El silencio de los medios occidentales es el mayor elogio de la masiva concurrencia a las urnas y de la solidez que ha adquirido el Eje de la Resistencia contra EE.UU. e Israel

No se puede tapar el sol con las manos. El unánime silenciamiento en los medios occidentales de la elección presidencial en Siria del 27 de mayo pretende ocultar el éxito de movilización, unidad y convalidación del liderazgo de Bashar Al Ássad que la misma evidenció y silenciar el consecuente fortalecimiento del Eje de la Resistencia ante un Israel derrotado y unos EE.UU. desorientados. La noticia es la no-noticia: al evitar informar y comentar la manifestación del jueves 27, EE.UU. y sus aliados han demostrado que no han aprendido la lección de la derrota de Gaza y que carecen de rumbo.

En realidad, el resultado de la elección presidencial en Siria no importa; lo significativo es que el proceso electoral se haya realizado y que el 76,64% de los votantes habilitados haya concurrido a las urnas. Resultado tanto más importante cuanto que cerca de un 25% de la población vive en los territorios del norte y noreste, ocupados por las milicias islamistas, el ejército turco y las milicias kurdas protegidas por EE.UU. O sea que en los territorios liberados asistió a votar más del 95% de los electores.

Mucho antes del sufragio era evidente que Bashar al-Ássad ganaría abrumadoramente, ya que no había competidores con posibilidades, pero no se sabía que eco tendría en la población la convocatoria a votar. Es por ello que la verdadera noticia es la participación electoral, que demuestra la voluntad masiva de permanecer unidos y convivir en un Estado nacional laico, pluriconfesional y pluriétnico.

El convalidado liderazgo de al-Ássad se fundamenta en tres razones: primero, porque nadie cambia de líder en medio de una guerra y una crisis tan brutal. Segundo, porque, quedándose en el país durante toda la guerra, el presidente se ha convertido en el símbolo de la resiliencia siria. Y tercero, porque ni dentro ni fuera del país existen liderazgos alternativos.

Antes de que se anunciaran los resultados de las elecciones, el mismo jueves 27 por la noche decenas de miles de personas se reunieron en varias ciudades para celebrarlo, ondeando banderas nacionales y portando fotos del presidente.

Más del 80% de la población vive en la pobreza y la libra siria se ha desplomado frente al dólar, provocando una inflación galopante. Por esto fue que el lema de la campaña de Ássad (“La esperanza a través del trabajo”) convocó al pueblo a movilizarse para reconstruir el país. No existen datos fiables sobre el PBI de Siria. Como resultado de la destrucción de la economía, el desempleo (estimado en un 50 por ciento) y la emigración masiva, es probable que en términos reales el PBI de 2020 haya alcanzado sólo el 40% del PBI de 2010 -estimado en unos 60 mil millones de dólares-, el año anterior al comienzo de la guerra. El Banco Mundial calcula que entre 2011 y 2018 Siria perdió de sumar 300.000 millones de dólares a su PBI. La Unidad de Inteligencia de The Economist, por su parte, predice que el PBI sirio también se reducirá en 2021 en términos reales como resultado de la caída del consumo privado real.

Los daños sufridos por la industria y la agricultura durante la guerra civil agravaron la dependencia del país de las importaciones. Sin embargo, la escasez de divisas y la debilidad de la moneda restaron al Estado capacidad para financiar las compras en el exterior, incluidas las de alimentos. Al estallar la crisis del COVID-19, además, las remesas de los trabajadores emigrados también disminuyeron por las crisis económicas resultantes en los países que los emplean. Según un informe del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, que proporciona ayuda alimentaria en Siria, 12,4 millones de habitantes padecen actualmente inseguridad alimentaria, de los cuales 4,5 millones se añadieron a la lista en el último año (durante la pandemia).

El presupuesto sirio para 2021 asciende a 8,5 billones de libras sirias (SYP, 6.770 millones de dólares), mientras que los ingresos del Estado alcanzarán aproximadamente 6 billones de SYP, por lo que el déficit presupuestario previsto es de 2,5 billones de SYP (casi el 30% del gasto previsto). Los ingresos previstos son un 83% inferiores en términos reales a los del presupuesto de 2010. Según un informe del Centro Sirio de Investigación Política, los ingresos no fiscales representaron en 2019 sólo un tercio de los ingresos públicos anuales en comparación con dos tercios en 2010, en gran parte como resultado de la caída de las ventas estatales de petróleo (los principales yacimientos están ocupados por los norteamericanos, que exportan el fósil a través de Turquía). En la última década las pérdidas del país en el sector de los hidrocarburos se estiman en 91.500 millones de dólares.

