“La llegada de una nueva Asamblea Nacional, que toma cuerpo el 5 de enero, sentó las bases de una nueva etapa política”

    La institucionalidad democrática venezolana, severamente agredida por una agenda de intervención que en alguna fase fue soterrada pero que a partir del año 2014 paso a ser mostrada al mundo sin prurito, pudo resistir con eficiencia y empeño estratégico el intento de socavar el régimen político de la Nación  dispuesto en el texto constitucional.

    El plan ejecutado por el extremismo opositor, de cambio violento y rápido de régimen político en el país, vino del intento de aprovechar el fallecimiento del líder de la Revolución Bolivariana Hugo Chávez que, en su criterio, podría generar un cataclismo a lo interno del chavismo. Nada de eso sucedió.

    Siete años seguidos de toda clase de movimientos fuera de la Constitución Nacional, que suman el uso de instituciones como la Asamblea Nacional y luego la Fiscalía General de la República para dar el zarpazo, la implementación de una agenda de agresión económica contra Venezuela, excluyéndonos del sistema financiero internacional y del mercado petrolero, la proclamación de un gobierno espurio amparado en el reconocimiento de una parte de la comunidad internacional, pero básicamente con poder de causar suficiente daño al país,  y ahora una escalada de hostigamiento paramilitar en la fachada occidental de Venezuela, con posibles replicas en otras partes del país; son algunos ejemplos de esta constante agenda que no ha encontrado otra cosa que  sucesivas derrotas.

    La llegada de una nueva Asamblea Nacional, que toma cuerpo el 5 de enero, sentó las bases de una nueva etapa política fruto de las derrotas sucesivas dadas al extremismo por el sistema político venezolano, acusado internacionalmente de dictatorial a pesar de realizar las acciones modélicas de cualquier Estado Nación para preservarse ante cualquier agresión sea de factores internos o de aquellos provenientes de una injerencia extranjera en los asunto de un Estado soberano, encuentra en el reencauce democrático de la oposición una de las principales tareas, en función de promover y sostener la paz y estabilidad de Venezuela.

    El nuevo Parlamento electo para el periodo 2021-2026. (Foto: AVN)

     

    En ello, la reciente elección y juramentación del Poder Electoral de la República Bolivariana de Venezuela, por parte de la Asamblea Nacional de Venezuela, cosa que no había sucedido en 17 años por inexistencia de acuerdo político dejando la mesa servida al Tribunal Supremo de Justicia para realizarla, es un paso positivo para quitar del medio la narrativa de un sistema electoral parcializado o totalmente adherido al chavismo, cuestión que por cierto no cuenta con argumentación sólida que le acompañe, ni siquiera un informe demostrativo al respecto.

    De hecho todavía en la República Bolivariana de Venezuela algunas personas, intelectuales y conocedores del tema electoral, desde el punto de vista técnico o administrativo, están a la espera del informe demostrativo del fraude electoral que supuestamente ocurrió durante el Referéndum Revocatorio que la oposición le activó al entonces Presidente Hugo Chávez y que produjo el evento electoral del 15 de agosto de 2004, no llegando a su objetivo y ratificándole en el poder por voluntad del pueblo. Se construyó una narrativa sin peso real, siendo los voceros casi calcados a los actores de oposición más activos en la Venezuela actual, lo cual justifica abiertamente la vigencia de este reclamo.

    El retorno del cauce democrático electoral de legitimación del sistema político de 1999, que ha sido la característica de la veintena y más procesos electorales en Venezuela, es la única vía posible de promover viabilidad futura en un país que ha resistido estoicamente todo tipo de agresiones manifestando al mundo su deseo de resolver en paz sus asuntos, exigiendo respeto a sus determinaciones y ejerciendo una soberanía que no hemos obtenido por concesión graciosa de nadie.

    La fórmula de imponer de nueva cuenta la doctrina Monroe en América Latina, para tratar de torpedear el cambio de signo político regionales en el poder, traducido en una nueva ola de gobiernos de izquierda en la región, no hará más que fortalecer la resistencia democrática de los pueblos del continente, negados a la imposición del plan cóndor o dictaduras abiertamente fascistas para arrasar la democracia e instaurar sistemas políticos divorciados de los intereses nacionales pero si sostenes de intereses corporativos y grupales.

    Este unilateralismo se ha topado frontalmente contra un muro infranqueable en Venezuela,  a pesar de uno de los ejercicios continuados de injerencia extranjera más vergonzosos de la historia reciente, al punto de ser fruto de estudio en las escuelas de Ciencias Políticas del mundo. Proclamar un gobierno espurio y entregarle todos los recursos del país en el exterior es apenas uno de esos abusos propio de una peligrosa geopolítica estadounidense que atenta de suyo la paz mundial.

    La negociación y el acuerdo político de la Asamblea Nacional da cuenta de la voluntad venezolana de transitar una hoja de ruta adherida a esta nueva etapa, que en clave de reencauce institucional desarrolla una hoja de ruta de consolidación de las vías democráticas para que el pueblo exprese su sentir en el ejercicio de lo postulado en la Constitución Nacional, y no de acuerdo a los devaneos de factores extremistas rechazados por la gran comunidad nacional, y mucho menos del decálogo impuesto desde Washington.

    En pleno siglo XXI, se precisa respeto absoluto a las determinaciones soberanas de los pueblos y su desarrollo por parte de los Estados, sus instituciones, sus gobiernos, siendo una barbaridad la imposición de visiones universalizadoras sobre la democracia, la libertad, la igualdad, entre otras aspectos por parte de las elites políticas de EE.UU y Europa.

    Lo paradójico de este asunto, es que quienes hoy pretenden erigirse en sumos sacerdotes de la democracia, y la transparencia de los sistemas políticos, con su visión unilateral, anti democrática y universalizadora, son los mismos, o herederos, de quienes denunciaban a los países del llamado “socialismo real”, bajo la esfera del “monstruo comunista soviético” justo por este tema y método que hoy aplican sin ambages.

    En este contexto, es muy positivo para la República Bolivariana de Venezuela el acuerdo entre el chavismo y la oposición en el seno de la Asamblea Nacional, para la configuración de un nuevo Poder Electoral que durante siete años regirá los venideros eventos electorales en el país, yendo en el sentido del mensaje del Papa Francisco I, quien ha afirmado su rechazo a cualquier injerencia o intervención del extranjero que descarrile los esfuerzos de consolidación de la paz en la Nación caribeña.

    Un paso correcto que, sin embargo, para nada soslaya el plan en ejecución por parte de factores extremistas con poder financiero y respaldo político hoy ejemplificado en las acciones de desestabilización de la soberanía en la fachada occidental, con apoyo abierto del gobierno de la oligarquía colombiana que subyuga a sangre y fuego la legítima protesta de su propio pueblo, pero ampara en su territorio la planificación y acción de toda clase de agresiones contra Venezuela.

    ¿Podríamos estar ante un punto de inflexión? El tiempo lo dirá…

    Autor

    Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela.

    Estudios en maestría en Seguridad y Defensa de la Nación y Resolución de Conflictos.

    Diplomado de Filosofía de la Guerra.

    Colaborador en el área de Secretaría de la Asamblea Nacional Constituyente.

    Asesor de la Contraloría General de la República.

    Asesor de la Gobernación del Estado Falcón en materia de planificación y políticas públicas.

    Articulista del Diario Venezolano Correo del Orinoco.