“La forma más efectiva de hacer propaganda es no hablar de lo que no interesa. Lo que no se cuenta, no existe

    “Me solidarizo con la clase obrera estadounidense, que es víctima de la élite y de un sistema especulativo, depredador y egoísta. Creo que depende de la liberación de la clase obrera que vivamos en un mundo más justo. Por eso es necesario contar la realidad de Estados Unidos más allá de los mitos”

    Nota de edición: A través de la colaboración con los compañeros del medio bielorruso Minskaya Pravda, compartiremos en castellano algunas de sus entrevistas internacionales.

    Artículo original AQUÍ.

    Los periodistas en nuestro difícil momento están a la vanguardia de la lucha informativa. Luchan en un duelo como David con Goliat. Y nuestra heroína, la periodista española Helena Villar, corresponsal jefe del canal Russia Today en Washington, lo sabe de primera mano. Expresar el punto de vista opuesto, discutir, señalar la “raíz del mal” y defender la verdad sobre Rusia es su difícil misión. Licenciada en periodismo por la Universidad de Barcelona y Máster en televisión por la Universidad Juan Carlos, se dedicó a trabajar en “la pantalla azul”.

    Tiene una amplia experiencia en RT como corresponsal en España, cubriendo los ataques terroristas en París en 2015, en Berlín en 2016. Helena siempre ha estado en el epicentro de temas “candentes”: el Brexit, la crisis económica en Grecia, la crisis separatista en Cataluña. Es autora de numerosos documentales en RT.  En 2017, Helena comenzó una nueva ronda en su carrera, convirtiéndose en corresponsal jefe de Russia Today en Washington.  La cobertura de los escándalos con Donald Trump, Joe Biden, la pelea presidencial de 2020 en los Estados Unidos, los informes con altos funcionarios de América Latina, son una muestra de su trabajo. Es autora del libro “Esclavos Unidos: la otra cara del sueño americano”, publicado por la editorial AKAL en 2021. Hablamos con ella sobre la vida y las realidades brutales de Estados Unidos, la censura de RT, el fantasmal “sueño americano” y la verdad incómoda para los imperialistas.

    ¿Con qué motivaciones ha llegado al gran periodismo televisivo, especialmente al canal de televisión ruso?

    En RT buscaban nuevo corresponsal en España y abrieron un proceso de selección, envié mi currículum, hice unas pruebas y me seleccionaron de entre los demás candidatos. Es decir, pasé por un proceso muy similar al de cualquier otra empresa de comunicación. Mi motivación principal fue crecer y avanzar en el aprendizaje de mi carrera periodística. Yo llevaba mucho tiempo en Televisión Española pero encadenando contratos temporales y en la última etapa estaba en un magazine de actualidad que, si bien requería de mucho trabajo diario, con viajes, multitud de directos y últimas horas, el contenido no era siempre estrictamente periodístico. El puesto en RT era una oportunidad para asumir una mayor responsabilidad, tratar temas de relevancia y viajar internacionalmente.

    ¿Cómo se vive trabajando bajo la censura occidental? ¿Y cómo está Russia Today en los Estados Unidos ahora?

    La situación de RT en Estados Unidos es muy complicada. Yo llegué a este país en 2017, en plena era Trump y con buena parte del espectro político y mediático dando rienda suelta a las conspiraciones, que más tarde se demostraron falsas, entre el por aquel entonces presidente y Rusia. Estar en el ojo del huracán y darme cuenta del nivel de patrañas publicadas y la hipocresía general, así como la realidad social de Estados Unidos, supuso una revelación definitiva para mi. Ya por aquel entonces, el gobierno estadounidense obligó a RT América, la rama de RT en Estados Unidos, a registrarse como agente extranjero bajo amenaza de arresto del director. Esto conllevó una serie de medidas bastante desagradables, como ver a mis compañeros tener que enviar al Departamento de Justicia un listado con los contactos que hacían para realizar su trabajo periodístico, ser expulsados como miembros de la prensa del Congreso de Estados Unidos o que la cadena fuera eliminada de proveedores de servicios de televisión por cable, por poner algunos ejemplos.

    Más tarde, la represión se agudizó y RT América tuvo que cerrar y despedir a todos sus trabajadores. En la actualidad, por ejemplo, RT está restringida o censurada en algunas plataformas de vídeo y redes sociales en Estados Unidos y los periodistas que seguimos reportando para el canal vivimos con la incertidumbre permanente de que nos obliguen a dejar de hacer nuestro trabajo.

    A nivel práctico, es imposible conseguir entrevistas con políticos o con diferentes personalidades por diferentes motivos que varían desde el rechazo a lo ruso o directamente el miedo a verse castigados profesional o personalmente de algún modo por haber interactuado con nosotros.

