“En contra de lo que dice toda la prensa otanista, Ucrania está hoy más cerca de su liberación”

“Estos días son, desde hace décadas, los únicos en los que el neonazismo retrocede en Europa, y ha sido en Ucrania y ha ocurrido bajo las botas del ejército ruso. La última buena noticia ha sido un importante golpe al Batallón Aidar, aunque algunos integrantes han huido y podrán reorganizarse”

“El poder de la maquinaria ideológica solo es equiparable al poder de los monopolios para los cuales trabaja”

En Europa ya no podemos acceder a RT ni Sputnik desde YouTube, Facebook, Twitter, Instagram. Pronto dirán qué harán con sus páginas web. Aquí todas las televisiones, radios y periódicos impresos, y la mayoría de los digitales, son otanistas. En política internacional se alinean con los intereses de EEUU; desde el monárquico ABC hasta el progre-socialdemócrata eldiario.es. Aquí es insólito un canal como TeleSur. El resultado es que a la población “le preocupan” los países y las guerras al ritmo de la batuta del imperialismo (es decir, de EEUU y sus socios-lacayos, principalmente europeos).

Los medios del imperialismo tienen la capacidad desinformativa de, entre otras cuestiones, propiciar o mitigar sentimientos de empatía, rechazo o indiferencia. Es bastante impactante, no solo cómo consiguen que se conozcan ciertos datos y otros no, sino también cómo logran propiciar o amortiguar las emociones. Un ejemplo rápido es la diferencia de implicación solidaria ante la guerra de Siria y ante los últimos (solo los últimos) acontecimientos en Ucrania, que han sobrecogido a todo el mundo súbitamente. Mediante propaganda largamente acumulada, han conseguido qué hasta el sujeto más despolitizado de la sociedad española, el más alejado de la arena política y que se encoje de hombros ante todo conflicto, piense que Putin es una especie de loco. Ya antes lo habían hecho con Chávez. Al mismo tiempo, consiguen que se vea con normalidad a los presidentes del país que, ocultándose tras demagogia descarada, promueve guerras por el mundo, desestabilizaciones, etc.: EEUU. Por supuesto, ni mención a las bandas parapoliciales y paramilitares neonazis de Ucrania, ni a su inserción en los aparatos represivos del Estado. La quema de la Casa de los Sindicatos de Odesa, con decenas de muertos, está olvidada; lo mismo que las fosas comunes de las que habíamos tenido noticia estos últimos 8 años de agresiones al Donbáss. El gobierno ucraniano es presentado como un paladín de la libertad y la democracia.

Se oculta y confunde el meollo de la cuestión: Ucrania ha sido empleada por EEUU como un peón en el tablero europeo. Desde el inicio del Euromaidán en 2013, ha sido utilizada (y alimentados sus elementos neonazis; activos y sanguinarios partícipes) con el fin de arrinconar y sabotear a Rusia. El objetivo es avanzar la red de instalaciones militares de la OTAN y mermar las relaciones económicas Rusia-Europa para impedir el desarrollo económico de Rusia e incluso lograr su subordinación y desmembramiento; especialmente saboteando las ventas de gas ruso, que económicamente interesan en Europa, por su bajo precio, pero no a EEUU. EEUU ha puesto todo un país como Ucrania al servicio de esto. No importa lo que le ocurra a su población; EEUU ve cómodamente todo desde el otro lado del océano (explotando a otros países mientras en su interior tiene a millones de habitantes en la miseria). El gobierno actual de Kiev es una marioneta, con varios hilos neonazis, de EEUU, que no le deja aceptar acuerdos con Rusia. A EEUU le interesa enquistar el conflicto tanto tiempo como sea posible. Por eso el “no a la guerra” se ha traducido en “enviemos armas y financiación”. Rusia no ha empleado todo su poderío militar. Ha buscado establecer acuerdos en todo momento, pero los que decían aborrecer la guerra piden más guerra.

Se difunde que la guerra ha comenzado hace unos días y que la ha empezado Putin. Putin parece ser el Big-bang de lo que ahora ocurre en Ucrania. Mientras tanto, los intereses de la OTAN (que han empujado todo el escenario desde hace en realidad más de una década) caminan por debajo de los eslóganes de “no a la guerra”. La condena lacrimógena, en términos humanistas abstractos, olvidándose los 8 años de bombardeos al Donbás, el hostigamiento económico a Rusia, el cerco militar creciente de la OTAN a este país y las continuas llamadas de Putin al respeto de los acuerdos, ha durado unas horas, ni siquiera unos días. Ahora ya se ha convertido en “sí a la guerra” y en el envío de armamento desde diferentes estados europeos, España incluida. La prensa, que se horrorizaba con el conflicto, ahora argumenta a todo trapo para validar la decisión. El “progresista” periódico eldiario.es hace aquí la tarea de normalizar la versión otanista entre la gente que se adscribe a ese vago espectro de “las izquierdas”. Algunos países, como Hungría, reaccionan positivamente y no van a permitir el paso de estas armas y únicamente van a aceptar refugiados.

