Transcripción y enlace a la conferencia realizada en el marco Rumbo al I Congreso Internacional de Geografía Política

    “Hamás ganó las elecciones en Palestina: Cisjordania, Gaza, Jerusalén Oriental. Tenemos que preguntarnos por qué ganó y la respuesta la encontramos en Yasser Arafat y los Acuerdos de Oslo” Jaldía Abubakra

    “El Documento de principios y políticas de 2017 en el que Hamás hace un giro importante respecto de su Carta fundacional de 1988 pone en crisis buena parte del discurso construido para estigmatizar a Hamás” Ángel Molina

    “El imperialismo si bien está en retroceso económico, en lo cognitivo, en la divulgación, así como en lo militar, están en una nueva ola invasiva mundial” Martín Martinelli

    “Estamos ante un inminente colapso de toda la legalidad mundial de las relaciones internacionales y Palestina, una vez más, es el escenario de combates también en lo discursivo” Nazareth Chanike

    “Hay que seguir desarrollando miradas desde las resistencias del Sur Global y vislumbrando otras formas de relaciones internacionales más equitativas. Lo mismo pasa con el concepto de democracia” Gustavo Keegan

    Abubakra, Jaldía y Molina, Ángel con Martinelli, Martín; Keegan, Gustavo y Chanike, Nazareth.

    Transcripción Valentina Taberna.  

    Ciclos de Conferencias: Rumbo al I Congreso Internacional de Geografía Política, Observatorio Geohistórico, Universidad Nacional de Luján, entre el 28 de octubre y el 8 de noviembre de 2024.

    Jaldía Abubakra:

    Me gustaría que en otras ocasiones la invitación sea para alguien de la resistencia, que pueda hablar de la actividad. Es importante teniendo en cuenta el cerco mediático y el hecho de que los grandes medios de comunicación siempre dan voz y altavoz al opresor ocupante o, incluso, a ciertas personas que no tienen nada que ver con lo que está pasando como, por ejemplo, a representantes de la Autoridad Palestina. Sin embargo, a la resistencia palestina y sus acciones pocos medios les dan espacios.

    Vamos a hablar de Hamas, el gran desconocido o el gran difamado. Sobre todo, desde el 7 de octubre hay un cerco mediático, pero también tergiversación y difamación del movimiento de resistencia islámico- palestino. Hamás nace en 1987 en el seno de la intifada de las piedras, un momento importante en la historia de la lucha del pueblo palestino y emerge como respuesta a lo que estaba pasando con el resto de las facciones palestinas, con la OLP y demás grupos que estaban representados en su interior. El trasfondo de Hamás, sin embargo, ya venía de antes.

    Los movimientos islámicos habían empezado a surgir en Palestina y en toda la región de Asia Occidental, la región árabe y el mal llamado “Oriente Medio”. Los movimientos islamistas surgen como una respuesta después de 1967, luego de la derrota de la guerra y con la sensación de fracaso que hizo que muchos activistas y militantes palestinos y árabes cambien y se unan a los Hermanos Musulmanes o al Movimiento Nacionalista Árabe, de donde después, surge el Frente para la Liberación de Palestina, marxista leninista.

    El surgimiento de estos movimientos coincide con el gran momento de revolución palestina que empezó en Jordania y después en Líbano, pero a partir de 1982 y con la derrota de la OLP, hizo que éstos comiencen a retroceder en sus principios basados en el consenso de todo el pueblo palestino: la liberación de Palestina histórica desde el río hasta el mar y el derecho legítimo a la lucha en todas sus formas, incluida la lucha armada.

    En 1974 algunas facciones de la OLP renuncian a ese derecho y lo quitan de la Carta Magna Palestina y en el ‘88 Yasser Arafat también anunció la creación de un Estado Palestino en Argel, sobre las fronteras de 1967, mientras el pueblo palestino se aferraba a la liberación.

    Cuando el pueblo palestino ve la recaída de las facciones de resistencia en el exterior, empiezan a surgir movimientos de resistencia dentro de la Palestina histórica. En la intifada surgen varios movimientos y entre ellos Hamás que surge, al principio, como una organización social de ideología religiosa islámica, pero se aferra a los principios de todo el pueblo palestino que es la resistencia armada y la liberación. Luego surge el brazo armado de Hamás: las Brigadas de Ezzeldin Al- Qassam que son los que llevan adelante la lucha.

    Como todos saben, Hamás ganó las elecciones en Palestina: Cisjordania, Gaza, Jerusalén Oriental. Tenemos que preguntarnos por qué ganó y la respuesta la encontramos en Yasser Arafat y los Acuerdos de Oslo. El pueblo palestino, después de unos años de la firma de esos Acuerdos y la llegada de Autoridad Palestina, empieza a ver que es una autoridad corrupta y que colabora, a través de los acuerdos de coordinación, con la ocupación, y que además no sólo no trajo paz y un Estado, sino que firmó estos Acuerdos que alejaba a los palestinos de la liberación. El pueblo palestino siempre ha sido politizado y por eso vio una alternativa en el movimiento Hamás en cuyo seno se mantienen los principios de la lucha para la liberación nacional. Por último, Hamás, como organización para la liberación palestina junto con otras, está puesta en la famosa lista de organizaciones terroristas por Estados Unidos en 1995 en la que también incluye a todas las organizaciones palestinas de liberación nacional que rechazan los Acuerdos de Oslo.

