“Sin la participación de una de las partes en la guerra, no puede haber negociación posible, por lo que hay que asumir que el objetivo es otro”

    “El objetivo de esta propagandística cumbre por la paz justa no es otro que reafirmar, con la presencia de representantes internacionales, la voluntad de Ucrania como única salida al conflicto, anulando así cualquier otra propuesta que implique un proceso de negociación”

    Ayer, después de que la información fuera publicada el pasado viernes y confirmada por la mano derecha de Zelensky, Andriy Ermak, las autoridades saudíes ratificaron que el próximo mes de agosto se celebrará en el país una cumbre de negociación de la paz en Ucrania. El anuncio ha provocado titulares como la última hora de la Agencia EFE, que afirmaba que “Kiev confirma el inicio de conversaciones en Arabia Saudí en agosto para «una paz justa»”, información que posteriormente se ampliaba para añadir que participarán en la cumbre representantes internacionales. Pese a las apariencias y a la mención a la paz, no debe confundirse este encuentro en el que Ucrania y sus socios aspiran a imponer sus posiciones sobre el final de la guerra con una cumbre de paz o con la posibilidad del inicio de una negociación real en busca de una salida al conflicto. Es más, el planteamiento de esta cumbre de agosto en Arabia Saudí, presumiblemente en la ciudad de Yeda, hace aún más inviable la posibilidad de una salida negociada a la guerra o el inicio de unas conversaciones de paz en las que participen las partes en conflicto.

    Y es que el planteamiento de la cumbre no es una negociación entre quienes luchan en la guerra sino un diálogo -en el que probablemente solo tenga voz una parte- entre Ucrania y sus aliados, que invitarían también a una docena de países, entre ellos India, Brasil, México o Zambia, considerados neutrales. “Sin embargo”, explicaba el pasado viernes The Wall Street Journal, “la cumbre de este año no incluiría a Rusia”. Parece evidente que, sin la participación de una de las partes en la guerra, no puede haber negociación posible, por lo que hay que asumir que el objetivo es otro. De Rusia, el artículo continúa afirmando que “ha rechazado cualquier conversación de paz seria y se ha aferrado a sus maximalistas demandas para cualquier resolución, incluyendo la anexión del territorio que sus fuerzas no controlan ahora mismo”. Moscú, que inició conversaciones de paz apenas unos días después de la invasión y que se mantuvo en el proceso de Minsk durante los siete años en los que Ucrania dejó claro que no tenía intención de cumplir lo firmado, nunca ha tenido la ocasión de rechazar estas conversaciones ya que ni siquiera ha recibido una invitación para asistir como oyente. La afirmación de The Wall Street Journal contrasta también con la actitud que Rusia mantuvo en las conversaciones que dieron lugar a la fallida cumbre de Estambul, de la que salió un borrador de acuerdo que Ucrania rápidamente rechazó.

    “Rusia se mostró dispuesta a abandonar todas esas tierras ocupadas en Ucrania más allá de Donbass, cuya independencia había reconocido, y Crimea, que hacía ocho años había elegido ser rusa”

    En aquel momento, con las tropas rusas sufriendo, pero aún asediando Kiev y avanzando sobre todos los territorios al sur del Dniéper, Rusia se mostró dispuesta a abandonar todas esas tierras ocupadas en Ucrania más allá de Donbass, cuya independencia había reconocido, y Crimea, que hacía ocho años había elegido ser rusa. Teniendo en cuenta la situación militar, esa propuesta, en la que Ucrania podría incluso haber negociado las fronteras de Donbass, no puede considerarse la paz del vencedor, al igual que no lo eran los acuerdos de Minsk, a pesar de que fueran calificados como tal por una parte de la prensa occidental. Tanto desde el inicio de la intervención militar rusa como en el transcurso de los siete años de proceso de Minsk, fue Ucrania y no Rusia quien se aferró a posiciones maximalistas que no podía imponer y que no se correspondían con la realidad sobre el terreno. En el caso del periodo entre 2015 y 2022, las exigencias ucranianas no se correspondían tampoco con el documento firmado en la capital bielorrusa bajo la mediación de Angela Merkel y François Hollande.

