Las elecciones francesas serán clave no solo para el devenir del país galo sino también para el de la propia Unión Europea

“Es muy posible, por tanto, que en medio de esta crisis sea el populismo nacionalista más o menos cercano a la extrema derecha quien pueda sacar rédito de este contexto. Recordemos además como Marine Lepen, al contrario que su padre, ha ido moldeando un discurso más moderado y que por tanto no asuste tanto a posibles electores. Ante la ausencia de unas fuerzas de izquierda que pongan sobre la mesa la contradicción entre el gran capital y los pueblos europeos, la contradicción nacional soberanista de carácter populista y conservadora puede ganar adeptos y sus máximos representantes serán líderes como Marine Lepen”

El próximo 10 de abril se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Francia. Según sondeos la distancia entre el liberal Emmanuel Macron y la ultra derechista Marine Lepen se está acortando en las últimas semanas.

Estás elecciones se producen en un contexto donde la UE está claramente en crisis por las autosanciones impuestas contra Rusia. Además, su papel como bloque hegemónico es cuestionado por la subordinación evidente a la OTAN y EEUU.

Francia siempre ha visto su participación en coaliciones regionales o internacionales de forma instrumental. Durante la administración Trump vimos como la UE parecía romper lazos con EEUU. Y mientras el propio Macron llegó a afirmar que la OTAN se encontraba en “muerte cerebral”, los llamados a la creación de un ejército europeo, finalmente nunca dieron resultado.

La UE y EEUU han estado los últimos años en un contexto de fuertes fricciones entre ellos. A modo de ejemplo podemos ver cómo desde el ministerio de exteriores alemán se culpaba a EEUU de la derrota en Afganistán y de no saber liderar la OTAN. Por su parte, todos conocemos como Francia perdió un jugoso acuerdo con Australia, debido a la actual estrategia asiática de EEUU en su guerra contra China y el acuerdo AUKUS. Un acuerdo que directamente deja a la UE relegada y en un segundo plano.

Tanto Francia como Alemania llevan años tratando de ver cómo librarse del liderazgo de EEUU en la OTAN y, por tanto, como garantizar su propia agenda expansiva internacional independiente de los intereses estadounidenses. Pero las relaciones nunca han sido fáciles. El desembarco de Normandía supuso el inicio de una relación desigual con la que entonces era una potencia incipiente.

Francia, miembro fundador de la OTAN, se salía de la alianza en 1966, en palabras de De Gaulle se trataba de “modificar la forma de nuestra alianza sin alterar el fondo”. En efecto, el fondo no se alteró, y Francia participó en acciones conjuntas en los Balcanes o en Afganistán en 2001. Francia volvería a la OTAN en 2009, justificado por la “necesidad de influir en la alianza” y “reforzar la Europa de la defensa”, tal y como señala el informe de 2012 que el ex ministro del partido socialista, Hubert Védrine, realizó a petición del gobernante conservador Nicolas Sarcozy. Titulado “Sobre Francia y la mundialización” suponía, además, el encuentro del bipartidismo de la democracia representativa liberal-burguesa francesa para la creación de un nuevo sentido común al respecto de la propia OTAN y el papel de Francia en el mundo.

Para Francia la UE, como bloque, era una apuesta segura, o eso creyeron, para poder desarrollar sus propios planes hegemónicos a nivel mundial. La moneda única era una forma de hacer frente a la hegemonía del dólar. Atendiendo a los hechos, la UE no ha sido capaz de articular dentro de la Alianza de la Alianza del Tratado Atlántico la influencia que esperaban.

Llegados a este punto es obvio que Francia ha perdido la guerra y esto abre una profunda crisis a su propio régimen de gobierno.

Las próximas elecciones estarán marcadas por el fracaso de una estrategia seguida durante años. Este contexto podría ser el caldo de cultivo para que la Francia revolucionaria volviera a resurgir de sus cenizas; sin embargo, la izquierda política francesa no existe, está desarticulada, pese a tener un sindicalismo potente que se ha maniestado en las distintas protestas de los últimos años.

Es muy posible, por tanto, que en medio de esta crisis sea el populismo nacionalista más o menos cercano a la extrema derecha quien pueda sacar rédito de este contexto. Recordemos además como Marine Lepen, al contrario que su padre, ha ido moldeando un discurso más moderado y que por tanto no asuste tanto a posibles electores. Ante la ausencia de unas fuerzas de izquierda que pongan sobre la mesa la contradicción entre el gran capital y los pueblos europeos, la contradicción nacional soberanista de carácter populista y conservadora puede ganar adeptos y sus máximos representantes serán líderes como Marine Lepen. 

La Unión Europa finalmente es el proyecto de dos grandes potencias que funcionan como cabeza de la misma: Francia y Alemania. Tras la marcha de Merkel, con un gobierno en coalición tripartita de reciente creación, Alemania no está en la posición de liderar ninguna oposición al suicidio europeo al que estamos asistiendo. Las elecciones francesas serán por tanto un punto clave no solo para el devenir del país galo sino también para el de la propia Unión Europea.

El proyecto imperialista llamado Unión Europea debe morir para salvar Europa, de momento solo es capaz de asegurar un suicidio asistido que pagarán los pueblos europeos.

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Directora Revista La Comuna

Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Sevilla. Gestora cultural, escritora, poeta y analista internacional en distintos medios escritos o audiovisuales. Autora de la compilación poética “La Generación de la Sangre I” para Editorial Ultramarina Cartonera, a través de la Plataforma de Artistas Chilango-andaluza.

“Arquitecturas y Mantras” de la Editorial Bucéfalo fue su primer libro de poesía en solitario. A su vez, actualmente colabora en Hispan TV y otros medios internacionales en habla hispana analizando la actualidad política. Miembro de la Asociación Cultural Volver a Marx. Milita en Trabajadoras Andaluzas.