    El cerco mediático o la difamación que vemos, sobre todo después del 7 de octubre, llamó la atención del mundo e hizo volver a poner en la agenda política y mediática a la causa palestina. Todos empiezan a hablar de Palestina, pero al mismo tiempo, los medios hegemónicos dominados por el imperialismo occidental y el sionismo quieren desviar la atención de esa hazaña tan valiente de la resistencia palestina en la que no sólo colabora Hamás sino otras facciones de resistencia también. Quieren desviar la atención para que la gente no lo vea como una gesta para cambiar las condiciones del bloqueo que estaba sufriendo la Franja de Gaza desde hace diecisiete años, las demoliciones, los encarcelamientos, asesinato y ejecuciones en las calles… las condiciones de los presos y las presas en las cárceles, para las que estaban pidiendo la pena de muerte, estaban encarcelando niños y el aumento del número de presos ha sido exponencial además del hecho de no darles comida ni agua y que ingresen habiendo sido torturados.

    El 7 de octubre vino para cambiar esto y poner las condiciones. El cerco es necesario para que los pueblos oprimidos no vean en esto un paso valiente y una hazaña a seguir: una organización que hizo tambalear al ejército invencible, que habían convencido al mundo de ser. Ese ejército no es tan invencible como nos hicieron creer y los servicios de inteligencia sionistas o israelíes que estaban vendiendo sus sistemas como los mejores espías del mundo, no pudieron detectar lo que estaba preparando la resistencia palestina en la Franja de Gaza. Esto podría servir de ejemplo para todos los pueblos del mundo y que vean que sí se puede por poca fuerza y armas que se tenga. Si hay voluntad, se puede vencer al enemigo.

    Para cambiar todo esto nos bombardean los grandes medios de comunicación con que es una guerra entre Hamas e Israel. Es para quitar valor a la resistencia palestina y negar el derecho al pueblo palestino a resistir presentándose como un enfrentamiento entre un Estado y un grupo de resistencia al que se pinta como organización terrorista. Debido a que Hamás, como mencioné, está en la lista armada por Estados Unidos, es fácil convencer al público de que el sionismo y sus amigos occidentales están luchando contra el terrorismo. Esto sucede también en los países árabes.

    Como grupo islamista Hamás también es depósito de la islamofobia: es hacer creer a todo el mundo que cualquier cosa que tenga que ver con el islam, es terrorismo. Se hace la comparación entre Hamás y los grupos de milicianos y terroristas que habían sido creados desde Occidente para desestabilizar a los países árabes. Sin embargo, comparar un movimiento de resistencia con un grupo terrorista allanaba el terreno para justificar todo lo que vimos en los últimos meses: el genocidio cometido contra la población palestina que, aún así, sigue resistiendo y haciendo daño a ese ejército invasor. Eso es lo que hizo que los pueblos empiecen a buscar información y a querer saber qué está pasando y cuál es la verdad.

    Las movilizaciones que vemos son cada vez más importantes, incluso en los países árabes. Hago esta salvedad porque los regímenes de los países árabes también quieren la derrota de la resistencia palestina para que no sea un ejemplo para los pueblos. Ellos convencieron a sus pueblos de que sí apoyan al pueblo palestino, pero normalizan con Israel porque necesitan de ese régimen para importar sus tecnologías de control a sus ciudadanías y mantenerse en el poder sin que las personas puedan ejercer sus derechos a la democracia y que haya cambios de gobierno en los países árabes.

    Para terminar, quiero señalar que lo que está ocurriendo en la Franja de Gaza fue muy importante para los países de la región en cuanto a la colaboración de la resistencia libanesa. Hizbolá está actuando de forma muy inteligente quitándole peso a la resistencia en Gaza haciendo ataques bastante controlados en el norte de la Palestina ocupada para no entrar en guerra abierta porque no es lo que se pretende. La participación de Ansarulá en Yemen también produjo un desafío porque Occidente lleva bastantes años intentando hacer un conflicto entre chiítas y sunnitas. Los movimientos islámicos en Palestina son sunitas, pero ya vimos que esto nunca fue un impedimento para que desde Yemen apoyen a la resistencia palestina y tomen cartas en el asunto. Una carta muy importante que, incluso después de haber estado más de nueve años enfrentados en Yemen al imperialismo de Arabia Saudí apoyado por los norteamericanos, es el cierre del paso del Mar Rojo a barcos israelíes para apoyar la lucha del pueblo palestino.

    Lo que hace Yemen no es comparable a lo que hace Estados Unidos con su apoyo a la entidad sionista. Lo que hace Yemen no es ni más ni menos que lo que manda la Carta de Naciones Unidas: los países bajo un régimen colonial y en ocupación que tienen el derecho a luchar con todos los medios que tiene a su alcance, incluso la lucha armada y los terceros países tienen la obligación de apoyarlos moral, política y materialmente. Esto es lo que hace Yemen con Palestina.

    Palestina no es Gaza y Cisjordania; Palestina es desde el río hasta el mar. En sus fronteras anteriores a la ocupación y mandato británico, pero esto no es algo en contra de los judíos ni contra las personas que se consideran israelíes, sino que es contra el sionismo que es una ideología política racista a la que hay que combatir desmantelando al Estado de Israel porque es la representación de esa ideología. Queremos una Palestina donde convivan todas las personas sin distinción alguna y esa es la Palestina que ya existía antes de la llegada del movimiento sionista. Por lo tanto, no es algo imposible y descabellado; es salvar al mundo de una ideología criminal igual, o peor, que la nazi.

