América, es una sola y en ella, o estamos todos, o no está nadie. Por eso México, Bolivia, Honduras y los 14 países de la Comunidad Caribeña han dicho ¡No!

“ Ignorar América como escenario de desarrollo, fue una constante en la política   norteamericana en la región. Por eso ahora quiere una Cumbre con exclusiones. En esa línea, Kevin O’Reilly, Coordinador de la cita confirmo ante el Senado USA, que Venezuela y Nicaragua no serían, invitadas, y se mostró dubitativo en el caso de Cuba. Pero la cosa no es tan simple. Las cosas, han cambiado. La “voz del amo”, no decide; Ahora, también hablan los pueblos”

“Los gobiernos van de cumbre en cumbre, en tanto que los pueblos van de abismo en abismo». Esta frase dicha en su momento por Hugo Chávez, líder de la Revolución Bolivariana, cobra plena actualidad cuando queremos referirnos a la IX Cumbre de los Jefes de Estado y de Gobierno de las Américas, prevista para Los Ángeles -California- entre el 6 y el 10 de junio próximo.

Diseñada como escenario de un análisis profundo de los retos que encara el continente en nuestro tiempo; en verdad se orienta a perfilar la política norteamericana en el contexto global y asegurar el modo de uncir al carro de Washington a los gobiernos de la región.

En el fondo ocurre que los Estados Unidos se siente acorralado por la gravedad de la crisis internacional y los problemas que deberá enfrentar en el mundo y en este continente, considerado secularmente como el “Patio Trasero” de la administración norteamericana.  

El evento en ciernes, tendrá lugar en una circunstancia específica, cuando la estrategia guerrerista de la OTAN, diseñada en Washington ve trancadas sus aspiraciones de expansión por la resistencia resuelta de pueblos que, en suelo ucraniano, se alzan en demanda de respeto a sus grandes ideales nacionales.

Las decisiones de las Repúblicas Populares de Donestk y Luganks, la lucha heroica de las poblaciones del Donbáss y la presencia rusa en la escena mundial; tuvieron la virtud de detener los planes belicistas de la Casa Blanca, empeñada en envolver a toda Europa en una suerte de “guerra de conquista” de añoranza Nazi, pero de típico corte imperialista.

Hasta hoy, en ese conflicto, América Latina -aparte de sufrir los estrategos económicos y sociales previsibles- no ha tenido un papel de relieve, ni lo tendrá, salvo que se extienda el conflicto por la agresividad de los mercaderes de la guerra que desestiman cualquier acuerdo de paz para no afectar sus intereses financieros.

No obstante, Estados Unidos continúa empeñado en jugar con fuego, para lo que necesita “cerrar” el continente colocando a su servicio a cada uno de los países de América. Es esa la esencia de la Cumbre próxima. Por eso, USA no quiere “disidencias”, ni obstáculos en la cita que vendrá

Antes hubo otras Cumbres. Mar del Plata, fue la estrella. Allí las voces del Comandante Hugo Chávez, Néstor Kichner, Evo Morales y otros, cerraron el paso a la última propuesta eslabonada de dominación que diseñó el Imperio, el ALCA –“Acuerdo de Libre Comercio de las Américas- que naufragó virtualmente antes de nacer.

En realidad, la propuesta del ALCA confirmó aquello de que una golondrina, no hace verano. Estados Unidos nunca tuvo realmente una propuesta de desarrollo para nuestro continente. Sus objetivos, fueron siempre tres: atenazar a estos países, succionar sus recursos básicos y obligarlos a servir sus propósitos. Desde los años de la Doctrina Monroe hasta nuestros días, ese fue el eje central de la política norteamericana en la región.

En el siglo pasado fueron John Foster Dulles, Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski los secretarios de Estado más importantes de los Estados Unidos. Y su vínculo con América fue casual, y casi episódico.  El primero se hizo conocer en la región por la invasión a Guatemala, en 1964. Allí, amoscado por la reacción que pudiesen haber tenido algunos gobiernos amigos de la región ante la agresividad de la Casa Blanca, acuñó una frase que hizo historia: “Estados Unidos, no tiene amigos: tiene intereses”.

El segundo fue célebre por el papel que cumplió en la batalla contra el Chile de   Allende. En sus “Memorias” admitió que el país Mapuche era “el ejemplo clásico que puede confirmar que en América Latina pueden ocurrir hechos de la mayor importancia, sin que Estados Unidos siquiera, se dé cuenta”.  Así   de inmensa, fue su insolvencia en los asuntos de nuestro continente.

Y Brzezinski tampoco acertó una. Tan preocupado en sus propios asuntos estuvo que ante el diario francés “Neuvel Observateur”, admitió sin tapujo alguno aludiendo a Afganistán: “Los Yihadistas no ingresaron desde Pakistán para liberar a su patria del dominio soviético. El Yihadismo, fue creado por el gobierno de los Estados Unidos para enfrentar al comunismo”. De América Latina, tal vez supo de oídas.

Ignorar América como escenario de desarrollo, fue una constante en la política   norteamericana en la región. Por eso ahora quiere una Cumbre con exclusiones. En esa línea, Kevin O’Reilly, Coordinador de la cita confirmo ante el Senado USA, que Venezuela y Nicaragua no serían, invitadas, y se mostró dubitativo en el caso de Cuba. Pero la cosa no es tan simple. Las cosas, han cambiado. La “voz del amo”, no decide; Ahora, también hablan los pueblos. Y no se pueden imponer las exclusiones.  América, es una sola y en ella, o estamos todos, o no está nadie.  Por eso México, Bolivia, Honduras y los 14 países de la Comunidad Caribeña han dicho ¡No!

Miguel Diaz Canel, presidente de Cuba, y Daniel Ortega, dijeron también que no irían bajo ninguna circunstancia. A su manera, y con matices, se han expresado así Chile, Guatemala y Argentina, Un total de 20 naciones han rechazado el veto USA.  Y El Perú ¿Dirá algo?

Es claro que ésta es la hora de los Libertadores.  Bolívar dijo; “Unidad, Unidad, Unidad!”.  Será esa la única forma de detener la mano del Imperio y abrir camino para afirmar la voluntad de los pueblos. El único modo de asegurar que las Cumbres, no se transformen en abismos.

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Jefe de la edición peruana de Resumen Latinoamericano, ex dirigente y parlamentario del Partido Comunista del Perú (Unidad) y ex secretario general de la Confederación General del Trabajo del Perú.