Ecuador va rumbo de convertirse en un estado fallido, con un gobierno incompetente, que se preocupa más por asistir a homenajes a marines yanquis

En lo que va de año son cerca de 300 las personas asesinadas en la cárcel de Guayaquil, la última acaecida el 12 de noviembre, donde 68 presos fueron salvajemente asesinados y muchos de ellos incinerados, en varias horas de horror sin que el estado hiciera el más mínimo movimiento para frenar aquella masacre.

Durante horas los presos a través de redes sociales transmitían lo que estaba sucediendo  lo cual recuerda  un capítulo del libro: Apocalipsis, de Stephen King, donde un grupo de soldados  ya sin ningún mando, transmiten en vivo en la televisión local una masacre contra otros soldados, en Guayaquil no fueron soldados sino prisioneros contra otros prisioneros, según el gobierno son guerras de bandas con el control de las cárceles, desde la masacre de septiembre el gobierno de Guillermo Lasso decretó el estado de excepción en las cárceles del país, sin que esta medida tuviera el más mínimo resultado, es más, con la masacre del día 12 se demostró su ineficacia.

Las familias de los prisioneros se agolpaban en la entrada de la cárcel clamando la intervención del ejército, que fueran los militares quienes entraran en la prisión y pusieran fin a lo que estaba pasando, tanto la policía como los militares no entraron hasta cerca de las 3 de la mañana, cuando ya la masacre estaba por concluir, y el país y el mundo habíamos asistido a una matanza nunca vista en la historia de Ecuador.

Familiares de reclusos esperan en la cárcel Penitenciaria del Litoral tras el motín en Guayaquil – Reuters

Según el gobierno de Lasso esto se trata de una guerra de bandas, y que se solucionará en un breve tiempo, pero esto va más allá de una simple guerra de bandas, en las calles predomina la idea “del bien y el mal” respecto a este tema, y no es de extrañar la justificación de la violencia y hasta el aplauso al considerar que son delincuentes y que mientras se maten entre ellos está bien.

Pero la situación va mucho más allá de lo que parece, primero demuestra la ineficiencia del estado, pero incluso esta ineficiencia hay que mirarla en el gobierno anterior, donde se desmanteló a capricho de la ministra María Paula Romo, el Ministerio de Justicia y con  ello el sistema de seguridad de las cárceles, es decir la actual crisis penitenciaria es producto en una gran parte de las políticas del anterior gobierno y, lógicamente de las políticas nefastas del actual gobierno que a todas luces debe ser juzgado por crímenes de lesa humanidad, ya que las cárceles son del estado y este es el responsable de la vida de los reclusos.

La tardanza en abordar este problema no hace sino crecer la violencia, en un año se han producido tres masacres, y es importante destacar que en esta última se utilizó armamento como granadas y fusiles de asalto por parte de los reclusos, una demostración de lo que se mueve en la cárcel de Guayaquil, de la corrupción y que el estado es totalmente incapaz de hacer algo que vaya más allá de declaraciones tardías y de intervenciones que no frenan la violencia.

Se habla de cárteles de la droga de Colombia y México en esta guerra, que han llevado la violencia a los centros penitenciarios de Ecuador, si esto fuese así el gobierno de Lasso debería tomar medidas para la lucha contra el narcotráfico, pero lejos de ello, sigue los mismos lineamientos que el régimen colombiano, y está más preocupado por tapar los papeles que demuestran su dinero en paraísos fiscales que solucionar los problemas del país, porque a esta crisis penitenciaria se suma las constantes manifestaciones de descontento popular por su política económica y la crisis migratoria que comienza hacer visible, con cientos de ecuatorianos que se suman a la caravana que se dirige a Estados Unidos.

No sabemos cómo terminará esta historia, Ecuador va rumbo de convertirse en un estado fallido, con un gobierno incompetente, que se preocupa más por asistir a homenajes a los marines yanquis y en tapar su corrupción que en los problemas que desangran al país.

Autor:

Jorge Ochoa Moncada