    Martin Martinelli:

    Todos los tópicos y las formas en la que los encaraste no es la habitual en los medios masivos. Resaltar la cuestión del imperialismo occidental que apoya al movimiento sionista y extiende sus tentáculos hasta Nuestramérica en cuestiones de negocios y políticas, en asociación con las ultra- derechas de América por lo cual no solamente se trata del imperialismo genocida que se impone sobre palestinos y palestinas sino también respecto de los otros pueblos. En este marco, la resistencia que mencionas también está rechazando ese modelo porque Israel es también una entelequia que está desde los británicos y luego los estadounidenses que mantienen esa herramienta co-imperial. Son cuestiones que no hay que perder de vista por eso son importantes estas conferencias.

    Ángel Molina:

    Hay un punto que señaló Jaldía que es interesante y me parece que, de alguna forma, trasciende el marco de los sucesos a partir del 7 de octubre que es el silenciamiento de las voces y de las resistencias de muchos espacios. En el caso del escenario palestino después del 7 de octubre fue más evidente y obsceno.  Este mismo recorte y ausencia de las voces de los protagonistas aparece en todos lados, incluso en los programas académicos y contenidos a partir de los cuales nosotros estudiamos la Historia.

    Entonces, es preocupante y estamos en una época de un esfuerzo tecnológico muy minúsculo donde podemos entrar en contacto con producciones de otros pueblos, análisis políticos o abordajes desde otros lugares y seguimos alimentándonos a partir de los lentes de la Europa Occidental y Estados Unidos.

    Lo anterior se observa en los académicos que consultamos en las bibliografías, siguen siendo europeos. Los autores que trabajamos incluso para estudiar el islam no son musulmanes, son europeos y norteamericanos. Pero también hay un elemento, que en algún momento también hemos trabajado, que es esa islamofobia velada aún en espacios que aparecen como defensores de la causa palestina, como progresistas. Hay desconfianza y recelo para aquellas expresiones que aparecen bajo el marco de un proyecto con características islámicas.

    Lo que me interesa plantear hoy es que pensáramos juntos desde los medios, pero también desde la producción académica. En este sentido, cuando se trata de instalar ideas bajo algún tipo de discurso hegemónico no debe descuidarse que tiene estas dos patas fuertes: la producción académica que crea conceptos a partir de los cuales nosotros analizamos los procesos y, por el otro lado, los medios de comunicación que se encargan de bajar estas ideas y marcos conceptuales al público en general.

    Hamás, como decía Jaldía, fue el blanco predilecto de esta estrategia combinada con la producción académica y por eso hay que revisar mucho lo que se generó en esos espacios desde el 7 de octubre. Nosotros tenemos colegas que, de manera explícita, se hicieron carne de estos discursos reduccionistas e islamófobos. En el caso de los medios de comunicación, a veces queda más claro porque es lo que se consume masivamente, pero lo que sostiene analítica, académica y conceptualmente a esas ideas, se produce en las universidades. Entonces, estos espacios hay que debatirlos.

    Una de las cuestiones que me llama la atención es la ausencia de algunos elementos claves para entender cómo llegamos al 7 de octubre, cuál es el Hamás que se presenta ese día. Es fundamentalmente, la ausencia del Documento de principios y políticas de 2017 en el que Hamás establece haciendo un giro importante respecto de su Carta fundacional de 1988 y pone en crisis buena parte del discurso construido para estigmatizar a Hamás y a todas las expresiones de resistencia en clave islámica.

    Nosotros seguimos valiéndonos de conceptos que son, por lo menos, poco felices; conceptos que entenebrece y generan modelos de análisis que poco aportan, pero sí impactan en la creación de prejuicios. Posiblemente, el más nefasto sea el concepto de ‘islam político’ y esto es así porque las resistencias en clave islámica siempre fueron definidas a partir de concepciones que conciben un islam monolítico en el que aparecen grupos, procesos y actividades de variables diversas que ocultan las dinámicas históricas a partir de las cuales las propias resistencias van aprendiendo. En el caso de Hamás esto es muy interesante.

    Hamás de 1988 en su Carta fundacional tiene algunos conceptos que plantea la disputa en términos religiosos con el Estado sionista y fue utilizada por los medios de comunicación para hacer hincapié en el carácter de organización subsidiaria de la Hermandad Musulmana, así como también enfatizar en la idea de un enfrentamiento en términos de proyectos religiosos que aparece en ese documento.

    Desde 1988 hasta 2017 acontecieron varios sucesos que marcan un proceso de crecimiento, de reformulación de las ideas al interior de Hamás que se consolidan y materializan en un documento de principios y políticas públicas. Ese Documento da cuenta no sólo de un debate interno sino también de un proceso de aprendizaje a partir de la participación y el funcionamiento de Hamás en situaciones que tienen que ver con el contexto regional. El Hamás de 2017, que elabora esa Carta, ya había experimentado la crisis de sus aliados porque, por un lado, la caída de uno de sus soportes más importantes en términos ideológicos y materiales que había sido el gobierno de Morsi en Egipto, pero también vio cómo aquellos sectores que Hamás había apoyado en el conflicto en Siria empezaron a perder terreno.

    Así, este Hamas que llega a 2017 aprendiendo de la experiencia en Siria, habiendo tenido un cortocircuito importante con el eje de las resistencias, puntualmente con el gobierno sirio que, en su momento, había alojado a la dirigencia de Hamás pero que luego termina residiendo una parte en Qatar y otra en Egipto. Es decir, ahí hubo un proceso de reposicionamiento de Hamás que da cuenta de esa Carta de 2017 y para ese momento su dirigencia ya había manifestado su intención de no inmiscuirse en los procesos regionales declarando, básicamente, que se reconocía la soberanía del gobierno sirio sobre el territorio.

