A pesar de los enormes sufrimientos, el movimiento nacional palestino resurgió victorioso y, no obstante los grandes riesgos, se avizora una nueva arquitectura política y constitucional

El martes 25 el secretario de Estado, Antony Blinken, llegó a Israel y se reunió con el primer ministro interino Benyamin Netanyahu, para tratar de dar permanencia al acuerdo de cese de hostilidades en la Franja de Gaza, y anunció que EE.UU. ayudará a la reconstrucción de la devastada ciudad, “pero sin dialogar con Hamás”. Algo así como ducharse sin mojarse.

El alto el fuego que entró en vigor el viernes puso fin a 11 días de enfrentamientos entre Israel y la resistencia palestina. Sin embargo, esta batalla ha sido muy diferente a las anteriores y ha tenido otros resultados. Por primera vez desde el asesinato de Yasser Arafat en 2004 el movimiento nacional tiene la posibilidad de unirse y negociar con Israel una salida política, aunque abunden los interrogantes sobre su liderazgo y muchas nubes de guerra oscurezcan el horizonte.

Al menos 243 palestinos murieron por los bombardeos israelíes, según el Ministerio de Sanidad de Gaza. En Israel, en tanto, perdieron la vida 12 personas. La batalla ha terminado, por el momento, tras un alto el fuego declarado unilateralmente por Israel y aprobado inmediatamente por la resistencia palestina el pasado viernes 21 de mayo, luego de una intensa negociación en la que participaron Estados Unidos, Egipto y Catar. Al cesar el fuego, Israel aceptó también dejar de expulsar a los habitantes del barrio árabe de Sheikh Jarrah y permitir el libre acceso a la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén Oriental. Cumplidas las condiciones que habían puesto, la resistencia palestina aceptó el alto el fuego, aunque mantuvo los misiles apuntados, por si Israel rompe el acuerdo.

Los palestinos de los territorios ocupados celebraron la victoria de Hamás y Yihad Islámica. Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, es criticado internamente por quienes lo acusan de haber puesto fin a la guerra antes de tiempo. Netanyahu se justificó diciendo que Israel infligió grandes daños a las capacidades militares de Hamás, a pesar de que Israel nunca logró detener el lanzamiento de cohetes palestinos contra su territorio.

Las milicias palestinas lanzaron masivas andanadas de cohetes (se calcula que más de 4.000) que, a veces, superaron las defensas aéreas de Israel. La FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) dice que tuvo una tasa de interceptación del 70% y que cientos de cohetes cayeron en Gaza, pero reconoce que un 30% cayó en distintos puntos de su Estado. Por ello fue que, cuando el jueves Joe Biden exigió a Netanyahu que cesara las hostilidades, éste se apresuró a obedecer por temor a que una ráfaga final de cohetes de Hamás destruyera la poca credibilidad que resta al ejército israelí.

Por primera vez los cohetes disparados desde la Franja han alcanzado blancos en todo el territorio controlado por Israel. Como la “cúpula de hierro”, el sistema de defensa antiaérea, funciona por radar, se ve sobrepasado, cuando los disparos son rasantes y muy masivos, lo que aprovecharon Hamas y Yihad Islámica hasta convertirse en serios contendientes de la FDI. En el futuro próximo se espera que el triunfo de la resistencia aliente el alzamiento en Cisjordania, en el mismo Israel e, incluso, entre los palestinos que viven en Jordania. También en Estados Unidos un número cada vez mayor de ciudadanos se manifiesta a favor del pueblo palestino. Si su activismo crece, podría obligar a la Casa Blanca a moderar su apoyo a los sionistas.

Cuando la violencia escaló, Netanyahu estaba a punto de ser remplazado por una extraña coalición de ultranacionalistas y árabes, pero el inicio de las hostilidades le permitió pulir su imagen de líder duro. El primer ministro se aferra al cargo, para evitar que los tres procesos por corrupción en su contra lo arrojen a la cárcel. Ahora, el cese del fuego ha alentado nuevas críticas. Sin embargo, no se sabe si los oponentes de Netanyahu son capaces de dejar de lado sus diferencias para apartarlo del cargo. Si así no fuera, los israelíes deberán concurrir a las urnas a finales de este año, por quinta vez en menos de tres años.

Los 11 días de bombardeos han dejado también un aterrador saldo económico. Según un comentarista de asuntos económicos del Canal 13, en cohetes antiaéreos se gastaron 86 millones dólares; en combustible para aviones de combate, 37 millones de dólares; en municiones y equipamiento, 337.500.000 dólares; en reclutamiento de reservistas, otros 7 millones de dólares. Por las pérdidas materiales el ejército israelí ha gastado unos 600.520.000 dólares más. Israel está al borde de un abismo económico y en estas condiciones, el gobierno interino puede verse tentado a reducir aún más los servicios sociales y subsidios, generando más descontento, especialmente entre el 20% de árabes israelíes, que, por primera vez, en esta batalla salieron a la calle en solidaridad con sus compatriotas de Gaza. Por eso, preventivamente, la policía israelí comenzó este lunes 24 redadas masivas contra quienes manifestaron contra la guerra.

