Nuestro continente parece que tendrá que verse muy a lo interno si quiere paliar el impacto de esta cuasi guerra mundial por la hegemonía mundo

“América Latina, ante semejantes contextos, debe consolidar con practicidad y pies en tierra un proceso de unidad o integración superior para el desarrollo en una recesión que se asoma con sus catastróficas perspectivas”

Con una recesión mundial cantada y con consecuencias poco analizadas en materia de alimentación, energía y por supuesto sustentabilidad de rutas de transporte aéreo y marítimo, ante el efecto bumerang de intentar sacar del sistema económico mundial a la Federación de Rusia, América Latina sigue consolidando un nuevo viraje hacia la izquierda, cuestión que parece contener más desafíos que certezas.

La victoria de Gustavo Petro en Colombia no deja de representar un remezón estratégico, siendo un país gobernado a sus anchas por una oligarquía colombiana durante 200 años de imposiciones de un sistema político severamente agotado en su incapacidad de dar bienestar a ese país, especialmente una paz que lleva pausada por más de 70 años, y que además posee el atributo de ser hoy enclave geopolítico no sólo de EEUU como imperio sino de la nada pacífica Organización del Tratado del Atlántico Norte.  

Este doble metabolismo le obliga a conducir un proceso complejo de transformaciones que justo reposiciones a Colombia dentro de América Latina y no como territorio donde se explayen intereses foráneos, en un contexto mundo donde toda institucionalidad internacional se ha venido resquebrajando y en el que las necesidades económicas parecen colocar a los países en el visor de colaborar con sus fronteras más cercanas, esperando que ello otorgue paz, desarrollo y estabilidad.

Para el continente esto no es cualquier asunto, ya que este viraje de nueva cuenta hacia la izquierda se da en un momento donde el planeta se encamina hacia una severa crisis económica mundial impactando concretamente, por vía de la pandemia y ahora por el efecto bumerang de medidas de bloqueo a Rusia, cuestiones tan vitales como la producción y comercio de alimentos, desabastecimiento, encarecimiento de bienes y servicios y por lo tanto impondrá desafíos a todos los sistemas políticos.

Nadie estará exento de esto, tal como lacónicamente lo afirmó Vladimir Putin durante su intervención en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo ante delegaciones de más de 135 países: “… es erróneo considerar que la época de cambios turbulentos pasará y todo volverá a la normalidad, y será como antes. No lo hará. Por ejemplo, creen que el dominio de Occidente en la política y la economía globales es una magnitud incambiable y eterna. Nada es eterno”.

Entonces ante el desafío de la izquierda en América Latina, concreto, real, sin clichés sino en cuestiones tangibles y orientadas hacia el desarrollo político, económico y social de nuestros pueblos, por cierto nada vistas, analizadas o siquiera esbozadas durante la fracasada reunión de Los Ángeles realizada recientemente, se plantea la construcción de una unidad superior que nos permita combatir con agenda consensuada los intereses de nuestra región.

A ello se suma el agotado neoliberalismo que pretende neciamente imponerse como fórmula renovada, cuando la realidad es que con el tiempo los pueblos reciben la realidad de un modelo que excluye más, que se vuelve cada vez menos democrática, que cercena libertades en vez de otorgarlas y que nada contribuye al desarrollo de un modo de vida sustentable para nuestras naciones con tanto por hacer en materia de educación, salud, migración, pobreza, ciencia y tecnología y justicia social.

No parece existir en este contexto una nueva época de simple incremento de materias primas y por ende de crecimiento económico esporádico para nuestro continente, lo cual parece haberse agotado no más si observamos las consecuencias directas e indirectas de imposición de medidas coercitivas unilaterales a lo largo y ancho del orbe con la ruptura de líneas de comunicación marítimas y aéreas, de suyo afectando operaciones económicas, estructuras de costo y sustentabilidad de negocios.

Con una Europa crujiendo en sus élites políticas y pueblos fruto de la insana y sumisa adhesión a los intereses estadounidenses, que buscan frenar como sea la expansión del eje Rusia – China como sustituto real y verdadero eje hegemónico de construcción de un nuevo período mundial de paz, nuestro continente parece que tendrá que verse muy a lo interno si quiere paliar el impacto de esta cuasi guerra mundial por la hegemonía mundo.

En tal detalle la izquierda tiene el desafío de trascender viejos debates innecesarios e inútiles en esta circunstancia y procurar construir una agenda común que sea capaz de viabilizar un modelo de desarrollo sustentable y de aprovechamiento de las potencialidades propias, tendiendo siempre a la consolidación de una política ejercida en función del bienestar de la gente, de los pueblos, de sus ciudadanos y ciudadanos, elemento sin el cual será imposible sostenerse en el tiempo. 

Tal como afirma para el caso de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro, como consecuencia de la gira internacional realizada por eurasia, medio oriente y áfrica: “Venezuela tiene la tarea de consolidar su modelo diversificado, no depender del petróleo, para avanzar en opciones de exportación vinculadas al sector de la seguridad y soberanía alimentaria (…) Ha llegado el momento de dar un salto que se adapte a la nueva época, una nueva época de cooperación más estrecha en todos los temas”.

El reto en América Latina, ante semejantes contextos, es consolidar con practicidad y pies en tierra un proceso de unidad o integración superior para el desarrollo en una recesión que se asoma con sus catastróficas perspectivas hacia finales de 2022 y arrancando con fuerza el año 2023.

De lo contrario los escenarios pudiesen volverse con los días más complejos.

Autor

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Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela.

Estudios en maestría en Seguridad y Defensa de la Nación y Resolución de Conflictos.

Diplomado de Filosofía de la Guerra.

Colaborador en el área de Secretaría de la Asamblea Nacional Constituyente.

Asesor de la Contraloría General de la República.

Asesor de la Gobernación del Estado Falcón en materia de planificación y políticas públicas.

Articulista del Diario Venezolano Correo del Orinoco.