    En ambos casos, el motivo real del rechazo al compromiso, era precisamente la postura maximalista de Ucrania, que no estaba dispuesta a aceptar ningún acuerdo que no implicara la entrega de Crimea, todo ello a pesar de que los acuerdos de Minsk trataran única y exclusivamente sobre el estatus de los territorios bajo control de la RPD y la RPL. Esta postura no solo no ha cambiado, sino que la guerra con Rusia ha dado a Ucrania una herramienta más en su intento de recuperar la península perdida. La “declaración Crimea” de Volodymyr Zelensky planteaba el uso de todas las herramientas a disposición de Kiev para lograr la vuelta a Ucrania del preciado territorio. En el momento de su promulgación, esas herramientas se limitaban a la presión política y diplomática y la imposición de sanciones personales o sectoriales que no afectaban realmente al funcionamiento de la economía rusa. Con la entrada de Rusia en la guerra y la voluntad de sus socios de luchar contra Moscú “hasta el último ucraniano”, como dejó caer Lindsey Graham, Ucrania dispone ahora de la posibilidad de utilizar medios militares, incluidas las armas que generosamente envían los países de la OTAN.

    Pese a los ocho años de guerra que Ucrania ha librado en Donbass, el objetivo real siempre ha sido la recuperación de Crimea, un territorio perdido no por las armas sino por la actitud política de Kiev en 2014, que dio a Rusia todas las facilidades para realizar una operación militar limpia y rápida en la que era consciente que contaba con el favor de la población. La cuestión de Crimea es también uno de los motivos por los que para Ucrania era inviable el cumplimiento de Minsk, proceso que saboteó desde prácticamente el momento de la firma hasta que la entrada de las tropas rusas en Ucrania dejó vacío un documento que nunca tuvo posibilidad de implementarse. Occidente no había actuado contra Rusia en 2014 y no había perspectivas de que fuera a hacerlo, por lo que implementar el acuerdo de Minsk era visto en Kiev como la aceptación de los hechos consumados en Crimea. Esa era realmente la realista y pragmática postura de Angela Merkel, pero también de Barack Obama, conscientes ambos de que la realidad sobre el terreno favorecía a Rusia, que contaba con el apoyo de la población para la adhesión del territorio.

    Crimea fue también el motivo por el que la cumbre de Estambul no podía dar como resultado un acuerdo. Ucrania de ninguna manera iba a renunciar a una estratégica de lo que considera su territorio salvo al encontrarse militarmente derrotada o abandonada por sus socios, prerrequisitos que no se daban en marzo de 2022. No era necesaria la intervención de Boris Johnson para rechazar el principio de acuerdo que parecían haber alcanzado Vladimir Medinsky y David Arajamia. Sin embargo, el evidente rechazo de los países occidentales a este principio de acuerdo es, en sí, más que significativo y denota el compromiso por la guerra común contra Rusia que sigue percibiéndose hoy, especialmente en el caso del Reino Unido, aún más beligerante que Estados Unidos.

    “Ucrania ha rechazado cada una de las propuestas de mediación que han planteado países que no están directamente implicados en la guerra”

    Tras la ruptura de aquellas negociaciones y el compromiso explícito de Kiev a la guerra hasta el final, con el objetivo declarado de reconquistar Crimea, no ha sido posible ninguna negociación política, fundamentalmente porque Ucrania ha rechazado cada una de las propuestas de mediación que han planteado países que no están directamente implicados en la guerra. Indonesia, en una propuesta que causó la ira de Mijailo Podolyak y valió al país el calificativo de “amigo del país de Dostoyevski y Lenin” planteó la posibilidad de realizar referendos. China presentó un plan de paz de doce puntos que comenzaba con “el respeto a la integridad territorial de todos los países”. Una delegación de varios países africanos propuso, tanto en Kiev como en Moscú, un alto el fuego e inicio inmediato de negociaciones por la paz. Y Lula da Silva, pese a no presentar un plan concreto, se ofreció para mediar para lograr una salida diplomática al conflicto y ha buscado aliados a nivel internacional para dar un impulso a la búsqueda de la paz. Todas esas propuestas han sido rechazadas. El ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania ha manifestado su “preocupación” por la proliferación de planes de paz, que ha calificado de “absurdos”. Para Kiev, no es necesaria ninguna negociación, sino solo la aceptación del plan de paz presentado por Volodymyr Zelensky en diciembre de 2022 y que cuenta con diez puntos que esencialmente pueden resumirse en:

    1. Seguridad radiológica y nuclear, un punto con el que Zelensky pretende exigir la entrega incondicional de la central nuclear de Zaporozhie.
    2. Seguridad alimentaria, una forma de exigir las garantías para las exportaciones agrícolas ucranianas, que suponen una importante fuente de ingresos.
    3. Seguridad energética: ayuda para la reconstrucción de las infraestructuras ucranianas y restricciones y topes de precio a las exportaciones energéticas rusas.
    4. Liberación de prisioneros y deportados
    5. Integridad territorial de Ucrania según sus fronteras de 1991.
    6. Retirada de las tropas rusas y cese de hostilidades.
    7. Justicia: creación de un tribunal internacional para juzgar los crímenes rusos. Evidentemente, no los ucranianos.
    8. Protección del medio ambiente, una exigencia curiosa teniendo en cuenta que Ucrania no ha dudado en bombardear una central nuclear.
    9. Prevención de futura escalada con la construcción de una arquitectura de seguridad euroatlántica que incluya garantías para Ucrania.
    10. Confirmación del fin de la guerra por medio de un tratado firmado por ambas partes.

    No es casualidad que no haya entre la amplia temática que planteaba Zelensky el invierno pasado ninguna mención a los derechos de la población. A lo largo del proceso de Minsk, Ucrania no solo dejó claro que no aceptaría ofrecer la amnistía a quienes hubieran luchado del lado de la RPD y la RPL pese a haberse comprometido a ello con su firma en el acuerdo, sino que aprobó una ley ad hoc para garantizar la impunidad de sus soldados y trabajó durante años en una ley sobre la colaboración, amenazando a la población de Donbass con causas penales por un colaboracionismo que incluía, por ejemplo, a las profesiones docentes. Desde el inicio de la guerra rusoucraniana, Kiev ha tenido la ocasión de poner en práctica sus promesas con todo tipo de abusos que han sido comentados positivamente por la prensa occidental. En caso de recuperar Crimea, donde Ucrania afirma abiertamente su intención de deportar a entre 500.000 y 800.000 residentes y castigar a otros 10.000 por colaboracionismo, es de suponer que no habría tampoco grandes objeciones de los defensores de los derechos humanos. Al fin y al cabo, en los años en los que Ucrania ha mantenido un bloqueo para ahogar la economía de Donbass y someter así a su población, no ha habido protestas de los sectores humanitarios occidentales. Tampoco ha ocurrido en el caso del bloqueo del paso del agua del Dniéper al canal de Crimea, que secó el regadío de la península arruinando su agricultura.

    “En caso de recuperar Crimea, donde Ucrania afirma abiertamente su intención de deportar a entre 500.000 y 800.000 residentes y castigar a otros 10.000 por colaboracionismo, es de suponer que no habría tampoco grandes objeciones de los defensores de los derechos humanos”

    El objetivo de esta propagandística cumbre por la paz justa no es otro que reafirmar, con la presencia de representantes internacionales, la voluntad de Ucrania como única salida al conflicto, anulando así cualquier otra propuesta que implique un proceso de negociación. El subtexto de la propuesta es tan evidente que algunos países ya han mostrado su rechazo. Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, anunció ayer que su país participará en cualquier iniciativa que implique negociación entre las partes, pero se desmarcó de este acto unilateral en el que solo está representada una de ellas. Sin embargo, ese es el objetivo. Kiev continuará luchando -mientras sus socios le suministren el armamento para ello- hasta lograr sus objetivos, tan maximalistas que ni siquiera sus socios del Pentágono los consideran realistas. La paz justa que ansía Zelensky, la paz nacida de su victoria, no es sino la exigencia de la rendición unilateral de Rusia y de la población que en 2014 se levantó, por medios políticos o con las armas en la mano, contra el irregular cambio de Gobierno que se produjo en Kiev, esa a la que Ucrania lleva nueve años esperando para castigar.

    Publicación original: Web de la autora, SLAVYANGRAD.es

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    Periodista y socióloga. Máster en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y en Problemas Sociales por la UNED. Miembro de Geopolitikaz y editora del blog https://Slavyangrad.es, que sigue desde 2014 la actualidad de la guerra en Donbass y en Ucrania.