Irak: Un casus belli fabricado por la Casa Blanca

    “Wesley Clark declaró en televisión, que, a los pocos días de producirse los atentados terroristas, fue convocado a una reunión en el Pentágono donde se le informó de que se había decidido atacar a Irak, junto con otros países árabes, como “represalia” al 11S. Al preguntar sí había alguna prueba de la implicación de este país con los atentados, la respuesta de su interlocutor en el Pentágono, fue de que no.”

    “Se invadió un país y se azotó un avispero geopolítico en la zona cuyas consecuencias todavía sufren los países de Asia Occidental y que incluso a dado zarpazos en Europa: el 11M en Madrid, el 7J en Londres, el 17A en Barcelona, los atentados de Paris y Niza, etc…”

    “El Irak de Saddam era uno de los diques de contención contra el wahabismo y destruir ese régimen y desmantelar el Estado iraquí, fue la primera piedra para la creación del Daesh y todo lo que ha venido después”

    El 20 de marzo de 2003 EEUU y Gran Bretaña invaden Irak dando comienzo a una operación militar, que en su primera fase dura hasta que el día 1 de mayo cuando el presidente Bush declara desde el portaaviones Abraham Lincoln: “que las principales operaciones militares han terminado”. Luego vendrán otras fases durante la ocupación cuando la insurgencia iraquí comience a atacar a las fuerzas de ocupación, la batalla por Faluya (1) será uno de sus máximos exponentes.

    Pero en este artículo me quiero centrar en cómo se preparo el “casus belli” para justificar ante el mundo, lo que a todas luces era una guerra de agresión contra un país, algo que, según la jurisprudencia nacida del Tribunal de Nuremberg en 1946, era completamente ilegal.

    La diplomacia estadounidense, junto con la británica y la española, acompañada por los medios de comunicación afines a la administración de George W. Bush y varias agencias de inteligencia, desataron una gran campaña propagandística para presentarnos al régimen de Saddam Husein y al Estado iraquí, como un peligro para la paz mundial y ser cómplice de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

    El 11S, como se conoce popularmente el día en que las torres gemelas de Nueva York y el edificio sede del Departamento de Defensa de los EEUU y de la Junta de Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas del país, el Pentagono, fueron atacados por AlQaeda. Ese día la política exterior de la administración republicana de George W. Bush coloco en el centro de la diana a Irak y no se muy bien si por una cuestión familiar, su padre no pudo acabar el trabajo de derrocar a Saddam, o por otras cuestiones, pero acabar con Husein e invadir Irak se convirtió en la obsesión de la Casa Blanca.

    Y sí, fue la obsesión de la Casa Blanca, porque es desde el poder ejecutivo desde el cual se presiona al Pentagono y a la CIA para que preparen las pruebas necesarias para justificar la invasión, el famoso pretexto de las Armas de Destrucción Masiva (ADM). El presidente George W. Bush, el vicepresidente Dick Cheney, el secretario de defensa Donald Rumsfeld y el secretario de estado, Colin Powel, fueron los principales instigadores de la agresión contra Bagdad. Estos cuatro hombres y sus respetivos jefes de gabinete, se dedicaron a presionar durante 2002 y los dos primeros meses de 2003, a los más altos mandos de las fuerzas armadas estadounidenses y a la propia CIA para que certificasen que Irak estaba detrás del 11S y que qué con la existencia de sus supuestas Arma de Destrucción Masiva, ponían en riesgo la seguridad nacional de los EEUU y la de sus aliados.

    De izquierda a derecha: el vicepresidente Cheney, el presidente Bush y el secretario de estado Power. Fuente de la foto: El Periódico.

     

    Pero en la CIA, había analistas de inteligencia que emitían informes negando la implicación de Irak con AlQaeda, era impensable que una organización fundamentalista como AlQaeda tuviera ningún trato con un gobierno que había impuesto un regimen, sino laico, si muy moderado en cuestiones religiosas. Para Osama y los suyos, el presidente Saddam Husein era un hereje.

    AlQaeda había sido durante parte de los años 90 la gran obsesión de la administración Clinton. En febrero de 1993, y al parecer como contestación al envío de tropas estadounidenses a Somalia, AlQaeda financio un atentado contra el World Trade Center de Nueva York. Como consecuencia, la CIA puso en marcha la conocida como “Alec Station” para el monitoreo de las operaciones de la organización y el FBI movilizó al escuadrón antiterrorista de Nueva York.

    Durante la última década del siglo pasado, ambas agencias entraron en rivalidad y jamás cooperaron a la hora de compartir inteligencia sobre los planes de la organización de Osama Bin Laden, lo que a la larga supuso que se pudieran llevar a cabo los atentados de las embajadas de Nairobi (Kenya) y Dar es Salaam (Tanzania) en 1998, el ataque al destructor USS Cole en Yemen en el año 2000 y por último el ataque del 11S.

    Embajada de EEUU en Nairobi, fuente de la foto: BBC.

    El general de cuatro estrellas, Wesley Clark, que fue el Comandante Supremo de la OTAN en la guerra de Kosovo, declaró en televisión, que, a los pocos días de producirse los atentados terroristas, fue convocado a una reunión en el Pentágono donde se le informó de que se había decidido atacar a Irak, junto con otros países árabes, como “represalia” al 11S. Al preguntar sí había alguna prueba de la implicación de este país con los atentados, la respuesta de su interlocutor en el Pentágono, fue que no.