Esta crisis y su desenlace han puesto de relieve graves falencias de la inteligencia israelí. En primer lugar, el Alto Mando pensó erróneamente que el ultimátum de Hamás del 10 de mayo era puro teatro y fue sorprendido por las primeras salvas de cohetes. Además, subestimó la capacidad de la resistencia palestina para lanzar misiles pesados a larga distancia y la ciudad de Tel Aviv fue sorprendida por la precisión de los bombardeos. La elite israelí está presa de sus prejuicios racistas e ideológicos y no ha registrado el resentimiento de la población palestina ni su voluntad de combatir. Por el contrario, Hamás ha salido de esta contienda como la única capaz de reunificar y liderar el movimiento nacional, pero cumplir este rol le implica dar un giro más de los tantos que lleva en sus más de tres décadas de existencia.

Hamás surgió como el ala palestina de la Hermandad Musulmana -un movimiento panislamista con sede en Egipto, refundado después de 1945 con apoyo del MI6 británico y siempre ligado a él-, también apoyado clandestinamente por Israel, para que compitiera con la Organización de Liberación de Palestina (OLP) liderada por Yasser Arafat.

Cohetes lanzados contra Israel desde el sur de Gaza el pasado 17 de mayo

Sobre la base de movimientos caritativos la organización fue fundada durante la primera Intifada en 1987, siguió el mismo camino pero a partir de 1994, cuando la OLP reconoció a Israel, Hamás comenzó con campañas de atentados suicidas, asesinatos y ataques con cohetes, lo que provocó crueles represalias israelíes. La OLP venció en las elecciones palestinas de 1996, pero Hamás ganó las de 2006 y desde entonces gobierna la Franja de Gaza, que entonces fue bloqueada por Israel y Egipto. En esa época Hamás estableció vínculos con Irán, el que respaldó al grupo financiera y militarmente. No obstante, cuando en 2011 comenzó la guerra en Siria, Hamás apoyó a los islamistas, mientras que Irán respaldó al gobierno de Bashar al-Assad y Teherán cortó la ayuda financiera, impulsando a su competidor en la Franja, la Yihad Islámica.

Cuando en 2015 Rusia intervino en Siria a pedido de Assad y los islamistas fueron derrotados, Hamas se reencontró con Irán. Por esa época, Teherán también decidió que sus aliados debían ser capaces de construir cohetes por sí mismos y Hamás desarrolló entonces su capacidad para construir cohetes con desechos. Así fue que sus brigadas Al-Qassam  almacenaron una enorme cantidad de proyectiles con los que en el último choque cubrieron todo Israel.

Si hoy hubiera elecciones para la Autoridad Palestina, Hamás ganaría tanto en Gaza como en Cisjordania. También en el aspecto militar. Es posible que ahora el grupo pase a elevar su arsenal al nivel de disuasión que posee Hezbolá.

La imagen del Estado sionista ha quedado seriamente dañada en todo el mundo y el pueblo palestino ha recibido muestras de apoyo generalizadas, incluso en Estados Unidos. Después de muchos años la lucha palestina por su derecho a la existencia ha vuelto a la agenda internacional. Sin embargo, su eje se ha desplazado, ya que frente a la colonización de Cisjordania es impensable organizar allí un Estado palestino sostenible. Cada vez más la opinión pública en Medio Oriente y el mundo todo se convence de que Israel tiene un régimen de apartheid similar al de Suráfrica antes de 1991 y que la única solución factible es fundar un Estado árabe-israelí laico y democrático.

La correlación de fuerzas ha cambiado. Si el liderazgo israelí no entiende la necesidad de refundar el Estado, buscará una nueva confrontación militar, pero ahora frente a un movimiento nacional palestino reunificado y con fuertes apoyos internacionales. Por su parte, si Hamas quiere liderar a todo su pueblo, debe tomar distancia de la Hermandad Musulmana y de sus mentores turcos y cataríes, así como de los británicos que los empujan.

Por ahora, la tregua que se alcanzó el viernes 21 parece ser sólo el prólogo de una nueva batalla. Sin embargo, las constelaciones de poder han cambiado y paso a paso se van perfilando los contornos de una negociación constituyente. Sólo falta que las grandes y medianas potencias circundantes la apoyen y no la entorpezcan.

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Eduardo J. Vior nació en Buenos Aires en 1950, en el “Año del Libertador General San Martín”. Realizó sus estudios escolares en la Capital y en San Isidro. Al salir del Colegio Nacional de Buenos Aires en 1968, estudió Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, de donde egresó como Profesor de Historia en 1977. En 1980 se exilió en Alemania donde vivió hasta 2004. Allí obtuvo los títulos de Magister Artium en Ciencia Política en 1984 (Heidelberg) y de Doctor en Ciencias Sociales en 1991 (Giessen). En el primer caso presentó una tesis sobre “El peronismo: nacionalismo popular en Argentina” y en el segundo, sobre “Imágenes y proyectos de nación en Brasil y Argentina”.

En Alemania enseñó “Cultura y Sociedad de América Latina” en numerosas universidades y fue asistente en la Cátedra UNESCO de Educación en Derechos Humanos de la Universidad de Magdeburgo entre 2001 y 2004.

Luego de regresar fue profesor de Ciencia Política en las universidades nacionales de La Matanza y Río Negro, así como en la Universidad Federal de la Integración Latinoamericana en Foz de Iguazú, Brasil.

Desde 2012 ha vuelto a ejercer el periodismo como analista internacional para distintos medios del país y del exterior.

Entre sus publicaciones se destaca el libro “Migraciones internacionales y ciudadanía democrática”, publicado en 2012. También publicó numerosos artículos sobre migraciones internacionales, ciudadanía suramericana, teoría de la nación, etc.