“Estos “hispanistas” de nuevo cuño no sólo anhelan ser Ibéricos. También conspiran para ver si logran derribar del Poder a “estos indios”. Por eso claman por un Franco redivivo que les saque las castañas del fuego”

En la edición de Perú 21 del lunes pasado, el columnista Aldo Mariátegui muestra nostalgia por el dominio virreinal que concluyera formalmente luego de la batalla de Ayacucho en 1824.

Como no es poeta, ni letrado, su texto poco calificado y más bien melancólico y plañidero, termina con una frase que lo pinta de cuerpo entero: “¡Mejor se hubiera quedado Lacerna!”. Extraña así, con honda tristeza, el fin del dominio de la monarquía ibérica.  A su juicio, ella no debió acabar nunca. O, en todo caso, debe volver ahora.

A su manera lo dijo en aquellos años, y con mayor expresividad literaria, el clérigo y poeta conservador José Joaquín Larriva con su ya célebre estrofa:

“Cuando de España las trabas / en Ayacucho rompimos /   otra cosa más no hicimos / que cambiar mocos por babas / Nuestras provincias esclavas / quedaron de otra nación / mudamos de condición / pero solo fue pasando / del Poder de don Fernando / al Poder de don Simón”.

Aún con sus diferencias, esos escritos reflejan una misma voluntad: la de aferrarse a una etapa de la historia en la que el Perú era un país vasallo. Y es que fue, en efecto, el aferrarse al pasado, lo que hizo que, a algunos habitantes de estos predios amamantados por la ubre colonial, como Riva Agüero o Torre Tagle, les hubiese sido duro aceptar la realidad.

No obstante, lo hicieron: se acostaron una noche monárquicos, y amanecieron republicanos. Fue ese su modo de acomodarse a los tiempos.

A la distancia, sin embargo, algunos de los que así piensan, no buscan “acomodarse”.  Se sientes nietos de conquistadores e hijos de virreyes, y ansían más bien retrotraer la historia con la bucólica idea de uncir otra vez al Perú al carro de la dominación colonial. Sueñan andar con capa en busca de una tapada, y pasearse con ella a la luz de los faroles.

Por eso se suman entusiastas al llamado de “VOX” ese conglomerado Neo Franquista que busca restaurar la “Iberosfera” reclutando a nostálgicos del coloniaje en diversos países.  Lo defienden cada vez que pueden, justifican sus acciones y proclaman su alegría por juntarse, aunque sea a distancia, a la sombra de los Reyes.

En todas partes –dicen- se “siente” la presencia de “la Madre Patria” -Inquisición incluida- como la luz que les alumbró el camino; ése que alentó a los españoles de antaño a matar a millones de hombres y mujeres de las localidades incaicas, saquear las aldeas, robar ostentosamente el oro y la plata y consumar toda clase de tropelías contra las poblaciones originarias.

Hoy quisieran lo mismo: el retorno a esas épocas, en las que exterminar indios era casi un pasatiempo favorito para los conquistadores y sus descendientes.

No es previsible que los españoles de ahora sientan lo mismo por quienes los conquistaron: los Moros, que los esclavizaron antaño. Los musulmanes permanecieron en España durante casi 8 siglos, y ejecutaron obras culturales, caracterizadas por su ornamentación y belleza; pero no hay en las ciudades ibéricas monumentos en homenaje a su presencia, o a sus conquistas.

Los peninsulares, prefieren más bien echarlos al canasto de la historia porque no los consideran dignos de su altura.  Pero los vasallos de aquí si recuerdan a quienes llegaron a estas tierras en 1492 para “hacer su América”, y a sus descendientes, claro. Piensan que son ellos.

Aldo M. forma parte de esa troupe de “criollos” adictos al Imperio de Carlos V.  Haciendo honor a Willax TV, que lo acoge con presteza, llega cada noche como un paracaidista, para trasmitirnos sus “reflexiones” más hepáticas. Y claro, se burla del Perú y de los peruanos. Y nos dice a todos que no hay nada mejor que España, donde transcurren sus apacibles días.

Para hablar –quizá para darse autoridad y prestancia- coloca un retrato de Lenin a sus espaldas. Y se protege con la hoz y el martillo porque sabe que son instrumentos de paz. Pero igual, denigra de todos. Y hasta de los símbolos que usa para darse aliento.

Que comparta con Beto Ortiz, Milagros Leiva y Phillips Butther es comprensible. Anhelan lo mismo:  Sueñan ser súbditos de una Corona en decadencia. Y hacen “vibras” para ver si la logran recuperar algo; aunque para eso, tengan que hacer retroceder la historia.

Ocurre, sin embargo, que estos “hispanistas” de nuevo cuño no sólo anhelan ser Ibéricos. También conspiran para ver si logran derribar del Poder a “estos indios”; que llegaron al gobierno en el Perú sólo porque ellos, casi, se quedaron dormidos. Por eso claman por un Franco redivivo que les saque las castañas del fuego.

Mientras se divierten y solazan en los cafés de la Gran Vía, hacen planes pensando en lo que podría ser su “retorno”. Pero es poco probable que se atrevan a volver, aun si los suyos recuperan su status.

Ya están ambientados en Madrid y se sienten dichosos de visitar las inmediaciones del Palacio Real, o mirar de lejitos el Salón del Trono, la Real Armería, la Sala de las Columnas, los Jardines del Campo del Moro o, en última instancia siquiera la Cocina Real.

Desprecian a los peruanos, y en especial, a los andinos. Y se sienten ellos mismos, depositarios del legado de la Corona.

Aldo M. no se da cuenta, sin embargo, qué para los hispanos de hoy, y pese a sus anhelos, él no será, en definitiva, más que un Sudaca con suerte.

Nota:

1. Artículo al que hace referencia el autor: “Viciosos hasta la infamia y bajos hasta el extremo” publicado por Perú 21, el 18 de Octubre de 2021. 

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Autor

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Jefe de la edición peruana de Resumen Latinoamericano, ex dirigente y parlamentario del Partido Comunista del Perú (Unidad) y ex secretario general de la Confederación General del Trabajo del Perú.