En 2018 la ONU evaluó que la reconstrucción completa de Siria costaría 250.000 millones de dólares. Irán y Rusia tienen pocas posibilidades de auxiliar financieramente a su aliado, aunque contribuyen enérgicamente a su defensa y a la reconstrucción de sus instituciones. Mientras que Rusia se concentra en sostener la masiva expansión del Estado sirio y su intervención regulatoria en la economía, la República Islámica pone el acento en el desarrollo de las organizaciones religiosas, sociales y asistenciales. Por su parte, China acaba de ratificar esta misma semana su entusiasta apoyo a la reconstrucción del país árabe. Siria tiene sobre el Mediterráneo el puerto de Tartus y, si Irak se estabiliza un poco, puede servir como salida alternativa al mar occidental para la Ruta de la Seda, en paralelo a la ampliación del puerto israelí de Haifa.

El camino de la reconstrucción será largo y difícil, mucho más si los territorios del este y norte siguen ocupados y Occidente mantiene sanciones económicas y comerciales que alcanzan también a las empresas que hagan negocios con el país árabe. Tanto más importante es la demostración de fuerza que el gobierno de al-Ássad ha realizado al conseguir una tan grande concurrencia a las urnas y los multitudinarios festejos. Sólo puede estabilizar el país y atraer inversiones quien demuestre que lo controla y asegura la paz.

Si en 2012 Hillary Clinton decía que los días de Bashar al-Ássad estaban contados, el 26 de mayo de 2021, tras depositar su papeleta en Duma, el presidente sirio respondió a los dirigentes de Francia, Italia, Alemania y Estados Unidos que su opinión al respecto de Siria no vale nada.

Bashar Al-Ássad y su esposa Asma

Al-Ássad ha dejado muy claro que no se va a ir y que ha sobrevivido, resistido y superado la guerra, la insurrección yihadista financiada por terceros países y unas sanciones salvajes.

El Estado sirio cuenta con una base de apoyo suficiente como para mantener el orden y el monopolio de la fuerza. Esta solidez interna repercute en sus relaciones internacionales. Egipto ya propone la vuelta de Siria a la Liga Árabe y Damasco cada día mejora más sus relaciones con países que en la década pasada le fueron hostiles, como Jordania, Emiratos Árabes Unidos o, de manera más tímida, Arabia Saudita, que la semana pasada ha reanudado los vuelos entre ambas capitales. Reincorporar a Siria al mundo mediooriental supone aceptar a Bashar Al-Ássad y su gobierno como interlocutores legítimos.

Lo cierto es que las elecciones presidenciales en Siria no han sido más que un espectáculo, pero un gran espectáculo. El Estado nacional laico ha reafirmado su consolidación, su victoria en la guerra y se ha legitimado de cara a la reconciliación con sus vecinos árabes. Estas elecciones presidenciales probablemente no hayan sido plenamente democráticas, pero han sido el proceso que necesitaban Ássad, el gobierno sirio y la gran mayoría de la población para avanzar e ir poco a poco dejando atrás todo lo que ha supuesto la crisis iniciada en 2011. Junto al triunfo palestino en Gaza y frente a la profunda crisis del régimen político israelí, en vísperas de la elección presidencial iraní, de la que previsiblemente salga vencedor un candidato de la línea dura que acabe con los buenos gestos de Rohaní hacia Occidente, la elección presidencial siria completa un frente que por primera vez en un siglo tiene chances de triunfar contra los imperialismos occidentales y sus colonias en Medio Oriente.

Nota:

(1). Imagen de portada: Celebración del triunfo electoral de Bashar Al Ássad en la Plaza Omeya de Damasco

Autor

+ artículos

Eduardo J. Vior nació en Buenos Aires en 1950, en el “Año del Libertador General San Martín”. Realizó sus estudios escolares en la Capital y en San Isidro. Al salir del Colegio Nacional de Buenos Aires en 1968, estudió Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, de donde egresó como Profesor de Historia en 1977. En 1980 se exilió en Alemania donde vivió hasta 2004. Allí obtuvo los títulos de Magister Artium en Ciencia Política en 1984 (Heidelberg) y de Doctor en Ciencias Sociales en 1991 (Giessen). En el primer caso presentó una tesis sobre “El peronismo: nacionalismo popular en Argentina” y en el segundo, sobre “Imágenes y proyectos de nación en Brasil y Argentina”.

En Alemania enseñó “Cultura y Sociedad de América Latina” en numerosas universidades y fue asistente en la Cátedra UNESCO de Educación en Derechos Humanos de la Universidad de Magdeburgo entre 2001 y 2004.

Luego de regresar fue profesor de Ciencia Política en las universidades nacionales de La Matanza y Río Negro, así como en la Universidad Federal de la Integración Latinoamericana en Foz de Iguazú, Brasil.

Desde 2012 ha vuelto a ejercer el periodismo como analista internacional para distintos medios del país y del exterior.

Entre sus publicaciones se destaca el libro “Migraciones internacionales y ciudadanía democrática”, publicado en 2012. También publicó numerosos artículos sobre migraciones internacionales, ciudadanía suramericana, teoría de la nación, etc.