Ante un gobierno que hizo de la intrascendencia su estilo, la estridencia del candidato libertario ocupó prontamente el centro de la escena

    “El voto de una juventud que sin experiencia política creyó que las propuestas liberales de Milei eran “lo nuevo” y el de los sectores populares que aun con temor prefirieron “que venga alguien nuevo” o bien “que reviente todo””

    El candidato anarco capitalista Javier Milei se ha impuesto en el ballotage del pasado 19 de noviembre con más del 55% de los votos. ¿Qué pasó en Argentina? es la pregunta que se hace gran parte de la militancia latinoamericana. Para empezar, las dificultades. Alberto Fernández llegó al gobierno condicionado por un megapréstamo del FMI de 45 mil millones de dólares aprobado a Mauricio Macri,  además, tuvo que afrontar la pandemia con la consecuente caída brutal del PBI, el incremento de los precios de los commodities producto de la guerra de Ucrania y finalmente una sequía que privó del ingreso de 20 mil millones de dólares a la Argentina en concepto de exportaciones de granos.

    Alberto Fernández tomó algunas medidas para mejorar las condiciones de vida de los sectores populares: ayudas a empresas y a sectores desocupados durante la pandemia, subsidio al pago de servicios, medicamentos gratuitos para los jubilados, impulsó al desarrollo de vías férreas, entre otras medidas, ayudó a salvar la vida de Evo Morales y a la desarticulación del golpe de Estado en Bolivia. Sin embargo, su estilo centrista lo hizo caminar por el centro del carril que le marcó el capitalismo internacional y las grandes empresas locales. La aprobación del acuerdo con el FMI era una decisión de realpolitik, pero Alberto Fernández lo hizo sin presentar ninguna querella en un momento grave para el mundo. Más preocupado por no ser presa del law fare que por gobernar, la inflación fue carcomiendo su imagen frente al pueblo. Las causas de tal flagelo fueron, por un lado, el acuerdo con el FMI que exige una contante devaluación del peso argentino y por otro la guerra económica que establecieron los sectores productivos, fijando precios con ganancias monopólicas. Así se dio un crecimiento del empleo pero fundamentalmente en sectores gran informalidad, trabajadores pobres y mientras la economía crecía se verificaba una baja de la participación del sector asalariado en el PBI nacional. La inacción de AF al respecto fue proverbial, dejando a la militancia sin capacidad de movilización. Dos golpes duros a la moral del campo popular fueron el intento fallido de estatización de la quebrada empresa alimenticia Vicentín (hecho que golpeó fundamentalmente a la militancia) y la difusión de una foto de AF en un festejo de cumpleaños en la residencia presidencial en plena pandemia, que destruyó su imagen entre quienes venían sufriendo las consecuencia de la agobiante cuarentena.

    Javier Milei fue enancado por los medios masivos de comunicación que realizaron con su figura un cañoneo de demolición. Ante un gobierno que hizo de la intrascendencia su estilo, la estridencia del candidato libertario ocupó prontamente el centro de la escena. Incorporó el voto ideológicamente fascista, el de una juventud que sin experiencia política que creyó que las propuestas liberales de Milei eran “lo nuevo” y el de los sectores populares que aun con temor prefirieron “que venga alguien nuevo” o bien “que reviente todo”. Detrás de su ascenso, poderosos intereses se movían: Blackrock y la ultraderecha trumpista norteamericana a través de la fundación Atlas Network. Ahora en el poder, el ex presidente Mauricio Macri aparece entornando a un Milei que carece de aparato propio y designando a varios de sus principales acompañantes en el  elenco gubernamental, donde ya se están dando disputas entre sectores dominantes.

    Lo que espera a Argentina es la privatización de sus activos estatales. Vaca Muerta es la joya más preciada: la segunda reserva de gas y la cuarta de  petróleo no convencionales del mundo. También una política de ajuste brutal, una megadevaluación y tal como lo anunció en campaña, represión, el relajamiento de las penas para los criminales de lesa humanidad de la última dictadura.

    Empieza una etapa de resistencia para el pueblo argentino, que tendrá que sacar conclusiones sobre la marcha de  las reformas reaccionarias que se llevarán a cabo.

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    Comenzó a militar en 1982, en la Federación Juvenil Comunista, cuando Argentina aún era gobernada por la dictadura cívico - militar.

    En 1986/87 es enviado a la República Democrática Alemana a estudiar en la Escuela Superior de la Juventud "Wielhem Pieck" durante 10 meses.

    Psicólogo desde 1990 se focalizó en el trabajo con adicciones.

    Autor de "El hombre nuevo, la mujer nueva: ensayo sobre la transformación revolucionaria de la personalidad" (2002) y "Marxismo, caos y complejidad" (2008), "Psicología y Marxismo" (2017).

    En el año 2013 realizó conversatorios en Venezuela, sobre todo en el Estado Aragua donde se trabajaron los temas antemencionados. Desde febrero de 2014 y durante 6 meses desarrolló tareas de formación en todo el territorio venezolano convocado por la Escuela de Formación Argimiro Gabaldón. En ese marco asiste a las reuniones de formación de cuadros revolucionarios junto al diputado Jesús Faría.

    En 2018 funda la Escuela Latinoamericana de Formación Hombre Nuevo Mujer Nueva.