“El tiempo prolongado y el desgaste de estas acciones solo develaran los verdaderos propósitos de esta agresión en contra de la República Bolivariana de Venezuela”

    “El pueblo venezolano y su institucionalidad democrática ha sabido enfrentar con eficiencia cada una de las agresiones ejecutadas desde 2013 hasta 2020”

    “EE.UU, y la Unión Europea carentes de nuevas ideas (para causar más daño al pueblo venezolano) ejecutan maniobras viejas que los dejan en evidencia”

    “Quienes internacionalmente buscan ligarse para seguir agrediendo a Venezuela parecen no haber entendido que precisamente esto ha generado una amalgama nacional de repudio”

    Sin mayor escrúpulo sobre el proceso histórico reciente de agresión sistemática y multiforme en contra de la República Bolivariana de Venezuela, que data desde 2013 hasta 2020, un conjunto de actores se muestran coaligados para sostener dichas acciones que develan su abierta condición antidemocrática y ratifica su desapego al derecho internacional en una deriva autoritaria que sustituye el multilateralismo por la imposición a la fuerza de una idea, sistema o cuerpo axiológico sin importar la voluntad de los pueblos.

    Ahora bien este esfuerzo por dar mayor sostén a una fracasada política, cuyos efectos fueron presentados el pasado 12 de febrero en el informe preliminar de la Relatora Especial de la ONU, Alena Douhan, quien ha calificado al bloqueo y medidas coercitivas unilaterales contra Venezuela como de consecuencias devastadoras y catastróficas; tiene al día de hoy dos obstáculos muy claros.

    En primer lugar la voluntad nacional e los venezolanos y venezolanas quienes han comprendido con mucha claridad el verdadero rostro de estas acciones, y han emprendido el camino del diálogo más amplio, el entendimiento y el trabajo conjunto entre todos los factores nacionales, como expresión clara de su rechazo a fórmulas como las que se han impuesto de manera vergonzosa contra el país.

    La evidencia más clara de esto es la reinstitucionalización de la Asamblea Nacional cuyos Diputados y Diputadas han sido elegidos el pasado 6 de diciembre de 2020, con un mandato muy claro: establecer los mecanismos de un diálogo profundo que cimente y potencie esta nueva etapa que permita atacar los efectos de estas medidas genocidas contra el pueblo venezolano.

    El encuentro con una de la principales y enconadas cámaras empresariales del país, FEDECAMARAS, que fue clave en el golpe de Estado y el posterior sabotaje a la industria petrolera nacional en el año 2002, en contra del entonces Presidente Hugo Chávez; sumado a la discusión con diversos sectores como el religioso y de sindicatos de Venezuela para tratar temas de sensibilidad nacional; la vertical posición de apoyo a las posiciones de Estado con respecto al diferendo del territorio Esequibo que se encuentra vigente en razón del acuerdo de Ginebra de 1966 con la República Cooperativa de Guyana; así como el proceso de renovación del Consejo Nacional Electoral contando con el consenso de los sectores opositores que componen el parlamento son la mayor evidencia de la buena marcha de este proceso.

    Tal cuestión da cuenta de la consolidación y reencause institucional de todo el Estado venezolano, que durante el periodo anterior observaba un contexto de abierta conspiración de la Asamblea Nacional (2016 – 2021) de mayoría opositora y del Ministerio Público que formaron parte del aro de protección, por ejemplo, del episodio insurreccional de 2017, para favorecer un golpe de Estado en contra del Presidente Nicolás Maduro, así como la pretensión de entronizar un gobierno paralelo en el país a partir de la autoproclamación de Juan Guaidó como “Presidente Interino”, en una plaza pública con las consecuencias que semejante cosa ha generado.

    Tal encuentro, el primero de varios que han sido pactados con una periodicidad de quince días, se ha dado con la participación de sectores opositores que se han apartado de la línea insurreccional e injerencista y que procuran organizarse ante la división en el seno opositor a la Revolución Bolivariana producto de la imposición unilateral de EE.UU, y la Unión Europea de fórmulas y liderazgos carentes de piso político y respaldo nacional.

    Todo este positivo arranque de año 2021 para el sostenimiento de la estabilidad, la paz y la construcción de confianza entre sectores nacionales no se ha dado producto del tutelaje de ninguna organización extranjera, más proclive a favorecer sus intereses estratégicos que los intereses venezolanos, los únicos que importan en este punto. Tan evidente es esto que ya nadie, salvo por razón interesada, puede negar los efectos constitutivos como crímenes de lesa humanidad fruto de las medidas coercitivas unilaterales implementadas en contra del pueblo venezolano: el rechazo nacional a estas acciones es claro.

    Este elemento nos conduce al segundo aspecto como obstáculo a esta pretensión de continuar el proceso anterior sin mayores alteraciones: el pueblo venezolano y su institucionalidad democrática ha sabido enfrentar con eficiencia cada una de las agresiones ejecutadas desde 2013 hasta 2020, en un trayecto que nos ha permitido amalgamar una voluntad nacional tendiente a promover otras vías de solución a la crisis política, económica y social del país, en un enorme porcentaje provocadas por la aplicación de estas medidas de agresión multiforme.