    Por otra parte, esa Carta de 2017 tiene enormes diferencias respecto del documento de 1988 y, posiblemente, esto es más importante porque nos interpela a la hora de dar cuenta del movimiento e indagar en cómo se define el movimiento. La Carta de 1988 se definía, efectivamente, como la expresión palestina de la Hermandad Musulmana entendida como el movimiento más importante en la historia del mundo islámico contemporáneo. En la Carta de 2017, por el contrario, no se menciona y se define a sí mismo como un movimiento palestino llevando adelante una causa nacional de su existencia contra un proyecto colonial.

    Esto último, para nosotros, es muy importante porque una de las estrategias comunicacionales del Estado sionista tiene que ver con cortar cualquier fuente que permita una relación empática entre las luchas de resistencia a lo largo del mundo con la resistencia palestina. La mejor manera de cortar esos puentes empáticos es presentar al otro como un otro cultural, religioso y políticamente diferente. Por eso Hamás, al situarse como un movimiento nacional, de resistencia frente a un colonial opresivo, se pone en las mismas coordenadas del resto de los procesos de resistencia.

    No es casual que este tipo de afirmaciones y posicionamientos nosotros no los tenemos analizados por ningún medio de comunicación ni aparece en ningún discurso o texto académico. Nadie recupera la lucha de Hamás a partir de la clave de la resistencia nacional contra un proyecto colonial y se lo presenta como un movimiento del islam político que aparece como un otro muy diferente. Es la misma lógica que opera en la estrategia, largamente utilizada de presentar a las disputas regionales como luchas entre chiítas y sunnitas.

    Se gira en torno a reducir la complejidad de estos escenarios, de estas dinámicas, de la complejidad de los autores porque es mucho más sencillo presentar un atentado en Bagdad como la obra de una organización anti-chiíta donde murieron 18 chiítas que decir que 18 obreros, 15 estudiantes, 4 amas de casa… así se rompen los puentes empáticos y hacia eso apunta la producción académica: aislar.

    Cuando se dice que es una lucha entre Hamás e Israel se procura, precisamente, lo mismo: aislarlo de los procesos populares de resistencia y situarlos como un otro con el cual no nos identificamos. Por eso, este Documento de 2017 está cargado de estos elementos que vinculan a la resistencia palestina en clave islámica con todos los movimientos de liberación del mundo y lo dice en el último de los puntos de este documento donde sostiene que se opone a cualquier forma de discriminación y opresión colonial en cualquier parte del mundo.

    Lo anterior es importante porque sitúa también el proyecto sionista como un proyecto colonial y lo define diferenciándolo de cualquier pertenencia religiosa. Es claro ese Documento del 2017 en cuanto a que la lucha no es contra los judíos sino contra el sionismo en tanto proyecto colonial en la Palestina ocupada. Esto es sumamente claro y no fue trabajado este documento, pero no por ignorancia sino por una decisión ideológica explícita de no mencionarlo.

    Esto es así porque cuando este Documento salió, sí hubo por parte de algunos espacios académicos una recuperación de este gesto de Hamás con muchas lecturas diferentes. Algunos decían que se trataba de un intento de despegarse de la Hermandad Musulmana y, por lo tanto, siguen teniendo buenas relaciones con los otros actores regionales; otros decían que es un proceso de experiencia y aprendizaje que tuvo Hamás a partir de los hechos desafortunados, sobre todo, en Siria y Egipto; otros sostuvieron que era una intento de la propia organización de resistencia islámica de acercarse a otras expresiones de resistencia para converger en postulados con la Autoridad Nacional Palestina o con la OLP para los que pide la democratización de esos espacios.

    Hamás pide democratizar los espacios de discusión palestina. Hamás, al que se la trata como un proyecto medieval o autocrático y reactivo, es desde donde se reclaman instituciones democráticas. Como bien decía Jaldía, el acto electoral más cercano a unas elecciones más o menos limpias en Palestina fue en 2006 cuando Hamás ganó. Entonces, esto también rompe con discursos en los que se afirma que Palestina no es Hamás en un intento de adoptar una actitud neutral, que nunca es tal, terminan afirmando que Hamás no es Palestina y que Israel no es Netanyahu.

    Hay que analizar todo lo que hay detrás de esas expresiones porque un paso más atrás de eso vemos expresiones que afirman que Hamás secuestró a la población palestina. Esto circuló mucho en los medios de comunicación es peligroso porque lo que impulsa es que hay que liberar al pueblo secuestrado.

    También se presenta a Hamás como organización medieval cuyo marco conceptual implica una adjetivación que la saca de nuestra temporalidad y eso hace que no deba interpelarnos políticamente porque son estadíos superados. Entonces, ‘medieval’ es más que una adjetivación, es sacar esos proyectos políticos del espacio temporal que nos es común y ni siquiera ponerlos en discusión.

    Esta Carta del 2017, entre otros puntos, sitúa el problema del antisemitismo manifestándose en contra y afirmando que es un producto europeo, producto de la historia europea. Acá se hace más evidente que nosotros deberíamos estar trabajando sobre este Documento todo el tiempo para entender qué es Hamás hoy y cuál fue el proceso de aprendizaje que tuvo junto a todas las organizaciones de resistencia. No son organizaciones estáticas y pensarlas así es una forma más propia del orientalismo académico y mediático de aproximarse a estos pueblos: ‘son así, han sido así y seguirán siendo así’ en lugar de decir que son trabajadores, estudiantes, amas de casa que avanzan sobre nuevas formas de organización, que pone en cuestión a su dirigencia.