Súbitamente, la población del mundo occidental quiere ayudar a Ucrania. Nadie sabe nada de las guerras en Yemen y en Somalia. Y no es por una inherente falta de humanidad. Todo el aparato mediático trabaja para que así sea; trabaja al servicio de los intereses del imperialismo, ora ocultando, ora sacando a la palestra; en esencia, siempre deformando. Por supuesto, no se habla de los neonazis ucranianos que están en España organizando puntos de recogida de material de ayuda y encauzando así las preocupaciones de la población para su provecho. Esto se irá destapando poco a poco, tarde y tan solo para una parte reducida de la población. Tampoco se nos cuentan nada sobre la posición del Partido Comunista de la Federación Rusa, que apoya a Putin en unas cuestiones y le critica fuertemente en otras. Por supuesto, sería peligroso que las clases trabajadoras españolas supiesen cuál es la postura revolucionaria de las clases trabajadoras rusas. El imperialismo necesita neutralizar a los partidos comunistas. Las autoridades golpistas de Kiev prohibieron en 2015 la actividad del Partido Comunista de Ucrania.

En la cuestión de Ucrania se ha producido una alianza antifascista entre Putin y el PCFR. Era el PCFR quien pedía, desde hace 8 años, el reconocimiento y defensa de las repúblicas de Donetsk y Lugansk, salvajemente atacadas por ese gobierno de Ucrania que homenajeaba a destacados neonazis, todo ello bajo una mezcla de silencio y tergiversación mediática.

Los medios funcionan a nivel internacional, estatal y local. En Bilbao, por ejemplo, hace un par de días entrevistaban elogiosamente a un tipo que se ha ido en furgoneta, desde Bilbao hasta Ucrania, para traerse a un puñado de refugiados. Esto refleja bastante bien el nivel de inútil exaltación que se está promoviendo. El metro de Bilbao, que en sus menos de 30 años de vida no se había pronunciado sobre nada relevante, ahora pone banderas de Ucrania en sus paneles informativos y en el salvapantallas de las máquinas de comprar los tiques. La campaña lo permea todo. La OTAN ha logrado imponer su postura con más facilidad que nunca.

La política imperialista se abre hueco ágilmente entre el mar de desinformación sembrado durante décadas. La liquidación de RT era una tarea pendiente que ya se llevaba tiempo considerando. Han encontrado el momento más cómodo para hacerlo. Sumen aún más a la población europea en la desinformación sin que haya reacciones. Aquí los ridículos medios nos han hablado de supuesto espionaje ruso en cada elección (¡hasta querían ver a Rusia detrás del procés catalá!), y se han olvidado de recordar a la gente que en los tiempos del euromaidan se demostró que EEUU tenía pinchado en teléfono de la mismísima Angela Merkel (una entre tantas…).

La tergiversación esencial ya se produjo entonces, hace 8 años, cuando el golpe de estado en Ucrania fue presentado como un avance democrático. En la prensa coexistían las críticas a la toma de plazas en España por parte del 15M, completamente inofensivas, con los elogios de una protesta en Ucrania rápidamente dirigida por EEUU y los elementos ultrarreaccionarios del país, en la que se llegaron a lanzar cócteles molotov a la policía. Hubo disparos con la misma arma dirigidos contra los que protestaban y contra la policía, con el fin de acelerar la escalada de violencia y el golpe de Estado (hacia las mismas fechas, EEUU empleó esta técnica también en Venezuela, aunque sin éxito). Todo esto era traducido por los medios al lenguaje de la demagogia imperialista: lo que en realidad era un país en proceso de intervención imperialista se presentaba como un giro voluntario hacia Europa y una liberación de las garras rusas. El poder de la maquinaria ideológica solo es equiparable al poder de los monopolios para los cuales trabaja. Por supuesto, todo el mundo sabe más o menos que la información extraíble de nuestros medios tecnológicos es empleada o susceptible de ser empleada en todo momento. Pero en esto solo se mira con sospecha oscura hacia Rusia o China.

