“Poner freno a la expansión del hemisferio oriental como hegemón multilateral de un emergente nuevo orden mundial”

“ La sola pretensión de sacar a esta “economía pobre” (Rusia) del sistema global creado con fuerza a partir de 1990 ya tiene sus efectos bumerang asociados con un crecimiento exponencial de los precios del combustible y su impacto directo en todos los órdenes de la cotidianidad ya que el petróleo sigue siendo la matriz energética principal de la economía mundial, añadiendo escasez  de alimentos, inflación, desabastecimiento y una posible recesión mundial como consecuencia estructural en el mediano y largo plazo”

Como fogonazos de realidad política, tuvimos que esperar casi un mes después del inicio de la operación militar en territorio ucraniano por parte de la Federación de Rusia, cuyos principales objetivos han puesto en mesa la desmilitarización y desnazificación de ese país, para ver el trasfondo real de una escalada que ha llegado a este punto.

Por supuesto la sobre saturación de elementos mediáticos, especialmente de una campaña de pensamiento único muy propia de quienes buscan solapar las verdaderas razones de esta situación, tiende a nublar el pensamiento, la razón, la capacidad analítica para sustituirla por una avalancha de información y opinión en este campo de guerra virtual, anexo al que se desarrolla en el territorio.

Tales intentos de tapar el sol con un dedo han sido infructuosos a la hora de hablar abiertamente de la configuración de un nuevo orden mundial y de la determinación estadounidense de frenar la expansión económica y energética de la Federación de Rusia hacia europa del oeste, como brazo extendido de un emergente hemisferio oriental con la República Popular China a la cabeza, lo cual llevó al cenit de las provocaciones con la expansión sin límites de una instancia nada amable como la Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN.

Por supuesto eso llevó al disparador de la élite ucraniana impuesta con el  golpe de Estado de un grupo de nazis amparados y protegidos por Washington,  dado en 2014, para instaurar un gobierno pro occidental y conflictivo con Moscú, demostrado con acciones y declaraciones absolutamente divorciadas con la diplomacia.

En un pasaje rápido, instalar laboratorios de armas biológicas con el respaldo estadounidense, pactar compromiso verbales de ingresar al grupo de países hostiles de la OTAN (llevando todo su despliegue militar hacia ese territorio incluyendo misiles con ojivas nucleares a minutos de Moscú y San Petersburgo), o desarrollar con visión bélica Chernobyl para crear, poseer y administrar armas atómicas, es apenas una muestra de las demencias ucranazis que gobiernan en Kiev.

Claro esta, y viendo el componente histórico de una Nación que siempre ha sido parte de Rusia, no era nada sorpresivo que poblados enteros pro rusos se levantaran en contra de la deriva de una élite impuesta con los mismos modos que trataron de hacerlo en Venezuela, por allá en 2014 reincidiendo en 2017 y 2019.

Crimea, Donetsk, Lugantsk son la expresión de resistencia ante las barbaridades cometidas por quienes hoy son presentados como serafines por la maquinaria mediática mundial que trata de poner tapones a la razón. Prohibir el uso del idioma ruso, hostigar a estas poblaciones, atacarlas militarmente desde hace más de siete años causando más de 15 mil bajas a civiles e instaurando un estado de terror en el resto del territorio con persecución sistemática a seres humanos inocentes, no es otra cosa que la manifestación real de un engendro nazi en pleno siglo XXI creado, alimentado y protegido por la élite estadounidense.

Con semejante panorama no era de extrañar que a la violación de compromisos de no expansión de la OTAN, que data desde la década de los noventas del siglo anterior en plena restructuración de europa del Este ante la caída de la Unión Soviética, se sumara el incumplimiento sistemático de los Acuerdos de Minks (2014 – 2015) por parte de Ucrania que solo les sirvió para ganar tiempo y cimentarse como amenaza real extendida con los elementos vistos más arriba.

En la visión de los tanques de pensamiento estadounidenses el conejillo de indias ucraniano resultó muy útil para provocar a Rusia y evadir la suscripción de compromisos sistemáticamente reclamados por Moscú desde hace varios años, todo ello con el propósito que el conflicto escalara al punto militar que hoy estamos presenciando para luego disponer todo el andamiaje de medidas coercitivas unilaterales previamente preparadas, que tienen como propósito poner freno a la expansión del hemisferio oriental como hegemón multilateral de ese emergente nuevo orden mundial al cual está negado la élite en Washington.

No importa en ello consecuencias de ninguna índole, tal como lo ha afirmado el propio Presidente de EEUU Joe Biden es un precio que ese país esta dispuesto a pagar para sostener su exclusiva hegemonía o al menos el liderazgo de eso que hacen llamar con el eufemismo de “mundo libre”, esa entelequia propia del pensamiento anacrónico liberal de la guerra fría que procuran reinstalar en el planeta como si no estuviésemos en el siglo XXI que nos impone profundizar razones y abandonar clichés.

El problema es que el precio de tales insanías lo pagan los pueblos. Sumado al papel de señuelo de Ucrania, Europa occidental ha quedado atrapada como juguete geopolítico de las provocaciones y acciones estadounidenses, para echar por tierra una relación comercial con la Federación de Rusia que dejó la bicoca de 700 mil millones de dólares de balanza comercial en 2021 con una Nación eslava que algunos pseudo académicos despachan como de economía pobre, pero resulta suministrar el 40% de gas a europa, principal exportador de petróleo y gas a nivel mundial, y con números de primer orden en producción y exportación de maíz, trigo, níquel, paladio y acero.

La sola pretensión de sacar a esta “economía pobre” del sistema global creado con fuerza a partir de 1990 ya tiene sus efectos bumerang asociados con un crecimiento exponencial de los precios del combustible y su impacto directo en todos los órdenes de la cotidianidad ya que el petróleo sigue siendo la matriz energética principal de la economía mundial, añadiendo escasez  de alimentos, inflación, desabastecimiento y una posible recesión mundial como consecuencia estructural en el mediano y largo plazo.

Ojalá las conversaciones directas entre las delegaciones de Rusia y Ucrania generen alguna vía diplomática estructural que reduzca el conflicto a partir de acuerdos y compromisos reales que no reproduzcan los incumplimientos ucranianos de los Acuerdos de Minsk.

Sin  embargo por el color que ha tomado el contexto de este conflicto resulta difícil considerar que esto eventualmente detenga la maquinaria expansiva de agresiones geopolíticas a Rusia y mucho menos sus consecuencias dañinas para la humanidad toda.

Autor

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Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela.

Estudios en maestría en Seguridad y Defensa de la Nación y Resolución de Conflictos.

Diplomado de Filosofía de la Guerra.

Colaborador en el área de Secretaría de la Asamblea Nacional Constituyente.

Asesor de la Contraloría General de la República.

Asesor de la Gobernación del Estado Falcón en materia de planificación y políticas públicas.

Articulista del Diario Venezolano Correo del Orinoco.