    Todo eso no se analiza y es más fácil encontrar dos o tres conceptos generales antes de sumergirse en complejidades que cuestionarían gran parte de lo que decimos sobre estos espacios.

    Nosotros, lamentablemente, escuchamos desde el 7 de octubre a algunas personas preparadas y gente que simplemente se lanzaba a hablar sobre el tema y esto da cuenta también de lo que nosotros exigimos a quienes analizan la región. Le exigimos mucha menos rigurosidad al que habla sobre la realidad de Asia y África que a uno que habla de la realidad de Francia. Una persona que habla de Asia y África puede casi con total impunidad, sentarse en un medio de comunicación a decir que es una disputa con Hamás, que es una institución medieval y que depende de tal o cual actor regional frente a Israel que hace tal o cual cosa o decir que la diferencia en las regiones de los distintos grupos tiene que ver con sunnitas y chiítas. Esto que nosotros dejamos pasar de los analistas que viven en los espacios académicos y mediáticos, no lo dejaríamos pasar si es una persona que se especializa en Historia francesa. Buena parte de los que hablan sobre Medio Oriente no pueden leer un diario en árabe.

    Esa impunidad existe porque sirve para los intereses de esas grandes usinas de pensamiento hegemónico, para seguir con la cortina de humo que lo que pretende ocultar es la complejidad de estas dinámicas de resistencia que tiene un pueblo pensando y articulando nuevas formas de respuesta frente a la ocupación, a la acción militar de una dimensión mayúscula.

    Para que nos demos cuenta hasta qué punto las voces de la resistencia no están porque desarman buena parte del discurso hegemónico, voy a dar algunos ejemplos. El 2 de noviembre Hamás larga un comunicado en el cual declaraba a la ocupación israelí sobre el territorio palestino como ‘fascista’; es decir, los mismos epítetos que usan las usinas hegemónicas de discurso para calificar a Hamás, ellos lo usan para definir a la potencia. Poner ese discurso en discusión en un medio hubiese significado repensar y elaborar definiciones más interesantes.

    El 30 de octubre Abu Obaida, portavoz de las brigadas, definía a Biden como un fascista, pero ningún medio de comunicación lo recogió. Otro ejemplo es del 20 de octubre, cuando el propio Haniyeh, jefe de la oficina política de Hamás, definía a Israel como un enemigo nazi, fascista y asesino; hubiese sido un enorme titular en cualquier medio en su parte de área internacional pero no aparece porque cuestión las fórmulas a través de la cuales se presenta a Hamás.

    Por eso me encantan estos espacios para debatir sobre estas cuestiones que nos interpelan; sobre todo a los que tratamos de aproximarnos a estos espacios de resistencia repensando el arsenal discursivo del que disponemos y las herramientas analíticas. Uno de los desafíos más grandes para las Ciencias Sociales de estos contextos de resistencias del Sur Global es pensar nuestras propias herramientas analíticas y poner en cuestión los elementos a través de los cuales analizamos el mundo.

    Martín Martinelli:

    El Norte Global tiene formas de organización como la OTAN, la Unión Europea, la ONU, el Banco Mundial mientras al Sur se lo trata de balcanizar. Por eso es muy importante tratar de quebrantar esa barrera para que la gente conozca cómo se hacen los discursos que construyen enemigos para luego bombardear.

    Me parece central que hay formas de organizar las resistencias en los diferentes países, como está pasando en Argentina ahora, que difieren de las de Medio Oriente en que éstas tienen que ser armadas porque, como decía Jaldía, primero tienen derecho a la defensa legítima, pero también porque es una región que está invadida y asediada militarmente. En América hoy no existe ese tipo de lucha armada, pero estamos ante una nueva afrenta del imperialismo que, si bien está en retroceso económico, pero en lo cognitivo, en la divulgación, así como en lo militar, están en una nueva ola invasiva mundial.

    Leímos a europeos y estadounidenses, pero nosotros tratamos de abrirnos a otras cosas también como signo de resistencia del mismo modo en que construimos en Canal Coordenadas. Pero hoy estamos hablando de la mayoría, no de lo que se hace cuando uno está consciente. Se trata de una lucha ideológica y para ello debemos destacar lo que decía Ángel sobre la intencionalidad de separar cualquier tipo de fuente y, en cambio, nosotros desde Nuestramérica, empatizando con esa gente, debemos comenzar a ver cuáles son las lógicas en común y cuáles son las causas que nos unen contra esa organización depredadora de materias primas, de saqueo, incluso, de la peor colonización que es la mental y contra la que seguimos luchando.

    Nazareth Chanike:

    Destaco como coincidencia en la necesidad de romper el cerco mediático y en desarticular las estrategias que tienen los medios de comunicación hegemónicos. En estos tiempos nos toca a muchos salir a hablar fuertemente y con compromiso de estos temas que están golpeando la arquitectura racional de la humanidad.

    Estamos ante un inminente colapso de toda la legalidad mundial de las relaciones internacionales y Palestina, una vez más, es el escenario de combates también en lo discursivo. Ahora bien, ¿cómo encaja en el relato occidental la idea de una verdadera democracia?