Como los relatos no terminan de encajar y la manipulación mediática es parcialmente evidente (canales de televisión de los más vistos han difundido imágenes de un videojuego bélico como si fuesen de Ucrania; una explosión accidental china como un bombardeo ruso; despedidas familiares de hace años en el Donbás como despedidas actuales en Kiev…) la credulidad general se mezcla con dosis inciertas de incredulidad, reina la confusión y, esto, a la postre, allana el camino a la ultraderecha. La izquierda revolucionaria está prácticamente liquidada.

Toda Europa pierde al establecer relaciones hostiles con el país que le podría suministrar materias primas a buen precio: Rusia. (¿Recordáis lo que dijo EEUU en tiempos del Maidan? “Que se joda la UE”. Si nos acordáis, será fácil encontrarlo en Google). EEUU mantiene así dócil a Europa y dificulta el desarrollo de Rusia. Sin embargo, la contraparte de todo esto es la profundización de los lazos Rusia-China, lo cual generará una base más propicia para que se rompa por algún punto la cadena imperialista.

Se avecinan profundas contradicciones en Europa: subidas de precios, mayor gasto militar, recortes, destrucción de empleo. Lo crucial será que las organizaciones revolucionarias sepan reorganizarse y desarrollarse. Las condiciones objetivas para un buen avance en este terreno están dadas. Las condiciones ideológicas son lamentables. Hay mucho trabajo.

El podemismo anda enfrascado en lo mismo que el resto de las fuerzas imperialistas: la condena a Putin. Nadie explica que lo que ha hecho Putin es el comienzo de solución de una agresión imperialista acumulada durante años. Por otra parte, estos días son, desde hace décadas, los únicos en los que el neonazismo retrocede en Europa, y ha sido en Ucrania y ha ocurrido bajo las botas del ejército ruso. La última buena noticia ha sido un importante golpe al Batallón Aidar, aunque algunos integrantes han huido y podrán reorganizarse. En contra de lo que dice toda la prensa otanista, Ucrania está hoy más cerca de su liberación.

La gente preocupada por la vida y el bienestar general tiene que saber que es imposible acabar con las guerras en un mundo imperialista, es decir, en un mundo en el cual el desarrollo capitalista es tal que las grandes potencias someten al resto de países esencialmente a través de medidas económicas, complementadas con recursos diplomáticos, injerencias, golpes de estado, guerra psicológica e intervenciones militares. Este mundo, encabezado por EEUU (lo que está haciendo contra Rusia es solo un capítulo de esta una historia), aboca a las guerras de manera constante. No obedece a los llamamientos a los valores humanos ni al derecho internacional. Basta con mirar los conflictos actuales y de las últimas décadas.

Para acabar con las guerras es necesario superar el modo de producción capitalista. O se asume la dificultad de lo que uno se propone, o lo que uno se propone siempre será tan solo un sueño a cuya realización nunca se dirige. De lo que se trata no es de soñar bellamente, sino de solucionar los problemas reales: transformar el estado de cosas actual.

Para superar el modo de producción capitalista, entre otras cuestiones, hace falta que sectores crecientes de la clase obrera tomen conciencia de algo que la sociedad burguesa trata de ocultar: que son quienes producen y que pueden organizarse para que la producción esté a su servicio y no al servicio del capital; incluida la producción de armas y las relaciones internacionales que establece su país. Hace falta que la clase obrera arrastre tras de sí a todo lo sano que hay en el seno de esta sociedad para revolucionarla. Para que esto sea posible hace falta un partido comunista fuerte y desarrollado. Todo esto es una tarea histórica de años. Es la tarea ante la cual nos sitúa el estado de cosas actual, y es imposible darle la espalda sin que nos golpee.

De momento, entre otras cuestiones, habrá que procurar que se vaya comprendiendo la necesidad de que España salga de la OTAN e impulse relaciones internacionales antiimperialistas. Hay que rechazar la injerencia estadounidense en Ucrania, rechazar a la OTAN en su conjunto, rechazar a esta Unión Europea que es la unión de los capitalistas de Europa contra los pueblos de Europa y del Mundo, propiciar el acuerdo entre Rusia y Ucrania, y que Ucrania recupere el camino de su autodeterminación. Como veis, la antítesis de lo que desde Europa se está impulsando. Bajo la dirección de la burguesía nos llevan a la guerra y la incertidumbre. Y, sin embargo, estos desastres y sus efectos, se quiera o no, acabarán despertando a mayores sectores de la clase obrera. La superación del modo de producción capitalista se abre camino a través de sus propias contradicciones.

Artículo de Marcelo Gorriaran