    Nada hace pensar el éxito futuro de una política continuada de agresión que es repudiada por toda una Nación y que no ha generado el proclamado “quiebre interno” propio de los objetivos de las denominadas revoluciones de colores. A ello se suma el absoluto descrédito de un extremismo opositor que se ha desdibujado políticamente al tiempo de no tener como responder por la grosera cantidad de fondos que han recibido de EE.UU, y la Unión Europea sin destinar casi nada a la “ayuda humanitaria” que han prometido una y otra vez aliviar.

    Siendo así, el tiempo prolongado y el desgaste de estas acciones solo develaran los verdaderos propósitos de esta agresión en contra de la República Bolivariana de Venezuela: cambiar violentamente su régimen político bajo los subterfugios de defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos de nuestro pueblo. Cuestiones que cada vez más están reñidas con el pensamiento de los venezolanos y venezolanas cuando ven los efectos de las medidas unilaterales contra el país.

    Esta fase de construcción de un mayor acercamiento entre el nuevo gobierno de los EE.UU, y la Unión Europea para incrementar la presión en contra de Venezuela, con el objetivo plasmado anteriormente, muestra el desespero de actores que parecen carentes de nuevas ideas (para causar más daño al pueblo venezolano), ejecutando maniobras viejas que los dejan en evidencia.

    La ministra de exteriores del gobierno de España visitó Cúcuta (Colombia), en la frontera con Venezuela, como parte de las medidas de presión contra el gobierno legítimo venezolano

    La torpeza política de la Unión Europea en ceñirse a la postura de EE.UU, lo único que ha dejado como efecto práctico es alejarle como un actor confiable para los venezolanos y venezolanas de cara a una hoja de ruta política dialogada. Esto suma la presencia de la Ministra de Exteriores del Reino de España, en abierta injerencia a los asuntos internos de Venezuela, como si su propio país no tuviera una profunda crisis en su frontera de Ceuta y Melilla, o no poseyera una profunda crisis política en Cataluña.

    Lo anterior amen de sumarse a un aliado de tanto desprestigio como el Gobierno de la República de Colombia, que no goza de viento favorable alguno en ningún ámbito: record en producción y distribución de drogas, de acuerdo a los informes presentados en la materia por Naciones Unidas; cientos de masacres y asesinatos selectivos de líderes sociales que han echado por tierra el acuerdo de Paz suscrito en 2016, cuestión que incluso ha provocado llamados de atención por parte de la Alta Comisionada de los DDHH de la ONU Michelle Bachelet; una profunda crisis económica y social, así como una débil y deficiente atención de la pandemia covid19. Con un actor de estas características cualquier acción tiene un futuro poco alentador para sus ejecutores.

    Por su parte, el caso de EE.UU, no es distinto siendo que su posición con respecto a Venezuela es geopolítica y bipartidista, al tiempo que las medidas coercitivas unilaterales no son más que el ejercicio doctrinario internacional que es parte consistente de su política exterior, especialmente ante la amenaza real a su hegemonía proveniente del lejano oriente.

    Que el Secretario de Estado Antony Blinken hable por teléfono con Juan Guaidó, o que James Story convoque a una especie de “junta de empleados” a un conjunto de políticos venezolanos para darle instrucciones de los próximos pasos hacia Venezuela, lejos de erigirse en gran noticia para la oposición es todo lo contrario. El absoluto descrédito de estos actores y las sucesivas derrotas infligidas por la Revolución Bolivariana, el pueblo y sus instituciones democráticas, han provocado la división interna y la desmoralización profunda de quienes legítimamente se oponen al gobierno del Presidente Nicolás Maduro.

    Parece obvio que ante estas acciones el camino conducente es seguir avanzando a lo interno en la construcción del dialogo, la paz y la reconciliación nacional para consolidar soluciones prácticas no solo en lo político, sino en lo económico y social que promuevan bienestar futuro a los venezolanos y venezolanas, dejando a la ruta electoral la definición de quienes gobiernan el país.

    La Constitución Nacional y la voluntad manifiesta de los venezolanos y venezolanas contienen elementos suficientes para salir al paso a estos torpedos. Quienes internacionalmente buscan ligarse para seguir agrediendo a Venezuela, con brazos ejecutores fracasados, parecen no haber entendido que precisamente esto ha generado una amalgama nacional de repudio, que seguirá expresándose mientras no haya una verdadera voluntad e rectificación por parte de estos actores.

    No en vano Venezuela ha derrotado sus salvajes planes en estos últimos siete años…

    Autor

    Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela.

    Estudios en maestría en Seguridad y Defensa de la Nación y Resolución de Conflictos.

    Diplomado de Filosofía de la Guerra.

    Colaborador en el área de Secretaría de la Asamblea Nacional Constituyente.

    Asesor de la Contraloría General de la República.

    Asesor de la Gobernación del Estado Falcón en materia de planificación y políticas públicas.

    Articulista del Diario Venezolano Correo del Orinoco.