    Jaldía Abubakra:

    Creo que la causa palestina, la lucha del pueblo, y, particularmente lo que está pasando desde el 7 de octubre nos dio algo complicado pero bonito que es abrirnos la mente, cuestionar lo que es realmente la democracia. ¿Qué es la democracia? ¿Ir a votar a un presidente? En Estados Unidos ¿qué opciones tienen? Trump y Biden. La gente piensa realmente que los norteamericanos tienen esas dos opciones solamente. ¿Una mitad de la población quiere a uno y la otra mitad quiere al otro? ¿O es que la mayoría de la población de Estados Unidos no quiere ni a uno ni al otro? Ninguno de los dos lucha por sus derechos, los derechos de la clase trabajadora, de la clase empobrecida, en Estados Unidos no tiene derecho a la sanidad, a la educación, no hay trabajo. Hay mucha gente sin hogar en ese país que domina al mundo; ¿eso es democracia?

    En Europa estamos saliendo a la calle desde hace seis meses, desde que empezó el ataque a la Franja de Gaza. Millones de personas en la calle, ¿nos escuchan los gobiernos? La gente que supuestamente hemos elegido para que hagan nuestra voluntad, ¿realmente hacen lo que quieren los pueblos?  Nos han ensordecido durante años diciéndonos que Israel es la única democracia en Oriente Medio, ¿es democracia porque votan y van al ejército, aunque haya leyes de discriminación racial a la población autóctona?

    Estados Unidos pretende dar lecciones al mundo entero sobre la democracia mientras invadieron Siria, Irak, Afganistán, destrozaron Libia y otros países en África además de la injerencia en Venezuela, Cuba, Colombia y demás países de Abya Yala. Sobre este fondo, pretenden dar clases de democracia y cuando los palestinos eligieron, de forma democrática y libre, a Hamás como partido para gobernar y administrar, no lo aceptaron. ¿Dónde está la democracia aquí?

    Hemos elegido para que nos administre, porque tampoco se le puede llamar ‘gobierno’ a lo que hay en Cisjordania y Gaza bajo ocupación, a este partido político y bloquean su actividad poniendo a los de Fatah en contra de Hamás y consiguen lo que siempre quisieron que es el ‘divide y reinarás’, enfrentar a unos con otros y poner a los propios palestinos en contra de otros palestinos. Les cerraron las cuentas bancarias, impidieron gobernar, encarcelaron a los diputados elegidos por el pueblo, no sólo a los de Hamás, ¿qué democracias son las que nos quieren enseñar desde Occidente?

    El tema de la democracia, como pueblo en lucha, requiere de la unidad de las luchas mundiales. Siempre hay un punto de intersección entre todas las luchas y eso tenemos que trabajarlo. El ejemplo más grande son las Naciones Unidas que se forman después de la Segunda Guerra Mundial, supuestamente, para mantener un orden y buenas relaciones entre los Estados para que no vuelva a ocurrir lo que ocurrió en la guerra. Tenemos una Carta de Derechos Humanos que es buenísima, pero es tinta sobre papel porque a la hora de aplicarla, no se aplica para nadie porque los poderosos no necesitan una Carta de Derechos Humanos, consiguen sus derechos sin recurrir al Derecho Internacional, pero para los pueblos del Sur Global, no nos vale esa Carta. Lo vemos todo el tiempo.

    ¿Cuántas sanciones condenatorias a Israel ha vetado Estados Unidos? ¿Dónde está la democracia en un organismo internacional donde están, supuestamente, representados todos los pueblos de la tierra? Si todos los países votan una cosa y se veta porque Estados Unidos quiere, entonces ahí ¿dónde está la democracia?

    Desde los pueblos, tenemos que volver a cuestionarnos las democracias occidentales, europeas. Las democracias en sí de cómo realmente tenemos sistemas democráticos que nos gobiernan a los pueblos y, sobre todo, la institución de las Naciones Unidas que, supuestamente, es la que regula las relaciones entre los países. Esto es algo que hay que reformular si no queremos que sea una institución inválida y que funcione debemos trabajar por volver a organizar las Naciones Unidas para que de verdad sirva para los intereses de los pueblos.

    No me creo capaz de dar respuesta a la intervención de Nazareth porque es algo, como dice Ángel, a estudiar entre los intelectuales del mundo, los estudiantes y los juristas. Hay que poner cada uno de su parte para responder a esta pregunta. Los pueblos debemos hacerlo, los pueblos del Sur que somos los que lo sufrimos y cuestionamos la democracia que nos venden desde Occidente.

    Gustavo Keegan:

    Estas contradicciones que marcan, y que algunos autores también sostienen, en el hecho de que todos los países votan algo, pero luego Estados Unidos veta y frena. Evidentemente, existen otros órdenes basados en ‘reglas’ que muestran la hegemonía de Estados Unidos. Hay que seguir desarrollando miradas desde las resistencias del Sur Global y vislumbrando otras formas de relaciones internacionales más equitativas. Lo mismo pasa con el concepto de democracia, desvirtuado, hay que resignificar desde las naciones y regiones del planeta.

    Ángel Molina:

    Coincido con lo expuesto por Jaldía. Creo que lo que tenemos que pensar es cuestionar algunas situaciones que tenemos normalizadas, que son situaciones de desigualdad en términos de poder mundial. Sin dudas, la región del Asia Occidental es el mejor escenario para pensar de qué manera hemos normalizado, aceptado de manera acrítica, esa desigualdad entre las naciones.

    En los bombardeos franceses a Siria lo podemos ver. Fueron ejercidos fuera de cualquier marco legal internacional y nadie, ni desde los medios ni desde la academia, han calificado esto más que como una acción punitiva o una acción de intervención. Nadie dio nombres, eso es una acción clara. Sin embargo, ¿qué hubiera sucedido si Siria ataca a los países que financiaron al Daesh o a los países occidentales que fueron la usina militar e ideológica? ¿Lo tomaríamos con tanta naturalidad? ¿Sería una noticia más en los medios que consumimos? ¿Cómo reaccionaríamos académicamente? Posiblemente, se llenaría de foros de discusión sobre lo que hizo ese país, pero asumimos, como natural y parte de las reglas del juego, que haya actores que hasta el día de hoy siguen actuando de manera neocolonial sin que sean descalificadas sus acciones.

