora para ese evento. Sumado a eso las agresiones a la República de Cuba solo sirvieron para solidificar el rechazo de casi toda la comunidad mundial y regional al infame y genocida bloqueo contra la mayor de las Antillas, lo cual dejó en ridículo a quienes pretendieron descarrillar el esfuerzo de México.

La declaración final de la Cumbre deja claro el triunfo de los objetivos plasmados en ella, como base para el relanzamiento de una instancia que siendo de los latinoamericano debe permitirnos confluir en una agenda de atención a los problemas inherentes a la agenda regional y no simplemente a las visiones separadas de cada nación, o servir, en varios casos, de apéndices de los intereses nacionales de naciones extranjeras dejando al lado los propios.

Ese centro estratégico se deriva del documento final con 44 puntos, destacando: “La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) consciente de la importancia que tiene este mecanismo de concertación, unidad y diálogo político que incluye a los treinta y tres países de América Latina y el Caribe, sobre la base de los lazos históricos, los principios y valores compartidos de nuestros pueblos, la confianza recíproca entre nuestros gobiernos, el respeto a las diferencias, la necesidad de afrontar los retos comunes y avanzar en la unidad en la diversidad a partir del consenso regional, se reúne en la Ciudad de México, el 18 de septiembre de 2021. Por conducto de su Presidencia Pro Témpore, la Celac reitera el compromiso con la unidad e integración política, económica, social y cultural, y la decisión de continuar trabajando conjuntamente para hacer frente a la crisis sanitaria, social, económica y ambiental, ocasionada por la pandemia de Covid-19, el cambio climático, desastres naturales y la degradación de la biodiversidad del planeta, entre otros. (…) Reitera su rechazo a la aplicación de medidas coercitivas unilaterales, contrarias al derecho internacional, y reafirma su compromiso con la plena vigencia del Derecho Internacional, la solución pacífica de controversias y el principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados”.

Con el impulso de un fondo para la atención de emergencias y desastres naturales ocasionados por el Cambio Climático; el desarrollo de mecanismos conjuntos para la atención de la pandemia covid19 y sus estragos en materia de salud pública así como los económicos y sociales; el impulso de una agencia aeroespacial latinoamericana y el desarrollo de un debate sobre como relanzar estructuralmente la CELAC, donde Venezuela plantea la creación de una poderosa Secretaría Ejecutiva, esta instancia ha logrado retomar los objetivos vistos en 2010 y lanzados con fuerza en la Cumbre de Caracas de 2011.

De igual forma es evidente que México, quien llevó con éxito tanto la cumbre como la Presidencia pro tempore de la CELAC busca servir de bisagra para una relación más armoniosa del resto del continente con su pares de EE.UU y Canadá, cuestión que también le colocaría en mejor postura dada una relación tormentosa por el tema migratorio y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

También esta instancia pone la mirada en otras instancias multilaterales, la Unión Europea especialmente, así como China de la cual ha recibido un saludo por parte del Presidente Xi Jinping, Nación que en el marco de us propuesta de la ruta y la franja ha establecido una propuesta de Tratado de Libre comercio con la Comunicad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, cuestión que posiblemente no ha avanzado del todo debido a la fuerte influencia del hegemón del norte.

Sin embargo, y viendo los ineludibles éxitos de esta Cumbre, no faltarán quienes como lo advirtió Chávez en 2011 buscarán descarrilar de nueva cuenta este éxito. El gobierno de Iván Duque, con un desprestigio a todo nivel que solo consigue consuelo en Washington, ganado a punta de la destrucción de la paz firmada en 2016, la violación sistemática de Derechos Humanos al amparo de sus protectores, y la repulsa de su propio pueblo al intentar implantar hasta tres reformas tributarias de carácter neoliberal; se convierte en uno de los actores que principalmente torpedeará este esfuerzo.

De hecho ya lo hizo al publicar un comunicado de evidente reclamo al Presidente de México por haber “permitido” la presencia del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, en un intento por socavar el liderazgo que viene adquiriendo el mandatario mexicano, y el papel que para la consolidación estructural de la CELAC podrían jugar su par venezolano y un posible regreso en proyección de la República Federativa del Brasil en un eventual nuevo mandato de Luís Inacio Lula Da Silva.

Al rol de obstáculo político de Bogotá, habrá que sumar dos elementos más: la estructuración CELAC pasa por un debate de cómo avanzar en sus instituciones, es decir si se harán nuevas instancias o se reactivarán los consejos de economía, el consejo social y el consejo político, así como si tendrá fuerza la propuesta venezolana de creación de una Secretaría Ejecutiva. En el mismo tono como avanzar los acuerdos especiales adoptados, en materia de creación de una institución regional en materia aeroespacial, la implementación de medidas comunes ante la pandemia covid19, juntando esfuerzos por ejemplo para la producción, adquisición y distribución de dosis vacunales, así como en la instrumentación del fondo para atención de emergencias.

Finalmente, toca esperar la respuesta estadounidense que seguramente buscará la preservación plena y vigente de la obsoleta Organización de Estados Americanos. Obsoleta en el sentido de trabajar por los intereses de los pueblos latinoamericanos y no como el tradicional ministerio de colonias, Fidel dixit, de los Estados Unidos de América.

Cuestión compleja para una organización desacreditada por sus propias acciones para la atención de temas como Venezuela, Cuba y Nicaragua, su silencio sepulcral en temas como Colombia, Chile, Ecuador, así como el asesinato contra el Presidente de Haití Jouvenel Moise, sumando a todo lo anterior su papel protagónico en el golpe de Estado contra Evo Morales Ayma en 2019 y la instauración de un gobierno dictatorial que nos hizo creer a los latinos el retorno del período más funesto de las dictaduras fascistas y neoliberales construidas como objetivo en el marco de la estrategia general de control regional dispuesta desde Washington.

Por fortuna el pueblo boliviano aplastó democráticamente esta pretensión, así como resultaron aplastadas las pretensiones de descarrillar el esfuerzo de relanzamiento de la CELAC que finalmente ha conseguido un buen punto de inicio en la Ciudad de México.

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Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela.

Estudios en maestría en Seguridad y Defensa de la Nación y Resolución de Conflictos.

Diplomado de Filosofía de la Guerra.

Colaborador en el área de Secretaría de la Asamblea Nacional Constituyente.

Asesor de la Contraloría General de la República.

Asesor de la Gobernación del Estado Falcón en materia de planificación y políticas públicas.

Articulista del Diario Venezolano Correo del Orinoco.