    ¿Cuál es el objetivo principal de sus documentales? ¿Qué quieres transmitir a los espectadores?

    En mis documentales y mi trabajo en general trato de ofrecer lo más honestamente posible la realidad del tema que expongo, ofreciendo contexto y sobre todo invitando al espectador a tomar consciencia de las posibles conexiones que dicha realidad puede tener con la suya. Creo que uno de los triunfos de los medios occidentales reside en presentar ciertas realidades como anécdotas, aislándolas del sistema capitalista y las políticas neoliberales causantes de las mismas y definitivamente ocultando los efectos del imperialismo estadounidense, dentro y fuera de su territorio.

    Usted es el autor de “Esclavos Unidos: la otra cara del sueño americano”. ¿Cómo logró Estados Unidos engañar al mundo sobre la vida en Occidente y la llamada libertad y democracia?

    Estados Unidos es actualmente la potencia imperial del sistema que rige buena parte del mundo, el capitalismo y, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, goza de ventaja económica debido a cómo se estableció el sistema de mercados y divisas. Por otro lado, capitanea la mayor organización militar mundial, la OTAN. Tanto por un lado como por el otro, goza de instrumentos para someter a aquél que no se doblegue a sus intereses mediante sanciones o directamente incursiones militares, por destacar los más llamativos. En este contexto, la imposición de narrativas tanto periodísticas como de ficción que justifiquen este abuso y enaltezcan el día a día del imperio es vital. Para ello, una de las vías principales en un sistema como el que describo, es el capital. Sin dinero no hay medio que sobreviva y en la actualidad la gran mayoría de los grandes conglomerados mediáticos de Occidente tienen detrás fondos de inversiones que se deben al capital, no a la ciudadanía.

    No quiero extenderme mucho porque no hay una sola clave, sino un entramado bastante complejo. Una de ellas es lo que he apuntado anteriormente, tratar fenómenos que son puros efectos del neoliberalismo estadounidense como anécdotas, para que el ciudadano medio sea incapaz de contextualizar. Otra es la romantización de innegables dramas sociales como la violencia armada o las drogas. Finalmente, también destacaría la ocultación. La forma más efectiva de hacer propaganda es no hablar de lo que no interesa. Lo que no se cuenta, no existe.

    ¿Estás pensando en traducir tu libro al ruso? ¿Qué opinas de los mitos que existen en nuestra sociedad sobre Occidente?

    A mí me encantaría y creo que a la editorial también, todo sería cuestión de encontrar una editorial en Rusia o Belarús que estuviera dispuesta a hacerlo y a comercializarlo. Creo que la juventud, en general, está muy expuesta al imperialismo cultural estadounidense. Más allá de Netflix o el propio Hollywood, del cual hay una extensa bibliografía y filmografía sobre sus conexiones con la propaganda y la inteligencia estadounidense, está Internet. Hay que tener en cuenta que las principales plataformas de vídeo, así como redes sociales, son empresas estadounidenses. Muchas tienen contratos con el Pentágono o acuerdos con la Administración y, más allá de algunas pantomimas relativas a discusiones entre los legisladores y dichas empresas, al final del día, dichas corporaciones están subyugadas a los intereses de su gobierno. Tanto es así que empresas como por ejemplo Meta son verdaderas puertas giratorias de empleados de la CIA o el Departamento de Estado.

    Son muchos los mitos relativos a Estados Unidos y Occidente, tantos, que creo que esta charla más que una entrevista parecería un monográfico. Simplemente decir que todos se pueden desmontar de una forma relativamente fácil. Yo hace poco estuve en Rusia y, según una percepción puramente personal, es que, si bien hay un sentimiento patriótico creciente y de orgullo de país, hay una desmemoria relativa al glorioso pasado soviético y los efectos que aún perduran hoy día. Por ejemplo, creo que muchos rusos, sobre todo jóvenes, no son conscientes de que gozan de protecciones laborales básicas heredadas de esa época que en Estados Unidos están lejos de ser alcanzadas aún hoy día por parte de los trabajadores, como bajas por enfermedad o maternidad garantizadas por ley o incluso vacaciones pagadas. Quiero enfatizar que es una percepción que tengo de una estancia breve en Moscú, así que quizá pueda estar equivocada.

    Has tenido que trabajar con estadounidenses sin hogar, olvidados por el gobierno. Cuando tenían poco o ningún recurso para sobrevivir, vivían en condiciones extremas. ¿Qué has experimentado en este momento? ¿Cuál es la realidad del “sueño americano”?