    Esto es lo que más me interpela: ¿cómo estamos calificando, describiendo esto que está pasando? ¿De qué manera podemos naturalizar que un país sea sistemáticamente bombardeado en su estructura civil, como en Siria, por lo menos una vez por semana por Israel sin que esto genere una profunda conmoción internacional? ¿Si este escenario fuera inverso y un país árabe decidiera atacar una vez por semana a la infraestructura civil de Israel o de sus aliados occidentales? Claramente, el análisis y el trabajo hubiera sido más profundo y no como consumidor acrítico de las noticias. Habría más trabajos, producción de posicionamientos que no sucede cuando pasa en esta parte del mundo.

    Esto no hay que pensarlo sólo en clave de las instituciones que, efectivamente, desde la lógica de la existencia del Consejo de Seguridad y a partir de 1991 están guiadas por la hegemonía de Estados Unidos frente a la cual el resto está en una posición más débil e imposibilitados de impedir o detener el genocidio que está en marcha.

    El caso de Libia o el caso de las descomposiciones estatales en Irak o Afganistán son casos paradigmáticos. ¿Qué se hizo desde la academia? Se le dio un nombre: Nuevo orden internacional. Quien revise la producción académica de la década de los noventa, verá que muchos de nuestros académicos hablaron de la existencia de este escenario mundial con una sola hegemonía y así naturalizamos la desigualdad en las relaciones internacionales.

    Debemos repensar, desde nuestras coordenadas y como países que viven estas situaciones de opresión, las herramientas analíticas a partir de las cuales validamos o no esos escenarios. Pensar en esto de las redes de resistencias que se pueden trazar en la actualidad, pero también repasar en las que se han tejido para reconstruir esa historia. Se me vienen a la memoria algunos casos: un representante de alguna forma de proyecto pan-árabe como Antún Saade que estuvo en América Latina, en Argentina, muchos años, donde escribió libros en árabe, pero no hay una producción que hermane esos procesos de resistencia. Podemos citar también una carta de 1948 de Amin al- Husayni, que era muftí de Jerusalén, llamando a los pueblos latinoamericanos a resistir el sionismo.

    Son cosas que no se trabajan, pero no porque no aparezcan en los libros sino porque esas coordenadas no aparecen ni se tienden esos puentes de resistencias en común que no son nuevos ni tampoco tiene que ver con un proceso de los últimos veinte años. Hablamos de una carta de 1948 llamando a resistir al sionismo. Estos canales también se ocultan, desaparecen y tiene que ver con cómo se construyen las memorias de los pueblos, de sus resistencias y qué hacemos nosotros desde nuestros lugares. De acá a diez años vamos a tener que rendir cuentas de qué hicimos nosotros frente a estos escenarios de genocidio. Esa es la cuestión que no nos debería dejar dormir.

    Martin Martinelli:

    La cuestión es no sólo en lo mediático sino en lo académico porque genera cierta irradiación y producción del conocimiento. Hemos sido una región colonizada durante tres siglos al cual le siguió el imperialismo de dos siglos de la doctrina Monroe de 1823.

    Así, una de las conclusiones a las que podemos llegar es que el emparentamiento que podría haber entre los movimientos de descolonización con los movimientos emancipatorios y de liberación nacional que hubo en Nuestramérica está obstaculizado por estos idearios.

    Eso se traduce en los medios de comunicación. Nadie explica lo que pasa en Palestina. Si bien hay un cambio cualitativo en el acceso a la información a través de las redes donde una serie de periodistas gazatíes que pueden mostrar lo que sucede ahora de manera más alternativa, pero en los medios hegemónicos nadie trata de explicar el proceso.

    Queda mucho trabajo por hacer en esta batalla cultural pero también quiero comentar algo de una charla que presencié ayer sobre la lucha por el socialismo. Frente al ataque que estamos sufriendo por todos lados en Argentina: trabajadores, jubilados y cualquier persona que esté en ese 60% bajo la línea de la pobreza; tenemos que salir a decir nuestras ideas como salen los otros a decir las barbaridades que dicen. Nosotros tenemos que explicar todo lo que decimos y contrarrestar las ideas hegemónicas que, encima, son las que le ponen nombre a todo.

    Además de decidir dónde va cada concepto, también hay una intencionalidad de silenciar causas y personas. Por ejemplo, no hablar de Palestina y presentar los acontecimientos como una guerra entre Hamás e Israel, tiene la intención de no mencionar nombres árabes. Se utilizan los nombres de los rehenes israelíes, se cuentan sus historias o se presentan con nombre y apellido a los parientes de secuestrados. Entonces, por cada palestino deberían usar sus nombres y hacer referencia a los miles de asesinados y secuestrados en todas estas décadas.

    A cada cosa hay que discutirla porque hay muchas cosas que están establecidas por el supuesto orden mundial en el que Estados Unidos siempre es el bueno. Por ejemplo, “Estados Unidos bombardeó Libia porque Gadafi era un dictador”; “se entrometió en Siria porque habían atacado Damasco con bombas químicas”; “permitió el bombardeo de Yemen porque había una agrupación independentista”; “Israel ataca a Palestina porque Hamás atacó el 7 de octubre”; “Afganistán tiene algo que ver con los atentados de las Torres Gemelas”.