    General Clark, fuente de la foto: Wikipedia.

    Pero no solo el US Army recibió presiones por parte de la Casa Blanca y del resto de la administración Bush para iniciar los planes de ataque a Irak, analistas de la CIA fueron igualmente presionados para presentar pruebas irrefutables de la presencia de Armas de Destrucción Masiva.

    El caso más conocido, por mediático ya que incluso hay una película sobre el hecho (2), es el de la analista Valerie Plame y su marido el exembajador Joseph Wilson. Este fue enviado en misión a Niger para confirmar si este país había suministrador uranio enriquecido a Irak y en el informe enviado a la CIA, confirma que este hecho era imposible. Al comenzar la guerra y escandalizado por las mentiras de la administración Bush, publica en el New York Times un articulo basado en sus conclusiones sobre la imposibilidad de la venta por parte de Niger a Irak. A partir de ese momento y desde el gabinete del vicepresidente Cheney, se decide hacer publica la identidad como agente de la CIA de Plame y inicio de una caza de brujas mediática contra el matrimonio. Años después es exonerada y varias personas del circulo del vicepresidente son condenados, por tales hechos.

    Valerie Palme y su marido el diplomático Joseph Wilson, fuente de la foto: The Guardian.

     

    Si hay un momento bochornoso en la historia, este puede ser la intervención de Colin Powel en el Consejo de Seguridad de la ONU el 5 de febrero de 2003. No solo mintió a conciencia sobre las ADM, ya que como hemos visto la propia CIA insistía que no había pruebas de que Irak las tuviera, es que manipuló las pocas pruebas existentes, o directamente la fabricó sobre supuestos muy endebles y sin confirmar. Todo ello para pedir autorización al Consejo de Seguridad para iniciar una guerra de agresión contra un país, que por culpa de los embargos de la propia ONU y de los bombarderos constantes, había perdido gran parte de su capacidad productiva y retrocedido décadas en cuanto a desarrollo se refiere. Incapaz de vender su principal producto, el petróleo, libremente en los mercados internacionales, tuvo que ser “tutelada” esta venta por Naciones Unidas, para que los ingresos se destinaran únicamente a la compra de alimentos. “Petróleo por alimentos” (3), es posiblemente la misión mas vergonzosa en la historia de la ONU.

    Colin Powel en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, fuente de la foto: El País.

    Aún así, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas voto en contra de la guerra, aun así, millones de personas en todo el mundo salieron en contra de esta y, aún así, Gran Bretaña y EEUU, con el apoyo entusiasta del gobierno español de Aznar, invadieron de manera ilegal a Irak, destruyendo uno de los Estados árabes más cohesionados.

    Cuando la ocupación se consolidó, varias unidades del US Army fueron enviadas en búsqueda de las famosas Armas de Destrucción Masiva, no encontraron nada. Semanas de búsqueda infructuosa para terminar teniendo que admitir, algunos más pronto que otros, que en Irak no había en 2003 ninguna Arma de Destrucción Masiva, ni siquiera el ejército estaba en condiciones de llevar a cabo una guerra convencional tras años de terrible embargo. El programa nuclear fue desmantelado poco después de la guerra de 1991 y los arsenales químicos también y los que no lo fueron, estaban inservibles tras años de bombardeos de castigo y sanciones.

    Se invadió un país y se azotó un avispero geopolítico en la zona cuyas consecuencias todavía sufren los países de Asia Occidental y que incluso a dado zarpazos en Europa: el 11M en Madrid, el 7J en Londres, el 17A en Barcelona, los atentados de Paris y Niza, etc… Todos estos hechos tienen su origen en la invasión ilegal de un país y el desmantelamiento de sus estructuras por parte del ocupante, principalmente el licenciamiento, sin ningún tipo de alternativa, de miles y miles de hombres del ejército iraquí en 2003. Y por supuesto, la financiación de grupos extremistas por parte de las diferentes administraciones estadounidenses para desestabilizar países como Libia o Siria.

    Jamás el principal objetivo de la administración Bush, cuando llegaron al poder, fue acabar con AlQaeda, incluso redujeron el presupuesto a las operaciones de inteligencia mencionadas anteriormente en este artículo y que estaban llevando a cabo la CIA y el FBI contra esta organización, sino que posterior al 11S en vez de buscar los verdaderos culpables en la wahabita Arabía Saudí, país de origen de varios de los terroristas incluido Osama y de mucho del dinero usado para financiar los atentados, se dedicaron atacar a los talibanes en Afganistán y a un país que no tenía absolutamente nada que ver con el terrorismo integrista salafista, más bien todo lo contario. El Irak de Saddam era uno de los diques de contención contra el wahabismo y destruir ese régimen y desmantelar el Estado iraquí, fue la primera piedra para la creación del Daesh y todo lo que ha venido después.

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    Subdirector y Responsable del Área de geopolítica y antiimperialismo en Revista La Comuna

    Consultor IT, miembro del Equipo Coordinador de la Revista La Comuna. Miembro del Grupo de Investigación "Geopolitikaz".