    Aunque es cierto que he realizado muchos trabajos sobre estadounidenses sin hogar, me gustaría aclarar que no hace falta vivir a la intemperie para formar parte de la gran masa de estadounidenses que son olvidados por su gobierno. Yo diría que en esa categoría podría estar la mayoría de la clase trabajadora de este país. Estados Unidos es un país que envía el dinero recaudado a sus contribuyentes a lugares como Israel o Ucrania, que a su vez lo utilizan para pagar servicios públicos, pero luego Washington no es capaz de dotar de esos servicios públicos a sus ciudadanos, como una sanidad pública y gratuita. A modo de ejemplo, hoy mismo se ha publicado un estudio que revela que la mayoría de personas con deudas con hospitales en Estados Unidos son ciudadanos que tienen seguro médico, para hacernos una idea del panorama. La realidad es que la clase trabajadora estadounidense vive en una constante maratón de supervivencia a las agresivas políticas neoliberales que rigen el sistema, sin poder permitirse un traspiés puesto que el colchón social es prácticamente inexistente.

    Yo soy periodista pero ante todo persona, y por supuesto que me afectan los testimonios y aquello que veo cuando cubro determinados temas en este país, aunque públicamente una tiene que mostrarse profesional y dejar el sentimentalismo a un lado, porque puede dar pie al sensacionalismo. Mira, yo recibo muchas críticas y ataques a diario debido a mi posición, sobre todo en redes sociales y a estas alturas prácticamente no me afectan. Sin embargo, uno de los puntos que muchos repiten y que quizá sea el que más rabia me dé es que yo odio a Estados Unidos. Todo lo contrario. Yo soy esposa y madre de estadounidenses: amo, vivo y contribuyo en este país pero, sobre todo, me solidarizo con la clase trabajadora estadounidense que es víctima de una élite y un sistema especulador, depredador y egoísta, y creo que precisamente de su liberación depende que todos vivamos en un mundo más justo. Por eso creo que es necesario contar su realidad más allá de los mitos.

    ¿Cree que la Unión Europea se ha puesto en el camino de repetir el destino de Estados Unidos?

    En mi opinión, la Unión Europea va camino de convertirse en el nuevo patio trasero estadounidense. Mientras en Latinoamérica se han liderado procesos de soberanía y liberación en las últimas décadas, con más o menos continuidad en la actualidad, pero que han supuesto pasos de huida del control total estadounidense y se están abriendo a otras vías geopolíticas como el BRICS; Europa va cada vez más camino de volar todos los puentes con Asia y condenarse a una total dependencia de Estados Unidos.

    Hay dos puntos que creo que resumen lo peligroso que es el discurso sobre querer parecerse a este país, tener a Estados Unidos como modelo. El primero es que aquellos que dicen eso lo hacen en virtud a una ficción, es decir, a la imagen sobre lo que nos venden que es este país. El segundo, que las provincias nunca gozarán de los beneficios de ser metrópoli.

    En su opinión, ¿cómo deberían reaccionar Bielorrusia y Rusia a la información impuesta por la OTAN?

    Es muy complejo dar una respuesta a esta pregunta. Si bien es cierto que, ante un aparato propagandístico tan potente como el occidental es necesario protegerse de algún modo, también es vital preservar el derecho a la información. Creo que una de las vías clave, en un mundo capitalista, es dotar de financiación e instrumentos al periodismo alternativo, así como impulsar elementos comunicacionales propios y potenciar la innovación: dejar de copiar para ser pioneros. Un poco lo que ha hecho China a nivel manufacturas, pues también a nivel mediático.

    En este sentido, valoro el papel que cumple el canal para el que trabajo, así como otros medios como Telesur, Al Jazeera, CGTN, etc. También en el caso de las redes sociales. Rusia, con VK o China con Weibo, creo que son iniciativas muy necesarias y que van en la dirección correcta. Es cierto que se pierden miradas exteriores, pero a la vez se potencian las fortalezas internas y el talento propio.

     

    Finalmente, creo que dar voz a aquellos que estamos aquí contando la otra cara, tal y como haces tú en esta entrevista, es importante. Estados Unidos es muy bueno potenciando narrativas torticeras e incluso mentiras sobre sus enemigos. Bueno, en el caso de Rusia o Bielorrusia, ni siquiera hace falta recurrir a eso, basta con enseñar aquello que Washington busca desesperadamente que siga minimizado u oculto.

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    Natural de Amposta, Cataluña, nacido el 31 de marzo de 1996, actualmente vive en Minsk, capital de la República de Belarús.

    Estudió Administración y Finanzas, así como medicina.  Actualmente,  es periodista en el periódico estatal Minskaya Pravda. También ostenta el cargo de Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de los Comités Catalanes y Presidente de la Asociación de Apoyo a la República de Belarús.