    A lo anterior, sumar que hay que explicar en cada momento cuál es la postura frente a los escenarios para explicar que este entramado de la OTAN va creciendo hasta Medio Oriente que está diagramada y armada; no es casualidad. El eje de la resistencia es porque hace décadas que Estados Unidos está bombardeando directamente o a través de sus aliados.  Todo eso se desdibuja cuando se trata de hablar en los medios que replican que el escenario actual nació el 7 de octubre. 

    Jaldía Abubakra:

    Para nosotras lo que está pasando en Palestina no arranca el 7 de octubre sino desde la creación del Estado de Israel en 1948 y su reconocimiento por el mundo, pero también podemos señalar que antes, en 1947, con la partición de Palestina por parte de las Naciones Unidas. Se trata de una resolución ilegítima e ilegal; es injusta porque a la población palestina no se le ha consultado.

    Legalmente, esa resolución no estaba aceptada por la fuerza mandataria de ese momento, Gran Bretaña y, además, había que descolonizar Palestina dándole el derecho a la autodeterminación al pueblo palestino que estaba antes de 1917, fecha de la llegada de los británicos. A pesar de esto, el régimen israelí cuenta con el apoyo de Occidente, no porque les importen los judíos ni por el Holocausto sino porque Estados Unidos tiene intereses en la región y quiere mantener esa colonia que le debe lealtad y protección.

    Lo que estamos viviendo hoy en día, está demostrando que, lamentablemente, impera la ley del más fuerte. Por muchas leyes, resoluciones y legalidades, no vale nada porque los que están mandando y llevando a cabo todo en contra de todos los pueblos oprimidos de la fuerza militar porque la fuerza económica las tenemos los pueblos. Por eso debemos luchar, armarnos para luchar y usar esas armas. Debemos hacernos más fuertes, unirnos, porque lo que ocurre en Palestina, ocurre con otros pueblos en diferentes niveles y si cada uno sigue pensando en términos de su lucha local, no vamos a poder vencer al gigante que nos domina.

    Hace dos días Israel bombardeó Damasco asesinando a líderes iraníes. ¿Qué pasa si Irán responde y asesina a un líder israelí en España o en Francia? ¿Cómo lo llamaríamos? Se le llamaría ‘ataque terrorista’. Esto demuestra que no todas las víctimas son iguales y es algo que duele muchísimo, sobre todo a nosotras, las palestinas, que vemos desde hace seis meses un asesinato masivo de nuestra gente en la Franja de Gaza.

    • Ángel Molina es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (México) y Magister en Filosofía de la Ética por Al Mustafa Open University (Irán). Fue miembro fundador y secretario de Relaciones e Intercambios del Centro de Estudios Orientales de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina); actualmente es miembro del Centro de Estudios sobre Diversidad Cultural y del Observatorio de Culturas Religiosas en la misma casa de estudios. Es miembro del Grupo de Trabajo “Medio Oriente y América Latina” y del Grupo Especial “Palestina y América Latina”, ambos pertenecientes al Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Forma parte del Grupo de trabajo sobre Presente colonial en Asia, África y América Latina de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Es Coordinador del Área de Ciencia Política y Relaciones Internacionales para Argentina del Centro de Estudios Islámicos, Árabes y Persas “Dr. Osvaldo Machado Mouret” perteneciente a Al Mustafa International University (Irán). Colabora con distintos medios de comunicación, entre los que se encuentran: Hispan TV (Irán), Telesur (Venezuela) y RT (Rusia).
    • Jaldía Abubakra es fundadora del Movimiento de Mujeres Palestinas Alkarama e integrante de Samidoun, una red de solidaridad con los y las presas palestinas en las cárceles israelíes. Además de miembro del comité ejecutivo de Masar Badil (movimiento de la Ruta Revolucionaria Alternativa Palestina).
    • Martín Martinelli (Argentina, 1982). Doctor en Ciencias Sociales, Historiador, activista. Universidad Nacional de Luján (Argentina). Coordinador GE Revista Al-Zeytun / CLACSO«Palestina y América Latina» (2019-2022) Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (Universidad de Buenos Aires), Com. Directiva Observatorio Geohistórico (UNLu). Autor del libro “Palestina (e Israel). Entre intifadas, revoluciones y resistencias”. Compilador de: “Medio Oriente y la cuestión palestina”, “Palestina, Medio Oriente y Nuestra América”, “Irak, Medio Oriente y el mundo árabe a 20 años de la invasión liderada por los EEUU”, “Revoluciones, movimientos sociales y conflictividad política (siglos XX y XXI)”, “Un mundo bajo nuevas coordenadas”. Dirige el PICT “La geopolítica euroasiática frente al imperialismo”. Investiga la reconfiguración del sistema mundial desde la historia contemporánea, el nacionalismo y el imperialismo. https://www.researchgate.net/profile/… *
    • Gustavo Keegan (Argentina, 1972). Geógrafo, Técnico en Información Ambiental. Investigador y profesor en UNLu. Integrante del INIGEO y el OGH (UNLu). Miembro del Centro Humboldt (Internacional). Coordinador adjunto del “Portal Coordenadas”. Proyecto de Investigación: “La nueva geografía del capitalismo. La geopolítica euroasiática frente al imperialismo”. Es profesor de Geografía, Geografía Política, Epistemología de la Geografía, Historia social y económica de América, Investigación en didáctica de las ciencias sociales y en los seminarios: Historia ambiental, La cuestión China, Nacionalismo e imperialismo en Medio Oriente.